Virgen Mártir Caritina de Amisus

Santa Mártir Caritina de Roma quedo huérfana a muy corta edad y fue criada como hija por un piadoso cristiano llamado Claudio. De joven era rica en virtudes de humildad y obediencia. Habiendo estudiado la Ley de Dios y prometido vivir su vida como novia pura del Señor Jesús, hablaba a los demás de su amor por Cristo, y por ello muchos abrazaron el camino de la salvación.

Durante el tiempo de la persecución bajo el emperador Diocleciano (284-305), fue llevada a juicio por su influencia sobre la gente. Con gran valentía defendió su fe ante las acusaciones del juez, por lo que la condenó a la tortura. Una y otra vez fue salvada por el Señor de la crueldad de los soldados. Por último, el juez envió algunos hombres jóvenes para que la violaran. Caritina rogó a Dios que protegiera su virginidad. Mientras oraba, su alma dejó su cuerpo y murió en gloriosa pureza en el año 304.

El antiguo nombre griego de Jaritini o Caritina significa “gracia” o “bondad”.

Tropario, Tono 4

Tu oveja, oh Jesús, exclama con gran voz: * «Te extraño, Novio mío, y lucho buscándote; * me crucifico y me entierro contigo por el bautismo; * sufro por ti para contigo reinar * y muero por ti para que viva en ti.» * Acepta, como ofrenda inmaculada, * a Caritina, sacrificada con anhelo por ti. * Por sus intercesiones, oh Compasivo, * salva nuestras almas.

Hieromartir Hieroteo, obispo de Atenas

San Hieroteo era amigo de san Dionisio el Areopagita, y recibió la fe cristiana del Apóstol Pablo. El Apóstol luego lo hizo obispo de Atenas, y él a su vez instruyó en los más profundos misterios a san Dionisio.

Al ocurrir la Dormición de la Madre de Dios, también fue trasladado de manera milagrosa a Jerusalén y participó en su funeral. Con sus himnos, trajo profundo gozo a muchos y mostró estar grandemente inspirado por Dios.  El mismo san Dionisio en su obra “De los nombres divinos” (3:2) escribe al referirse a san Hieroteo: “Estaba completamente transportado, completamente fuera de sí mismo y estaba tan absorto en la comunión con las cosas sagradas que celebraba en la himnología, que a todos los que lo escucharon y lo vieron y lo conocieron, y aun a los que no lo conocieron, les parecía que Dios mismo lo revelaba como un himnógrafo divino”.

Trabajó incansablemente por el Evangelio, trajo a muchos paganos a la verdad, gobernó bien a su rebaño, y finalmente terminó siendo un mártir por Cristo, quien le dio una doble corona: de jerarca, y de mártir.

Tropario, tono 4

Has aprendido la bondad * y conservado la sobriedad; * revestido de la buena conciencia debidamente, * has recibido de Pablo, vaso electo, lo indescriptible, * conservando la fe * y concluyendo, como él, la carrera. * Hieróteo, obispo mártir, * intercede ante Cristo Dios * para que salve nuestras almas.

Hieromártir Dionicio Aeropagita, obispo de Atenas

Dionisio es contado entre los otros Setenta apóstoles (cfr. San Lucas 10:1-12). Este maravilloso hombre era de una noble familia pagana en Atenas. Terminando su educación en aquel lugar, se marchó a Egipto para aprender más. Estando él allí el día que el Señor Jesucristo expiró en la Cruz, el sol se oscureció en Egipto por tres horas. Entonces Dionisio exclamó: «O bien está sufriendo Dios, el Creador del mundo, o se está acabando el mundo».

Al regresar a Atenas, se casó con una mujer llamada Damaris y tuvo hijos con ella. Era miembro de la más alta corte en Grecia, llamada el Areópago, y desde entonces fue siempre conocido como el Areopagita. Cuando el apóstol Pablo predicó el Evangelio en Atenas, Dionisio fue bautizado con toda su casa (cfr. Hechos 17:34). Pablo lo consagró obispo de Atenas, muy probablemente como sucesor de san Hieroteo a quien él mismo llama su amigo y maestro después de Pablo. Viajó extensamente con Pablo, llegando a conocer a todos los otros Apóstoles. Especialmente fue a Jerusalén para conocer a la Santísima Madre de Dios, y escribió acerca de este encuentro en una de sus obras; además, estuvo según la tradición junto a san Hieroteo en el entierro de la Purísima Virgen, junto a los otros Apóstoles.

Sufrió en tiempos de Domiciano, en el año 96 d. C. Escribió varias obras famosas: «De los nombres divinos»; «De las jerarquías celestiales»; «De las jerarquías eclesiásticas»; «De la teología mística»; y «De la Madre de Dios».

Tropario, tono 4

Has aprendido la bondad * y conservado la sobriedad; * revestido de la buena conciencia debidamente, * has recibido de Pablo, vaso electo, lo indescriptible, * conservando la fe * y concluyendo, como él, la carrera. * Dionisio, obispo mártir, * intercede ante Cristo Dios * para que salve nuestras almas.

Hieromártir Cipriano y la Justa Mártir Justina

San Cipriano era pagano y oriundo de Antioquía. Desde su más temprana infancia, sus padres, descarriados, lo consagraron al servicio de los dioses paganos. Desde los siete años hasta los treinta, Cipriano estudió en los principales centros del paganismo: en el monte Olimpo, en las ciudades de Argos y Tauropolis, en la ciudad egipcia de Menfis y en Babilonia. Una vez que alcanzó una eminente sabiduría en la filosofía pagana y en el arte de la hechicería, fue iniciado en el sacerdocio pagano en el monte Olimpo. Habiendo descubierto un gran poder al invocar espíritus inmundos, contempló al propio Príncipe de las Tinieblas, hablando con él y recibiendo de él una multitud de demonios para que lo sirvieran.

Después de regresar a Antioquía, Cipriano fue venerado por los paganos como un destacado sacerdote pagano, asombrando a la gente con su habilidad para lanzar hechizos, invocar pestes y plagas y conjurar a los muertos. Llevó a muchas personas a la ruina, enseñándoles a servir a los demonios y a lanzar hechizos mágicos.

Por aquel mismo tiempo, vivía en Antioquía una piadosa joven llamada Justina quien después de haber apartado a su padre y a su madre del error del paganismo y de haberlos llevado a la fe en Cristo, se dedicó al Esposo Celestial y pasó su tiempo en ayuno y oración. Cuando el joven Aglaidas le propuso matrimonio, la santa se negó, pues deseaba permanecer virgen. Aglaidas buscó la ayuda de Cipriano, quien dijo que se encargaría de que el corazón de Justina se llenara de lujuria por el joven. Por más que Cipriano intentó, por medio de conjuros y hechizos y enviándole un espíritu inmundo, no logró nada, ya que la santa venció todas las artimañas del diablo mediante la oración y el ayuno.

Cipriano, en su ira, envió pestilencia y plagas sobre la familia de Justina y sobre toda la ciudad, pero esto fue frustrado por la oración de la joven. Se difundieron rumores de que la ciudad estaba siendo castigada porque Justina no se casaría con Aglaias. Varias personas fueron a verla y le exigieron que se casara para que Cipriano no los castigara con más aflicciones. Justina los calmó y les aseguró que pronto terminarían las desgracias que Cipriano causó con la ayuda de los demonios. Santa Justina oró a Dios, el poder de los demonios fue destruido y todos fueron sanados de sus enfermedades y aflicciones.

La gente comenzó a alabar a Cristo y a burlarse de Cipriano y su brujería. Convencido de que el diablo era impotente ante la Señal de la Cruz y temblando ante el nombre de Cristo, Cipriano recobró el sentido y se dio cuenta de que se había corrompido al convertirse en brujo y participar en toda clase de maldades, Ya era partícipe de la porción de los demonios y, si hubiera muerto en ese momento, habría sido arrojado a las profundidades del Infierno. Sin embargo, el Señor, en Su infinita compasión, lo salvó del abismo.

Cipriano vio que el diablo al que servía tenía miedo de Cristo. El Maligno admitió que no pudo conquistar a la doncella porque temía “cierta señal” que se manifestaba en ella. “Si te asustas incluso con la simple sombra de la Cruz y si el solo nombre de Cristo te hace temblar”, dijo Cipriano, “entonces ¿qué harás cuando Cristo mismo esté ante ti?” El diablo se abalanzó sobre el sacerdote pagano e intentó golpearlo y estrangularlo. Por primera vez, Cipriano puso a prueba el poder de la Señal de la Cruz y el nombre de Cristo, protegiéndose de la furia del Enemigo. Después, fue al obispo local Anthimos en profundo arrepentimiento y arrojó todos sus libros a las llamas. Al día siguiente, entró en la iglesia y no quería salir de ella, a pesar de que aún no había sido bautizado.

Por sus esfuerzos por seguir la rectitud, Cipriano comprendió el gran poder de la fe en Cristo, compensando más de treinta años de servicio a Satanás. Siete días después de su bautismo fue tonsurado como lector, el duodécimo día, subdiácono, el trigésimo, diácono. Después de un año, fue ordenado sacerdote. Poco después de esto, San Cipriano fue elevado al rango de obispo.

San Cipriano convirtió a tantos paganos a Cristo que en su diócesis no quedó nadie que ofreciera sacrificios a los ídolos y los templos paganos cayeron en desuso. Santa Justina se retiró a un monasterio y fue elegida superiora.

Durante la persecución contra los cristianos bajo el emperador Diocleciano, el obispo Cipriano y santa Justina fueron arrestados y llevados a Nicomedia, donde después de horribles torturas fueron decapitados a espada.

Después de ver los tormentos de santa Justina, un soldado llamado Teoctisto cayó a los pies de Cipriano y se declaró cristiano, y fue decapitado con ellos.

El hieromártir Cipriano, la virgen mártir Justina y el mártir Teoctisto sufrieron por Cristo en Nicomedia en el año 304.

Tropario tono 4 del común de Hieromártires

Al volverte sucesor de los apóstoles * y partícipe en sus modos de ser, * encontraste en la práctica * el ascenso a la contemplación, oh inspirado por Dios. * Por eso, seguiste la palabra de la verdad * y combatiste hasta la sangre por la fe. * Cipriano, obispo mártir, intercede ante Cristo Dios * para que salve nuestras almas.

Tropario tono 4, del común de Vírgenes Mártires

Tu oveja, oh Jesús, exclama con gran voz: * «Te extraño, Novio mío, y lucho buscándote; * me crucifico y me entierro contigo por el bautismo; * sufro por ti para contigo reinar * y muero por ti para que viva en ti.» * Acepta, como ofrenda inmaculada, * a Justina, sacrificada con anhelo por ti. * Por sus intercesiones, oh Compasivo, * salva nuestras almas.

Apóstol Ananías de los Setenta; Romano el Melodista

El Santo Apóstol Ananías de los Setenta, fue el primer obispo de Damasco. El Señor le ordenó que devolviera la vista a Saulo, el antiguo perseguidor de los cristianos, y luego lo bautizara (Hechos 9:10-19, 22:12). Saulo se convirtió en el gran predicador y apóstol Pablo.

San Ananías confesó valiente y abiertamente el cristianismo ante los judíos y los paganos, a pesar del peligro.

Desde Damasco fue a predicar a Eleuterópolis, donde curó a muchos de sus enfermos. Luciano, el prefecto de la ciudad, intentó persuadir al santo para que ofreciera sacrificios a los ídolos. Debido a la firme y sólida confesión de Cristo de Ananías, Luciano ordenó que lo torturaran. Los duros tormentos no influyeron en el testimonio de la Verdad. Luego los torturadores lo llevaron fuera de la ciudad, donde lo apedrearon. El santo oró por quienes lo condenaron a muerte. Sus reliquias fueron trasladadas más tarde a Constantinopla.

Tropario tono 3, del común de los Apóstoles

Oh santo apóstol Ananías, * intercede ante Dios misericordioso, * para que otorgue el perdón de las transgresiones a nuestras almas.

San Romano el Melodista

Nacido en el poblado sirio de Emesa, sirvió como sacristán primero en Beirut y luego en la iglesia catedral de Constantinopla, en tiempos del patriarca Eufemio (490-496 d. C.) Analfabeta y sin entrenamiento musical, era despreciado por ciertos clérigos educados. San Romano oró con lágrimas a la Madre de Dios, y esta se le apareció en un sueño; entregándole un pedazo de papel, le ordenó que se lo comiera. El día siguiente era día de Navidad, y Romano, subiendo al ambón, entonó con voz angelical el himno «Hoy la Virgen» [hoy en día es el condaquio de la fiesta]. Todos se maravillaron por el contenido del himno y por la voz del cantor.

Recibiendo así de la Madre de Dios el don poético, Romano compuso más de mil condaquios. Entró a su descanso siendo diácono de la Gran Iglesia de Constantinopla [Hagia Sophia] y se unió al coro de los ángeles en el 510 d. C.

Tropario tono 4

Oh santa trompeta solemne afinada en Dios, * cuyas melodías celestes han regocijado la Iglesia de Cristo: * el fulgor de la Virgen, * al haberte inspirado, * te ha mostrado al mundo * cual himnógrafo digno. * Así que te honramos con afecto, * oh justo Romano.

Apóstoles Estaquio, Ampliato, Urbano, Narciso, Apelo y Aristóbulo de los Setenta

Apóstoles Estaquio, Ampliato, Urbano, Narciso, Apelo y Aristóbulo de los Setenta
31 de Octubre

Ellos eran parte de los 70 Apóstoles del Señor.

Estaquio se convirtió en el primer obispo Biyzantino, y después de 16 años de predicación apostólica, descansó en paz. Apeles fue ordenado obispo de Heraclea, donde convirtió a muchos a la fe cristiana. Ampliato se convirtió en obispo de Odisópolis y Urbano obispo Macedonia debido a que los dos obispos habían destruidos muchos ídolos paganos, fueron martirizados hasta su muerte. Narciso fue ordenado obispo de Atenas, donde enseñaba con mucho celo el Evangelio, esto no les agrado a los idolatras, de modo que lo arrestaron lo martirizaron provocándole la muerte. Aristóbulo era obispo y entrego su alma en paz, enseñando la palabra de Dios hasta sus últimos días

Tropario, tono 3

Oh santos apóstoles, intercedan ante Dios misericordioso, para que otorgue el perdón de las transgresiones, a nuestras almas.

Hieromártir Zenobio y su hermana Zenobia de Egea en Cilicia

 

Hieromártir Zenobio y su hermana Zenobia de Egea en Cilicia
30 de Octubre

Estos santos eran hermanos, que vivieron en Cilicia, ciudad de Asia menor, herederos de una gran fortuna. Zenobio había estudiado medicina, y no sólo ofreció sus servicios a los desamparados, también compartía su riqueza. Con este comportamiento apuntalaba la fe a los cristianos, y a muchos idolatras los atrajo al cristianismo, siendo por esto consagrado obispo de Egea. Cuando se enteró el prefecto Lysias, ordenó que lo detuvieran. El santo admitió delante del prefecto su fe, y lo que realizaba para la salvación del alma y la gloria del verdadero Dios. Lysias con severidad le dijo: si no detienes lo que haces y no niegas a Cristo, serás torturado cruelmente. Zenobio contestó que los martirios pueden dañar su cuerpo, pero el alma nunca, porque dijo Dios: “Y a ustedes, ¿Quién puede hacerles daño si se dedican a practicar el bien?” (1° Epist. a Pedro 3:13), inmediatamente Lysias ordenó que fuera torturado. Entonces intervino la hermana del Santo, Zenobia, y le recriminó a Lysias, que torturar no es humano. Pero el prefecto ordenó arrestar también a la hermana y los decapito a ambos.

Todo esto sucedió hacia el año 290, bajo el reinado de Diocleciano.

Tropario, tono 4

Tus mártires, oh Señor Dios nuestro, por sus luchas recibieron de Ti la corona incorruptible, porque, habiendo conseguido tu fuerza, derribaron a los tiranos y destruyeron la presunción impotente de los demonios. Por sus oraciones, oh Cristo Dios, salva nuestras almas.

Virgen Mártir Anastasia de Roma

Virgen Mártir Anastasia de Roma
29 de Octubre

Nació en Roma de padres nobles, y quedó huérfana a los tres años. Fue llevada como huérfana a un monasterio de mujeres cerca de Roma, donde la abadesa era una cierta Sofía, monja de un alto nivel de perfección. Después de diecisiete años, Anastasia era conocida en todo el vecindario: como una gran asceta por los cristianos, y como una belleza poco común por los paganos. El administrador pagano de la ciudad, Probo, oyó de ella y envió soldados a que se la trajeran. La buena abadesa Sofía aconsejó a Anastasia sobre cómo mantener la fe, cómo resistir el engaño adulador, y cómo resistir la tortura. Anastasia le dijo: «Mi corazón está listo para sufrir por Cristo; mi alma está lista para morir por mi amado Jesús». Al ser traída ante el gobernador, Anastasia proclamó abiertamente su fe en Cristo el Señor, y cuando este trató de desviarla de la fe –primero con promesas y luego con amenazas–, la santa virgen le dijo: «¡Estoy lista para morir por mi Señor no sólo una vez, sino mil veces si fuese posible!» Cuando la desnudaron a la fuerza para humillarla, Anastasia exclamó al juez: «¡Azótame, hiéreme, y golpéame; así mi cuerpo desnudo será cubierto con heridas y mi vergüenza será cubierta con sangre!»  Fue, en efecto, azotada, herida y golpeada. Dos veces sintió gran sed y pidió agua, y un cristiano, Cirilo, le dio de beber. Por esto fue bendecido por la mártir y degollado por los paganos. Entonces sus pechos y su lengua fueron cortados, y un ángel de Señor se le apareció y la mantuvo en pie. Fue finalmente degollado con espada fuera de la ciudad. La bienaventurada Sofía encontró su cuerpo y lo sepultó, y Anastasia recibió la corona del martirio bajo el emperador Decio (249-251 d. C.).

Tropario, Tono 4

Tu oveja, oh Jesús, exclama con gran voz: “te extraño, oh Novio mío, y lucho buscándote; me crucifico y me entierro contigo por el bautismo; sufro por Ti para contigo reinar, y muero por Ti para que viva en Ti.” Acepta, como ofrenda inmaculada, a quien se sacrificó con anhelo por Ti, por cuyas intercesiones, oh Misericordioso, salva nuestras almas.

Santo mártir Terencio, su esposa Neonila y sus hijos mártires

Santo mártir Terencio, su esposa Neonila y sus hijos mártires
28 de Octubre

Terencio, su esposa Neonila y sus siete hijos: Sarbelus, Focio, Teodulo, Hierax, Nita, Vele y Eunice sufrieron el martirio durante la persecución del emperador Decio (249-250). Habiendo confesado su fe en Cristo y denunciado la idolatría fueron sometidos a torturas terribles sin renunciar a la verdadera fe. Finalmente, los santos mártires fueron decapitados, y recibieron las coronas de martirio.

Tropario, tono 4

Tus mártires, oh Señor Dios nuestro, por sus luchas recibieron de Ti la corona incorruptible, porque, habiendo conseguido tu fuerza, derribaron a los tiranos y destruyeron la presunción impotente de los demonios. Por sus oraciones, oh Cristo Dios, salva nuestras almas.

 

Mártir Néstor de Tesalónica

 

Mártir Néstor de Tesalónica
27 de Octubre

En tiempos del martirio de san Demetrio, el derramador de mirra, vivía en Constantinopla un joven, Néstor, que había aprendido la fe cristiana del mismo san Demetrio. En aquel tiempo, el emperador Maximiano, enemigo de Cristo, ordenó que se efectuaran varios juegos y espectáculos para el pueblo. El favorito del Emperador era un vándalo llamado Liyeo, que era un hombre de tamaño y fuerzas como las de Goliat. Como gladiador imperial, Liyeo retaba a duelo a diferentes hombres todos los días y los mataba, y estas masacres suyas deleitaban la sed de sangre del idólatra Emperador. Este construyo un estadio especial, parecida a una plataforma sobre columnas, para los duelos. Debajo de esta plataforma, había lanzas con agudos filos apuntando hacia arriba. Cuando Liyeo vencía a alguien en un duelo, lo arrojaba desde la plataforma hacia el bosque de lanzas. Los paganos se paraban alrededor de estas junto a su Emperador, y se deleitaban cuando algún pobre desdichado se retorcía atormentado sobre las lanzas hasta morir. Entre las víctimas inocentes se encontraba un gran número de cristianos, pues en los días en que nadie se presentaba voluntariamente para batirse a duelo con Liyeo, los cristianos eran obligados a luchar con él por orden del Emperador. Viendo este aterrorizante disfrute del mundo pagano, el corazón de Néstor se llenó de dolor y resolvió ir él mismo al estadio. Néstor fue primero a la prisión donde san Demetrio estaba encerrado, y le pidió su bendición para hacer esto. San Demetrio lo bendijo, haciendo la señal de la cruz sobre su frente y su pecho, y le dijo: «Lo vencerás, pero sufrirás por Cristo». El joven Néstor fue entonces al estadio. El Emperador estaba allí con una gran multitud, y todos se lamentaban de la inminente muerte del joven Néstor. Trataban de convencerlo de que no luchara, pero Néstor hizo la señal de la cruz y dijo: «¡Oh Dios de Demetrio, ayúdame!» Con la ayuda de Dios, Néstor venció a Liyeo, lo derrumbó, y lo arrojó hacia las agudas lanzas, donde el pesado gigante pronto halló la muerte. Entonces todo el pueblo exclamó: «¡Grande es el Dios de Demetrio!» Pero el impío Emperador había sido avergonzado ante el pueblo, y viendo derrotado a su favorito, se llenó de ira contra Demetrio y Néstor, y ordenó que Néstor fuese degollado con espada y que Demetrio fuese atravesado con lanzas. Así este glorioso héroe cristiano, Néstor, dejó atrás su joven vida terrenal en el 306 d. C., y entró al Reino de su Señor.

Tropario, tono 4

Tu mártir, oh Señor Dios nuestro, por sus luchas recibió de Ti la corona incorruptible, porque, habiendo conseguido tu fuerza, derribó a los tiranos y destruyó la presunción impotente de los demonios. Por sus oraciones, oh Cristo Dios, salva nuestras almas.

Compartir
Compartir