Hieromártir Hieroteo obispo de Atenas

 

Hieromártir Hieroteo obispo de Atenas

04 de Octubre

San Hieroteo era amigo amigo de san Dionisio el Areopagita, y recibió la fe cristiana del Apóstol Pablo. El Apóstol luego lo hizo obispo de Atenas, y él en cambio instruyó en los más profundos misterios a san Dionisio.

Al ocurrir la Dormición de la Madre de Dios, también fue trasladado de manera milagrosa a Jerusalén y participó en su funeral. Con sus himnos, trajo profundo gozo a muchos y mostró estar grandemente inspirado por Dios.  El mismo san Dionisio en su obra “De los nombres divinos” (3:2) escribe al referirse a san Hieroteo: “Estaba completamente transportado, completamente fuera de sí mismo y estaba tan absorto en la comunión con las cosas sagradas que celebraba en la himnología, que a todos los que lo escucharon y lo vieron y lo conocieron, y aun a los que no lo conocieron, les parecía que Dios mismo lo revelaba como un himnógrafo divino”.

Trabajó incansablemente por el Evangelio, trajo a muchos paganos a la verdad, gobernó bien a su rebaño, y finalmente terminó siendo un mártir por Cristo, quien le dio una doble corona: de jerarca, y de mártir.

Tropario, tono 4

Habiendo sido instruido en la rectitud y estando vigilante en todas las cosas, fuiste vestido con una buena conciencia como corresponde a un santo. Recibiste los misterios inefables del Vaso de Elección; y habiendo mantenido la Fe, terminaste tu carrera como él. Oh Hieromártir Hieroteo, Intercede ante Cristo Dios para que salve nuestras almas.

Hieromártir Dionisio el Aeropagita  

Hieromártir Dionisio el Aeropagita

03 de Octubre

Dionisio es contado entre los otros Setenta apóstoles (cfr. San Lucas 10:1-12). Este maravilloso hombre era de una noble familia pagana en Atenas. Terminando su educación en aquel lugar, se marchó a Egipto para aprender más. Estando él allí un cierto día, el Señor Jesucristo expiró en la Cruz, y el sol se oscureció en Egipto por tres horas. Entonces Dionisio exclamó: «O bien está sufriendo Dios, el Creador del mundo, o se está acabando el mundo».

Al regresar a Atenas, se casó con una mujer llamada Damaris y tuvo hijos con ella. Era miembro de la más alta corte en Grecia, llamada el Areópago, y desde entonces fue siempre conocido como el Areopagita. Cuando el apóstol Pablo predicó el Evangelio en Atenas, Dionisio fue bautizado con toda su casa (cfr. Hechos 17:34). Pablo lo consagró obispo de Atenas, muy probablemente como sucesor de san Hieroteo a quien él mismo llama su amigo y maestro después de Pablo. Viajó extensamente con Pablo, llegando a conocer a todos los otros Apóstoles. Especialmente fue a Jerusalén para conocer a la Santísima Madre de Dios, y escribió acerca de este encuentro en una de sus obras; además, estuvo según la tradición junto a san Hieroteo en el entierro de la Purísima Virgen, junto a los otros Apóstoles. Sufrió en tiempos de Domiciano, en el año 96 d. C. Escribió varias obras famosas: «De los nombres divinos»; «De las jerarquías celestiales»; «De las jerarquías eclesiásticas»; «De la teología mística»; y «De la Madre de Dios».

Tropario, tono 4

Habiendo sido instruido en la rectitud y estando vigilante en todas las cosas, fuiste vestido con una buena conciencia como corresponde a un santo. Recibiste los misterios inefables del Vaso de Elección; y habiendo mantenido la Fe, terminaste tu carrera como él. Oh Hieromártir Dionisio, Intercede ante Cristo Dios para que salve nuestras almas.

Hieromártir Cipriano y Santa Mártir Justina

 

Hieromártir Cipriano y Santa Mártir Justina

02 de Octubre

Cipriano se mudó de Cartago a Antioquía, donde la virgen Justina vivía con sus padres Edesio y Cleodonia. Edesio era un sacerdote pagano, y toda su casa era pagana; mas cuando Justina visitó una Iglesia y aprendió la verdadera fe, convirtió a su padre y a su madre a la fe cristiana. Los tres fueron bautizados por el obispo Optato. Cipriano, empero, era un mago que se asociaba con espíritus inmundos y practicaba la hechicería. Un joven pagano disoluto llamado Aglaidas estaba dispuesto a pagar cualquier precio con tal de encantar a Justina, pues era hermosa. La santa virgen Justina lo rechazó inexorablemente, por lo cual Aglaidas solicitó la ayuda de Cipriano. Este invocó un espíritu maligno tras otro para encender a Justina con pasión impura por Aglaidas, pero no tuvo éxito, pues por la señal de la Cruz y la oración a Dios esta echaba fuera los espíritus malignos. Tras este esfuerzo inútil, Cipriano reconoció el poder de la Cruz y fue bautizado; eventualmente fue hecho presbítero, y luego obispo. Amargados, los paganos lo denunciaron tanto a él como a Justina. Ambos fueron juzgados en Damasco, y luego torturados y degollados en Nicomedia. Entraron a su descanso a finales del siglo III d. C.

Tropario, tono 4

Como partícipe de los caminos y sucesor del trono de los Apóstoles, oh inspirado por Dios, encontraste que la disciplina era un medio de ascenso a la visión divina. Por lo tanto, repartiendo rectamente la palabra de la verdad, sufriste hasta la sangre, Oh Hieromártir Cipriano. Intercede ante Cristo nuestro Dios para que salve nuestras almas.

 

 

 

 

 

 

San Romano el Melodista

 

San Romano el Melodista

1 de Octubre

Nacido en el poblado sirio de Emesa, sirvió como sacristán primero en Beirut y luego en la iglesia catedral de Constantinopla, en tiempos del patriarca Eufemio (490-496 d. C.) Analfabeta y sin entrenamiento musical, era despreciado por ciertos clérigos educados. San Romano oró con lágrimas a la Madre de Dios, y esta se le apareció en un sueño; entregándole un pedazo de papel, le ordenó que se lo comiera. El día siguiente era día de Navidad, y Román, subiendo al ambón, entonó con voz angelical el himno «Hoy la Virgen» [hoy el condaquio de la fiesta]. Todos se maravillaron por el contenido del himno y por la voz del cantor. Recibiendo así de la Madre de Dios el don poético, Romano compuso más de mil condaquios. Entró a su descanso siendo diácono de la Gran Iglesia de Constantinopla [Hagia Sophia]. Se unió al coro de los ángeles en el 510 d. C.

Tropario, tono 4

En ti fue conservada la imagen de Dios fielmente, oh Padre, pues tomando la cruz seguiste a Cristo; y practicando, enseñaste a despreocuparse de la carne, que es efímera, y a cuidar, en cambio, el alma inmortal. Por eso san Romano hoy tu espíritu se regocija junto con los ángeles.

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