Ascención de Nuestro Señor Jesucristo al cielo; Santos e Igual a los Apóstoles Constantino y Elena

El Señor Jesús pasó cuarenta días en la tierra tras su Resurrección, apareciendo continuamente en diversos lugares a sus discípulos, con quienes también habló, comió y bebió, demostrando así aún más su resurrección. Ese jueves, cuadragésimo día después de Pascua, se apareció de nuevo en Jerusalén. Tras haber hablado primero con los discípulos sobre muchas cosas, les dio su último mandamiento: que fueran y proclamaran su nombre a todas las naciones, comenzando desde Jerusalén. Pero también les ordenó que, por el momento, no se fueran de Jerusalén, sino que esperaran allí juntos hasta que recibieran poder de lo alto, cuando el Espíritu Santo descendiera sobre ellos.

Dicho esto, los condujo al Monte de los Olivos y, alzando las manos, los bendijo; y pronunciando de nuevo la bendición del Padre, se separó de ellos y fue llevado arriba. Inmediatamente, una nube de luz, prueba de su majestad, lo recibió; y, como en un carro real, fue llevado al cielo, y al poco tiempo desapareció de la vista de los discípulos, quienes permanecieron allí con la mirada fija en Él. En ese momento, dos ángeles con forma de hombres vestidos de blanco se les aparecieron y les dijeron: «Varones galileos, ¿por qué estáis mirando al cielo? Este mismo Jesús, que ha sido tomado de vosotros al cielo, vendrá tal como le habéis visto ir al cielo» (Hechos 1:11). Estas palabras, de forma completa y concisa, declaran lo que se enseña en el Símbolo de la Fe acerca del Hijo y el Verbo de Dios. Por lo tanto, habiendo cumplido así toda su obra por nosotros, nuestro Señor Jesucristo ascendió en gloria al cielo y se sentó a la diestra de Dios Padre. En cuanto a sus santos discípulos, regresaron del Monte de los Olivos a Jerusalén, regocijándose porque Cristo les había prometido enviarles el Espíritu Santo.

Tropario Tono 4

Ascendiste con gloria, oh Cristo Dios nuestro, * y alegraste a tus discípulos con la promesa del Espíritu Santo, * confirmándoles con tu bendición * que eres el Hijo de Dios, * el Salvador del mundo.

Condaquio Tono 6

Cuando cumpliste el plan de nuestra salvación * uniendo lo terrestre con lo celestial, * ascendiste con gloria, oh Cristo nuestro Dios, pero sin alejarte, * ya que permaneciste inseparable de los que te aman, * a quienes exclamaste: * «Con vosotros estoy: * nadie estará en vuestra contra».

Santos Constantino y Elena

 

Los padres de Constantino fueron el emperador Constancio Cloro y la Emperatriz Elena. Cloro tenía hijos de otra mujer, pero sólo a Constantino de Elena. Después de su coronación, Constantino luchó tres grandes batallas: una contra Majencio, un tirano romano; la segunda contra los escitas en el Danubio; y la tercera contra los bizantinos. Antes de la batalla con Majencio, mientras Constantino estaba grandemente preocupado y dudoso acerca de su triunfo, una brillante cruz apareció en el cielo durante el día, enteramente adornada de estrellas y con estas palabras escritas en ella: «Por esta señal vencerás». Asombrado, el Emperador ordenó que una gran cruz similar a la que había visto fuese forjada y que fuese llevada delante del ejército. Por el poder de la Cruz logró una gran victoria sobre su enemigo superior en números. Majencio fue ahogado en el río Tíber. Inmediatamente después de esto, Constantino proclamó el famoso Edicto de Milán en el año 313 d. C. para finalizar la persecución de los cristianos.

Tras derrotar a los bizantinos, Constantino construyó una hermosa capital junto al Bósforo que desde entonces se llamó Constantinopla. Antes de esto, empero, Constantino sucumbió a la temible enfermedad de la lepra. Como cura, los sacerdotes y médicos paganos le aconsejaron que se bañase en la sangre de niños sacrificados, lo cual él rechazó. Entonces los santos apóstoles Pedro y Pablo se le aparecieron diciéndole que buscara al obispo Silvestre (de Roma), que lo sanaría de esta temible enfermedad. El Obispo lo instruyó en la fe cristiana, lo bautizó y todo trazo de lepra desapareció del cuerpo del Emperador.

Debido a la disputa en la Iglesia a causa del rebelde hereje Arrio, el Emperador convocó el Primer Concilio Ecuménico en Nicea en el año 325, en el cual la herejía fue condenada y la Ortodoxia confirmada.

Santa Elena, la piadosa madre del Emperador, era muy celosa de la fe de Cristo. Visitó Jerusalén, halló la preciosa Cruz del Señor, construyó la Iglesia de la Resurrección en el Gólgota y muchas otras iglesias en la Tierra Santa. Esta santa mujer se presentó al Señor a los 80 años en el 327. El emperador Constantino sobrevivió a su madre diez años. Murió en Nicomedia en el 337 a los 65 años. Su cuerpo fue enterrado en la Iglesia de los Doce Apóstoles en Constantinopla.

Tropario tono 4

Cuando Constantino, tu apóstol entre los reyes, Señor, * advirtió en el cielo la señal de la cruz * y recibió el llamado, tal como Pablo, «no de humanos», * depositó en tus manos el capital de su reino. * Protege su heredad en todo tiempo, * por la intercesión de la Madre de Dios, oh Tú que amas a la humanidad.

Miércoles Despedida de la Pascua; Mártir Taleleo y compañeros, en Aegae de Cilicia

¡Cristo ha resucitado! ¡Verdaderamente ha resucitado!

El miércoles de la sexta semana, celebramos la despedida de la Fiesta de Pascua

Mientras que la mayoría de las Fiestas se despiden el octavo día, la Pascua, la Fiesta de las Fiestas, se despide el trigésimo noveno. El cuadragésimo día es la Fiesta de la Ascensión del Señor, que marca el fin de su presencia física en la tierra. Sin embargo, Él no nos abandona. Ha prometido estar con nosotros siempre, hasta el fin de los tiempos (Mt 20,28). Como cantamos en el condaquio de la Ascensión: «…ascendiste con gloria, oh Cristo nuestro Dios, pero sin alejarte, ya que permaneciste inseparable de los que te aman, a quienes exclamaste: «Con vosotros estoy: nadie estará en vuestra contra.»».

Hay un pensamiento similar expresado en el Tropario de la Dormición: «… en la dormición no descuidaste (abandonaste) el mundo, oh Madre de Dioss».

Los servicios de hoy se celebran igual que en el mismo día de Pascua. Las lecturas diarias de la Sagrada Escritura, por supuesto, varían. Tras la despedida en la liturgia, ya no se cantan los himnos pascuales. La oración «Oh Rey Celestial» no se reza ni se canta hasta Pentecostés. El santo epitafio se retira del altar y se coloca en su lugar correspondiente. Aunque hoy es miércoles, se permite el pescado, el vino y el aceite.

Tropario Tono 5

Cristo resucitó de entre los muertos * pisoteando la muerte con su muerte, * y otorgando la vida * a los que yacían en los sepulcros.

Condaquio  Tono 8 

Cuando descendiste al sepulcro, oh Inmortal, * destruiste el poder del Hades; * y al resucitar vencedor, oh Cristo Dios, * dijiste a las mujeres mirróforas: «¡Regocíjense!» * y a tus discípulos otorgaste la paz, * ¡oh Tú que concedes a los caídos * la resurrección!

 

Santo Mártir Taleleo

 

San Taleleo era médico y atendía gratuitamente a los enfermos; los griegos le llamaban por ello “el misericordioso” y le clasifican entre los santos “anárgiros o inmercenarios.” Este santo fue martirizado en Aegae, en Cilicia.

Se cuenta que el santo había nacido en el Líbano, que era hijo de un general romano y que practicó la medicina en Anazarbus. Cuando estalló la persecución de Numeriano, Taleleo se refugió en un olivar, donde fue capturado. Conducido a la costa de Aegae, fue arrojado al mar atado de pies y manos, sin embargo, alcanzó a llegar con vida a la costa, pero fue ahí decapitado.

Se ha asociado a san Taleleo con muchos otros mártires; entre ellos se cuentan Alejandro y Asterio, quienes fueron los soldados encargados de la ejecución del mártir o, por lo menos, presenciaron su martirio.

Tropario, tono 4 del común de Santos Mártires

Tu mártir, oh Señor, * ha obtenido de ti * corona de incorrupción * en su lucha, Dios nuestro. * Al tener, pues, tu fuerza, * ha vencido a tiranos * y aplastado de los demonios * su abatida insolencia. * Por sus intercesiones, oh Cristo Dios, * salva nuestras almas.

Hieromártir Patricio, obispo de Proisa y sus compañeros.

San Patricio era obispo de Proisa, una ciudad en Bithynia. De una gran fe y un elevado conocimiento teológico, su fortaleza la aplico a la defensa del Evangelio y a combatir la idolatría.

Este trabajo apostólico no lo llevo adelante solo, estaban con él tres colaboradores: Acacio, Menander y Juliano, con ellos San Patricio trajo a muchos paganos a la fe cristiana. Pero todo este movimiento realizado, despertó el enojo de varios idólatras, y los denunciaron ante el gobernador Julio, y fueron arrestados inmediatamente.

El gobernador con discusiones filosóficas intentó convencer a san Patricio de que Cristo no es Dios, y san Patricio, con su gran retórica y excelentes conocimientos teológico le rebatía todas sus preguntas. Al ver que la fe del Santo y sus compañeros no cambiaba ordenó que los encarcelen y luego fueron decapitados, probablemente esto ocurrió durante el reinado de Diocleciano (284-305).

Tropario, tono 4 del común de Santos Mártires

Tus mártires, oh Señor, * han obtenido de ti * coronas de incorrupción * en su lucha, Dios nuestro. * Al tener, pues, tu fuerza, * han vencido a tiranos * y aplastado de los demonios * su abatida insolencia. * Por sus intercesiones, oh Cristo Dios, * salva nuestras almas.

Santos Mártires Pedro, Dionisio y Cristina

Los santos mártires Pedro, Dionisio y Cristina; junto con  Andrés y Pablo sufrieron bajo el emperador Decio (249-251). Pedro sufrió en la ciudad de Lampsaka. Llevado a juicio ante el prefecto Optimines, confesó valientemente su fe en Cristo.

Intentaron obligar al joven a negar al Señor y adorar a la diosa Venus. El mártir se negó, declarando en público que un cristiano no se inclinaría ante el ídolo de una mujer lujuriosa.

San Pedro fue sometido a feroces torturas, pero las soportó con valentía, dando gracias a nuestro Señor Jesucristo por su ayuda omnipotente. Luego fue decapitado.

Dionisio, Nikómaco y dos soldados, Andrés y Pablo, que habían sido trasladados desde Mesopotamia, fueron llevados a juicio. Todos confesaron su fe en Cristo y se negaron a ofrecer sacrificios a los ídolos, por lo que fueron torturados. Para gran pesar de todos los cristianos, Nikómaco no perseveró. Negó al Señor Jesucristo y entró en un templo pagano para ofrecer un sacrificio. Cayó en un terrible frenesí y murió echando espuma por la boca, arrancándose la piel del cuerpo con los dientes.

A la mañana siguiente, los santos Dionisio, Andrés y Pablo fueron llevados de nuevo ante el prefecto. Por confesar su fe en Cristo, fueron entregados a los paganos para ser ejecutados. Ataron a los santos por los pies, los arrastraron al lugar de la ejecución y los apedrearon hasta la muerte.

Santa Cristina presenció el juicio de Dionisio, Nikómaco, Andrés y Pablo, y todo lo que sucedió. Cristina, de dieciséis años, gritó: “¡Nicómaco, maldito y perdido! ¡En lugar de soportar el dolor una sola hora, te has hecho merecedor del tormento eterno!”. El prefecto ordenó apresar a la santa virgen. Al enterarse de que era cristiana, la entregó a hombres disolutos para su placer.

Un ángel se apareció en la casa donde habían llevado a la santa virgen. Aterrados por su terrible rostro, los hombres imploraron entre lágrimas el perdón de la santa virgen y le pidieron que rezara para que el castigo del Señor no les sobreviniera. Fue entonces decapitada por orden del prefecto.

Tropario, tono 4 del común de Santos Mártires

Tus mártires, oh Señor, * han obtenido de ti * coronas de incorrupción * en su lucha, Dios nuestro. * Al tener, pues, tu fuerza, * han vencido a tiranos * y aplastado de los demonios * su abatida insolencia. * Por sus intercesiones, oh Cristo Dios, * salva nuestras almas.

Apóstol Andrónico de los Setenta, con su trabajadora y seguidora Junia

Estos dos santos tenían una amistad de mucho tiempo y con su trabajo en conjunto llevaron la luz de Jesucristo a los idólatras. A medida que pasaba el tiempo germinaba en sus corazones la semilla del Espíritu Santo.

Los santos Andrónico y Junia en su apostolado construyeron varias iglesias, y colaboraron con el Apóstol Pablo de cerca, el cual en su epístola dice: “Saluden a Andrónico y a Junia, mis parientes y compañeros de cárcel, destacados entre los apóstoles y convertidos a Cristo antes que yo.” Romanos (16: 7)

Tropario, tono 3 del común de Santos Apóstoles

Oh santos apóstoles, * intercedan ante Dios misericordioso * para que otorgue el perdón de las transgresiones a nuestras almas.

San Teodoro el Santificado, discípulo de san Pacomio.


Teodoro era discípulo de san Pacomio. Nació y fue criado en el paganismo, pero siendo aún joven vino al conocimiento de la verdadera fe y fue bautizado. Oyendo de san Pacomio, huyó secretamente del hogar de sus padres hacia el monasterio de Pacomio. Este lo tonsuró como monje y lo admiraba a causa de su singular celo y obediencia. Cuando su madre vino a pedirle que regresara a casa, Teodoro ni siquiera quiso mostrarse a ella, sino que oró para que Dios la iluminara con la verdad. En efecto, no sólo su hijo no regresó a casa, sino que ella misma no regresó. Viendo un monasterio no muy lejos que era dirigido por la hermana de Pacomio, se incorporó a él y fue tonsurada como monja.

Después de un tiempo Paunicio, hermano de Teodoro, también vino al monasterio y fue tonsurado monje.

Más tarde el obispo de Panópolis llamó a venir a san Pacomio con el fin de que estableciese un monasterio para los que deseaban la vida monástica. Pacomio tomó consigo a Teodoro y le confió la tarea de establecer este nuevo monasterio.

Después de la muerte de Pacomio, Teodoro se convirtió en abad de todos los monasterios de Pacomio y alcanzó una edad muy avanzada. Teodoro vivió una vida agradable a Dios, guiando a muchos monjes en el camino de la salvación. Murió en paz y fue a habitar en el Reino de la Luz eterna en el 368 d. C.

Tropario, tono 1 del común de Santos Ascetas

Al morar en desierto cual un ángel en cuerpo, * has realizado milagros, Teodoro, padre teóforo. * Con ayuno, pues, vigilia y oración, * has tomado celestes dádivas, * ya que curas los malestares de las almas * que a ti acuden con fervor: * ¡Gloria al que te ha fortificado! * ¡Gloria, que la corona te ha dado! * ¡Gloria, que por tu medio, * ha brindado curación a todos!

San Pacomio el Grande, fundador del monasticismo cenobítico; San Aquilio obispo

San Pacomio nació en Egipto y era pagano en su juventud.

Como soldado, luchó junto al emperador Constantino en la batalla contra Majencio. Después de esto vino a conocer al único Dios de los cristianos, y contemplando su vida piadosa, Pacomio fue bautizado. Se retiró al desierto de Tebes junto al famoso asceta Palamón, por quien fue instruido en la vida ascética. Entonces un ángel se le apareció vistiendo el hábito monástico en el lugar llamado Tabenisiot y le dio una tabla sobre la cual estaba escrita la regla monástica de la vida cenobítica, ordenándole que estableciera un monasterio en aquel lugar, y profetizando que muchos monjes vendrían a este monasterio para la salvación de sus almas. Obedeciendo al ángel de Dios, Pacomio comenzó a construir muchas celdas aunque sólo él y su hermano Juan estaban en aquel lugar. Cuando su hermano le reprochó por construir celdas innecesarias, Pacomio simplemente respondió que seguía la orden de Dios sin importa quién viniese a vivir allí, o cuando. Pero pronto muchos hombres se congregaron en aquel lugar movidos por el Espíritu de Dios, y comenzaron a vivir la vida ascética según la Regla que había recibido del ángel. Al aumentar el número de los monjes, Pacomio llegó a fundar  otros seis monasterios. El número de sus discípulos llegaba a los siete mil.

San Antonio el Grande, es considerado fundador de la vida eremítica (ermitaños-solitarios), pero san Pacomio es considerado fundador de la vida monástica cenobítica (comunitaria).

La humildad, amor por el trabajo y abstinencia de este santo padre fue y sigue siendo un singular ejemplo a imitar para un vasto número de monjes.

San Pacomio hizo innumerables milagros, pero también sufrió innumerables tentaciones tanto de parte de demonios como de hombres. Sirvió a los hombres como padre y como hermano. Inspiró a muchos a seguir el camino de la salvación y guió a muchos al camino de la verdad. Fue y sigue siendo una gran luz de la Iglesia y un gran testigo de la verdad y la justicia de Cristo. Murió en paz en el año 348 d. C.  a los 74 años.

Tropario, tono 8 del común de Santos Anacoretas

Con la efusión de tus lágrimas, * regaste el desierto estéril * y, por los suspiros profundos, * tus fatigas dieron frutos cien veces más, * volviéndote un astro del universo, * brillante con los milagros. ¡Oh nuestro justo padre Pacomio, * intercede ante Cristo Dios * para que salve nuestras almas!

San Aquilio

 

San Aquilio o Aquiles de Larissa, fue uno de los 318 obispos presentes en el Primer Concilio de Nicea.

Aquilio fue metropolitana de Larisa , en Tesalia, Grecia, y es recordado principalmente por su vehemente defensa de la ortodoxia durante el Concilio de Nicea y un milagro que realizó en testimonio contra el arrianismo .

En respuesta a una piedra, Aquilio se dirigió a los arrianos: “Si Cristo es una criatura de Dios, como dicen ustedes, manden que fluya aceite de esta piedra. Los herejes guardaron silencio, asombrados de esta demanda de san Aquilio. Entonces el santo continuó: “Y si el Hijo de Dios es igual al Padre, como nosotros creemos, entonces que fluya aceite a partir de esta piedra. Y el petróleo fluía, ante el asombro de todos.

A su regreso del Concilio, Aquilio se dice que “echó por tierra muchos templos paganos, construyó muchas iglesias,  echó fuera muchos demonios”. Murió en Larissa en el año 330.

Tropario, tono 4 del común de Santos Jerarcas

La verdad de tus obras * te ha mostrado a tu rebaño * cual regla de fe, icono de mansedumbre * y maestro de abstinencia. * Así que alcanzaste, por la humildad, alturas * y por la pobreza, riquezas. * ¡Oh santo padre Aquilio, * intercede ante Cristo Dios, * para que salve nuestras almas!

Mártir Isidoro de Quío.

San Isidoro era marino de la flota real en los años del emperador Decio, y oriundo de Alejandría. Un cierto día al estar anclada la flota en la isla de Quío, el santo fue denunciado por ser cristiano ante el almirante Numerio, y éste sin perder tiempo llamó a san Isidoro y lo interrogó, al oír de él mismo que era cristiano lo envió a prisión.

Al enterarse el padre viajó inmediatamente a Quío, muy apenado, porque su hijo abandonó la idolatría. Cuando llego a Quío, lo pudo ver en la cárcel donde se abrazaron con mucho amor y también tristeza por el momento que estaban atravesando. Pero san Isidoro le comentó que debía estar contento porque vio la luz que da Jesucristo.

Entonces el padre le pidió firmemente que volviera a la idolatría, pero el santo siguió inamovible en su fe. Muy enojado el padre lo maldijo y le pidió a Numerio que lo matara. Y, de hecho, san Isidoro luego de varias torturas fue decapitado.

Así, se cumple lo que está escrito: “El hermano entregará a la muerte al hermano, y el padre al hijo. Los hijos se rebelarán contra sus padres y harán que los maten. Por causa de mi nombre todo el mundo los odiará, pero el que se mantenga firme hasta el fin será salvo. Mateo 10:21-22.

Tropario, tono 4 del común de Santos Mártires

Tu mártir, oh Señor, * ha obtenido de ti * corona de incorrupción * en su lucha, Dios nuestro. * Al tener, pues, tu fuerza, * ha vencido a tiranos * y aplastado de los demonios * su abatida insolencia. * Por sus intercesiones, oh Cristo Dios, * salva nuestras almas.

 

Virgen Mártir Gliceria de Heraclea y con ella el Mártir Laodicio su carcelero.

Santa Gliceria, fue una virgen cristiana que sufrió el martirio en Heraclea, en la Propóntide, a fines del siglo II. Era hija de un senador romano que vivía en Trajanópolis de Tracia. La santa confesó abiertamente la fe ante el prefecto Sabino, quien ordenó a los soldados que la llevasen a ofrecer sacrificios en el templo de Júpiter. En vez de obedecer, Gliceria derribó la estatua de oro del dios y la hizo pedazos. Los verdugos la colgaron por los cabellos y la azotaron con varillas de acero, pero no consiguieron hacerle daño alguno. Entonces la encarcelaron y la privaron de todo alimento, pero un ángel le llevaba diariamente la comida. La santa fue arrojada en un horno, pero las llamas se apagaron al punto. Finalmente, los verdugos le arrancaron los cabellos y la echaron a las fieras, pero Gliceria murió antes de que éstas la tocasen. En Heraclea se erigió una espléndida iglesia en su honor.

Tropario, tono 4 del común de Vírgenes Mártires

Tu oveja, oh Jesús, exclama con gran voz: * «Te extraño, Novio mío, y lucho buscándote; * me crucifico y me entierro contigo por el bautismo; * sufro por ti para contigo reinar * y muero por ti para que viva en ti.» * Acepta, como ofrenda inmaculada, * a Gliceria, sacrificada con anhelo por ti. * Por sus intercesiones, oh Compasivo, * salva nuestras almas.

San Epifanio, obispo de Chipre; San Germano, patriarca de Constantinopla

San Epifanio nació en Besandulk, pueblecito en los alrededores de Eleuterópolis de Palestina, hacia el año 310. Como preparación para el estudio de la Sagrada Escritura, aprendió desde joven el hebreo, copto, sirio, griego y latín.

El trato frecuente con los anacoretas, a los que iba a visitar regularmente, despertó en él la inclinación a la vida monástica, que abrazó desde muy joven. Aunque uno de sus biógrafos dice que tomó el hábito en Palestina, lo cierto es que pasó poco después a Egipto para perfeccionarse en la disciplina ascética, en el seno de alguna de las comunidades del desierto. Hacia el año 333, volvió a Palestina, donde fue ordenado sacerdote. En Eleuterópolis fundó y gobernó un monasterio.

Se dedico al estudio y la oración; puede decirse que la mayoría de los libros importantes de la época pasaron por las manos de san Epifanio. En el curso de sus lecturas, le impresionaron particularmente los errores que descubrió en los escritos de Orígenes, a quien consideró desde entonces como la fuente de todas las herejías que afligían a la Iglesia en su tiempo.

En Palestina y en los países circundantes se llegó a considerar a san Epifanio como un oráculo y se decía que cuantos le visitaban salían espiritualmente consolados. Su fama se extendió, con el tiempo, hasta regiones muy distantes y, en el año de 367 fue elegido obispo de Salamis (que entonces se llamaba Constancia), en Chipre. Sin embargo, siguió gobernando su monasterio de Eleuterópolis, al que iba de vez en cuando.

La caridad del santo con los pobres era ilimitada, y numerosas personas le constituyeron administrador de sus limosnas. Santa Olimpia le confió con ese fin una importante donación de tierras y dinero. La veneración que todos le profesaban le libró de la persecución del emperador arriano Valente; prácticamente fue el único obispo ortodoxo en las riberas del Mediterráneo a quien el emperador no molestó para nada.

San Epifanio es, sobre todo, famoso por sus escritos. Los principales son: el Anachoratus, una apología de la fe; el Panarium o remedio contra todas las herejías; el “Libro de los Pesos y Medidas,” en el que describe las costumbres y las medidas de los judíos.

San Epifanio falleció el 12 de mayo del 403, en el viaje que realizaba de Constantinopla a Salarais, tras 36 años de su Obispado.

Germano, Patriarca de Constantinopla

 

San Germano, Patriarca de Constantinopla, nació en Constantinopla en el siglo VII. Su padre, un prominente senador, fue asesinado por orden del emperador Constantino Pogonato (668-685). El joven Germano fue capturado y enviado a un monasterio, donde estudió las Sagradas Escrituras.

Por la santidad de su vida, fue nombrado obispo de la ciudad de Cízico. San Germano se alzó en defensa de la fe ortodoxa contra los herejes iconoclastas. Posteriormente fue nombrado Patriarca de Constantinopla. San Germano continuó enfrentándose a los iconoclastas y a su portavoz, el emperador herético León III el Isaurico (717-741), pero la contienda fue desigual. Se vio obligado a colocar su omoforio sobre la mesa del altar del santuario y a renunciar a l trono patriarcal. Entonces, el emperador, enfurecido y acusando de herejía al Patriarca el día anterior, envió soldados que golpearon al santo y lo expulsaron de la residencia patriarcal. San Germán fue Patriarca durante catorce años y cinco meses.

Ingresó en un monasterio, donde pasó el resto de su vida. El santo Patriarca Germano falleció en el año 740, a la edad de noventa y cinco años, y fue enterrado en el monasterio de Chora, en Constantinopla. Posteriormente, sus reliquias fueron trasladadas a Francia.

En el Séptimo Concilio Ecuménico (787), el nombre del Patriarca Germano fue incluido en los dípticos de los santos. Escribió una «Meditación sobre Asuntos Eclesiásticos o Comentario sobre la Liturgia»; también una explicación de los pasajes difíciles de las Sagradas Escrituras y otra obra sobre las recompensas de los justos después de la muerte.

Su importante obra sobre las diversas herejías surgidas desde los tiempos apostólicos y sobre los concilios eclesiásticos celebrados durante el reinado del emperador León el Iconoclasta proporciona una rica información histórica. También contiene tres cartas del Patriarca sobre la veneración de los iconos, que se leyeron en el Séptimo Concilio Ecuménico.

Sus otras obras incluyen himnos de alabanza a los santos, discursos sobre las fiestas de la Entrada al Templo, la Anunciación y la Dormición de la Santísima Theotokos, y sobre la restauración de la iglesia en honor a la Colocación del Cinturón Venerable de la Santísima Theotokos.

Tropario, tono 4 del común de Varios Jerarcas

Oh Dios de nuestros padres, * que siempre nos tratas de acuerdo con tu bondad: * no retires de nosotros tu misericordia, * sino que, por la intercesión de tus santos, * dirige nuestras vidas en paz.

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