San Sofronio, Patriarca de Constantinopla

San Sofronio nació en Damasco, de nobles padres. Luego de adquirir sabiduría secular, no quedó satisfecho, sino que salió a buscar la sabiduría espiritual. En el monasterio de san Teodosio el Cenobiarca, se encontró con el monje Juan Mosco, a quien tomó como su maestro y junto con él partió a visitar los monasterios y a los ascetas de Egipto. Su meta era cada día aprender más de la sabiduría espiritual. Todo lo que aprendían, lo escribían y después lo publicaron en dos libros con el nombre de “El Prado”. Después se fueron a Roma donde Mosco murió, dejando testamento a Sofronio para que trasladase su cuerpo al Sinaí o al monasterio de san Teodosio.  Sofronio cumplió el deseo de su maestro y trasladó su cuerpo al monasterio y después se detuvo en Jerusalén, que en ese tiempo había sido liberado de los persas.  Estuvo presente en Jerusalén durante el retorno desde Persia, de la Honorable y Vivificadora Cruz, que el emperador Heraclio llevaba sobre sus espaldas a la Santa Ciudad.

El anciano patriarca Zacarías, vuelto también de la cautividad, no vivió mucho tiempo más.  Y cuando partió al otro mundo, le sucedió primero Modesto, y después de aquel (reposó en 634), el bienaventurado Sofronio. Con especial sabiduría y celo, dirigió la iglesia durante diez años.  Se levantó en defensa de la Ortodoxia frente a la herejía monotelita, la cual él mismo condenó en el Concilio de Jerusalén, antes de que fuera condenada en el VI Concilio Ecuménico.  Escribió la santa vida de santa María de Egipto, compuso el oficio de la Gran Bendición de las aguas, e introdujo varios servicios divinos, algunos nuevos himnos y cantos espirituales.  Cuando el califa árabe Omar conquistó Jerusalén, le pidió perdonar la vida de los cristianos, lo cual Omar prometió falsamente.  Cuando Omar pronto empezó a robar y torturar a los cristianos en Jerusalén, Sofronio, con muchos lamentos rogaba a Dios para que le llevara de entre los vivos, para no tener que ver la profanación de los santos lugares.  Dios oyó su oración y lo tomó consigo a sus Cortes Celestiales en el 644.

Tropario tono 4, del común de Santos Jerarcas

La verdad de tus obras * te ha mostrado a tu rebaño * cual regla de fe, icono de mansedumbre * y maestro de abstinencia. * Así que alcanzaste, por la humildad, alturas * y por la pobreza, riquezas. * ¡Oh santo padre Sofronio, intercede ante Cristo Dios, * para que salve nuestras almas!

San Codrato y Compañeros Mártires

Bajo los emperadores, Decio y Valeriano, Jasón, prefecto de Grecia, recibió la orden de poner en ejecución los crueles edictos persecutorios. San Codrato se presentó ante Jasón, quien se esforzó, al comienzo de convencerlo de hacer sacrificios a los dioses, para escapar a los castigos. El siervo de Dios, que se había presentado con algunos de sus compañeros y discípulos, contestó que prefería la salvación eterna, que la vida temporal. En vez de defenderse, le contó en resumen la Biblia, desde la creación hasta la Resurrección de Nuestro Señor Jesucristo. Jasón rechazó desdeñosamente, la idea de que Dios hubiese podido hacerse hombre y padecer por nosotros.

Después de tratar de convencer a Codrato, se dio cuenta que nada le daba resultado y lo mandó a azotar. En seguida, trató de convencer a Cipriano, que era casi un niño, diciéndole que era muy chico todavía, pero Codrato les gritaba exhortando a sus compañeros, que permanecieran firmes en su fe cristiana.

Todos los mártires fueron sometidos a horribles torturas, y finalmente fueron arrojados a las fieras, pero éstas no les hicieron daño alguno. Entonces fueron llevados afuera de la ciudad y decapitados. Esto sucedió en el año 258. Los nombres de los otros mártires eran: Dionisio, Anecto, Pablo y Crescente.

Tropario tono 4, del común de Santos Mártires

Tus mártires, oh Señor, * han obtenido de ti * coronas de incorrupción * en su lucha, Dios nuestro. * Al tener, pues, tu fuerza, * han vencido a tiranos * y aplastado de los demonios * su abatida insolencia. * Por sus intercesiones, oh Cristo Dios, * salva nuestras almas.

Domingo del triunfo de la ortodoxia; los cuarenta santos mártires de Sebaste

En este día que es el Primer Domingo de la Cuaresma, celebramos la restitución de los Santos Venerables Íconos, que tuvo lugar en tiempo de los siempre conmemorables Reyes de Constantinopla, Miguel y su madre Teodora, en época del Santo Confesor Patriarca Metodio.

+ Cuando veo los íconos que habían sido quitados en forma abominable;

+ Siendo venerados debidamente, me regocijo jubilosamente.

Oh Cristo, Imagen Inalterable del Padre, por la intercesión de Tus Santos Confesores, ten piedad de nosotros y sálvanos. Amén.

Tropario, tono 2

Nos prosternamos ante tu purísima imagen, oh Bondadoso, suplicándote el perdón de nuestras faltas, oh Cristo Dios; porque, por tu propia voluntad, aceptaste ser elevado en el cuerpo sobre la Cruz para salvar de la esclavitud del adversario a los que Tú creaste. Por lo tanto, agradecidos, exclamamos: “Has llenado todo de alegría, oh Salvador, al venir para salvar al mundo”.

Los cuarenta Santos Mártires de Sebaste

 

Estos santos mártires, aunque provenían de distintas ciudades, todos eran soldados del ejército romano, y creían firmemente en el Señor Jesucristo. Cuando empezó la persecución de los cristianos en tiempos de Licinio, todos fueron llevados a juicio ante el comandante y éste los amenazó con quitarles la honorable posición de soldados. Pero uno de ellos, san Cándido, respondió: “No solamente la honra de soldado, sino hasta nuestros cuerpos toma de nosotros; nada es más querido y más honorable para nosotros, que Jesucristo Dios nuestro”. Después de esto, el comandante mandó a sus sirvientes a que lincharan con piedras a los santos mártires. Pero cuando lanzaban las piedras a los cristianos, éstas se volvían y caían sobre ellos hiriéndolos gravemente, al grado que una de ellas cayó sobre la cara del comandante y le destrozó los dientes.

Los torturadores, furiosos como fieras, ataron a los santos mártires y los arrojaron al lago, apostando una guardia en todo el perímetro para que ninguno pudiera salir.  Había una terrible helada y el lago se congelaba alrededor de los cuerpos de los mártires. Para que las penas fueran más fuertes, los torturadores calentaron e iluminaron un baño a orillas del lago, a la vista de los congelados sufrientes, para hacer caer a alguno de ellos en desilusión y que renegaran de Cristo aceptando los ídolos romanos. De hecho, uno cayó en desilusión, salió del agua y entró al baño. Durante la noche una extraña luz descendió del cielo, que calentó el agua del lago y los cuerpos de los mártires; y junto con la luz descendieron 39 coronas sobre sus cabezas.  Esto fue visto por uno de los guardias apostados en la orilla, el cual se desvistió, confesó el nombre del Señor Jesucristo y entró al lago para llegar a ser digno de la corona número cuarenta en lugar del traidor. Y efectivamente, sobre él descendió esa última corona.  Al día siguiente, toda la ciudad se sorprendió al ver a los mártires vivos. Entonces los maliciosos jueces ordenaron que les fracturaran las piernas y que después echaran sus cuerpos de vuelta en el agua para que los cristianos no los tomaran.  Al tercer día, los mártires aparecieron al obispo local Pedro y le dijeron que tomara del agua sus reliquias.  Salió el obispo en la noche oscura con sus clérigos y vieron las reliquias de los mártires brillando en el agua. Los tomaron y los enterraron honorablemente.

Las almas de estos mártires fueron hasta el Señor Jesús, martirizado por nosotros y resucitado en gloria. Sufrieron honorablemente y con gloria imperecedera fueron coronados en al año 320.

Tropario tono 1, del común de Varios Mártires

Oh Señor, por los sufrimientos de los santos * que han padecido por ti, * ten compasión de nosotros * y sana las dolencias de los que te suplicamos, * oh Tú que amas a la humanidad.

San Teofilacto, obispo de Nicomedia

Teofilacto era de oriente, aunque se desconoce su ciudad natal. En Constantinopla se convirtió en un amigo cercano de Tarasio, quien luego se convirtió en Patriarca de Constantinopla (25 de febrero) y Teofilacto fue nombrado Obispo de Nicomedia.

Después de la muerte de San Tarasio, su sucesor Nicéforo (2 de junio) convocó a varios obispos para ayudarlo a combatir la iconoclasia del emperador León el Armenio, que reinó del 813 al 820. Entre ellos estaba Eutimio, obispo de Sardis (26 de diciembre), que había asistido al Séptimo Concilio Ecuménico en 787; fue exiliado tres veces por el bien de los íconos sagrados y por desafiar la orden del emperador Teófilo de renunciar a la veneración de los íconos fue azotado de pies a cabeza hasta que todo su cuerpo fue una gran herida, de la cual murió ocho días después, alrededor del año 830; José de Tesalónica (14 de julio); Miguel de Sinnada (23 de mayo); Emiliano, obispo de Cizico (8 de agosto); y San Teofilacto, quien reprendió audazmente a León en su cara, diciéndole que, debido a que despreciaba el sufrimiento de Dios, la destrucción total estaba a punto de alcanzarlo, y no habría nadie para liberarlo. Por esto, Teofilacto fue exiliado a la fortaleza de Estróbilo en Karia de Asia Menor, donde, después de 30 años de encarcelamiento y dificultades, entregó su alma sagrada alrededor del año 845. León el Armenio, según la profecía del Santo, fue asesinado en la víspera de la Natividad de nuestro Señor, en 820.

Tropario, tono 6

Viviste una vida escondida en Dios, Oh, renombrado Teofilacto, pero Cristo te reveló a todos como una luz brillante puesta sobre el candelabro espiritual, y puso en tus manos las tablas de las doctrinas del Espíritu por las que somos iluminados.

Hieromártires de Quersón: Basilio, Efraín, Capito, Eugenio, Eterio, Elpidio y Agatodoro

Estos santos obispos fueron enviados a Quersón en el Mar Negro por Hermón, obispo de Jerusalén, en los días de Diocleciano, alrededor del año 300, para predicar el Evangelio.

Efraín y Basilio fueron enviados primero. Basilio dio vida al hijo muerto de un gobernante local, por lo que muchos fueron bautizados. Los que permanecieron en su incredulidad, sin embargo, lo arrastraron por las calles hasta que murió. Efraín, negándose a ofrecer sacrificios a los ídolos, fue decapitado. Después de ellos, Eugenio, Agatodoro, Capito y Elpidio fueron enviados por el obispo de Jerusalén como heraldos de la fe, pero también fueron asesinados por los impíos. Por último, el obispo de Jerusalén envió a Eterio; fue ahogado durante el reinado de san Constantino el Grande.

Tropario, tono 5

Nos has dado los milagros de tus santos mártires * cual muro inamovible, oh Cristo Dios: * por sus plegarias, disipa las tramas de los adversarios * y resguarda las defensas de la Iglesia, * pues eres bondadoso y amas a la humanidad.

Los 42 santos mártires de Amorion en Frigia:

Estos mártires, hombres de alto rango en el ejército romano (bizantino), fueron tomados cautivos cuando la ciudad de Amorion en Frigia cayó ante los musulmanes en 838, durante el reinado de Teófilo el iconoclasta. Entre ellos estaban Aecio y Meliseno, los generales; Teodoro, el jefe del guardaespaldas ceremonial imperial; Crateros, el eunuco; Calixto, Constantino, Basoes y Teófilo, que eran oficiales militares; y otros que ocuparon cargos importantes.

Debido a su experiencia en la guerra y su virtud, los musulmanes no los mataron, sino que intentaron por todos los medios convertirlos al Islam y hacer que pelearan en sus propias campañas. Mantuvieron a los santos Mártires encerrados en un oscuro calabozo en la ciudad de Samarra en Siria, amenazándolos, haciendo promesas de rango glorioso y riquezas magníficas, manteniéndolos en hambre, opresión y oscuridad, no por unas pocas semanas, o unos pocos meses, sino durante siete años completos. Finalmente, incapaces de romper el coraje y la fe de sus cautivos, los decapitaron en el año 845.

Tropario tono 4, del común de Santos Mártires

Tus mártires, oh Señor, * han obtenido de ti * coronas de incorrupción * en su lucha, Dios nuestro. * Al tener, pues, tu fuerza, * han vencido a tiranos * y aplastado de los demonios * su abatida insolencia. * Por sus intercesiones, oh Cristo Dios, * salva nuestras almas.

Mártir Conon de Isauria; Nicolás Velimirovich, arzobispo de Ojrida (jerarca)

El santo Mártir Conon que vivió en los días de los santos Apóstoles era de pueblo llamado Bidane de Isauria en Asia Menor; era hijo de Néstor y Nada, quienes le habían comprometido en matrimonio con una doncella de nombre Ana, pero los dos habían aceptado vivir en virginidad.

Se dice que el santo había sido convertido por una aparición del Arcángel Miguel; y con su testimonio atrajo a muchos idólatras a la fe en Cristo, incluyendo a su padre Néstor que murió como Mártir.

Después de enterrar tanto a su madre como a su esposa, San Conon continuó su servicio a Dios, dedicándose por completo a las obras monásticas, el ayuno y la oración. En sus años de decadencia, el santo asceta fue glorificado con el don de hacer maravillas. En virtud de su predicación y milagros, y además de los muchos paganos convertidos a Cristo, se dice que incluso los espíritus malignos se vieron obligados a servirlo.

Cuando estalló una persecución contra los cristianos en Isauria, uno de los primeros en sufrir fue San Conon. Fue sometido a tormentos feroces por su negativa a ofrecer sacrificios a los ídolos. Cuando la gente de Isauria se enteró de las torturas a las que estaba sometido el santo, salieron con armas para defender al mártir. Asustados por la ira de la gente, los torturadores huyeron y los isauricos encontraron al mártir herido y ensangrentado en el lugar de la tortura.

San Conon deseaba soportar el martirio por el Señor, pero vivió dos años más. Murió en el siglo II y fue enterrado junto a sus padres y esposa.

Tropario tono 4, del común de Santos Mártires

Tu mártir, oh Señor, * ha obtenido de ti * corona de incorrupción * en su lucha, Dios nuestro. * Al tener, pues, tu fuerza, * ha vencido a tiranos * y aplastado de los demonios * su abatida insolencia. * Por sus intercesiones, oh Cristo Dios, * salva nuestras almas.

San Nicolás Velimirovich

 

 

San Nicolás de Zhicha, “el Crisóstomo serbio”, nació en Lelich, en el oeste de Serbia, el 4 de enero de 1881. Sus padres fueron Dragomir y Catalina Velimirovich, quienes vivían en una granja donde criaron una familia numerosa. Su piadosa madre fue una gran influencia en su desarrollo espiritual, enseñándole con la palabra y especialmente con el ejemplo. De niño, Nicolás a menudo caminaba tres millas hasta el Monasterio de Chelije con su madre para asistir a los servicios allí.

Enfermizo de niño, Nicolás no era físicamente fuerte de adulto. No superó las pruebas físicas cuando solicitó ingresar a la academia militar, pero sus excelentes calificaciones académicas le permitieron ingresar al Seminario de San Sava en Belgrado, incluso antes de terminar la escuela preparatoria.

Después de graduarse del seminario en 1905, obtuvo doctorados en la Universidad de Berna en 1908 y en el King’s College de Oxford en 1909. Al regresar a casa, enfermó de disentería. Prometiendo servir a Dios por el resto de su vida si se recuperaba, fue tonsurado en el Monasterio de Rakovica el 20 de diciembre de 1909 y también fue ordenado al santo sacerdocio.

En 1910 fue a estudiar a Rusia para prepararse para un puesto de profesor en el seminario de Belgrado. En la Academia Teológica de San Petersburgo, el Preboste le preguntó por qué había venido. Él respondió: “Quería ser pastor. De niño, cuidaba las ovejas de mi padre. Ahora que soy hombre, deseo cuidar el rebaño racional de mi Padre celestial. Creo que ese es el camino que se me ha mostrado”. El Preboste sonrió, complacido con esta respuesta, y luego llevó al joven a sus aposentos.

Después de completar sus estudios, regresó a Belgrado y enseñó filosofía, lógica, historia e idiomas extranjeros en el seminario. Hablaba siete idiomas, y esta habilidad le resultó muy útil a lo largo de su vida.

Al comienzo de la Primera Guerra Mundial, el Archimandrita Nicolás fue enviado a Inglaterra en una misión diplomática para buscar ayuda en la lucha de los serbios contra Austria. Su doctorado de Oxford le valió una invitación para hablar en la Abadía de Westminster. Permaneció en Inglaterra durante tres meses cortos, pero San Nicolás dejó una impresión duradera en quienes lo escucharon. Sus escritos “Los Mandamientos del Señor” y “Meditaciones sobre el Padrenuestro” impresionaron a muchos en la Iglesia de Inglaterra.

El Archimandrita Nicolás dejó Inglaterra y fue a América, donde demostró ser un buen embajador para su nación y su Iglesia.

El futuro santo regresó a Serbia en 1919, donde fue consagrado Obispo de Zhicha, y más tarde trasladado a Ohrid. El nuevo jerarca ayudó a quienes sufrían los estragos de la guerra estableciendo orfanatos y ayudando a los pobres.

El Obispo Nicolás asumió el liderazgo del Bogomljcki Pokret, un movimiento popular de renovación espiritual que animaba a la gente a orar y leer la Biblia. Bajo la dirección del obispo, también contribuyó a una renovación del monasticismo. Los monasterios fueron restaurados y reabiertos, y esto a su vez revitalizó la vida espiritual del pueblo serbio.

En 1921, el Obispo Nicolás fue invitado a visitar América nuevamente y pasó dos años como obispo misionero. Dio más de cien charlas en menos de seis meses, recaudando fondos para sus orfanatos. Durante los siguientes veinte años, dio conferencias en varias iglesias y universidades.

Cuando Alemania invadió Yugoslavia el 6 de abril de 1941, el Obispo Nicolás, un crítico intrépido de los nazis, fue arrestado y recluido en el Monasterio de Ljubostir Vojlovici. En 1944, él y el Patriarca Gavrilo fueron enviados al campo de concentración de Dachau. Allí presenció muchas atrocidades y fue torturado. Cuando las tropas estadounidenses liberaron a los prisioneros en mayo de 1945, el patriarca regresó a Yugoslavia, pero el Obispo Nicolás fue a Inglaterra.

El líder comunista Tito estaba llegando al poder en Yugoslavia, donde perseguía a la Iglesia y aplastaba a quienes se le oponían. Por lo tanto, el Obispo Nicolás creía que podía servir al pueblo serbio de manera más efectiva permaneciendo en el extranjero. Fue a América en 1946, siguiendo un horario agitado a pesar de sus problemas de salud, que se vieron exacerbados por su tiempo en Dachau. Enseñó durante tres años en el Seminario de San Sava en Libertyville, Illinois, antes de establecerse en el Monasterio de San Tikhon en South Canaan, Pensilvania, en 1951.

Enseñó en San Tikhon y también se desempeñó como decano y rector del seminario. También fue profesor invitado en el Seminario de San Vladimir en Nueva York y en el Monasterio de la Santísima Trinidad en Jordanville, Nueva York.

El sábado 17 de marzo de 1956, el Obispo Nicolás celebró su última Liturgia. Después del servicio, fue a la trapeza y dio una breve charla. Al irse, se inclinó profundamente y dijo: “Perdónadme, hermanos”. Esto fue algo inusual que no había hecho antes.

El 18 de marzo de 1956, San Nicolás se durmió en el Señor a quien había servido toda su vida. Lo encontraron en su habitación arrodillado en actitud de oración. Aunque fue enterrado en el Monasterio de San Sava en Libertyville, Illinois, siempre había expresado el deseo de ser enterrado en su tierra natal. En abril de 1991, sus reliquias fueron trasladadas al Monasterio de Chetinje en Lelich. Allí fue enterrado junto a su amigo y discípulo, el Padre Justin Popovich (+ 1979).

Era un hombre de oración compungida y poseía el don de las lágrimas que purifican el alma (San Juan Clímaco, Escalera, Paso 7). Fue un verdadero pastor de su rebaño, protegiéndolos de los lobos espirituales y guiándolos por el camino de la salvación. Ha dejado muchos escritos que benefician el alma y que proclaman la verdad de Cristo al hombre moderno. En ellos exhorta a la gente a amar a Dios y a vivir una vida de virtud y santidad.

Tono 8 (plagal del tono 4)

Boca de oro que incita a la conversión y proclama al Resucitado, * te mostraste en tu vida como arpa del Espíritu predicando con valentía la recta fe, * orgullo de Serbia y maestro de la ortodoxia en América. * Intercede ante Dios misericordioso * para que nos otorgue la paz de su Reino.

San Gerásimo del Jordán

Este notable santo primeramente aprendió la vida ascética en Tebas, Egipto, pero luego se mudó al Jordán y allí fundó una comunidad monástica en la que había cerca de setenta monjes.  Él mismo estableció en forma especial la regla para su monasterio, según la cual: los monjes pasaban cinco días en sus celdas tejiendo cestas y esteras; no podían nunca encender fuego en sus celdas para calentarse; durante cinco días comían solamente un poco de pan seco y dátiles; los monjes debían dejar sus celdas abiertas de forma tal, que cuando salían, todos pudieran tomar de ellas lo que quisieran; los sábados y domingos estaban reunidos en la iglesia del monasterio, compartían la mesa con verduras y un poco de vino para gloria de Dios. Entonces, cada uno de los monjes llevaba y ponía a los pies del abad aquello que habían realizado en los cinco días pasados.

Cada monje tenía solamente un vestido. San Gerásimo fue el ejemplo para todos. Durante la Gran Cuaresma no comía nada, solamente recibía la Comunión. Una vez vio un león rugiendo de dolor, porque tenía una espina en la pata; Gerásimo hizo la señal de la cruz y quitó la espina de la pata del animal.  El león se hizo tan manso con esto, que fue con el anciano al monasterio y se quedó ahí hasta la muerte del mismo; y cuando el anciano murió, el león también sucumbió de dolor por él.

San Gerásimo estuvo en el IV Concilio en Calcedonia, en tiempos de Marciano y Pulquerio; y aunque él primeramente se inclinaba hacia la herejía monofisita de Eutiquio y Dióscoro, disuadido por san Eutimio, terminó siendo en ese Concilio un gran defensor de la Ortodoxia.

Después de su santa vida, san Gerásimo entró en el descanso del Señor en el año 475. Uno de sus discípulos más conocidos es san Cirilo el Solitario.

Tropario tono 1, del común de Santos Ascetas

Al morar en desierto cual un ángel en cuerpo, * has rea­lizado milagros, Gerásimo Padre Teóforo. * Con ayuno, pues, vigilia y oración, * has tomado celestes dádivas, * ya que curas los malestares de las almas, * que a ti acuden con fervor: * ¡Gloria al que te ha fortificado! * ¡Gloria, que la co­rona te ha dado! * ¡Gloria, que por tu medio, * ha brindado curación a todos!

 

Comienzo de la Santa Cuaresma; Mártir Eutropio de Amasea y con él, los mártires Cleónico y Basilisco

En este día comenzamos el Gran Ayuno Cuaresmal

“Tu gracia ha brillado por todas partes, oh Señor, y ha dado luz a nuestras almas. ¡Contemplemos! Ahora es el tiempo favorable, ahora es el tiempo del arrepentimiento. Desatemos las obras de la oscuridad y pongámonos la armadura de luz, para que, habiendo navegado a través del gran mar del Ayuno, podamos alcanzar la Resurrección al tercer día de nuestro Señor Jesucristo, el Salvador de nuestras almas”.

San Eutropio y Compañeros Mártires

 

Los hermanos Eutropio y Cleónico, y Basilisco el sobrino del Gran Mártir Teodoro de Tiro (17 de febrero), fueron compañeros militares. Después del martirio de San Teodoro, terminaron en prisión y por su predicación llevaron a muchos de los paganos a la fe cristiana.

Fueron golpeados sin piedad, por lo que sus cuerpos quedaron completamente magullados.

Mientras lo torturaban, San Eutropio rezó en voz alta al Salvador: “Concédenos, oh Señor, soportar estas heridas por el bien de la corona del martirio, y ayúdanos, como ayudaste a tu siervo Teodoro”.

El Señor mismo se apareció a los mártires con sus ángeles y el santo gran mártir Teodoro, diciéndoles: “He aquí, el Salvador ha venido a ayudarte para que conozcas la vida eterna”.

Al día siguiente llevaron a los mártires a un templo pagano, para obligarlos a ofrecer sacrificios. Eutropio suplicó al Salvador: “Señor, quédate con nosotros y destruye la furia de los paganos. Concédele que en este lugar se te ofrezca el sacrificio incruento de los cristianos, el verdadero Dios ”. Tan pronto como se pronunciaron estas últimas palabras, comenzó un terremoto. Las paredes del templo se derrumbaron, y la estatua de la diosa Artemisa se hizo pedazos. Todos huyeron del templo para evitar ser aplastados entre los escombros. En el ruido del terremoto se escuchó una voz desde lo alto: “Tu oración ha sido escuchada, y en este lugar se construirá una casa de oración cristiana”. Cuando terminó el terremoto, el gobernador Asclepiodotus, apenas recuperado de su susto, dio la orden de clavar grandes estacas de madera en el suelo, atar a los mártires y verter alquitrán hirviendo sobre ellos. Los santos comenzaron a rezarle a Dios, y Eutropio gritó dirigiéndose a los torturadores: “¡Que el Señor convierta tu acción contra ti!” El alquitrán comenzó a fluir junto a los cuerpos de los mártires, como agua sobre mármol, abrasando a los torturadores. Los que lo vieron huyeron aterrorizados, pero el gobernador, en su amargura, ordenó rastrillar sus cuerpos con ganchos de hierro y picar sus heridas con mostaza mezclada con sal y vinagre. Los santos soportaron estos tormentos con notable firmeza.

La noche antes de su ejecución, los santos dedicaron su tiempo a la oración, y nuevamente el Señor se les apareció y los fortaleció. En la mañana del 3 de marzo, los santos Eutropio y Cleónico fueron crucificados, pero Basilisco fue dejado en prisión, con la esperanza de que con el tiempo pudiera cambiar de opinión y sacrificase a los ídolos. Finalmente fue decapitado el 22 de mayo en que también se celebra su memoria.

Tropario tono 4, del común de Santos Mártires

Tus mártires, oh Señor, * han obtenido de ti * coronas de incorrupción * en su lucha, Dios nuestro. * Al tener, pues, tu fuerza, * han vencido a tiranos * y aplastado de los demonios * su abatida insolencia. * Por sus intercesiones, oh Cristo Dios, * salva nuestras almas.

Domingo del Perdón y de la Abstinencia del Queso; Santo Mártir Hesiquio

Este que es el cuarto domingo del Triodio y a las puertas de la Gran Cuaresma, celebramos la conmemoración de la expulsión del primer creado Adán, del paraíso de dicha.

En este día en la mayoría de parroquias, comunidades y monasterios se celebra al terminar el oficio de vísperas, el servicio del Perdón en que con gestos sencillos pero auténticos nos pedimos y ofrecemos perdón mutuamente, haciendo eco de las palabras del Evangelio que si no perdonamos las ofensas de nuestros hermanos, tampoco seremos perdonados por Dios.

Según la Tradición de la Iglesia hoy es el último día que consumimos alimentos derivados animales (pescado, huevos y lácteos) hasta la celebración de la Pascua el próximo 20 de abril.

+ ¡Que el mundo entero llore con los padres del género humano y arrepentido, que solloce! Que junto a ellos calló precipitándose, cuando cayeron por la comida.

Por Tu Inefable Compasión, Oh Cristo nuestro Dios, haznos dignos de la dicha del Paraíso, y ten piedad de nosotros, porque eres el Único que amas a la humanidad. Amén.

Condaquio, tono 6

¡Oh Guía hacia la sabiduría, dador de la inteligencia, instructor de los ignorantes y protector de los pobres!, fortalece, oh Señor, mi corazón y dale comprensión, y concédeme la palabra, Oh Palabra del Padre. Pues heme aquí, y mis labios no vacilan en exclamarte: “Oh Misericordioso, ten piedad de mí, el caído”.

Santo Mártir Hesiquio

El santo mártir Hesiquio vivió durante el reinado del rey Maximiano en 302. Fue el primero y el líder en el palacio real y el Senado, pues era magistrado.

Cuando Maximiano ordenó que todos los cristianos que eran soldados reales debían ser privados de sus cinturones (que eran un signo de su mérito real) y vivir como civiles y sin honor, muchos cristianos prefirieron vivir sin ningún honor externo debido a esta orden ilegal, que ser honrado y perder su alma.

San Hesiquio también fue contado con estos cristianos. Cuando el rey escuchó esto, ordenó que se despojara al santo de la ropa fina, que solía usar, y que se vistiera con un manto en mal estado sin mangas tejidas de cabello y que fuera deshonrado y despreciado en gran manera, viviendo entre los más pobres de la ciudad.

Cuando esto se llevó a cabo, el rey lo invitó y le preguntó: “¿No estás avergonzado, Hesiquio, de haber perdido el honor y el cargo de magistrado y haber sido degradado a este tipo de vida? ¿No sabes que los cristianos, cuyo estilo de vida preferiste, no tienen poder para devolverte tu gran honor y oficio anterior? ” El santo respondió: “Tu honor, oh rey, es temporal, pero el honor y la gloria que Cristo da es eterno y sin fin”. Debido a estas palabras, el rey se enojó y ordenó a sus hombres que ataran una gran piedra de molino alrededor del cuello del santo y luego lo arrojaran en medio del río Orontes, que se encuentra en Siria. Así, el santo recibió la corona del martirio por el Señor.

Tropario, tono 4

Tu mártir, oh Señor, * ha obtenido de ti * corona de incorrupción * en su lucha, Dios nuestro. * Al tener, pues, tu fuerza, * ha vencido a tiranos * y aplastado de los demonios * su abatida insolencia. * Por sus intercesiones, oh Cristo Dios, * salva nuestras almas.

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