Boletín del 16/03/2014

2° Domingo de la Cuaresma

Domingo de Gregorio Palamás

 

1GP111

¡Alégrate, oh orgullo de los Padres, boca de los teólogos,
morada de paz interior, casa de sabiduría,
cumbre de los maestros y profundidad de la palabra!
¡Alégrate, instrumento de obra, cima de contemplación,
y sanador de las enfermedades! ¡Alégrate, oh padre Gregorio,
que has sido arca del Espíritu en tu vida y después de la muerte!
                                                                                                 Exapostelario

Himnos de la Liturgia

Tropario de la Resurrección

Tono 5

audio132Al coeterno Verbo, con el Padre y el Espíritu, Al Nacido de la Virgen para
nuestra salvación, alabemos, oh fieles, y prosternémonos. Porque se
complació en ser elevado en el cuerpo sobre la Cruz y soportar la muerte, y
levantar a los muertos por su Resurrección gloriosa.

Tropario de San Gregorio Palamás

Tono 8

¡Oh Astro de la Ortodoxia, firmeza de la Iglesia y maestro;
hermosura de los ascetas, irrefutable campeón de los teólogos,
Gregorio el milagroso, orgullo de Tesalónica y predicador de la Gracia:
intercede por la salvación de nuestras almas!

Condaquio de la Gran  Cuaresma

Tono 8

audio132A ti, María, te cantamos como victoriosa;
tu pueblo ofrece alabanzas de agradecimiento,
pues de los apuros, Theotokos, nos has salvado.
Tú, que tienes invencible y excelsa fuerza,
de los múltiples peligros libéranos.
Para que exclamemos a ti: ¡Alégrate oh Novia y Virgen!

Lecturas Bíblicas

Carta del Apóstol San Pablo a los Hebreos (1:10 – 2:3)

Hermanos: Las Santas Escrituras dicen del Hijo: Tú, oh Señor, en el principio pusiste los cimientos de la tierra, y obras de tu mano son los cielos. Ellos perecerán, más Tú permaneces; todos como un vestido envejecerán; como un manto los enrollarás y serán cambiados. Pero Tú eres el mismo y tus años no tendrán fin. Y ¿a cuál de los ángeles dijo alguna vez: Siéntate a mi diestra, hasta que ponga a tus enemigos por escabel de tus pies? Es que, ¿no son todos ellos espíritus servidores con la misión de asistir a los que han de heredar la salvación?

Por tanto, es preciso que prestemos mayor atención a lo que hemos oído, para que no nos extraviemos. Pues si la palabra promulgada por medio de los ángeles obtuvo tal firmeza, y  toda trasgresión y desobediencia recibió justa retribución, ¿cómo escaparemos nosotros si descuidamos tan gran salvación? La cual comenzó a ser anunciada por el Señor, y nos fue luego confirmada por quienes la oyeron.

Evangelio según San Marcos ( 2: 1-12)

En aquel tiempo, Jesús entró de nuevo en Cafarnaúm; al poco tiempo, había corrido la voz de que estaba en casa. Se agolparon tantos que ni siquiera ante la puerta había ya sitio, y Él les anunciaba la Palabra. Y le vinieron a traer a un paralítico llevado entre cuatro. Al no poder presentárselo a causa de la multitud, abrieron el techo encima de donde Él estaba y, a través de la abertura que hicieron, descolgaron la camilla donde yacía el paralítico. Viendo Jesús la fe de ellos, dijo al paralítico: «Hijo, tus pecados te son perdonados.» Estaban allí sentados algunos escribas que pensaban en sus corazones: «¿Por qué éste habla así? Está blasfemando. ¿Quién puede perdonar pecados, sino sólo Dios?» Pero, al instante, conociendo Jesús en su espíritu lo que ellos pensaban en su interior, les dijo: «¿Por qué piensan así en sus corazones? ¿Qué es más fácil, decir al paralítico: “Tus pecados te son perdonados”, o decir: “Levántate, toma tu camilla y anda”? Pues para que sepan que el Hijo del hombre tiene en la tierra poder de perdonar pecados –dice al paralítico-: “A ti te digo: levántate, toma tu camilla y vete a tu casa”.» Se levantó y, al instante, tomando la camilla, salió a la vista de todos, de modo que todos quedaban asombrados, y glorificaban a Dios diciendo: «Jamás vimos cosa parecida.»

Mensaje Pastoral

¿Razón o corazón?

San Gregorio Palamás, un monje del Monte Athos y luego arzobispo de Tesalónica (Siglo XIV), Palamas11se encargó de refutar el filosofismo de Barlaam, un italiano de origen griego cautivado por la filosofía griega. Así se enfrentó la espiritualidad ortodoxa con el racionalismo occidental:

•             Barlaam exageró en venerar a los filósofos al grado de considerarlos iguales a los apóstoles; identificaba o, más bien, confundía la sabiduría divina con la mundana; para él, ambas, tienen el mismo objeto, esto es, encontrar la verdad que, mientras a los apóstoles fue otorgada por revelación, a nosotros nos ha sido dada por el estudio y la investigación (según Barlaam). San Gregorio Palamás rechazó rotundamente esta identificación entre las dos sabidurías apoyándose en las palabras de san Pablo: «Como el mundo mediante su propia sabiduría no conoció a Dios en su divina Sabiduría, quiso Dios salvar a los creyentes mediante la necedad de la predicación» (1 Cor 1:21). Mientras el rango de la filosofía es conocer la creación, el de la fe es el conocimiento de Dios que «se nos ha revelado».

•             El hombre, según Barlaam, es materia (cuerpo) y espíritu, que son elementos independientes pegados frágilmente; un día serán separados de modo definitivo, y antes de que este enlace sea disuelto, es imposible conocer a Dios. En cambio, Palamás enfatizaba que el ser humano es una unión absoluta de cuerpo y alma, y Dios se ha revelado a esta unión. La Esencia de Dios es incomprensible a los hombres, sea en esta vida o en la venidera, aunque sí es alcanzable a nuestro ser, y desde la vida presente, el conocimiento de Dios por la Gracia divina y no Creada; «para que os hicierais partícipes de la naturaleza divina» (1Pe 1:4).

•             Barlaam decía: La iluminación que se llevó a cabo en el monte Tabor (durante la Transfiguración del Salvador) y todas las demás iluminaciones efectuadas en este mundo y perceptibles a nuestros sentidos, son luces creadas o ilusión, mientras que el conocimiento supera los sentidos. Palamás le contestó: la divina Luz es eterna y no creada, y nosotros los hombres, tal como somos en nuestra limitación, hemos sido dignos, por la infinita misericordia de Dios, de participar de esta Luz.

•             La oración, según Barlaam, es una práctica ajena al cuerpo y pertenece únicamente al alma; así que la óptima oración es efectuada cuando la mente abandona el cuerpo. En cambio, la visión cristiana (la de Palamás) defiende el cuerpo como morada de la divina Luz: «¿No sabéis que vuestro cuerpo es templo del Espíritu Santo?» (1Cor 7:19). Lo que el cristiano busca no es librarse del cuerpo sino de «las obras de la carne»  (Gal 5:19).

Los escritos de Palamás fueron fruto de todo lo que había vivido y experimentado; en cambio, la ideología de Barlaam fue resultado de un estudio racional, cuyo rango seguramente no es lo divino. La Iglesia conserva la memoria de san Gregorio Palamás en el segundo domingo de la Cuaresma, enfatizando que la vida virtuosa, la oración sencilla, la humilde postración y la purificación de los sentidos forman la puerta que abrimos para que la Gracia de Dios ilumine nuestra noche racional.

Nuestra Fe y Tradición

El Akathistos a la Madre de Dios

35656_124886317552635_8332392_nEl Akáthistos (a veces pasa al español como “acátisto”) es un gran himno de la liturgia oriental griega que medita sobre el misterio de la Maternidad Divina.

Akáthistos quiere decir “no sentado”. Se le llama así porque, a diferencia de otros himnos en la liturgia bizantina, se canta y escucha de pie como el Evangelio en señal de especial reverencia.  La Iglesia oriental lo considera como expresión de su doctrina y piedad hacia la Madre de Dios.

En el rito bizantino ocupa un lugar privilegiado y goza de su propia fiesta: el quinto sábado de cuaresma, llamado precisamente por eso sábado de Akáthistos.

Es un himno de acción de gracias. La ciudad de Constantinopla, consagrada a María, cuando se veía asediada por los bárbaros recurría a su protección; y le daba gracias con vigilias y cánticos en su honor. Según el relato del Sinaxario, el Akáthistos habría tomado su nombre de las celebraciones nocturnas de agradecimiento a María: “Celebramos esta fiesta en recuerdo de las prodigiosas intervenciones de la Inmaculada Madre de Dios.

Cuando en 1453 el imperio bizantino cayó bajo los turcos, no se derrumbó esta confianza, sino que se elevó al orden de la gracia: el patriarca Jorge Scholarios decía a María que ya no la importunarían para que salvase a la ciudad, pero que les conservase siempre en la fe de los padres. El Akáthistos sigue siendo el testimonio seguro de la fe.

La vasta tradición manuscrita transmite casi siempre el Akáthistos como anónimo; los libros litúrgicos lo recogen siempre anónimo. Solamente algún códice, debido quizá a los acontecimientos históricos que recuerda el Sinaxario sobre las noches que el pueblo pasó en vela dando gracias a la Madre de Dios, lo atribuye al patriarca Sergio(s. VII) o al patriarca Germán(s. VIII). Pero un himno tan elaborado no se compuso ciertamente en una noche; más que un momento y un arte, expresa una vida.

Algunos estudiosos han propuesto como autor probable a Román el Melode, príncipe de los himnógrafos del s. VI. Pero Román y ningún otro himnógrafo sagrado alcanza la sublimidad y la profundidad del Akáthistos . Su autor fue ciertamente un gran poeta, un insigne teólogo, un contemplativo consumado, tan grande, que supo traducir en síntesis orante lo que la fe profesa; tan humilde que desapareció su nombre. Dios conoce su nombre, pero el mundo lo ignora. Conviene que así sea; de esa forma el himno es de todos porque es de la Iglesia.

La fecha de composición del Akáthistos , según los estudiosos más recientes, oscila entre la segunda mitad del s. V y los primeros años del s. VI. En efecto, es posterior a una homilía de Basilio de Seleucia(S.V), de quien depende verbalmente una estrofa, y anterior al kontakión de Román de Melode sobre el patriarca José, inspirado en el Akáthistos .

Además, desde el punto de vista litúrgico parece anterior a la institución de la fiesta de la Anunciación, instituida bajo el emperador Justiniano en torno al año 535: efectivamente, el himno no sigue el formulario de la Anunciación, sino el de la única fiesta primitiva de la Madre de Dios, que caía el día después de Navidad o en el ciclo natalicio. Así pues, el Akáthistos expresa una situación cultural arcaica; y también en este aspecto tiene un valor inmenso, ya que nos remite a las primeras expresiones del culto a María.

Vida de Santos

San Gregorio Palamás  (1296-1359)

Creció en una familia cristiana piadosa, en un ambiente culto donde estudió la Retórica, pero gregoriopalam1desde pequeño anhelaba la vida monástica, así que, al llegar a la edad de 20 años, se marchó con su hermano hacia el monte Athos donde se dedicó a buscar la divina sabiduría con devoción, humildad y austeridad. Su nombre sobresalió entre los monjes, por tanto, unos años más, fue elegido abad  de un monasterio en Athos. Extrañando la vida de la soledad, no pudo quedarse en su posición más que un año, así que regresó a su ermita.

Desde su celda el monje Gregorio se enfrentó con una persona, llamada Barlaam, griego-italiano culto que estaba enamorado de la filosofía antigua griega, a tal grado que elevaba a los filósofos a la postura de los apóstoles en el conocimiento de Dios. Afectado por el dualismo de la filosofía griega, Barlaam despreció el cuerpo como obstáculo para el alma. San Gregorio le contestó con la experiencia de la Iglesia “vuestros cuerpos son santuarios del Espíritu Santo”, lo que piden los cristianos no es liberarse del cuerpo, sino de los deseos y pasiones carnales.

Gregorio y Barlaam intercambiaron escritos ofensivos durante tres años, hasta que se reunió el concilio (1341) en Constantinopla, donde se confirmó la recta fe de Gregorio y se condenó la enseñanza de Barlaam.

Gregorio fue elegido metropolita de Tesalónica donde permaneció 12 años durante los que predicó con la palabra de Dios, educó las almas y conservó la recta fe, ni siquiera su enfermedad que concluiría con su muerte, sería un obstáculo serio en su ardua labor. En el transcurso de los últimos días de su vida, exclamaba con frecuencia, “lo celestial es para los celestiales” como si estuviera viendo abiertos los cielos. Su muerte era el bienaventurado final de una vida milagrosa en este mundo, e inicio de una eterna, cerca del divino trono.

Su lucha por la ortodoxia era conocida para todos sus contemporáneos, así como su santidad,  sus milagros durante la vida y después de muerte. Todo esto provocó el unánime reconocimiento del pueblo a su santidad la cual fue anunciada no más de 10 años después de su muerte, y determinándose el día de su recuerdo en el segundo domingo de la Cuaresma.

Sentencias de los Padres del Desierto

  • Decía un anciano: «La oración asidua cura enseguida el alma».
  • Uno de los Padres decía: «Es imposible que uno vea su rostro en un agua turbia. Tampoco el alma, si no se purifica de pensamientos extraños, puede contemplar a Dios en la oración».
  • Saber decir algo sobre Dios no significa haberse encontrado con Él.  (Gregorio Palamás)

El paraíso y el infierno según los Santos Padres

El paraíso y el infierno según los santos padres

Arzobispo Hierotheos Vlachos

Es muy importante conocer las enseñanzas de los santos padres sobre el paraíso y el infierno, porque ellos son los sinceros maestros de la Iglesia y los hijos del paraíso puro. Por lo tanto, no podemos interpretar el Evangelio sin su enseñanza revelada por Dios. Además, la Iglesia como cuerpo divino- humano de Cristo, es quien  escribe la Santa Biblia y ella, quien la interpreta.

La enseñanza general de los santos padres de la Iglesia es que el paraíso y el infierno no existen según Dios, sino según el hombre. Es verdad que ambos, el paraíso y el infierno se encuentran como manera de vivir, pero no es Dios quien los hizo. Es muy claro en la tradición patrística que hay dos caminos, pero Dios mismo es el paraíso para los santos, y Él mismo es el infierno para los pecadores.

Esto se relaciona mucho con las enseñanzas de los padres sobre la reconciliación de hombre con Dios. En ningún lugar en la Biblia se habla de la reconciliación de Dios con el hombre, sino se menciona que Cristo reconcilió al hombre con Dios. Asimismo, toda la tradición patrística muestra que Dios nunca estuvo en contra del hombre, sino al contrario,  el hombre se volvió en contra de Dios por no participar con Él ni estar en comunión con Él. Es así como el hombre hace de Dios su enemigo, pero Dios jamás hace esto. El hombre, atreves de sus propios pecados que comete, ve a Dios con una imagen de enojo y de enemistad.

Lo mejor sería comenzar con San Isaac el Sirio, quien habla sobre lo que es el paraíso, y lo que es el infierno. Cuando él se refiere al Paraíso, dice que él es el amor de Dios; y es algo normal que cuando hablamos sobre el amor, nos referimos principalmente a las fuerzas increadas de Dios. Él escribe: “El paraíso es el amor de Dios, donde hay el disfrute de todas las bendiciones.” Pero también cuando menciona el infierno, dice más o menos lo mismo; que el infierno es  el azote del amor y escribe: “También aseguro que los que están castigados en el infierno se están azotando con el látigo del amor; ¿pues acaso hay más amargura o más pena  que lo que da el dolor del amor?”.

El infierno entonces es el tormento del amor de Dios. Además, según lo que dice San Isaac, el dolor que ocurre en el corazón debido al pecado contra el amor de Dios “es más grave que cualquier temor al castigo.” Es un verdadero castigo cuando rechazamos y contraponemos el amor del otro. Es horrible ser amados mientras actuamos de una manera inapropiada. Al comparar eso con el amor de Dios, podemos entender el tormento del infierno. Esto también está relacionado con lo que dice San Isaac, que es algo doloroso para la persona pensar que “los pecadores en el infierno están separados del amor de Dios.”

Por lo tanto, incluso los que sean castigados, recibirán el amor de Dios. Dios va a amar a todas las personas por igual, tanto a los justos, como a los pecadores, pero no todos van a sentir este amor en la misma profundidad ni de la misma manera. En cualquier caso, es ilógico que insistamos en que el infierno es la ausencia de Dios.

Esto quiere decir que las experiencias de la gente sobre Dios serán diferentes. “El Señor le dará a cada uno conforme a la medida de su discernimiento y su merecimiento”, ” porque no habría la diferencia entre el maestro y el alumno, y estará en cada uno el amor fervoroso hacia los demás.” Por lo tanto, habrá el mismo Dios que da su gracia a todos, pero la gente va a recibir este amor, según su capacidad. El amor de Dios descenderá sobre todos los hombres, pero funcionará de una manera doble, que es castigar a los pecadores y dar alegría a los justos. Expresa San Isaac el sirio la tradición ortodoxa sobre este tema, diciendo: “el poder del amor funciona de dos maneras: atormenta a los pecadores, igual como ocurre cuando un amigo sufre por su amigo, pero se convierte en una fuente de alegría para los que cumplen con sus obligaciones.”

Así vendrá el mismo amor de Dios y también Sus mismas fuerzas a todas las personas, pero va a trabajar de una manera diferente. Pero ¿cómo será esta diferencia?

Dios dijo a Moisés: “tendré misericordia del que tendré misericordia, y seré clemente para con el que seré clemente.” (Éxodo 33:19). El Apóstol Pablo cita este texto del Antiguo Testamento, y concluye: ” De manera que de quien quiere, tiene misericordia, y al que quiere endurecer, endurece.” (Romanos 9:18). Debemos explicarlo en términos ortodoxos. ¿Cómo Dios quiere tener misericordia sobre uno y endurecer a otro? ¿Acaso tendrá Dios hipocresía?

De acuerdo con la interpretación de Teofilacto de Bulgaria, ésto está relacionado con la naturaleza del hombre y no con la obra de Dios. Dice San Teofilacto: “Así como el sol ablanda la cera pero endurece el barro, no por preferencia, sino debido a la diferencia entre la cera y la arcilla. Así también Dios que se menciona que Él endureció el corazón de barro de Faraón.” Entonces la gracia de Dios, que es su amor, que va a resplandecer sobre todos, va a funcionar de acuerdo con la condición espiritual del hombre.

San Basilio el Grande se suma a esta opinión. Pues él explica las palabras del salmo: “φωνὴ Κυρίου διακόπτοντος φλόγα πυρός” “La voz del Señor divide, corta[1] llamas de fuego” (Salmo 29:7), y dice que este milagro ocurrió con los tres jóvenes en el horno de fuego. En este caso estaba el fuego dividido en dos, pues era quemadora para los que estaban fuera, y era fresca para los tres jóvenes como si estuvieran a la sombra de un árbol. San Basilio nota que el fuego, que fue diseñado por Dios para el diablo y sus ángeles “se corta por la voz de Dios.” El fuego tiene dos fuerzas: la que quema y ​​la que ilumina, y esto es lo que hace que el fuego, arde y da luz. Los que merecen el fuego,  sienten por su naturaleza que quema, y los que son dignos de la luz, gozan por su naturaleza iluminadora. Así termina San Basilio su explicación diciendo de una manera muy expresiva: “La voz del Señor divide y corta llamas de fuego, y en este corte y división, el fuego del infierno se queda sin luz, y la luz de la paz sigue sin ser ardiente.”

Entonces el fuego del infierno sería oscuro porque se privará de la característica de iluminar, mientras que la luz de los justos no será ardiente porque no tendrá la característica de quemar, y eso se deberá a la variedad de las energías de Dios. Sin embargo, esto nos revela que, de acuerdo con la condición de la persona, recibirá también las energías increadas de Dios.

Esta interpretación sobre el paraíso y el infierno no es sólo la opinión privada de San Isaac de Siria y de San Basilio el Grande sino que es la enseñanza general de los Padres de la Iglesia que interpretan de manera abstracta lo que se dijo sobre el fuego eterno y la vida eterna. Hablar de la abstracción, no significa que los Padres distorsionaron la enseñanza de la Iglesia por hablar de manera abstracta y contemplativa, sino que ellos interpretan estos temas tratando de liberarlos de cientos de ideas humanas e imágenes de cosas sensuales.

Esta es la manera en la cual también explica San Gregorio el Teólogo esta verdad tan importante que, como veremos, tiene un gran sentido en la vida eclesiástica y espiritual.

Él aconsejó a sus oyentes a aceptar las enseñanzas de la Iglesia acerca de la resurrección del cuerpo y del juicio y de la recompensa de los justos. Debe percibir estas cosas con la perspectiva de que la vida venidera será “una luz para los que tienen mente pura” y, por supuesto, “de acuerdo con el grado de su pureza” y a esto lo llamamos el reino de los cielos. Y la misma vida eterna será tinieblas “para aquellos en los que se oscureció su miembro de la discriminación”, en realidad eso es una separación de Dios, “y según el grado de su ceguera”. La vida eterna, entonces, es luz para aquellos que purificaron su “nous”[2] (y, ciertamente, según la profundidad de esta purificación), y es oscuridad para aquellos que tienen un nous ciego los cuales no se han iluminado en esta vida ni han llegado a la iluminación y la unión con Dios.

Podemos también echar un vistazo a esta diferencia con la perspectiva de los hechos sensoriales. El mismo sol “da luz a la vista sana y no para los ojos enfermos”. El error no es culpa del sol, sino es de la condición de los ojos. Esto en particular es lo que sucederá en la Segunda Venida de Cristo. Cristo es el mismo y es uno, “pero es una caída y una resurrección: caída para los incrédulos, y resurrección para los creyentes”. La palabra de Dios es una, y al mismo tiempo “es aterradora para aquellos que merecen eso por su forma de ser, y da la alegría a aquellos que están dispuestos” en este momento y mucho más en el tiempo del juicio final. Por lo tanto no todos merecen la misma categoría y privilegio. Mientras uno es digno de un grado, otro, merece un rango diferente. “cada uno, yo creo, según su purificación personal”. El hombre probará las energías increadas de Dios de acuerdo a la pureza de su corazón y su mente.

Por lo tanto, y también según San Gregorio el Teólogo, Dios, Él mismo, es el paraíso y el infierno para el hombre, siempre que cada persona pruebe las energías de Dios según el estado de su alma. Por lo tanto, pudo San Gregorio proclamar en una de las frases de su Doxología diciendo: “Oh Santísima Trinidad, que has otorgado a Tu sirvo adorarte y glorificarte, oh tu que se vas a ser conocido por todos  algún día, a algunos a través de la iluminación, y a otros a través del castigo”. Dios mismo es la iluminación y el infierno para la gente; Pues las Palabras de los Santos lo declaran claramente.

También quiero mencionar a San Gregorio Palamás arzobispo de Tesalónica, que confirma la misma enseñanza. Él dice sobre las palabras de San Juan Bautista acerca de Jesucristo que “los bautizará en el Espíritu Santo y en el fuego” (Lc 3:16), estas palabras quieren demostrar esta verdad: que la gente va a recibir la gracia en una cantidad relativa a cada persona, ya sea punitiva o lúcida. San Gregorio había mencionado eso de esta manera: “Él dice: los bautizará en el Espíritu Santo y en el fuego, en el sentido de la iluminación y el castigo conforme a la preparación de cada uno”.

Claro, que debemos tomar en cuenta esta enseñanza de San Gregorio Palamás en el contexto de su perspectiva teológica general sobre la gracia increada de Dios. El Santo enseña que la creación entera participa de la gracia increada de Dios, pero no de la misma manera ni con la misma profundidad.  Por lo tanto la participación de los santos en la gracia de Dios es diferente de la del resto de la creación. Afirma: “aunque todos participan de lo mismo, no van a participar con Él de la misma manera, sino de otra diferente, incluso aunque todo tiene participación en todas las cosas de Dios, pero vemos la diferencia, ya que en la proporción de los santos,  es más grande.”

Además, sabemos por todas las enseñanzas de la Iglesia, que la gracia de Dios increada toma diferentes nombres según la función y los efectos de su trabajo. Cuando purifica al hombre se llama purificadora, si lo ilumina se llama dadora de iluminación, y si lo hace unirse con Dios se llama la que diviniza. Del mismo modo, a veces descrita como dadora de existencia, y en otros momentos se conoce como vivificadora y dadora la sabiduría. Entonces, todos participan de la gracia increada de Dios, pero de manera diferente. Por lo tanto no se debe confundir con la gracia que diviniza, en la cual participan todos los santos, entre otras energías. Lo mismo sucede con la gracia de Dios en la vida eterna. Participarán los justos en las energías de Dios iluminadora y la que diviniza, mientras los pecadores y los impuros pondrán a prueba los poderes de Dios: ardiente y castigador.

Encontramos esta misma enseñanza en  los escritos monásticos de muchos santos. Por ejemplo, San Juan Clímaco dice que el mismo nombre fuego se da a ambos “a lo que quema, igual a lo que ilumina” pues él está hablando del fuego sagrado y celestial que es la gracia de Dios, la cual recibe la gente a través  de esta vida “quema a algunos porque aún les falta purificación”, y a los otros “los iluminará a proporción con el grado de perfección que hayan alcanzado”. De hecho, la gracia de Dios en la vida eterna no purifica a los pecadores no  arrepentidos, pero lo que dice San Juan Clímaco se aplica a la vida presente. Eso está confirmado con la experiencia ascética que los santos  asientan en el principio, la gracia de Dios como un fuego quema sus propias pasiones, y luego, después de que purifica sus corazones, ellos sienten la gracia de Dios como una luz. Y aseguran esto las personas contemporáneas que ven a Dios en sus visitas ascéticas a los lugares sagrados, en lo que uno se arrepiente y prueba el infierno en la gracia, por lo que convierte la gracia en luz increada, aunque uno no se esperaba eso. Es la misma gracia de Dios que purifica al hombre en el principio, y cuando alcanza una gran profundidad del arrepentimiento, la purificación se ve como luz, y por lo tanto la situación no es sólo una cuestión de cosas creadas y emociones humanas, sino es probar la gracia increada de Dios.



[1] El verbo usado en la séptima es “διακόπτω” se traduzca al español: cortar en dospartir, cortar una cosa separándola de otra. (el traductor)

[2] El nous es un Término griego significa según los padres de la Iglesia la fuerza de la mente o la fuerza del alma, el nous es más profundo que la mente, es el ojo del alma. (el traductor)

Traducción realizada por el Rev. Archimandrita Andres Marcos 

Su Eminencia Antonio recibe premio Doctorado Honoris Causa

 

Su Eminencia Antonio Chedraoui recibió el premio Doctorado Honoris Causa en Administracción por la Universidad Instituto Americano Cultural en la Cámara de Diputados de la Nación de México, este reconocimiento le fue otorgado por sus meritos como jerarca religioso. En su discurso Su Eminencia habló de la Paz y la estabilidad mundial.

Boletín del 09/03/2014

Domingo de la Ortodoxia

La Restauración de los Santos Iconos

triunfo-ortodoxia

Ahora las lanzas de la herejía adversaria han sido aniquiladas
y su memoria, desaparecida como el eco;
pues contemplando tu templo, oh Purísima,
adornado con esplendor por los venerables iconos,
todos nos llenamos de júbilo.
                                                                                   Exapostelario

Himnos de la Liturgia

Tropario de la Resurrección

Tono 5

audio132Al coeterno Verbo, con el Padre y el Espíritu, Al Nacido de la Virgen para
nuestra salvación, alabemos, oh fieles, y prosternémonos. Porque se
complació en ser elevado en el cuerpo sobre la Cruz y soportar la muerte, y
levantar a los muertos por su Resurrección gloriosa.

 Tropario Domingo de la Ortodoxia

Tono 2

Nos prosternamos ante Tu Purísima Imagen,
oh Bondadoso,  suplicándote el perdón de nuestras faltas,
oh Cristo Dios.  Porque, por tu propia voluntad,
aceptaste ser elevado en el cuerpo sobre la Cruz
para salvar de la esclavitud del adversario a los que Tú creaste.
Por lo tanto, agradecidos, exclamamos:
“Has llenado todo de alegría, oh Salvador,
al venir para salvar al mundo.”

Condaquio de Cuaresma

Tono 8

A ti, María, te cantamos como victoriosa;
tu pueblo ofrece alabanzas de agradecimiento,
pues de los apuros, Theotokos, nos has salvado.
Tú, que tienes invencible y excelsa fuerza,
de los múltiples peligros libéranos.
Para que exclamemos a ti: ¡Alégrate oh Novia, sin novio!

Lecturas Bíblicas

Carta del Apóstol San Pablo a los Hebreos (11: 24-26, 32-40)

Hermanos: Por la fe, Moisés, ya adulto, rehusó ser llamado hijo de la hija de Faraón, prefiriendo ser maltratado con el pueblo de Dios a disfrutar el efímero goce del pecado, estimando como riqueza mayor que los tesoros de Egipto el oprobio de Cristo, porque tenía los ojos puestos en la recompensa.

Y, ¿a qué continuar? Pues me faltaría el tiempo si hubiera de hablar sobre Gedeón, Barac, Sansón, Jefté, David, Samuel y los profetas. Estos, por la fe, sometieron reinos, hicieron justicia, alcanzaron las promesas, cerraron la boca a los leones; apagaron la violencia del fuego, escaparon del filo de la espada, sacaron fuerzas de la debilidad, se hicieron valientes en la guerra, rechazaron ejércitos extranjeros; las mujeres recobraron resucitados a sus muertos. Unos fueron torturados, rehusando la liberación por conseguir una resurrección mejor; otros soportaron burlas y azotes, y hasta cadenas y prisiones; apedreados, torturados, aserrados, muertos a espada; anduvieron errantes cubiertos de pieles de ovejas y de cabras; faltos de todo; oprimidos y maltratados, ¡hombres de los que no era digno el mundo!, errantes por desiertos y montañas, por cuevas y cavernas de la tierra. Y todos ellos, aunque alabados por su fe, no consiguieron la promesa. Dios tenía ya dispuesto algo mejor para nosotros, de modo que no llegaran ellos sin nosotros a la perfección.

Evangelio según San Juan (1: 43-51)

En aquel tiempo, Jesús determinó encaminarse a Galilea, y en el camino encontró a Felipe y le dijo: «Sígueme.» Era Felipe de Betsaida, patria de Andrés y de Pedro. Felipe halló a Natanael, y le dijo: «Hemos encontrado a Aquél de quien escribió Moisés en la Ley y anunciaron los profetas: Jesús el hijo de José, el de Nazaret.» Le respondió Natanael: «¿Acaso de Nazaret puede salir algo bueno?» Le dijo Felipe: «Ven y verás.» Vio Jesús venir hacia sí a Natanael, y dijo de él: «He aquí un verdadero israelita, en quien no hay engaño.» Le dijo Natanael: «¿De dónde me conoces?» Le respondió Jesús: «Antes de que Felipe te llamara, cuando estabas debajo de la higuera, te vi.» Al oír esto Natanael, le dijo: « Rabbí, Tú eres el Hijo de Dios, Tú eres el Rey de Israel.» Le replicó Jesús: «¿Por haberte dicho que te vi debajo de la higuera, crees? Cosas mayores que éstas verás.» Y le añadió: «En verdad, en verdad les digo: verán abierto el cielo, y a los ángeles de Dios subir y bajar sirviendo al Hijo del hombre.»

Mensaje Pastoral

La visión de Dios

images13En la lectura evangélica de hoy Felipe le dice a Natanael: «Hemos encontrado a Aquél de quien escribió Moisés en la Ley y anunciaron los profetas: Jesús el hijo de José, el de Nazaret.»

El primer domingo de la Cuaresma, llamado el domingo de la Ortodoxia, recordamos el triunfo de la recta fe cuando, en el año 843, la emperatriz Teodora salió acompañada por el clero devoto y el pueblo piadoso en una procesión, levantando de nuevo los iconos después de una guerra tensa cuyo objeto incumplido era destruir todos los iconos y prohibir su uso en la devoción cristiana.

Aunque los iconoclastas eran apoyados por emperadores, no obstante, los fieles –monjes y casados, clero y pueblo– conservaron la veneración de los iconos como un tesoro precioso y los defendieron: algunos con palabras y refutaciones, y otros con  sangre y martirio.

¿Qué relación une el pasaje evangélico de hoy (el llamado a Natanael) con el recuerdo de la Restauración de los santos Iconos que hoy celebramos?

Si observamos el tema de la discusión entre los dos discípulos («Hemos encontrado a Cristo») y la frecuencia con la que aparece el verbo «ver» y sus sinónimos en el texto (siete veces), entendemos cómo la Iglesia relaciona la lectura de hoy con los iconos: ¡es un pasaje que santifica la visión!

La visión de Dios era siempre el deseo fervoroso del hombre del Antiguo Testamento, aunque este anhelo no se le cumplía aún. Las revelaciones divinas más claras en el Antiguo Testamento han sido otorgadas a Moisés y a Elías. Cuando Moisés pidió ver la divina gloria, Dios le dijo: «Al pasar mi gloria, te pondré en una hendidura de la peña y te cubriré con mi mano hasta que yo haya pasado […] pero mi Rostro no se puede ver.» (Ex 33:21-23). Elías, por su parte, nada más escuchó su voz «en el susurro de una brisa suave», y «cubrió su rostro con el manto» (1Re 19:12-13). Es así como Dios comenzó a revelarse, cada vez más, hasta llegar la plenitud de los tiempos.

En el Antiguo Testamento, Dios no fue visto sino que se reveló al hombre por medio de sus acciones, intervenciones y orientaciones en la historia de la Salvación. Y con la prohibición del Decálogo: «No te harás escultura ni imagen alguna, ni de lo que hay arriba en los cielos ni de lo que hay abajo en la tierra […] No te postrarás ante ellas ni les darás culto» (Ex 20:4-5), procuraba impedir que el hombre se hiciera víctima de la idolatría al querer hacer la representación de lo que no había visto ni conocido. Pero con la Encarnación del Hijo, Dios se  nos  ha  revelado  en cuerpo; lo hemos visto, «lo hemos encontrado», como lo dijo Felipe a Natanael; entonces, conforme a las palabras de san Juan Damasceno: «Esta prohibición no pertenece a la Iglesia del Nuevo Testamento ya que Dios ha aceptado la naturaleza humana y ha vivido en la tierra como hombre […] Ya que el Invisible se hizo visible por su encarnación, pueden pintar a quien se ha contemplado: pueden pintar a mi Salvador, su Nacimiento, Pasión, Crucifixión, Resurrección.»

El icono es un instrumento que nos enlaza con Dios, a Quien solemos olvidar durante la mayor parte del día. El icono nos coloca en la Presencia de Él y nos recuerda su llamado: «Estoy a la puerta y llamo» (Ap 3:20). Entonces, ¡cómo no venerarlo y exaltar su lugar en nuestra vida!

¡Ante Ti, oh santo Icono del Padre, Jesucristo, nos postramos en adoración!, pues «al Señor, tu Dios, adorarás y a Él solo servirás.»

Nuestra Fe y Tradición

La Restauración de los Santos Iconos

El 1er domingo de la Cuaresma, llamado el domingo de la ortodoxia, recordamos el triunfo de la Icono_sobre_icono1recta fe cuando, en el año 843, la emperatriz Teodora salió con los fieles en una procesión levantando de nuevo los iconos en su postura de veneración después de una guerra tensa cuya objeto era destruir todos los iconos y prohibir que los fieles los usaran en su piedad.

Aunque los iconoclastas eran apoyados por los emperadores, no obstante los fieles, clero y pueblo, monjes y casados, conservaron la veneración a los iconos como un tesoro precioso, defendiéndolos, algunos con palabras y explicaciones, y otros, con  su sangre y vida.

Así los fieles, en el primer domingo de la Cuaresma del mencionado año 843 elevaron los iconos anunciando la fe ortodoxa, determinada por el Concilio Séptimo (787): no adoramos al icono, sino lo veneramos, y nuestra veneración y respeto se refiere a quien se representa, al Señor, a  la Virgen o a los santos. Pues, por el icono nuestros ojos comprenden y alientan con su presencia la profundidad del alma que ora.

Si alguien nos pregunta que ¡cómo sobrepasamos el orden del segundo mandamiento del Antiguo Testamento que prohíbe el presentar imágenes de Dios!, contestémosle con las palabras de San Juan Damasceno:

“esta prohibición no pertenece a la Iglesia del Nuevo Testamento, ya que Dios ha aceptado naturaleza humana y vivido en la tierra como hombre… Ya que el Invisible se hizo visible por su encarnación, pueden pintar a quien se ha visto: pueden pintar a mi Salvador, su nacimiento, pasión, crucifixión, resurrección… expresen todo esto con colores como lo han expresado con palabras, no tengan miedo, yo sé la diferencia entre los ídolos y los iconos.”

Así pues, al oponerse a presentar al Señor en iconos, se rechaza la realidad de su encarnación.

Que queramos a los no ortodoxos no significa que compartamos sus desviaciones; soy ortodoxo, entonces me incorporo, con mis hermanos en la fe, cada domingo en la iglesia donde creceré en Gracia y fe y al encontrarme con el rostro del Señor, diré a los que están afuera lo que Felipe ha dicho a Natanael en el Evangelio de hoy: “ven y lo verás”

Vida de Santos

San Sofronio Patriarca de Jerusalén

11 de marzo

iconoSofronio nació en Damasco y desde pequeño estudió tan excesivamente, que estuvo a punto de quedar ciego; pero gracias a eso el santo llegó a ser tan versado en la filosofía griega, que recibió el sobrenombre de “el sofista.” Junto con su amigo, célebre ermitaño Juan Mosco, viajó mucho por Siria, Asia Menor y Egipto, donde tomó el habito de monje, el año 580. Los dos amigos vivieron juntos durante varios años en la ” Laura” de san Sabas y en el monasterio de Teodosio, cerca de Jerusalén. Su deseo de mayor mortificación los llevó a visitara los famosos ermitaños de Egipto. Después fueron a Alejandría, donde el patriarca San Juan el Limosnero les rogó que permaneciesen dos años en su diócesis para ayudarle a reformarla y a combatir la herejía. En dicha ciudad fue donde Juan Mosco escribió el

” Prado Espiritual,” que dedicó a San Sofronió. Juan murió hacia el año 620, en Roma, a donde había ido en peregrinación. San Sofronio retornó a Palestina y fue elegido Patriarca de Jerusalén, por su piedad, saber y ortodoxia.

En cuanto tomó posesión de la sede, convocó a todos los obispos del patriarcado para condenar la herejía monotelita y compuso una carta sinodal, en la que exponía y defendía la doctrina ortodoxa. Esa carta, fue más tarde ratificada por el sexto Concilio Ecuménico, llego a manos de Papa Honorio y del patriarca de Constantinopla, Sergio, quien había aconsejado al Papa que escribiese en términos evasivos acerca de la cuestión de las dos voluntades de N.S.J.C. Parece que Honorio no se pronunció nunca sobre el problema; su silencio fue muy poco oportuno, pues daba la impresión de que el Papa estaba de acuerdo con los herejes. Sofronio, viendo que el emperador y muchos prelados del oriente atacaban la verdadera doctrina, se sintió llamado a defenderla con mayor celo que nunca. Llevó al Monte Calvario a su sufragéneo, Esteban, obispo de Dor y ahí le conjuró, por N.S.J.C Crucificado y por la respuesta que tendría que dar a Dios el día del juicio, “a ir a la Sede Apostólica, base de toda doctrina revelada, e importunar al Papa hasta que se decidiese a examinar y condenar la nueva doctrina.” Esteban obedeció y permaneció en Roma diez años, hasta que el Papa San Martín I, condenó la herejía monotelita, en el Concilio de Letrán, el año 649.

Pronto tuvo San Sofronio que enfrentarse con otras dificultades. Los sarracenos habían invadidos Siria y Palestina; Damasco había caído en su poder en 636; y Jerusalén en 638. El santo patriarca, había hecho cuanto estaba en su mano por ayudar y consolar a su grey, aun a riesgo de su vida. Cuando los mahometanos sitiaban la ciudad, San Sofronio tuvo que predicar en Jerusalén el sermón de Navidad, pues era imposible ir a Belén en aquellas circunstancias. El santo huyó después de la caída de la ciudad y, según parece, murió al poco tiempo, probablemente en Alejandría.

 Nuestro propio ayuno según los Santos Padres

Abba Juan Colobos decía: “Si un rey quisiera apoderarse de una  ciudad de sus enemigos, comenzaría por cortar, el agua y los víveres y, de este modo, los enemigos, muertos de hambre, se le someterían. Lo mismo ocurre con las pasiones de la carne; si un hombre vive en el ayuno y el hambre, los enemigos de su alma se debilitan”.

Un día, Silvano y su discípulo Zacarías fueron a visitar un monasterio. Al despedirse, se les hizo comer un poco. Una vez que estuvieron en marcha, el discípulo halló agua en el camino y quiso beber: El Anciano le dijo: “Zacarías, hoy es día de ayuno”. Este preguntó: “Pero, ¿no hemos comido, padre?” Y el Anciano respondió: “Lo que comimos provenía de la caridad; pero nosotros, hijo mío, guardamos nuestro propio ayuno.”

Boletín del 02/03/2014

Domingo del Perdón

Abstinencia del Queso

 03_05_07_lent11

“Ay de mí, yo miserable, que transgredí tu mandamiento,
oh Señor; pues, fui despojado de tu gloria,  marcado por la vergüenza
y exiliado de la felicidad del Paraíso. Ten piedad de mí,
quien justamente fui privado de tu bondad, oh Misericordioso.”
                                                                                                                            Exapostelario

Himnos de la Liturgia 

Tropario de la Resurrección

Tono 3

audio132Que se alegren los celestiales, y que se regocijen los terrenales;
Porque el Señor desplegó la fuerza de su brazo,
pisoteando la muerte con su muerte.
y Siendo el primogénito de entre los muertos,
nos salvó de las entrañas del Hades
y concedió al mundo la gran misericordia.

Condaquio del Domingo de la abstinencia del queso

 Tono 6

¡Oh Guía hacia la sabiduría, Dador de la inteligencia,
Instructor de los ignorantes y Protector de los pobres!,
fortalece, oh Señor, mi corazón y dale comprensión,
y concédeme la palabra, oh Palabra del Padre.
Pues heme aquí y mis labios no vacilan en exclamarte:
“Oh Misericordioso, ten piedad de mí, el caído.”

Lecturas Bíblicas

Carta del Apóstol San Pablo a los Romanos (13:11 – 14:4)

Hermanos: La salvación está más cerca de nosotros que cuando abrazamos la fe. La noche está avanzada. El día se avecina. Despojémonos, pues, de las obras de las tinieblas y revistámonos de las armas de la luz. Como en pleno día, procedamos con decoro; nada de comilonas y borracheras; nada de lujurias y desenfrenos; nada de rivalidades y envidias. Revístanse más bien del Señor Jesucristo y no se interesen en la carne para satisfacer su concupiscencia.

Acojan bien al que es débil en la fe, sin discutir opiniones. Uno cree poder comer de todo, mientras el débil no come más que verduras. El que come, no desprecie al que no come; y el que no come, tampoco juzgue al que come, pues Dios le ha acogido. ¿Quién eres tú para juzgar al criado ajeno? Que se mantenga en pie o caiga sólo interesa a su amo; pero quedará en pie, pues poderoso es el Señor para sostenerlo.

Evangelio según San Mateo (6: 14-21)

Dijo el Señor: «Si ustedes perdonan a los hombres sus ofensas, les perdonará también a ustedes su Padre celestial; pero si no perdonan a los hombres sus ofensas, tampoco su Padre perdonará las de ustedes.

Cuando ayunen, no pongan cara triste como los hipócritas, que desfiguran su rostro para que los hombres vean que ayunan; en verdad les digo, que ya tienen su recompensa. Tú, en cambio, cuando ayunes, perfuma tu cabeza y lava tu rostro, para que tu ayuno sea visto, no por los hombres sino por tu Padre que está allí, en lo secreto; y tu Padre, que ve en lo secreto, te recompensará en público.

No acumulen tesoros en la tierra, donde hay polilla y herrumbre que corroen, y ladrones que socavan y roban. Acumulen más bien tesoros en el cielo, donde no hay polilla ni herrumbre que corroan, ni ladrones que socaven y roben. Porque donde está tu tesoro, ahí está también tu corazón.»

Mensaje Pastoral 

La expulsión de Adán

images12En el domingo presente, último antes de iniciar la Cuaresma, la Iglesia recuerda la expulsión de Adán del paraíso.

El engaño que Satanás planteó ante los ojos de Adán –y no ha dejado de hacerlo– es que el hombre es capaz de vivir sin Dios y de lograr su propia satisfacción. Y mientras la trampa, figurada en el relato bíblico en el fruto, es tan sólo un atractivo externo –«la mujer vio que el árbol era bueno para comer y apetecible a la vista» (Gn 3:6)–, el resultado del acceso a su seducción concluirá sin lugar a duda en amargura: es la amargura de la expatriación del hombre lejos de Dios y su propiaexcomunión.

El ayuno es una marcha de regreso que implica apartarse del egoísmo soberbio y dirigirse hacia Dios y los demás. El ayuno no es una condición requerida para obtener cierta justificación –error común que la parábola del fariseo y el publicano advirtió claramente– sino una invitación para un cambio: cambiar el amor propio (el yo) por el amor a quienes están fuera de mis limitaciones (Dios y los demás). Esto es lo que hace que el ayuno sea hoy más importante que nunca, ya que vivimos en la era del individualismo.

Cuando ayunamos, nos abrimos a los demás y a sus necesidades; cuando ayunamos, sentimos lo que es el hambre y comprendemos que «no sólo de pan vive el hombre, sino de toda palabra que sale de la boca de Dios» (Mt 4:4). La esencia del ayuno es obtener esta hambre, no de comidas, sino de Dios; dejar a un lado el interés mundano –siempre justificado y natural– para disponer más espacio a la acción del Espíritu. La Cuaresma es un ambiente espiritual en el que vamos creyendo, más y más, y asimilando  que  «la  necesidad  es  de  uno  solo» (Lc 10:42): de Dios, Quien nos alimenta con su Gracia. Y cuando llega la Pascua, meta de toda la peregrinación cuaresmal, advertimos que, en Él, ya lo tenemos Todo.

El ayuno es más que una obligación, es una necesidad, un ejercicio espiritual que procura sensibilizarnos  y transformar la regla que suele regir nuestra vida «comer, consumir y recibir lo más que se pueda» en «ayunar y dar amor lo más que pueda yo».

Adán que atraído por lo «apetecible a la vista» ha perdido la dulzura del Paraíso, regresa con la vigilia de los sentidos y los deseos a ver la Luz, y su vida vuelve a ser el jardín donde «Dios se paseaba a la hora de la brisa» (Gn 3: 8) y a toda hora. Amén.

Nuestra Fe y Tradición

La Confesión

¿Qué hacer cuando la conciencia tortura a la persona? ¿Qué hacer, cuando el alma se llena de393920_2894837414714_1373695113_3197864_1135846403_n angustia? La Iglesia Ortodoxa aconseja confesarse. La confesión es la denuncia del pecado, es la decisión de no repetirlo más.

Nosotros pecamos contra Dios, contra el prójimo, contra nosotros mismos.  Pecamos con los hechos, con palabras, hasta con el pensamiento. Pecamos por inducción del diablo, por influencia del mundo circundante, por propia voluntad. “No hay hombre que viva sobre la tierra y no peque”. Pero tampoco hay un pecado que no sea perdonado por Dios por medio de la confesión. Para la salvación de los pecadores Dios se hizo hombre, ha sido crucificado y resucito de los muertos. Los Santos Padres comparan la misericordia de Dios con el mar que apaga la más fuerte llama de iniquidad de los humanos.

En la confesión no hay que justificarse, quejarse de las condiciones cotidianas, enmascarar los pecados con frases nubladas como “he pecado contra el sexto mandamiento,” o contar sobre temas ajenos. En ningún caso se puede esconder, callar nada: el pecado se puede esconder al sacerdote pero no a Dios Omnisapiente.

En ciertos casos el sacerdote puede indicar a quien  se confiesa una penitencia en cierta forma una cura espiritual dirigida hacia la extirpación del pecado.

El hombre es responsable de sus pecados desde los siete años de edad. El que se bautizó a edad madura, no tiene la necesidad de confesar lo referente a su vida previa al Bautismo, aunque se le recomienda una conversación  con un padre espiritual que le dé luz sobre como encaminar su vida.

 Vida de Santos

San Gerásimos del Jordán

4 de Marzo

GerasimosJordanSan Gerásimos nació en Licia de Asia Menor, donde abrazó la vida eremítica. Después pasó a Palestina y, durante algún tiempo cayó en los errores eutiquianos, pero San Eutimio le devolvió a la verdadera fe. Más tarde, parece que estuvo en varias comunidades de la Tebaida y finalmente, retornó a Palestina, donde se hizo íntimo amigo de San Juan el Silencioso, de San Sabas, de San Teoctisto y de San Atanasio de Jerusalén. Tan numerosos fueron sus discípulos, que el santo fundó una Monasterio de sesenta celdas, cerca del Jordán y un convento para los principiantes. Sus monjes guardaban silencio casi completo, dormían en lechos de juncos y jamás encendían fuego dentro de las celdas, a pesar de que las puertas tenían que estar siempre abiertas. Se alimentaban ordinariamente de pan, dátiles y agua y dividían el tiempo entre la oración y el trabajo manual. A cada monje se asignaba un trabajo determinado, que debía estar listo el sábado siguiente. Aunque la regla ya era de suyo severa, San Gerásimos la hacía todavía más rigurosa para sí y nunca cesó de hacer penitencia por su caída en la herejía eutiquiana. Según se cuenta, durante la cuaresma, su único alimento era la Sagrada Eucaristía. San Eutimio le profesaba tal estima, que le enviaba, por medio de los discípulos, a aquellos de sus seguidores a quienes consideraba llamados a la más alta perfección. La fama de San Gerásimos sólo cedía a la de San Sabas. El año 451, durante el Concilio de Calcedonia, su nombre sonó en todo el oriente. El Monasterio que él había fundado florecía todavía un siglo después de su muerte.

En el “Prado Espiritual” Juan Mosco nos ha dejado una anécdota encantadora. Un día en que el santo se hallaba a orillas del Jordán, se le acercó cojeando penosamente un león. Gerásimos examinó la zarpa herida, extrajo de ella una aguda espina y lavó y vendó la pata de la fiera. El león se quedó desde entonces con el santo y fue tan manso como cualquier otro animal doméstico. En el monasterio había un asno, que los monjes utilizaban para ir a traer agua, y éstos hacían que el león cuidara del asno cuando iba a pastar; pero un día, unos mercaderes árabes se lo robaron y el león volvió sólo y muy deprimido al convento. A las preguntas de los monjes, el león respondía con miradas lastimeras. El abad le dijo: “Tú te comiste al asno. Bendito sea Dios por ello. Pero de ahora en adelante tú harás el trabajo del asno.” El león tuvo que acarrear agua para la comunidad. Poco tiempo después, los mercaderes árabes pasaron de regreso con el asno y tres camellos; el león les puso en fuga, cogió entre los dientes la brida del asno y lo llevó triunfalmente al monasterio, junto con los camellos. San Gerásimos reconoció su error y dio al león el nombre de Jordán. Cuando murió el anciano abad, el león estaba desconsolado. El nuevo abad le dijo: “Jordán, nuestro amigo nos ha dejado huérfanos para ir a reunirse con el Amo a quien servía; pero tú tienes que seguir comiendo.” Pero el león siguió rugiendo tristemente. Finalmente el abad, que se llamaba Sabacio, condujo al león a la tumba de Gerásimos y, arrodillándose junto a ella, le dijo: “Aquí está enterrado tu amo.” El león se echó sobre la tumba y empezó a golpearse la cabeza contra la tierra; nadie pudo apartarle de ahí y pocos días más tarde le encontraron muerto. Según algunos autores, el león que se ha convertido en el símbolo de San Jerónimo era en realidad el de San Gerásimos. La confusión se originó probablemente de la grafía “Geronimus” de ciertos documentos.

Sobre el Ayuno

                                                                                                               San Isaac el Sirio

  • El hambre es una óptima manera para instruir los sentidos.
  • En un estómago lleno de comida no habrá lugar para conocer los misterios de Dios.
  • Apenas el hombre inicia el ayuno, la mente anhela convivir con Dios.

Boletín del 23/02/2014

Domingo de la abstinencia de la carne

Memoria del Juicio Final

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Cuando las Mirróforas vieron la piedra removida,
se alegraron porque vieron a un joven sentado
en el sepulcro que les dijo: Cristo resucitó;
decid a los Apóstoles y a Pedro: Corran al monte de Galilea,
allá donde se les aparecerá a vosotros,
oh amados, tal como antes lo había dicho.
                                                                                            Exapostelario

Himnos de la Liturgia

Tropario de la Resurrección

Tono 2

audio1Cuando descendiste a la muerte, oh Vida Inmortal,
mataste al Hades con el rayo de tu divinidad,
y cuando levantaste a los muertos del fondo de la tierra,
todos los poderes Celestiales clamaron:
¡Oh Dador de vida, Cristo Dios, gloria a Ti!

Condaquio del Domingo del Juicio final

Tono 1

Cuando vengas con gloria a la Tierra,
oh Dios, temblará toda la creación:
el río de fuego fluirá  ante el Estrado,
los libros serán abiertos y lo secreto revelado.
Entonces, libérame del fuego inextinguible
y hazme digno de estar a tu Diestra, oh justo Juez.

Lecturas Bíblicas

Primera Carta del Apóstol San Pablo a los Corintios  (8:8 – 9:2)

Hermanos: No es la comida lo que nos acercará a Dios: ni somos menos porque no comamos, ni somos más porque comamos. Pero tengan cuidado que esa su libertad no sirva de tropiezo a los débiles. En efecto, si alguien te ve a ti, que tienes conocimiento, sentado a la mesa en un templo de ídolos, ¿no se creerá autorizado por su conciencia, que es débil, a comer de lo sacrificado a los ídolos? Y por tu conocimiento se pierde el hermano débil, por quien Cristo murió. Y pecando así contra los hermanos, hiriendo su conciencia, que es débil, pecan contra Cristo. Por tanto, si un alimento causa tropiezo a mi hermano, nunca comeré carne para no escandalizar a mi hermano.

¿No soy yo libre? ¿No soy yo apóstol? ¿Acaso no he visto yo a Jesús, Señor nuestro? ¿No son ustedes mi obra en el Señor? Si para otros no soy yo apóstol, para ustedes sí que lo soy; pues, ¡el sello de mi apostolado son ustedes en el Señor!

Evangelio según San Mateo (25: 31-46)

Dijo el Señor: «Cuando el Hijo del hombre venga en su gloria acompañado de todos sus ángeles, entonces se sentará en su trono de gloria. Serán congregadas delante de Él todas las naciones, y Él separará a los unos de los otros, como el pastor separa las ovejas de los cabritos. Pondrá las ovejas a su derecha y los cabritos a su izquierda. Entonces dirá a los de su derecha: “Vengan, benditos de mi Padre, hereden el Reino preparado para ustedes desde la creación del mundo. Porque tuve hambre, y me dieron de comer; tuve sed, y me dieron de beber; era forastero, y me acogieron; estaba desnudo, y me vistieron; enfermo y me visitaron; en la cárcel, y vinieron a verme.” Entonces los justos responderán: “Señor, ¿cuándo te vimos hambriento, y te dimos de comer; o sediento, y te dimos de beber? ¿Cuándo te vimos forastero, y te acogimos; o desnudo, y te vestimos? ¿Cuándo te vimos enfermo o en la cárcel, y fuimos a verte?” Y el Rey les dirá: “En verdad les digo, que cuanto hicieron a uno de estos hermanos míos más pequeños, a mí me lo hicieron.”

 Entonces dirá también a los de su izquierda: “Apártense de Mí, malditos, al fuego eterno preparado para el Diablo y sus ángeles. Porque tuve hambre, y no me dieron de comer; tuve sed, y no me dieron de beber; era forastero, y no me acogieron; estaba desnudo, y no me vistieron; enfermo y en la cárcel, y no me visitaron.” Entonces dirán también éstos: “Señor, ¿cuándo te vimos hambriento o sediento o forastero o desnudo o enfermo o en la cárcel, y no te asistimos?” Y Él entonces les responderá: “En verdad les digo, que cuanto dejaron de hacer con uno de estos más pequeños, también conmigo dejaron de hacerlo.” E irán éstos al castigo eterno, y los justos a la Vida Eterna.»

Mensaje Pastoral

La báscula del juicio

Estando a las puertas de la Cuaresma, nuestra Iglesia conmemora el Día del Juicio, es decir, la segunda venida de nuestro Señorjuicioicon25 Jesucristo. La lectura del Evangelio enfatiza el criterio del Juicio Final, y lo que leemos está claro: seremos juzgados según la medida de nuestra misericordia, es decir, la medida de nuestro amor.

La palabra «amor» a menudo es manipulada o malentendida. El pasaje bíblico destaca las palabras de nuestro Señor Jesús cuando dice: «cuanto hicieron a uno de estos hermanos…» Entonces no se trata de un término abstracto ni de emociones y sentimientos sino de acción. Nosotros, pues, seremos separados entre ovejas y cabritos –como lo ilustra la imagen de la parábola– según nuestras obras de amor.

Erróneamente, el amor es limitado a tan sólo un afecto pasivo. Quizás podamos tener sentimientos de antipatía y rechazo hacia cierta persona, pero si nos comportamos con ella con delicadeza y amor, transformamos, a través de la lucha, nuestro odio en caridad y clemencia. Por otro lado, podemos tener en nuestro interior el sentimiento más delicado hacia alguien y sentirnos emocionalmente dependientes de él, pero a la vez tratarlo con hostilidad.

El amor significa, sin duda alguna, ceder a los demás el primer lugar, y el egoísmo es exactamente lo contrario, es decir, tomar para mí la primacía y dejar al prójimo lo último. Que yo ame a alguien equivale a que quiera y desee darle a él el primer lugar, amarle más de lo que me quiero a mí mismo y desearle el bien a él antes que a mí.

La Cuaresma, cuando va de la mano con las obras de la misericordia, constituye un gesto de abstinencia que nos lleva a abandonar nuestro egoísmo y nos estimula a despojarnos del hombre viejo y a proclamar al nuevo. En ella, dejamos atrás todos nuestros malos deseos, nos abstenemos de los intereses que nos llevan a la perdición, y aprendemos a ver y considerar a «los hermanos más pequeños» del Señor y apreciar en ellos su Presencia. Y así se inclina la balanza favorablemente: «Conviene que Él crezca, y que yo mengüe» (Jn 3:30).

Nuestra Fe y Tradición

Alimentos de la Vigilia

ayuno0Unos fieles preguntaron al anciano: “¿Padre, cuáles alimentos se nos permite comer en la Cuaresma, y cuáles no?”.

 Él comprendió que su preocupación se apegaba al “menú” cuaresmal y descuidaba el espíritu del ayuno que supera meros alimentos de vigilia. Les contestó así:

la Iglesia recomienda, en esta temporada, tres tipos de alimento que Jesús ha mencionado en su Evangelio. En realidad son alimentos adecuados para cualquier tiempo, pero en la cuaresma, con mucha más concentración:

1- Dijo el Señor: “No sólo de pan vive el hombre, sino de toda palabra que sale de la boca de Dios” (Mt 4:4). Eso es el primer alimento. Sabemos que “toda palabra que sale de la boca de Dios” ha sido escrita en la Biblia. Y por ello nos dedicamos a estudiar la santa Escritura con anhelo y asiduidad.

2- Dijo el Señor: “Mi alimento es hacer la voluntad del que me ha enviado y llevar a cabo su obra” (Jn 4:34). El mismo Jesús se ha alimentado de “hacer la voluntad de Dios Padre”, y a nosotros que llevamos su nombre, nos ha enseñado a gustar lo mismo, cada vez que clamemos desde el fondo del corazón: “hágase tu voluntad así la tierra como en el cielo”. Este alimento consiste en llevar a cabo lo que hemos leído en la Biblia.

3- Dijo el Señor: “mi Carne es verdadera comida, y mi Sangre es verdadera bebida, el que come mi Carne y bebe mi Sangre permanece en Mí y Yo en él.” (Jn 6:55). El tercer tipo de alimento lo buscamos cuando nos reunimos como una familia para comulgar a Aquél, a Quien hemos conocido en la santas Escrituras, y hemos luchado para obrar cuya Voluntad.”

Sentencias de los Padres del Desierto

  • Dijo un anciano: «El cuidado por agradar a los hombres hace perder todo el aprovechamiento espiritual y deja al alma seca y descarnada».
  • Dijo el abad Pastor: «Enseña a tu corazón a cumplir lo que a otros enseñas con tus palabras». Y  añadió: «Los hombres cuando hablan parecen perfectos. Al cumplir lo que dicen no lo son tanto».
  • Un  hermano se llegó al abad Teodoro y empezó a hablar e inventar cosas de las que no tenía ninguna experiencia. El anciano le dijo: «Todavía no has encontrado barco, ni has colocado en él tu equipaje, ni has empezado a navegar, y he aquí que ya has llegado a la ciudad de destino. Cuando hayas puesto por obra todo eso de lo que me has estado hablando, entonces podrás empezar a hablar de ello».

Trisagio y condecoración por Don José Sulaimán

 

El pasado Domingo 16 de Febrero a un mes de su fallecimiento Don José Sulaimán quien fuera presidente del Consejo Mundial de Boxeo fue reconocido por su gran  labor con la iglesia y la comunidad ortodoxa, con la medalla de San Jorge, otorgada por Su Eminencia   Antonio Chedraoui en la Catedral de San Pedro y San Pablo

Su Eminencia Antonio durante la Homilía dirigió algunas palabras a su familia, en la celebración estuvieron presentes la señora Martha, viuda de Sulaimán, sus hijos y nietos, así como de amigos cercanos y personalidades del mundo del boxeo. Al concluir su homilía, Su Eminencia hizo la condecoración de Don José Sulaimán con la Medalla de San Jorge, y finalmente se realizó el trisagio por su memoria.

Boletín del 16/02/2014

Domingo del Hijo Pródigo

Venid a reuniros con los Discípulos en el Monte de Galilea para que veáis a Cristo, diciendo con fe.  He recibido el poder de lo que está arriba y lo que está abajo. Aprendamos como enseña a bautizar a todas las naciones en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo, prometiéndonos permanecer con nosotros hasta el fin del mundo.

Exapostelario

 

Himnos de la Liturgia

Tropario de la Resurrección

Tono 1

audio1Cuando la piedra fue sellada por los judíos y
tu purísimo cuerpo fue custodiado por los guardias,
resucitaste al tercer día, oh Salvador,
concediendo al mundo la vida. Por lo tanto,
los poderes celestiales clamaron a Ti: Oh Dador de Vida,
Gloria a tu Resurrección, oh Cristo, gloria a tu Reino,
gloria a tu plan de salvación, oh Único, Amante de la humanidad.
 

Tropario de los Mártires 

Tono 4

Tus mártires Pánfilo y sus compañeros, Señor, por su lucha,
recibieron de Ti las coronas incorruptibles, oh Dios nuestro.
Porque obteniendo Tu Poder,
destruyeron a los tiranos y aniquilaron el poderío de los demonios impotentes.
Salva, pues, oh Cristo Dios, por sus intercesiones, a nuestras almas.

Condaquio Domingo del Hijo Pródigo

Tono 3

Al dejar tu gloria paterna con ignorancia,
derroché vanamente la riqueza que me otorgaste.
Clamo a Ti como el pródigo, oh Compasivo:
“He pecado contra el cielo y ante Ti, oh Padre;
acéptame como arrepentido, y admítame como uno de tus jornaleros.

Lecturas Bíblicas

Primera Carta del Apóstol San Pablo a los Corintios (6: 12-20)

Hermanos: Todo me es lícito, mas no todo me conviene. Todo me es lícito, mas no me dejaré dominar por nada. La comida para el vientre y el vientre para la comida, mas Dios destruirá aquél y ésta. Pero el cuerpo no es para la fornicación, sino para el Señor, y el Señor para el cuerpo. Y Dios, que resucitó al Señor, nos resucitará también a nosotros mediante su poder.

¿No saben que sus cuerpos son miembros de Cristo? Y ¿había de tomar yo los miembros de Cristo para hacerlos miembros de prostituta? ¡De ningún modo! ¿O no saben que quien se une a la prostituta se hace un solo cuerpo con ella? Pues está dicho: Los dos se harán una sola carne. Mas el que se une al Señor, se hace un solo espíritu con Él.

¡Huyan de la fornicación! Todo pecado que comete el hombre queda fuera de su cuerpo; mas el que fornica, peca contra su propio cuerpo.

¿O no saben que su cuerpo es templo del Espíritu Santo, que está en ustedes y han recibido de Dios, y que no se pertenecen, pues han sido comprados? Glorifiquen, por tanto, a Dios en su cuerpo y en su espíritu que pertenecen a Dios.

Evangelio según San Lucas (15: 11-32)

Dijo el Señor esta parábola: «Un hombre tenía dos hijos; y el menor de ellos dijo al padre: “Padre, dame la parte de la hacienda que me corresponde.” Y él les repartió la hacienda. Pocos días después el hijo menor lo reunió todo y se marchó a un país lejano donde malgastó su hacienda viviendo como un libertino. Cuando hubo gastado todo, sobrevino un hambre extrema en aquel país, y comenzó a pasar necesidad. Entonces, fue y se ajustó con uno de los ciudadanos de aquel país, que lo envió a sus fincas a apacentar puercos. Y deseaba llenar su vientre con las algarrobas que comían los puercos, pero nadie se las daba. Y volviendo en sí mismo, dijo: “¡Cuántos jornaleros de mi padre tienen pan en abundancia, mientras que yo aquí me muero de hambre! Me levantaré, iré a mi padre y le diré: Padre, pequé contra el cielo y ante ti, ya no merezco ser llamado hijo tuyo: trátame como a uno de tus jornaleros.” Y, levantándose, partió hacia su padre. Estando él todavía lejos, le vio su padre y, conmovido, corrió, se echó a su cuello y le besó efusivamente. El hijo le dijo: “Padre pequé contra el cielo y ante ti; ya no merezco ser llamado hijo tuyo.” Pero el padre dijo a sus siervos: “Traigan aprisa el mejor vestido y vístanlo, pónganle un anillo en su mano y unas sandalias en los pies. Traigan el novillo cebado, mátenlo, comamos y celebremos una fiesta, porque este hijo mío estaba muerto y ha vuelto a la vida, estaba perdido y ha sido hallado.” Y comenzaron la fiesta. Su hijo mayor estaba en el campo y, al volver, cuando se acercó a la casa, oyó la música y las danzas; llamó a uno de los criados y le preguntó qué era aquello. Él le dijo: “Ha vuelto tu hermano y tu padre ha matado el novillo cebado, porque le ha recobrado sano.” Él se irritó y no quería entrar. Salió su padre y le suplicaba. Pero él replicó: “Hace tantos años que te sirvo y jamás dejé de cumplir una orden tuya, pero nunca me has dado un cabrito para tener una fiesta con mis amigos. ¡Y ahora que ha venido ese hijo tuyo, que ha devorado tu hacienda con prostitutas, has matado para él el novillo cebado!” Pero él le dijo: “Hijo, tu siempre estás conmigo, y todo lo mío es tuyo; pero convenía celebrar una fiesta y alegrarse, porque este hermano tuyo estaba muerto y ha vuelto a la vida, estaba perdido y ha sido hallado”.

Mensaje Pastoral

Eucaristía de penitencia

La Cuaresma es, por excelencia, la temporada penitencial en la que la Iglesia nos incita a ingresar por «las puertas de la contrición» y gustar la dulzura de este modo de vivir. Parte de la preparación para la Cuaresma es la lectura de la parábola del Hijo Pródigo que nos expone los sentidos positivos de la penitencia y del retorno hacia una vida sujeta, por propia voluntad, al cuidado paternal.

En la parábola, Jesús enfatiza el alimento que el hijo comía en ambos estados, pecaminoso y penitencial; pues en su partida come algarrobas con pasiones, y he aquí que regresa y come el novillo cebado con alegrías. El placer que el sabor de las algarrobas dejaba, terminaba en amargura de soledad y de vacío, mientras la participación en el banquete de la casa paternal anunciaba una alegría que mira hacia el futuro con los ojos de la gratitud.

El encuentro con el Padre clemente y la experiencia de la reconciliación y del perdón gratuito son efectuados en medio de la Eucaristía.

Nuestra penitencia es examinada, a cada día, a la luz del llamado temible de la Eucaristía «Tomad y comed […] Bebed de él todos […]»: es el llamado del Padre compasivo y amoroso, Quien busca perpetuamente a su rebaño. El mundo exhibe ante nuestra vista todos sus engaños y redes, mientras el Señor nos extiende su banquete: divino Cuerpo y Sangre. El pecado y el arrepentimiento consisten en  prevalecer uno u otro de los dos ofrecimientos.

«Traigan el novillo cebado, mátenlo, comamos y celebremos una fiesta»; el santo Cáliz, y la exclamación del Cantor «¡Gustad y ved, qué dulce es el Señor!» –durante la Cuaresma– son capaces de estimularnos a decir la antigua frase litúrgica «váyase el mundo y venga la Gracia», que inclinemos la balanza a favor del «Pan esencial» en vez de las pasiones. El Cáliz de la Eucaristía, cuando lo contemplamos elevado, alza en nosotros la decisión: «Me levantaré, iré a mi padre y le diré: Padre, pequé contra el cielo y ante Ti […], trátame como a uno de tus jornaleros.» Él entonces ofrece su banquete generosamente: comemos y nos regocijamos.

Nuestra fe y Tradición

La Confesión

¿Qué hacer cuando la conciencia tortura a la persona? ¿Qué hacer, cuando el alma se llena de angustia? La Iglesia Ortodoxa aconseja confesarse. La confesión es la denuncia del pecado, es la decisión de no repetirlo más.

Nosotros pecamos contra Dios, contra el prójimo, contra nosotros mismos.  Pecamos con los hechos, con palabras, hasta con el pensamiento. Pecamos por inducción del diablo, por influencia del mundo circundante, por propia voluntad. “No hay hombre que viva sobre la tierra y no peque”. Pero tampoco hay un pecado que no sea perdonado por Dios por medio de la confesión. Para la salvación de los pecadores Dios se hizo hombre, ha sido crucificado y resucito de los muertos. Los Santos Padres comparan la misericordia de Dios con el mar que apaga la más fuerte llama de iniquidad de los humanos.

En la confesión no hay que justificarse, quejarse de las condiciones cotidianas, enmascarar los pecados con frases nubladas como “he pecado contra el sexto mandamiento,” o contar sobre temas ajenos. En ningún caso se puede esconder, callar nada: el pecado se puede esconder al sacerdote pero no a Dios Omnisapiente.

En ciertos casos el sacerdote puede indicar a quien  se confiesa una penitencia en cierta forma una cura espiritual dirigida hacia la extirpación del pecado.

El hombre es responsable de sus pecados desde los siete años de edad. El que se bautizó a edad madura, no tiene la necesidad de confesar lo referente a su vida previa al Bautismo, aunque se le recomienda una conversación  con un padre espiritual que le dé luz sobre como encaminar su vida.

 

Aromas monásticos

  • Uno preguntó a un anciano: “¿Por qué me desanimo continuamente?”. Y respondió: “porque no has visto todavía la meta.”
  • El alma es una fuente: si profundizas se hace más limpia; si arrojas en ella estiércol, se ensucia.
  • Uno preguntó al anciano: “¿cómo el alma adquiere la humildad?”. Y respondió: “Estando atenta tan sólo a sus propias faltas.”
  • No empieces a hacer nada sin que antes hayas examinado tu conciencia, para saber si lo que vas a hacer es según Dios.
  • Decía el Abad Antonio: “La vida y la muerte nos viene del prójimo; si ganamos a nuestro hermano, ganaremos a Dios, si le escandalizamos, pecamos contra Cristo.”

Boletín del 09/02/2014

Domingo del Fariseo y el Publicano

TELONOS , FARISEOS

 

Cuando el Señor después de su Resurrección preguntó a Pedro tres veces: “¿Me amas?”, lo puso pastor de sus corderos; y éste, al ver al otro discípulo que amaba Cristo, siguiéndole, preguntó al Señor, diciendo: “Y ¿qué de éste?” Y le contestó: “Si yo quiero que éste esté hasta mi llegada, ¿qué a ti, Pedro querido?”
Exapostelario

Himnos de la Liturgia

Tropario del Resurrección

Tono 8

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Descendiste de las alturas, oh Piadoso,
y aceptaste el entierro de tres días
para librarnos de los sufrimientos.
Vida y Resurrección nuestra, oh Señor, gloria a ti.
Condaquio de la Presentación del Señor en el Templo

Condaquio  del fariseo y el publicano

Tono 4

Escapemos de la soberbia del fariseo
y aprendamos de la humildad del publicano
exclamando con gemidos al Salvador:
“¡Oh único Compasivo, ten piedad de nosotros!”

Lecturas Bíblicas

Segunda Carta del Apóstol San Pablo a Timoteo (3: 10-15)

Hijo mío, Timoteo: Tú me has seguido asiduamente en mis enseñanzas, conducta, propósito, fe, longanimidad, amor, paciencia, en mis persecuciones y sufrimientos, como los que soporté en Antioquía, en Iconio, en Listra. ¡Qué persecuciones he sufrido! Y de todas me ha librado el Señor. Y todos los que quieran vivir piadosamente en Cristo Jesús, sufrirán persecuciones. En cambio los malos y embaucadores irán de mal en peor, errando y haciendo errar a los demás.

Tú, en cambio, persevera en lo que has aprendido y en lo que has creído, teniendo presente de quién lo has aprendido, y que desde niño conoces las Sagradas Letras, que te pueden instruir para la salvación mediante la fe en Cristo Jesús.

Evangelio según San Lucas (18: 10-14)

Dijo el Señor esta parábola a algunos que se tenían por justos y despreciaban a los demás: «Dos hombres subieron al Templo a orar; uno fariseo, otro publicano. El fariseo, de pie, oraba consigo mismo de esta manera: “¡Oh Dios! Te doy gracias porque no soy como los demás hombres, rapaces, injustos, adúlteros, ni tampoco como este publicano. Ayuno dos veces por semana y doy el diezmo de todas mis ganancias.” En cambio el publicano, manteniéndose a distancia, no se atrevía ni a alzar los ojos al cielo, sino que se golpeaba el pecho diciendo: “¡Oh Dios, ten compasión de mí, que soy pecador!” Les digo que éste bajó a su casa justificado y aquél no. Porque todo el que se ensalce, será humillado; y el que se humille, será ensalzado.»

Mensaje Pastoral

Humildad y justicia

fariseo-y-el-publicanoHoy se inicia el período preparatorio a la Gran Cuaresma, que consiste en cuatro domingos. El primero de ellos es precisamente el del Fariseo y el Publicano.

Como una introducción a este ciclo, en los últimos domingos hemos oído hablar a los padres del deseo intenso de Zaqueo por ver al Señor, y de la actitud de la mujer cananea que busca sin desmayos, humilde y pacientemente, la gracia de Dios. En verdad, este tiempo es muy propicio para llevar adelante un mayor esfuerzo y disponer nuestro cuerpo y alma a virtudes y anhelos semejantes a los de estos dos personajes bíblicos.

Es por eso que mediante el relato del fariseo y el publicano que suben al templo a hacer oración, la lectura evangélica de hoy nos muestra claramente el camino correcto para acercarse a Dios y establecer con él una relación sincera y profunda.

El fariseo comienza su oración enumerando todas sus virtudes y ensalzándose: «No soy como los demás hombres, rapaces, injustos, adúlteros, ni tampoco como este publicano.» Como si dijera: «Yo no soy pecador.» Una persona que se considera a sí misma lejana de todo pecado y dueña de toda obra buena: «Ayuno dos veces por semana y doy el diezmo de todas mis ganancias.» ¿Qué circunstancia lo empujaría a buscar la misericordia de Dios? En realidad, ninguna: se complace plenamente consigo mismo. Ciertamente no pide misericordia, más bien reclama que se le reconozcan los méritos de su propia justicia. ¡Qué arrogancia y que ceguera! Arrogante porque en lugar de clamar: «Te alabaré, Señor, con todo mi corazón y glorificaré tu nombre para siempre» (Sal 86:12), prefiere alabarse a sí mismo y hasta felicitarse. Y ciego porque no alcanza ver que en su corazón no hay sitio para Dios, porque su lugar está ocupado por el egoísmo, la soberbia, la ingratitud y el menosprecio a los demás.

Todo lo contrario es la disposición espiritual del publicano. Se humilla, reconoce sus pecados y pide misericordia. Está insatisfecho consigo mismo y descontento con sus obras: se abaja y lo confiesa. Quiere transformarse interiormente y en sus acciones exteriores. Volverse a Dios y darle la espalda a su vida de pecado. Tiene arrepentimiento. Es pobre de espíritu. Dios lo escucha y lo hace partícipe de su justicia divina.

Los Padres del Desierto lo sintetizan todo en un Apotegma: «Es preferible un hombre que ha pecado y reconoce sus faltas y se arrepiente, que otro que no ha pecado y piensa de sí mismo que es justo.»

No nos tengamos por justos ni despreciemos a los demás, mejor clamemos con el publicano: «¡Oh Dios, ten compasión de mí, que soy pecador!», y el Señor nos hará partícipes de su justicia. Amén

Nuestra Fe y Tradición

Los domingos preparatorios a la cuaresma

La Iglesia nos prepara para la cuaresma de la Santa Pascua durante cuatro domingos, los anteriores al inicio de la misma, en los cuales nos plantea  virtudes y sentimientos muy importantes para la cuaresma que es, en sí, la preparación adecuada para la Fiesta de las fiestas, para la base de toda nuestra fe y en consecuencia de toda nuestra vida, es decir, la Resurrección de nuestro Señor Jesucristo.

Estos domingos preparatorios toman su nombre del Evangelio que se lee:

1- El Domingo del Fariseo y el Publicano (Lc.18,10-14): cuyo evangelio leímos hoy. Pues todas las buenas obras y ejercicios320590_237790712928861_100000938038554_644666_4632100_n espirituales que el cristiano brinda en toda su vida, pero intensamente en la temporada cuaresmal, no son “la factura” de su justificación ante Dios, como lo pensó el fariseo de hoy, sino la reacción natural de quien con humildad inclina todo su ser ante Dios, como el publicano: : “¡Oh Dios!  ¡Ten compasión de mí, que soy pecador!”

2- El Domingo del Hijo Pródigo (Lc.15, 11-32): que nos plantea a la Cuaresma como una marcha de regreso hacia el Padre que nos espera siempre. “ábreme las puertas del arrepentimiento,…”; el arrepentimiento no es contar algunos pecados o desviaciones que he cometido sino confesar que he escogido ir “a un país lejano” en lugar de vivir en la bella casa paternal; dicha confesión me impulsará, como al pródigo de la parábola, a regresar a la belleza inicial que me fue otorgada en el Bautizo.

3- El Domingo del Juicio (Mt.25, 31-46): en el cual se lee el Evangelio del Juicio final que se basará en el amor manifestado en las obras de cada uno “En verdad os digo que cuanto hicisteis a uno de estos hermanos míos más pequeños, a mí me lo hicisteis.”  Pues si las obras en sí, como hemos visto en el Evangelio del fariseo y el publicano, no formaron el criterio para la justificación, sí son una emanación abundante de una alma que ama a Dios; si no, su piedad será falsa y digna de juicio “Si alguno dice: ‘Amo a Dios’, y aborrece a su hermano, es un mentiroso” (1Jn.4,20). La devoción que buscamos no es egoísta sino que busca ser manifestada en el amor a los demás.

4- El Domingo del Perdón (Mt.6, 14-21): a partir del cual se inicia la Cuaresma. Pues como podemos decir a Dios Padre: “perdona nuestras deudas así como nosotros perdonamos a nuestros deudores” si, en realidad no estamos dispuestos a perdonar a los demás. Así la Iglesia nos estimula a que ofrezcamos nuestra ofrenda cuaresmal con un corazón limpio de cualquier sentimiento rencoroso.

 

Sentencias de los Padres del Desierto

  • Dijo el abad Pastor: «El hombre, lo mismo que aspira y expele el aliento, debe respirar continuamente la humildad y el temor de Dios».

Boletín del 02/02/2014

Conmemoración de la Presentación del Señor en el Templo

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 Los hijos de Zebedeo, Pedro, Natanael, Tomás y otros dos, se encontraban pescando en el lago de Tiberiades, a la orden de Cristo, arrojaron sus redes al lado derecho pescando en abundancia. Cuando Pedro reconoció a Cristo, se acercó a Él nadando, esta fue la tercera aparición del Señor al enseñarles el pan y el pescado Sobre las brasas.

Exapostelario

Himnos de la Liturgia

Tropario de la Resurrección

Tono 7

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Destruiste la muerte con tu Cruz, y abriste al ladrón el Paraíso, a las Mirróforas los lamentos trocaste, y a tus Apóstoles ordenaste predicar que resucitaste, oh Cristo Dios, otorgando al mundo la gran misericordia.

Tropario de la Presentación del Señor  

Tono 1

Regocíjate, oh Llena de Gracia, Virgen Madre de Dios;porque por ti resplandece el Sol de Justicia, Cristo nuestro Dios, Quien ilumina a los que han estado en las tinieblas. Alégrate también tú, oh justo Anciano, que recibiste en tus brazos al Redentor de nuestras almas, Quien nos otorga la Resurrección.

Condaquio de la Presentación del Señor en el Templo

Tono 4

Por tu nacimiento santificaste las entrañas de la Virgen,
oh Cristo Dios, las manos de Simeón bendijiste debidamente,
y a nosotros nos alcanzaste y salvaste.
Conserva a tus fieles en la paz y auxilia a los que amas
porque Tú eres el único Amante de la humanidad.

Lecturas Bíblicas

 Carta a los Hebreos  (7:7- 17)

Hermanos: No cabe duda que el inferior recibe la bendición del superior. Y mientras aquí reciben el diezmo hombres mortales, allí, uno de quien se atestigua que vive (Melquisedec). Y, por decirlo así, hasta el mismo Leví, que recibe los diezmos, los pagó en la persona de Abraham, pues ya estaba en las entrañas de su padre cuando Melquisedec le salió al encuentro.

Pues bien, si la perfección estuviera en poder del sacerdocio levítico —bajo cuyo ministerio el pueblo recibió la ley—, ¿qué necesidad había ya de que surgiera otro sacerdote a semejanza de Melquisedec, y no dice «a semejanza de Aarón»? Pues, cambiado el sacerdocio, necesariamente se cambia la ley. Y el hecho es que aquél de quien se dice estas cosas, pertenecía a otra tribu, de la cual nadie sirvió al altar. Y es bien manifiesto que nuestro Señor procedía de Judá, y a esa tribu para nada se refirió Moisés al hablar del sacerdocio.

Todo esto es mucho más evidente aún si surge otro sacerdote a semejanza de Melquisedec, que lo sea, no por ley de prescripción carnal, sino según la fuerza de una vida indestructible. De hecho, está atestiguado: Tú eres sacerdote para siempre, a semejanza de Melquisedec.

Evangelio Segun San Lucas   (2:22-40)

En aquel tiempo, Había en Jerusalén un hombre llamado Simeón; este hombre era justo y piadoso, y esperaba la consolación de Israel; y el Espíritu Santo estaba en él. Le había sido revelado por el Espíritu Santo que no vería la muerte antes de haber visto al Cristo del Señor. Movido por el Espíritu, vino al Templo; y cuando los padres del niño Jesús lo introdujeron para cumplir lo que la Ley prescribía, él lo tomó en brazos y bendijo a Dios diciendo:

«Ahora, Señor, despides a tu siervo en paz, según tu palabra; porque han visto mis ojos tu salvación, la que has preparado delante de todos los pueblos, luz para alumbrar a los gentiles y gloria de tu pueblo Israel.»

José y la madre del Niño estaban admirados de lo que se decía de Él. Simeón les bendijo y dijo a María, su madre: «He aquí que Éste está puesto para caída y levantamiento de muchos en Israel, y para señal de contradicción -y a ti, una espada te atravesará el alma- a fin de descubrir las intenciones de muchos corazones.» Había también una profetiza, Ana, hija de Fanuel, de la tribu de Aser, de edad avanzada; después de casarse había vivido siete años con su marido, y permaneció viuda hasta los ochenta y cuatro años; no se apartaba del Templo, sirviendo a Dios noche y día en ayunos y oraciones. Ésta se presentó en aquella misma hora, y alababa a Dios y hablaba del Niño a todos los que esperaban la redención en Jerusalén.  Así que cumplieron todas las cosas según la Ley del Señor, volvieron a Galilea, a su ciudad de Nazaret. El niño crecía y se fortalecía, llenándose de sabiduría; y la gracia de Dios estaba sobre Él.

Mensaje Pastoral

 La Pureza de la Espera y de la Recepción

“Ahora, Señor, puede dejar que tu siervo se vaya en paz, pues mis ojos han visto la salvación”

En este día, Jesús entra con sus padres al Templo, y allí lo recibe el anciano Simeón en sus brazos, quien vino al templo guiado por el Espíritu. Y también estuvo presente, en ese momento, la profetisa Ana, avanzada en edad, quien vivía como viuda en el Templo desde hacía ochenta y cuatro años, sin apartarse de él, ofreciendo ayunos y oraciones, día y noche.

Jesús fue recibido en Jerusalén y en el Templo dos veces en forma especial. La primera recepción ocurrió aquí, cuando todavía era niño y tenía cuarenta días, antes de su manifestación pública a los treinta años. Y la segunda recepción se produjo cuando la gente lo recibió en su entrada triunfal a Jerusalén, al cumplir tres años de su manifestación pública, obra y predicación.

En su primera entrada en el Templo, percibieron Su divinidad tanto el anciano Simeón, como así también la profetisa Ana, quien pasó más de ochenta años en ayuno, oración y vigilia. Esta era la característica de aquellos que esperaban “la consolación de Israel”. En la segunda entrada, ocurrida después de todo lo que Jesús manifestó en palabras y obras, este fue recibido por el pueblo que lo rechazó un par de días después. Lo recibió para luego crucificarlo. Jesús decepcionó la espera de este pueblo, o al revés, los sueños del pueblo en cuanto al “Mesías” eran contrarios a lo que este manifestaba.

Aquí, en la fiesta de la Presentación del Señor al Templo, nos encontramos ante el anciano Simeón y la profetisa Ana, ambos guiados por el Espíritu para recibirlo con profecías y glorificaciones a Dios, antes de su manifestación pública. Allí, nos encontramos ante un pueblo que lo recibe, pero cuyos sueños lo condujeron a la cruz.

Por tanto, hemos de purificar nuestra espera de Dios. El encuentro con Dios es la sed verdadera que se encuentra en el fuero interno de cada persona. Pero, ¿cuántas veces este encuentro no se ha logrado, porque nuestra espera de Él estaba mezclada con nuestros sueños, cosas que no son ni de Él ni están en Él? ¿Cuántas veces el encuentro con Dios fue una sorpresa, y quizás algo más, un choque? ¿No es acaso que cuando tenemos una pura fe, lo encontramos como alegría y vida?

En muchos momentos de la vida, sentimos la presencia de Dios y su cercanía, a pesar de todas las nubes de preocupaciones e inquietudes que tenemos. Esto puede ocurrir en un momento de adversidad, de alegría, de escucha a la palabra divina, de comprensión de un texto espiritual o humano, de enfrentamiento consigo mismo ante diferentes deseos… Allí donde nos encontramos con Dios, la naturaleza de nuestro encuentro será determinada por la calidad de nuestra fe, sea ésta pura o corrupta.

Dios busca a toda alma, como el novio busca a su novia. En cambio, el hombre tarda en recibir a Dios que lo busca, o forma una imagen de este

“Mesías” que no coincide con los motivos de su espera en su momento.

Comparando las dos entradas de Jesús al Templo, por un lado, nos damos cuenta de que la justicia de Simeón y las oraciones de Ana los han hecho esperar la verdadera consolación, a la cual el Espíritu los había guiado a encontrar, antes de que se manifestara públicamente. Y por otro lado, observamos que los deseos mundanos del pueblo no le permitieron al pueblo encontrarse realmente con Jesús, aún después de haber transcurrido tres años de su manifestación.

La espera de Simeón y de Ana se construyó sobre las piedras de la oración, del ayuno y del incienso del Templo, mientras que la espera del pueblo se edificó sobre el deseo del poder y los sueños mundanos. No podemos recibir a Jesús sino sólo después de un acto de fe que se conyuga con una vida de justicia.

Las presiones de la vida y las preocupaciones diarias hacen que el equilibrio entre la materia y el espíritu sea cada vez más frágil, y que la sed humana de Dios sea cada vez más fuerte. La espera del hombre para recibir a Dios en la vida se hace más ferviente y grande.

Si estas motivaciones de la vida diaria son para nosotros una razón para esperar que se realicen sólo sueños mundanos, entonces nuestro encuentro algún día con Jesús será una dura sorpresa. Y si dejamos que estas necesidades, en la fe, purifiquen nuestra espera, entonces encontraremos a Jesús, pero después de haber liberado nuestros deseos de motivaciones mundanas. Hemos de hablarle a Jesús en un momento de vigilia, de oración acompañada por el ayuno. Entonces, el día de nuestro encuentro con Él será nuestro gozo. Y exclamaremos tal como cantó Simeón: “Ahora, Señor, puede dejar que tu siervo se vaya en paz, pues mis ojos han visto la salvación”. Amén.

Homilía de Monseñor Pablo Yazigi, Arzobispo de Alepo

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