Jueves Luminoso; Isabel la Milagrosa; Mártir Sabas el General, de Roma

¡Cristo ha resucitado! ¡Verdaderamente ha resucitado!

Toda la semana posterior al gran domingo de Pascua se conoce como Semana Luminosa o Semana de las Renovaciones.

Todos los servicios e himnos replican al del glorioso día de Pascua, como una prolongación de la más grande de las fiestas.

Tropario de Pascua, tono 5

Cristo resucitó de entre los muertos pisoteando la muerte con su muerte, y otorgando la vida a los que yacían en los sepulcros.

Condaquio  Tono 8 

Cuando descendiste al sepulcro, oh Inmortal, * destruiste el poder del Hades; * y al resucitar vencedor, oh Cristo Dios, * dijiste a las mujeres mirróforas: «¡Regocíjense!» * y a tus discípulos otorgaste la paz, * ¡oh Tú que concedes a los caídos * la resurrección!

 

Santa Isabel la Milagrosa

 

Santa Isabel era de Constantinopla y fue elegida para el servicio de Dios desde su nacimiento. De niña, sus padres la enviaron a un monasterio. Creció en un ambiente de ayuno y oración constante, y recibió el don de sanar enfermedades físicas y espirituales.

Las hermanas la eligieron abadesa del Monasterio de los Santos Cosme y Damián. Vestía un cilicio grueso todo el año. Su cuerpo pasaba frío en invierno, pero su espíritu ardía de ardiente amor a Dios.

El ascetismo de la santa fue muy estricto. Durante muchos años solo comió hierba y verduras, pero no consumía pan, vino ni aceite. Muchas veces, santa Isabel no comió nada durante los cuarenta días del Gran Ayuno. Imitando al Publicano en humildad, durante tres años no alzó la vista al cielo, sino que miró constantemente a Dios con sus ojos espirituales y se dice que durante las oraciones de medianoche, la santa resplandecía con una luz celestial.

Al acercarse su hora, sintió un gran deseo de volver a ver su patria. Así que fue a Heraclea y oró en las sagradas iglesias de los santos. Allí, en la iglesia de la Madre de Dios, tuvo una visión de la Santísima Virgen, quien la recibía. Reconoció el rostro de la Theotokos en un icono que vio al llegar a la iglesia del Santo Mártir Romano. La voz de la Purísima Virgen le indicó que regresara a su monasterio, pues se acercaba el momento de su reposo. Así, cuando Santa Isabel regresó, se dirigió al Señor en paz. Sus santas reliquias fueron enterradas en la iglesia de San Jorge, donde permanecieron intactas e incorruptas y abundan los testimonios de las curaciones obradas aun con un poco de la tierra de su sepulcro.

No sabemos con exactitud cuándo vivió Santa Isabel, pero probablemente fue entre los siglos VI y IX.

Tropario, tono 4 del común de Santas Justas

En ti fue conservada la imagen de Dios fielmente, oh jus­ta Isabel, * pues tomando la cruz seguiste a Cristo * y, practicando, enseñaste a despreocuparse de la carne, * que es efímera, * y a cuidar, en cambio, el alma inmortal. * Por eso hoy tu espíritu se regocija junto con los ángeles.

Santo Mártir Sabas el General

 

San Sabas el General, provenía de una tribu goda. Por su valentía alcanzó el alto rango de comandante militar o “stratelates” y sirvió bajo el emperador romano Aureliano (270-275).

Desde su juventud, Sabas fue cristiano y siguió fervientemente los mandatos de Cristo. Ayudaba a los necesitados y visitaba a los cristianos en prisión. Gracias a su vida pura y virtuosa, el santo recibió del Señor el don de obrar milagros, sanar enfermos y expulsar demonios en nombre de Cristo.

Cuando el emperador supo que Sabas era cristiano, le exigió que apostatara. El mártir arrojó su cinturón militar y declaró que no renunciaría a su fe. Lo golpearon, lo quemaron con antorchas y lo arrojaron a un caldero con brea, pero el mártir salió ileso.

Contemplando sus tormentos, setenta soldados creyeron en Cristo. Fueron decapitados a espada. San Sabas fue encarcelado. A medianoche, mientras oraba, Cristo se le apareció al mártir y lo iluminó con la luz de su gloria. El Salvador le instó a no temer, sino a mantenerse firme. Animado, el mártir Sabas sufrió una nueva tortura por la mañana y fue ahogado en un río en el año 272.

Tono 4, del común de Santos Mártires

Tu mártir, oh Señor, * ha obtenido de ti * corona de incorrupción * en su lucha, Dios nuestro. * Al tener, pues, tu fuerza, * ha vencido a tiranos * y aplastado de los demonios * su abatida insolencia. * Por sus intercesiones, oh Cristo Dios, * salva nuestras almas.

Miércoles Luminoso; Santo, Glorioso y Gran Mártir Jorge el Triunfador

 

¡Cristo ha resucitado! ¡Verdaderamente ha resucitado!

Toda la semana posterior al gran domingo de Pascua se conoce como Semana Luminosa o Semana de las Renovaciones.

Todos los servicios e himnos replican al del glorioso día de Pascua, como una prolongación de la más grande de las fiestas.

Tropario de Pascua, tono 5

Cristo resucitó de entre los muertos pisoteando la muerte con su muerte, y otorgando la vida a los que yacían en los sepulcros.

Condaquio  Tono 8 

Cuando descendiste al sepulcro, oh Inmortal, * destruiste el poder del Hades; * y al resucitar vencedor, oh Cristo Dios, * dijiste a las mujeres mirróforas: «¡Regocíjense!» * y a tus discípulos otorgaste la paz, * ¡oh Tú que concedes a los caídos * la resurrección!

 

Santo y Gran Mártir Jorge el Triunfador

 

San Jorge nació en Capadocia, Asia Menor, en el seno de una familia honorable. Su padre, llamado Anastasio, era gobernador en Capadocia. Su madre se llamaba Policronia y era de origen Palestino. Desde su juventud san Jorge se distinguió por sus habilidades de caballero, por lo que pronto llegó a ocupar los mejores lugares en la caballería de Palestina. Jorge tenía solo dieciocho años de edad cuando ingresó al Ejército. Fue condecorado con el título de Tribuno de la Guardia Imperial y hasta tal vez como Prefecto.

En aquel tiempo, san Jorge escuchó que el Emperador Diocleciano había decidido decretar la persecución de los cristianos y su muerte. San Jorge sintió que ese era el momento de confesar públicamente su fe por Jesucristo. Para ello se preparó, distribuyó todas sus pertenencias a los pobres, liberó a sus esclavos y se presentó ante el mismo Emperador en Nicomedia, reprochándole su decisión de derramar sangre inocente. Diocleciano, cuando supo que aquel valiente caballero era cristiano, le ofreció todos los honores para hacerlo cambiar de opinión, bajo una condición: que presentara un sacrificio a los dioses del Imperio. San Jorge respondió: “Tu reino se corromperá y desaparecerá rápidamente, y no te ha de entregar ningún beneficio. Pero aquellos que ofrecen sacrificios de alabanza al Rey de los Cielos reinarán con Él para toda la eternidad”. El Emperador castigó a san Jorge por su amor a Cristo. Por ello, tuvo que sufrir suplicios atroces. San Jorge permaneció fiel a Cristo, unido a Él en la oración, lo que atraía los corazones de los presentes a amar a Cristo, y confesar su fe en Él. El emperador, furioso, ordenaba matar a cada uno de ellos. El Emperador esperaba que san Jorge aceptara ofrecer culto a los dioses paganos, y buscaba la forma de convencerlo por la alta estima en que lo tenía. Es así que Jorge fue conducido al templo de Apolo en presencia de mucha gente. Acercándose hasta el altar en donde estaba por realizarse la incensación, Jorge solo atinó a pararse frente a la estatua dedicada a Apolo y hacer la señal de la Cruz. Los demonios que habitaban la estatua confesaron que solo Cristo es el Dios verdadero y salieron de la estatua con gran estrépito. Todas las estatuas se destruyeron por completo, ante el asombro general. Entonces, los sacerdotes paganos echaron a san Jorge del Templo y lo llevaron nuevamente al Palacio Real.

Atraída por el tumulto de la gente, la Emperatriz Alejandra salió del Palacio abriéndose paso entre la gente diciendo: “Dios de Jorge, ayúdame”. Inmediatamente cayó a los pies del santo. El Emperador, que llegó a ver lo sucedido con la Emperatriz, no pudo soportar más y con un corazón furioso y endurecido como le sucedió al Faraón enfrente de Moisés, ordenó que la Emperatriz y san Jorge fueran decapitados la mañana siguiente. Sin embargo, esa misma noche el alma de Alejandra fue llevada al cielo. Murió en paz en la prisión. Pero san Jorge, la mañana siguiente se fue al lugar destinado a cumplir la sentencia. Allí dio gracias a Dios por todas sus clemencias y bondades; pidió su ayuda y amparo para todos aquellos que invocaran con confianza su intercesión, bajó la cabeza y se dirigió al lugar donde había de ser decapitado, para después ir al cielo y recibir la recompensa de la gloria eterna destinada a todos aquellos que confiesan el Nombre de Cristo. Murió, pues, en Nicomedia a los veinte años de edad un viernes 23 de abril de 304.

Tropario, tono 4

Como de los cautivos libertador, * de los necesitados protector, * de los enfermos médico * y defensor de la Iglesia, * oh victorioso y gran mártir Jorge, * intercede ante Cristo Dios * por la salvación de nuestras almas.

Martes Luminoso; San Teodoro obispo de Siceo; Apóstol Natanael

¡Cristo ha resucitado! ¡Verdaderamente ha resucitado!

Toda la semana posterior al gran domingo de Pascua se conoce como Semana Luminosa o Semana de las Renovaciones.

Todos los servicios e himnos replican al del glorioso día de Pascua, como una prolongación de la más grande de las fiestas.

Tropario de Pascua, tono 5

Cristo resucitó de entre los muertos pisoteando la muerte con su muerte, y otorgando la vida a los que yacían en los sepulcros

Condaquio  Tono 8 

Cuando descendiste al sepulcro, oh Inmortal, * destruiste el poder del Hades; * y al resucitar vencedor, oh Cristo Dios, * dijiste a las mujeres mirróforas: «¡Regocíjense!» * y a tus discípulos otorgaste la paz, * ¡oh Tú que concedes a los caídos * la resurrección!

 

San Teodoro, obispo de Siceo

 

San Teodoro nació fuera del matrimonio en Siceón o Siceo, un pueblo de Galacia, en Asia Menor. Desde su infancia, estuvo bajo la protección y guía del santo Gran Mártir Jorge, quien se le aparecía con frecuencia y fue, por así decirlo, su instructor en la ardua disciplina ascética que asumió durante toda su vida. Tras una peregrinación a Tierra Santa, se hizo monje en su Galacia natal. Hacia el año 584 fue ordenado obispo de Anastasiópolis en Galacia, donde pastoreó su rebaño durante diez años. Después de esto, solicitó ser relevado del gobierno de la diócesis. Su petición fue concedida, pero se le ordenó conservar su rango de obispo. San Teodoro fue un gran hacedor de milagros y también recibió de Dios el poder de expulsar incluso a los demonios más obstinados, quienes lo llamaban “Devorador de hierro” debido a su rigurosa forma de vida. Después de haber pasado por muchas regiones, realizado numerosos milagros y fortalecido a los fieles en la piedad, partió de esta vida en el año 613.

Tropario, tono 4

Desde niño te mostraste santificado, * tan puro y lleno de talentos, * que iluminaste al mundo con milagros maravillosos * y expulsaste legiones demoníacas, * oh servidor de la divinidad. * Intercede ante el Señor por nosotros.

Lunes Luminoso; Hieromártir Jenaro obispo de Benevento y compañeros

¡Cristo ha resucitado! ¡Verdaderamente ha resucitado!

Toda la semana posterior al gran domingo de Pascua se conoce como Semana Luminosa o Semana de las Renovaciones.

Todos los servicios e himnos replican al del glorioso día de Pascua, como una prolongación de la más grande de las fiestas.

Tropario de Pascua, tono 5

Cristo resucitó de entre los muertos pisoteando la muerte con su muerte, y otorgando la vida a los que yacían en los sepulcros.

Condaquio  Tono 8 

Cuando descendiste al sepulcro, oh Inmortal, * destruiste el poder del Hades; * y al resucitar vencedor, oh Cristo Dios, * dijiste a las mujeres mirróforas: «¡Regocíjense!» * y a tus discípulos otorgaste la paz, * ¡oh Tú que concedes a los caídos * la resurrección!

 

Hieromártir Jenaro

El hieromártir Jenaro, obispo de Benevento, y los diáconos Próculo, Sosio y Fausto, Desiderio el Lector, Eutiquio y Acución sufrieron el martirio por Cristo alrededor del año 305 durante la persecución ordenada por el emperador Diocleciano (284-305).

Arrestaron a San Jenaro y lo llevaron a juicio ante Menigno, gobernador de Campaña (Italia central). Debido a su firme confesión cristiana, lo arrojaron a un horno al rojo vivo. Pero, al igual que los jóvenes babilónicos, salió ileso. Luego, por orden de Menigno, lo tendieron en un banco y lo golpearon con varas de hierro hasta que sus huesos quedaron al descubierto.

Entre la multitud se encontraban el diácono Fausto y el Lector Desiderio, quienes lloraron al ver el sufrimiento de su obispo. Los paganos sospecharon que eran cristianos y los encarcelaron junto con el hieromártir Jenaro, en la ciudad de Puteolum. En esta prisión se encontraban dos diáconos encarcelados por confesar a Cristo: los santos Sosio y Próculo, y también dos laicos, los santos Eutiquio y Acución.

A la mañana siguiente, llevaron a todos los mártires al circo para que fueran despedazados por fieras, pero estas no los tocaron. Menigno alegó que todos los milagros se debían a la brujería de los cristianos, e inmediatamente quedó ciego y pidió ayuda a gritos. El amable hieromártir Jenaro oró por su curación, y Menigno recuperó la vista. Sin embargo, la ceguera del torturador no sanó. Acusó a los cristianos de brujería y ordenó decapitar a los mártires ante las murallas de la ciudad (+ 305).

Los cristianos de las ciudades circundantes recogieron los cuerpos de los santos mártires para enterrarlos, y los de cada ciudad tomaron uno para tener un intercesor ante Dios. Los habitantes de Neápolis (Nápoles) se llevaron el cuerpo del hieromártir Jenaro. Junto con él, recogieron también su sangre seca.

Desde el siglo XV, hay testimonios que la sangre se licua al colocar el recipiente cerca de otra reliquia, que se cree es la cabeza del mártir. Muchos milagros se originaron gracias a las reliquias del hieromártir Jenaro. Durante una erupción del Vesubio alrededor del año 431, los habitantes de la ciudad rezaron a San Jenaro para que los ayudara. La lava se detuvo y no llegó a la ciudad.

Tono 4, del común de Hieromártires

Al volverte sucesor de los apóstoles * y partícipe en sus modos de ser, * encontraste en la práctica * el ascenso a la contemplación, oh inspirado por Dios. * Por eso, seguis­te la palabra de la verdad * y combatiste hasta la sangre por la fe. * Pafnucio, obispo mártir, intercede ante Cristo Dios * para que salve nuestras almas.

Tercer día de la fiesta de la Epifanía del Señor; san Jorge el Jozebita; santa Dominica de Constantinopla

La fiesta de la Epifanía del Señor se extiende del 6 hasta el 14 de enero. Varios de los himnos propios de la fiesta se siguen cantando en los servicios de Vísperas y Maitines.

Tropario, tono 1

Al bautizarte, oh Señor, en el Jordán, * se manifestó la adoración a la Trinidad, * pues la voz del Padre dio testimonio de ti * nombrándote su Hijo amado; * y el Espíritu, en forma de paloma, * confirmó la certeza de la palabra. * ¡Tú, que te has revelado e iluminado al mundo, * oh Cristo Dios, gloria a ti!

Condaquio Tono 4

 Te has revelado hoy * al universo, * y tu luz, oh Cristo Dios, * ha fulgurado sobre nosotros * que te alabamos con comprensión: * ¡te has manifestado, * oh Luz inaccesible!

San Jorge el Jozebita

 

El Santo nació en un pueblo de Chipre. Sus padres eran creyentes, también tenía un hermano mayor llamado Heracleo. Con sus padres vivos aun, Jorge se dirigió a tierra Santa para prosternarse en los lugares sagrados, luego de esto fue a un monasterio de Calamonos deseando ser ordenado monje, pero el santo regresó todavía con sus parientes y se quedó con ellos hasta que murieron. Huérfano Jorge, fue adoptado con su fortuna, por un tío, quien tenía una hija única y la quería casar con él. Pero Jorge no queriendo contraer matrimonio, fue con otro tío que era abad de un monasterio, al ver el santo la presión que ejercía su tío al abad del monasterio para que lo dejase libre y así poder casarse con su hija, Jorge decidió irse con su hermano Heracleo al monasterio de Calamonos, pero por su corta edad se le aconsejó que fuera al monasterio de la Santísima Madre de Dios, que le decían Jozebá, aquí paso el resto de su vida viviendo una rigurosa vida monástica. La fama de sus virtudes fue muy importante, y su trabajo espiritual iluminó a muchos. Finalmente, San Jorge el Jozebita entrego su espíritu en paz a Dios.

Tropario, tono 8

Con la efusión de tus lágrimas, * regaste el desierto estéril * y, por los suspiros profundos, * tus fatigas dieron frutos cien veces más, * volviéndote un astro del universo, * brillante con los milagros. ¡Oh nuestro justo padre Jorge, * intercede ante Cristo Dios * para que salve nuestras almas!

 Santa Dominica de Constantinopla

 

Santa Dominica llegó de Cartago a Constantinopla en tiempos del santo emperador Teodosio el Grande. Allí fue bautizada por el patriarca Nectario e ingresó en un monasterio de mujeres.

Mediante un ascetismo estricto y prolongado alcanzó una elevada perfección espiritual. La santa curó a los enfermos, demostró su poder sobre los elementos naturales y predijo el futuro. Con sus milagros, la santa conmovió a los habitantes de la capital hacia la preocupación por la vida eterna y el alma. Adornada por las virtudes, la santa partió de esta vida como una virgen inmaculada en su vejez.

Tropario, tono  4, del común de Santas Justas.

En ti fue conservada la imagen de Dios fielmente, oh justa Dominica, * pues tomando la cruz seguiste a Cristo * y, practicando, enseñaste a despreocuparse de la carne, * que es efímera, * y a cuidar, en cambio, el alma inmortal. * Por eso hoy tu espíritu se regocija junto con los ángeles.

Segundo día en la fiesta de la Epifanía del Señor; Sinaxis del Santo, Glorioso, Profeta y Precursor Juan el Bautista

La fiesta de la Epifanía del Señor se extiende del 6 hasta el 14 de enero. Varios de los himnos propios de la fiesta se siguen cantando en los servicios de Vísperas y Maitines.

Tropario, tono 1

Al bautizarte, oh Señor, en el Jordán, * se manifestó la adoración a la Trinidad, * pues la voz del Padre dio testimonio de ti * nombrándote su Hijo amado; * y el Espíritu, en forma de paloma, * confirmó la certeza de la palabra. * ¡Tú, que te has revelado e iluminado al mundo, * oh Cristo Dios, gloria a ti!

Condaquio Tono 4

 Te has revelado hoy * al universo, * y tu luz, oh Cristo Dios, * ha fulgurado sobre nosotros * que te alabamos con comprensión: * ¡te has manifestado, * oh Luz inaccesible!

Sinaxis del Santo y Glorioso Profeta y Precursor Juan Bautista

 

Al día siguiente de la gran fiesta de la Epifanía- Bautismo del Señor en el Jordán, celebramos la memoria del Glorioso, Profeta, Precursor y Bautista Juan.

San Juan Bautista era hijo del sacerdote Zacarías y de Isabel, hasta los 30 años vivió en el desierto de Judea teniendo una vida acética, dedicada enteramente a la oración y en busca de la perfección espiritual. Su vestimenta era de pelo de camello, en su cintura tenía un cinto de cuero y sus alimentos eran langostas la miel silvestre. Poseía la Gracia Divina para ser un gran predicador de la Palabra de Dios y con esa gracia convocaba a multitudes a escucharlo. Protestaba duramente contra los fariseos, quienes con una imagen supuestamente santa, ocultaban bajo su ropa la crueldad, la impureza mental y espiritual. Esencialmente su enseñanza se basaba en una frase característica: “Arrepiéntanse, porque el reino de los cielos está cerca” preparando así el camino para el plan salvador de Nuestro Señor Jesucristo. Al comenzar Cristo su exposición pública, la gente dejada lentamente a Juan y lo seguía a él, este cambio en la gente, hubiese causad envidia y celos en cualquier persona que no tenga el espíritu Santo, por eso a Juan este cambio le dio mucha alegría y felicidad. Esta festividad de San Juan el Precursor, por quien Cristo dijo: “Entre los que nacen de mujer no se ha levantado otro mayor que Juan el Bautista”, (Mateo 11:11) fue establecida en el siglo V.

Tropario, tono 2

La memoria del justo es con alabanzas, * pero a ti, oh Precursor, te basta el testimonio del Señor; * porque te volviste verdaderamente el más honrado de los profetas * al ser digno de bautizar en el Jordán al que fue anunciado; * y así como defendiste la verdad, con alegría * anunciaste, hasta a los que estaban en el Hades, * a Dios que se ha revelado en el cuerpo, * que quita el pecado del mundo y nos otorga la gran misericordia.

Comienzo del Ayuno de Navidad; Santos mártires Gurias, Samón y Habib de Edesa

El ayuno de la natividad es uno de los cuatro períodos principales de ayuno a lo largo del año eclesiástico. A partir de hoy 15 de noviembre y concluyendo el 24 de diciembre, el Ayuno de la Natividad brinda a las personas la oportunidad de prepararse para la Fiesta de la Natividad de Nuestro Señor y Salvador en la Carne el 25 de diciembre.

Al abstenerse de ciertos alimentos y bebidas, particularmente de carne, pescado, productos lácteos, aceite de oliva y vino, además de centrarnos más profundamente en la oración y la limosna, podemos encontrar que el objetivo principal del ayuno es hacernos conscientes de nuestra dependencia de Dios.

Catabasia I

¡Cristo nace, glorificadlo! ¡Cristo viene de los cielos, recibidlo! ¡Cristo sobre la tierra, exaltadlo! Cantad al Señor toda la tierra y, con alegría alabadle, oh pueblos, porque ha sido glorificado.

Santos mártires Gurias, Samón y Habib (Abibo) de Edesa:

Gurias y Samón eran ciudadanos eminentes de Edesa. Durante una persecución de cristianos, se escondieron fuera de la ciudad, viviendo en ayuno y oración, y dando consejo a los fieles que venían por consejo a ellos. Fueron capturados y llevados ante el juez, quien los amenazó con la muerte si rehusaban observar el decreto imperial sobre la adoración de ídolos. Los santos mártires de Cristo contestaron: «Si observamos el decreto imperial, estaremos perdidos aún si tú no nos matas». Fueron arrojados en prisión tras crueles torturas, y estuvieron confinados allí desde el 10 de agosto hasta el 10 de noviembre, soportando hambre, oscuridad y grandes sufrimientos. Fueron entonces sacados de la cárcel y torturados de nuevo, y como permanecieron firmes en la fe cristiana, fueron condenados a muerte y degollados con espada en el año 322, bajo el inicuo emperador Licinio, que gobernó la parte oriental del Imperio hasta el 324.

Más tarde Habib, un diácono en Edesa, fue torturado por causa de Cristo su Señor y, en medio de las llamas, entregó su espíritu en manos de Dios. Su madre tomó su cuerpo incorrupto del fuego y lo enterró junto a los de Gurias y Samón. Cuando terminó la persecución, los cristianos construyeron una iglesia en honor de estos tres mártires y colocaron sus reliquias, que obraban milagros, en un solo catafalco. De entre los muchos milagros de estos maravillosos santos de Dios, este es especialmente recordado: una viuda de Edesa llamada Sofía, quien había sido convencida de dar en matrimonio a su joven hija Eufemia con un godo que servía en el ejército griego. Como a Sofía le preocupaba enviar a su hija a un lugar lejano, el godo juró sobre la tumba de los mártires que no haría daño a la joven, sino que la trataría como a la niña de sus ojos. Sin embargo, cuando llevó a la joven a su país le reveló que ya estaba casado; la trató no como esposa sino como esclava hasta que su verdadera esposa murió. Entonces acordó con un pariente enterrar a su esclava viva junto a su esposa muerta. La esclava imploró con lágrimas a los santos mártires que la salvaran, y estos se le aparecieron en la tumba, la tomaron, y en un instante la trasladaron de la tierra de los godos a Edesa, a la iglesia dedicada a ellos. Al día siguiente, cuando se abrió la iglesia, la joven fue hallada junto a la tumba de los santos, y se reveló la historia de su milagrosa liberación.

Tropario, tono 1

Los divinos mártires * Gurias, Abibo y Samón, * iguales en número * a la trinitaria deidad, * estando a una, * confesaron en Ella * frente a los impíos * y, luchando, cruzaron * la tormenta sin daño; * ahora no dejan de guiarnos * hacia el puerto seguro.

Hieromártir Gregorio, Iluminador de Armenia

Gregorio era de familia noble, y estaba emparentado con las casas imperiales de Persia (Rey Artabán) y de Armenia (Rey Crosov). Cuando estas se declararon la guerra, Gregorio se retiró a Cesarea en Capadocia, donde tuvo su primer contacto con la fe cristiana, recibió el bautismo y se casó. Tuvo dos hijos de este matrimonio, Rostanes y Arístanes, a quienes dedicó al servicio de la Iglesia. Después de la muerte de su esposa, regresó a Armenia al servicio del Rey Tirídates. Gregorio sirvió a su rey fielmente y su rey le amaba, pero al descubrir que Gregorio era cristiano, el rey se enfureció grandemente y comenzó a presionarlo para que rechazara la fe cristiana y adorara los ídolos. No teniendo éxito en esto, Tirídates sometió a Gregorio a crueles torturas, lanzándolo luego a un profundo foso lleno de toda clase de reptiles venenosos con el objetivo de matarle. Pero Dios, que ve todas las cosas, preservó a Gregorio con vida en aquel lugar por 14 años. Tirídates continuó la persecución de cristianos en su reino, incluso atacando un monasterio de 37 monjas con su abadesa. Después de haberlas masacrado con terribles torturas, Tirídates perdió la razón y se volvió como un monstruoso jabalí salvaje. Un hombre apareció a la hermana del rey en un sueño, diciéndole que el rey no sería sanado de su locura hasta que Gregorio fuera sacado del foso. Una vez se hizo esto, Gregorio sanó y bautizó a Tirídates. Entonces Gregorio, de acuerdo con los deseos del rey, se convirtió en el obispo de Armenia; y con la ayuda del rey, pero sobre todo con la ayuda de Dios, iluminó con la fe cristiana a toda Armenia y sus áreas circundantes. San Gregorio llegó al final de su vida de esfuerzos en edad avanzada, alrededor del año 335 d. C.

Tropario, tono 4 del común de Hieromártires

Al volverte sucesor de los apóstoles * y partícipe en sus modos de ser, * encontraste en la práctica * el ascenso a la contemplación, oh inspirado por Dios. * Por eso, seguiste la palabra de la verdad * y combatiste hasta la sangre por la fe. * Gregorio, obispo mártir, intercede ante Cristo Dios * para que salve nuestras almas.

San Ciriaco el Ermitaño de Palestina

Nació en Corinto, hijo del sacerdote Juan y de Eudoxia, y era pariente del obispo local, Pedro. Fue hecho lector por el obispo en la catedral cuando aún era muy joven. Leyendo las Sagradas Escrituras, el joven Ciriaco se maravillaba de cómo la providencia de Dios glorificaba a todo siervo verdadero del Dios vivo y ordenaba la salvación de la raza humana. A la edad de dieciocho años, su deseo por la vida espiritual le llevó a Jerusalén. Allí entro al monasterio de un piadoso hombre llamado Eustorgio, quien le cimentó en la vida monástica. Luego fue a san Eutimio, quien discernió su futura grandeza espiritual, le vistió con el Gran Hábito, y le envió al Jordán con san Gerásimo, donde Ciriaco permaneció nueve años. Después de la muerte de Gerásimo, regresó al monasterio de san Eutimio, donde permaneció en silencio por diez años. Después de esto iba de lugar en lugar, huyendo de la alabanza de los hombres. También vivió su labor ascética en la comunidad de san Caritón, donde terminó su curso terrenal, habiendo vivido ciento nueve años. Un glorioso asceta y obrador milagros, san Ciriaco tenía un cuerpo inmenso y fuerte, y permaneció así aún en edad avanzadísima, a pesar de sus estrictos ayunos y vigilias. En el desierto, a veces vivía por años comiendo sólo vegetales crudos. Tenía gran celo de la fe ortodoxa y denunciaba herejías, especialmente la herejía de Orígenes. De sí mismo decía que, mientras fue monje, el sol nunca lo vio comer ni estar airado con ningún hombre. (De acuerdo con la regla de san Caritón, los monjes comían sólo una vez al día, después de la puesta del sol.) Ciriaco fue una gran lumbrera, un pilar de la ortodoxia, la gloria de los monjes, un poderoso sanador de los enfermos, y un bondadoso consolador de los afligidos. Habiendo vivido por largo tiempo en al ascetismo y ayudando a muchos, entró en el gozo eterno de su Señor en el 557 d. C.

Tropario, tono 1 del común de santos Ascetas

Al morar en desierto cual un ángel en cuerpo, * has realizado milagros, Ciriaco, padre teóforo. * Con ayuno, pues, vigilia y oración, * has tomado celestes dádivas, * ya que curas lοs malestares de las almas * que a ti acuden con fervor: * ¡Gloria al que te ha fortificado! * ¡Gloria, que la corona te ha dado! * ¡Gloria, que, por tu medio, * ha brindado curación a todos!

San Caritón el Confesor, abad de Palestina; San Baruc, Profeta

Caritón era un eminente y piadoso ciudadano de la ciudad de Iconio. Imbuído del espíritu de su compatriota, santa Tecla, Caritón confesaba abiertamente el nombre de Cristo. Al desatarse una cruel persecución de cristianos bajo el emperador Aureliano, Caritón fue traído a juicio ante el gobernador de inmediato. El juez le ordenó que adorase a los falsos dioses, a lo cual Caritón contestó: «Todos tus dioses son furias, que en tiempos pasados fueron arrojadas desde el cielo hasta los más profundos infiernos a causa del orgullo». Caritón mostró abiertamente su fe en el único Dios vivo, Creador de todo, y en el Señor Jesucristo, Salvador de la humanidad. Entonces el gobernador ordenó que Caritón fuese golpeado y torturado de tal modo que todo su cuerpo se cubriese de heridas, hasta parecer una sola e inmensa llaga. Tras la mala muerte de Aureliano, cuyas malas obras finalmente lo alcanzaron, Caritón fue librado de la tortura y la cárcel. Viajó a Jerusalén, pero en el camino fue atrapado por unos ladrones de los cuales fue librado por la providencia de Dios. No regresó a Iconio, sino que se retiró al desierto de Farán, donde fundó una comunidad y congregó a un grupo de monjes. Habiendo dado una regla a su comunidad, y deseando huir de la alabanza de los hombres, se retiró a otro desierto cerca de Jericó, donde, pasado el tiempo, fundó otra comunidad que lleva su nombre. Finalmente fundó aún otra comunidad, Souka, llamada la «Antigua Lavra» en griego. Murió en avanzadísima edad, y entró a la gloria de su Señor el 28 de septiembre del 350, y sus reliquias son atesoradas en su primer monasterio. La práctica de tonsurar a los monjes se atribuye a san Caritón.

Tropario, tono 8 del común de santos Anacoretas

Con la efusión de tus lágrimas, * regaste el desierto estéril * y, por los suspiros profundos, * tus fatigas dieron frutos cien veces más, * volviéndote un astro del universo, * brillante con los milagros. ¡Oh nuestro justo padre Caritón, * intercede ante Cristo Dios * para que salve nuestras almas!

Santo Profeta Baruc

El profeta Baruc era hijo de Nerías y discípulo del profeta Jeremías (Jer. 39:12; 43:4 ). El libro profético que se conserva que escribió está dividido en cinco capítulos; fue compuesto en el quinto año de la cautividad babilónica de los judíos durante los años de Sedecías, 583 a.C. La lectura profética que se lee en vísperas de la fiesta de la Natividad de Cristo, que lleva el nombre de Jeremías, está tomada de la profecía de Baruc (Bar. 3:35-4:4). Su nombre significa “bendito”.

Tropario, tono 2 del común de santos Profetas

Celebramos la memoria del profeta Baruc, * por quien te suplicamos, Señor, * que salves nuestras almas.

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