Boletín del 20/11/2011

2011

Fiesta de la Presentación

de la Madre de Dios en el Templo

Alabemos con fe a María, la doncella de Dios,
a quien los profetas, antiguamente, habían llamado:
 jarra, tabla de la ley, vara y monte intocable.
Pues hoy es presentada en el Santo de los Santos para ser educada para el Señor.

Himnos de la Liturgia

Tropario de la Resurrección

Tono 6

audioLos poderes celestiales aparecieron sobre tu sepulcro;
y los guardias quedaron como muertos;
María se plantó en el sepulcro buscando tu Cuerpo purísimo.
Sometiste al Hades sin ser tentado por él;
y encontraste a la Virgen otorgándole la vida.
¡Oh Resucitado de entre los muertos, Señor, gloria a Ti!

 

Tropario de la Presentación de la Virgen en el Templo

Tono 4

Hoy es el preludio de la complacencia de Dios,
el anuncio de la Salvación para los hombres:
la Virgen se presenta en el Templo de Dios
y preanuncia a Cristo a todos.
Exclamémosle con gran voz diciendo:
«¡Alégrate, oh cumplimiento del Plan salvífico del Creador!»

Condaquio de la Presentación de la Madre de Dios en el Templo

Tono 5

 Sagrado Templo del Señor y purísimo,
preciosa cámara nupcial y santísima,
cofre venerable de la Gloria de Dios,
en la casa del Señor, la Virgen hoy es presentada y con ella la gracia del Espíritu Divino.
 Alábenle los ángeles de Dios porque ella es la tienda celestial.

Lecturas bíblicas 

Carta del Apóstol San Pablo a los Efesios (2: 4-10)

Hermanos: Dios, rico en misericordia, por su gran amor con que nos amó, aun cuando estábamos muertos por los pecados, nos vivificó juntamente con Cristo —por la Gracia han sido salvados— y con Él nos resucitó y nos hizo sentar en los cielos en Cristo Jesús, a fin de mostrar en los siglos venideros la sobreabundante riqueza de su Gracia, por su bondad para con nosotros en Cristo Jesús. Pues por la Gracia han sido salvados, mediante la fe; y esto no viene de ustedes, sino que es un don de Dios; no viene de las obras, para que nadie se gloríe. En efecto, hechura suya somos: creados en Cristo Jesús, en orden a las buenas obras, las cuales Dios dispuso de antemano para que en ellas anduviéramos.

Evangelio según San Lucas (12: 16-21)

Dijo el Señor esta parábola: “Los campos de cierto hombre rico dieron mucho fruto; y pensaba para sí diciendo: “¿Qué haré, pues no tengo dónde reunir mi cosecha?” Y dijo: “Voy a hacer esto: Demoleré mis graneros y edificaré otros más grandes, y reuniré allí todo mi trigo y mis bienes; y diré a mi alma: Alma, tienes muchos bienes en reserva para muchos años. Descansa, come, bebe, goza.” Pero Dios le dijo: “¡Necio! Esta misma noche te reclamarán el alma; las cosas que preparaste, ¿para quién serán?” Así es el que atesora riquezas para sí, y no se enriquece en orden a Dios.»

Mensaje Pastoral

El Paraíso: ¿verdad o ilusión?

«¡Descansa, come, bebe y goza!»

Con estas palabras el rico de la parábola se felicitaba así mismo. ¿Acaso dicho estado no es «el paraíso perdido» del lenguaje mitológico –descanso, satisfacción y placer–, paraíso anhelado por muchos? El hombre de hoy planea: trabajaré fuertemente en la juventud para descansar y disfrutar de mis últimos años (¡como si supiera el momento preciso de su partida!). Sinceramente nuestro modo de pensar a menudo es muy parecido al del rico de la parábola.

¿Por qué las palabras de Jesús califican de ignorante nuestra actitud respecto a la búsqueda de este paraíso: «¡Necio!»? Para Sigmund Freud, padre del psicoanálisis, «el paraíso perdido» es una añoranza –que se ubica en la subconciencia– hacia el estado del feto en la matriz, donde la creatura come, bebe y descansa incesablemente. La hipótesis del psicoanalista logra, en cierto modo, trazar un perfil de la verdad: los anhelos religiosos no son obra de la civilización sino reacción genuina de la naturaleza humana; pero lo añorado no es el seno materno sino «el regazo de Dios», del cual el hombre ha abortado a sí mismo. Lo que Freud llama «subconciencia» la Biblia denomina «corazón» y la filosofía griega, adoptada por los padres de la Iglesia, le designa como νοός «Noos»: el ojo espiritual del ser humano por cuyo medio se comunica con su Creador y lo busca; es lo que le privilegia como la creación amada de Dios. El hombre, en la comprensión cristiana, no es un animal social ni racional sino un ser litúrgico. La etimología da este sentido a la palabra griega άνθρωπος «ántropo»: el que puede mirar hacia arriba. Físicamente su constitución –ya que puede estar de pie– le posibilita observar cómodamente el cielo; así también su «memoria paradisíaca» le permite añorar lo alto y lo divino. Si bien la mitología de la antigüedad ha adulterado esta nostalgia con las pasiones carnales del mundo caído, la revelación bíblica –culminada con la Encarnación del Hijo de Dios– ha purificado la añoranza y ha devuelto al paraíso su sentido esencial como estado de convivencia con el Señor: «el Reino de Dios ya está entre (en) ustedes» (Lc 17:21). La necedad del rico de la parábola consiste en que desactivó esta memoria. Sus graneros gigantescos le taparon la vista y ya no advertía más allá de su vida mundana.

Un placer –dice un filósofo– se vuelve dolor cuando te adviertes de que acabará pronto: ahora comes, al rato tendrás hambre; descansas, luego te cansarás o padecerás enfermedad. No era así con Adán en el
Paraíso. Su permanencia con Dios garantizaba su permanencia en la dicha.

La Iglesia, como voz que clama en el desierto, no cesa de reavivar en nosotros la memoria del «Reino de Dios» como anhelo constante y criterio básico de nuestro pensamiento, sentimiento y actitud. Cuando el cristiano llena sus sentidos y los espacios de su vida con la Palabra de Dios, la Gracia obra en él mística e imperceptiblemente, transformando su subconciencia añorante en una conciencia verídica, y he aquí que se vuelve iniciado del Paraíso restaurado. Amén.

La presentación de la Madre de Dios en el Templo

21 de noviembre

Esta fiesta de la Virgen se atribuye en el Oriente, más o menos, al Siglo VII, mientras en el Occidente al siglo XIV. Se caracteriza la fiesta por una historia que tiene un sentido muy profundo.

La pareja virtuosa, Joaquín y Ana, siendo estéril, fue agraciada por Dios con el fruto del vientre: María. Cuando la llevaron al Templo donde iba a residir la niña de tres años, conforme a la promesa que habían dado, Joaquín llamó a unas hebreas vírgenes para que la acompañaran con lámparas. María los adelantó sin ningún temor o vacilación y, al llegar al atrio del Templo, se encontró con Zacarías, el sumo sacerdote, y se aventó a sí misma en sus brazos mientras él decía: “El Señor te glorifica en toda generación, pues he aquí que en ti, Dios revela en los últimos días la salvación preparada para su pueblo.”

Luego, a diferencia con los hábitos conocidos, Zacarías introdujo a la niña María en el Santo de los Santos –parte del Templo inaccesible a ninguno excepto el mismo sumo sacerdote que entraba una vez al año para ofrecer un sacrificio por los pecados del pueblo– y la asentó en el tercer escalón del Altar; la Gracia del altísimo descendió sobre ella, así que empezó a bailar de alegría. Todos los presentes glorificaron a Dios por todo lo que hubo de realizarse en esta niña.

Joaquín y Ana regresaron a su casa pero sin la niña. Ella permaneció en el Templo nueve años, asimilando lo celestial, sin preocupación ni pasión; las mismas necesidades de la naturaleza las superó, al igual que todos los deseos materiales, vivió totalmente para Dios, contemplando su hermosura. Con constante oración y vigilia, se transformó en un espejo que refleja la gloria de Dios. Con una mente purificada por el recogimiento y el ayuno, pudo sondear la profundidad de las Santas Escrituras y comprendió que todo el pasado tiempo era necesario para que Dios preparase para sí una madre elegida dentro de esta rebelde humanidad.

María entró en el Templo, y allá contuvo a Dios; el Templo ya es ella; ella es la Tienda, el Tabernáculo de la Nueva Alianza, la Jarra del Maná celestial, la vara de Aarón y la Tabla de la ley de la Gracia.

NOTICIAS

S.E. Arzobispo Antonio regresa del Patriarcado

Su Eminencia Metropolita Antonio Chedraoui, Arzobispo de nuestra Arquidiócesis regresó el 15 de noviembre de su viaje al Patriarcado después de participar en la reunión del Santo Sínodo Antioqueno … (más)

Recepción a S.E. Obispo Ignacio en Valencia

El viernes 11 de noviembre, Su Excelencia, Obispo Ignacio Samaán llegó a la ciudad de Valencia, Venezuela, en su primera visita pastoral a dicha ciudad… (más)

Cosagración episcopal: dos obispos auxiliares en Sao Paolo

El domingo 6 de noviembre, se llevó a cabo en la Catedral patriarcal, en Damasco, la consagración episcopal de Sus Ecelencias, Monseñor Romanos Daoud y  Monseñor Marcos El-Khoury, como obispo auxiliares … (más)

 

 

Boletín del 13/11/2011

2011

Memoria de San Juan Crisóstomo

Himnos de la Liturgia

Tropario de Resurrección

Tono 5icono_audio
Al coeterno Verbo, con el Padre y el Espíritu,
al Nacido de la Virgen para nuestra salvación,
alabemos, oh fieles, y prosternémonos.
Porque se complació en ser elevado en el cuerpo sobre la Cruz
y soportar la muerte,
y levantar a los muertos por su Resurrección gloriosa.

Tropario de San Juan Crisóstomo

Tono 8

La Gracia que por tu boca resplandeció como fuego,
ha iluminado el universo,
ha revelado al mundo los tesoros de la pobreza
y ha mostrado la excelsitud de la humildad.
¡Oh padre Juan Crisóstomo, cuyas palabras nos han educado,
intercede ante el Verbo, Cristo Dios, para que salve nuestras almas!

Condaquio de la Presentación de la Madre de Dios en el Templo

Tono 5

 Sagrado Templo del Señor y purísimo,
preciosa cámara nupcial y santísima,
cofre venerable de la Gloria de Dios,
en la casa del Señor, la Virgen hoy es presentada
y con ella la gracia del Espíritu Divino.
 Alábenle los ángeles de Dios porque ella es la tienda celestial.

Lecturas bíblicas

Carta del Apóstol San Pablo a los Hebreos (7: 26-8:2)

Hermanos: Así es el Sumo Sacerdote que nos convenía: santo, inocente, inmaculado, apartado de los pecadores, encumbrado por encima de los cielos, que no tiene necesidad de ofrecer sacrificios cada día como aquellos sumos sacerdotes, primero por sus pecados propios, luego por los del pueblo: esto lo realizó de una vez para siempre, ofreciéndose a sí mismo. Es que la Ley instituye como sumos sacerdotes a hombres frágiles; pero la palabra del juramento —posterior a la Ley— instituye al Hijo perfecto para siempre.

Éste es el punto capital de cuanto venimos diciendo: tenemos un Sumo Sacerdote tal, que se sentó a la diestra del trono de la Majestad en los cielos, ministro del santuario y del Tabernáculo verdadero, erigido por el Señor, no por un hombre.

Lectura del Evangelio según San Lucas (10: 25-37)

En aquel tiempo, se levantó un legista y le dijo a Jesús para ponerlo a prueba: «Maestro, ¿qué he de hacer para heredar vida eterna?» Él le dijo: « ¿Qué está escrito en la Ley? ¿Cómo lees?» Respondió aquél: «Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, con toda tu alma, con todas tus fuerzas y con toda tu mente; y a tu prójimo como a ti mismo.» Entonces le dijo: «Bien has respondido. Haz eso y vivirás.» Pero él, queriendo justificarse, dijo a Jesús: «Y ¿quién es mi prójimo?» Jesús le respondió y dijo: «Bajaba un hombre de Jerusalén a Jericó, y cayó en manos de salteadores que, después de despojarlo y golpearlo, se fueron dejándolo medio muerto. Casualmente, bajaba por aquel camino un sacerdote y, al verlo, dio un rodeo. De igual modo un levita que pasaba por aquel sitio lo vio y dio un rodeo. Pero un samaritano que iba de camino llegó junto a él, y al verlo tuvo compasión; se acercó y vendó sus heridas echando en ellas aceite y vino; y haciéndolo montar su propia cabalgadura, lo llevó a una posada y cuidó de él. Al día siguiente, sacando dos denarios, se los dio al posadero y dijo: “Cuida de él y, si gastas algo más, te lo pagaré cuando vuelva.”… ¿Quién de estos tres te parece que fue prójimo del que cayó en manos de los salteadores?» Él dijo: «El que practicó la misericordia con él.» Entonces Jesús le dijo: «Vete y haz tú lo mismo.»

Mensaje pastoral

¿Quién es mi prójimo?

La personalidad del hombre se define conforme a su reacción a su entorno, es decir, según su relación con el prójimo que Dios le pone en el camino. Estas relaciones sociales no forman meramente una parte de la vida sino que instituyen el sentido real de la misma; es menester enfatizarlo hoy en día, que el individualismo se ha vuelto la dignidad principal de la sociedad.

La pregunta que le preocupaba al legista de la lectura evangélica no es fácil de contestar: «¿Quién es mi prójimo?», al que tengo que amar como a mí mismo y cuya vida ocuparía de mi reinado un espacio significativo tanto cuanto la mía.

Para el judío de aquel entonces, merece este calificativo el hermano, el familiar o el judío, tomando en cuenta que en su concepto la religión equivale a la raza. El hombre contemporáneo también define «el prójimo» conforme a la ideología religiosa, política o nacional y, sobre todo, conforme al interés común.

La parábola de Cristo «el Buen samaritano», en cambio, establece la respuesta concluyente del Cristianismo sobre «el prójimo» en el siguiente término: ¡Amor!

Amor comprometido y expresado en misericordia; amor práctico incapaz de encerrarse insensiblemente lejos del entorno. ¿Qué significa la familia y la hermandad cuando el amor se opaca? ¿Qué figura la patria si el sentido de la responsabilidad se desvanece? Todas las relaciones en ausencia de amor vuelven redes que cautivan lastimosamente la individualidad de hombre a escapar. «Vete (hacia el prójimo) y haz tú lo mismo (que el buen samaritano)», dijo el Señor al legista. El prójimo es aquel hacia quien me dirijo. Cada hombre que se encuentra en mi ruta es mi prójimo: o me dirijo hacia él con misericordia o lo ignoro y así lastimo la proximidad.

Las garantías de la vida no se consiguen ignorando al prójimo sino sirviéndolo, porque la garantía está en Dios y no en el hombre. No hay comunión con Dios sin el amor al prójimo. No hay comunión con Dios en un corazón que no se apiada.

La familia, la raza y la patria son relaciones establecidas que ayudan pero lo que crea a una «prójimo» es el salir hacia él con misericordia.

«Vete (salte) y haz tú lo mismo».

San Juan Crisóstomo (13 de noviembre)

El más grande y amado entre todos los oradores cristianos, San Juan Crisóstomo, nació en Antioquia la Grande entre los años 344-347; provenía de una noble familia, sus padres fueron Secundo, funcionario civil en la administración militar de Siria, quien muere poco tiempo después del nacimiento de Juan; y Anthusa, una excelente mujer y una cristiana ejemplar, viuda a la edad de veinte años, quien se hizo cargo de la educación piadosa y esmerada de su hijo, así como de su primera hija. Juan recibió su enseñanza literaria del filósofo Anthragathius y de Livanio, el sofista, quien fuera el más grande maestro de la escuela retórica griega en aquel tiempo. Livanio era pagano, y cuando le preguntaron antes de su muerte a quien consideraba su mejor sucesor, contestó: “Por supuesto a Juan, si los cristianos no lo hubiesen separado de nosotros,” y sobre la madre de Juan opinó: “¡Qué dignas mujeres tienen los cristianos!”

Después de terminar sus estudios, Juan ocupó el puesto de abogado y se hizo muy famoso por su elocuencia. Pero muy pronto la vida mundana lo aburrió. Al recibir el bautismo a la edad adulta, según las costumbres de aquellos tiempos, quiso alejarse al desierto, pero se quedó en la ciudad por petición de su madre.

Mientras tanto el obispo de Antioquia, Meletio, se enteró de su extraordinaria inteligencia y lo ordenó lector en el año 370. En este tiempo Juan estaba estudiando las Sagradas Escrituras y otras ciencias relacionadas con la teología.

Al fallecer su madre, pudo cumplir su más gran deseo. Del año 374 al 381 vivió vida monástica en una ermita cerca de Antioquía; su extremo ascetismo minó su salud obligándolo a regresar a Antioquía, donde San Meletio lo ordenó diácono en el año 381.

San Meletio fue llamado a Constantinopla para presidir el Segundo Concilio Ecuménico durante el cual se durmió en el Señor. En el año 386 el obispo Flaviano ordena a Juan presbítero de la Iglesia de Antioquía. Los doce años de su servicio en Antioquia fueron los años más felices de su vida. Predicaba sin parar y participaba de manera muy activa en las alegrías y tristezas de sus parroquianos. Muchas veces sus sermones eran interrumpidos por fuertes aplausos. Juan calmaba al público diciendo: “¿Para qué me sirven sus aplausos? Arrepentimiento y conversión de vida hacia Dios, son los mejores elogios para mí de parte de ustedes.” Especialmente Juan se hizo famoso por sus palabras referidas a las desgracias que amenazaban a la gente de Antioquia por derrumbar las estatuas de los emperadores. Muy pronto, en todo el mundo cristiano Juan se hizo famoso como “El Crisóstomo” (Boca de oro) (este nombre le fue dado por su gran elocuencia). Dada su fama, fue elegido por el pueblo como sucesor de San Nectario –quien a su vez había sucedido a San Gregorio el Teólogo-; y fue consagrado obispo de Constantinopla el 28 de febrero de 398 por Teófilo, Patriarca de Alejandría.

Los primeros tiempos de su patriarcado fueron muy agradables para Juan: empezó a luchar con todas sus fuerzas contra lo que quedaba del arrianismo, por establecer la paz entre algunos obispos que estaban en conflicto y por corregir al clero y a los parroquianos. Pero esta enérgica actividad le trajo muchos enemigos, la más importante de entre ellos, la emperatriz Eudoxia, quien encabezaba la lucha contra Juan. Eudoxia era una mujer frívola y ambiciosa, había atraído a su grupo al arzobispo Teófilo y junto con él se unieron los obispos descontentos con Juan. Estos obispos organizaron un concilio en una ciudad cerca de Calcedonia llamada la Encina en agosto del 403 y condenaron a Juan a dejar la cátedra y al exilio en el Ponto.

“La iglesia de Cristo no comenzó conmigo ni terminará conmigo” — les dijo Juan a los fieles y dejó la capital. Pero la misma noche hubo un terrible terremoto y sus golpes más fuertes se escucharon en el palacio. Asustada Eudoxia mandó pedir al Crisóstomo que regresará a la ciudad. Pronto el ambiente de reconciliación se transformó en nuevos enfrentamientos con Eudoxia. Pasaron dos meses y Eudoxia se entregó nuevamente a sus pasiones y vicios. En la fiesta de San Juan Bautista, el Crisóstomo inició su sermón con estas palabras: “Ya se enfurece nuevamente Herodías, nuevamente se conmueve, baila de nuevo y nuevamente pide en una bandeja la cabeza de Juan”. Sus adversarios consideraron estas palabras como una alusión a Eudoxia. Esta vez Juan fue condenado por rebeldía y fue enviado al exilio a Cucusa en el año 404, en la frontera de Cilicia y Armenia, adonde durante tres años acudían desde Antioquía muchos de sus antiguos fieles, por lo que sus enemigos decidieron desterrarlo a Pitio, lugar inhóspito cerca del Cáucaso.

El arduo viaje de 3 meses estuvo lleno de contrariedades y sufrimientos; los rudos guerreros llevaban al Santo caminando a través de las montañas con calor y lluvia torrencial. El Santo no alcanzó a llegar a Pitio; entregó su alma al Señor cerca de Comana, en el Ponto, en la capilla del Mártir Basilisco, donde durante la noche, tuvo la visión del Santo Mártir, quien le dijo: “No te entristezcas, hermano, mañana estaremos juntos.” Al día siguiente, por la mañana, después de comulgar los Santos Dones, y de pronunciar las palabras: “¡Gloria a Dios por todo!” San Juan falleció en paz el 14 de septiembre de 407.

Sus santas reliquias fueron trasladadas a Constantinopla 31 años después por el Emperador Teodosio el Joven y Santa Pulqueria. Los hijos de Arcadio y Eudoxia con fervientes suplicas pidieron perdón por los pecados de sus padres; el retorno de estas santas reliquias es celebrado el 27 de enero. El Crisóstomo hizo exhaustivos comentarios sobre las Sagradas Escrituras y es el autor con más número de obras entre los Padres de la Iglesia. Nos dejó comentarios sobre todo el libro del Génesis, los Evangelios de San Mateo y San Juan, Hechos de los Apóstoles y sobre todas las epístolas de San Pablo; 1447 sermones y 240 epístolas. Junto con esta conmemoración y la del 27 de enero, se le conmemora con los jerarcas de la Iglesia Basilio el Grande y Gregorio el Teólogo el 30 de enero.

NOTICIAS

Comunicado del Santo Sínodo

Convocado por Su Beatitud el Patriarca Ignacio IV, el Santo Sínodo Ortodoxo Antioqueno, presidido por él, realizó su 48ª Sesión ordinaria, del 25 al 27 de octubre, 2011, en la Sede patriarcal del Monasterio de Nuestra Señora del Balamand (Líbano) … (más).

 

Caracas: Recepción a S.E. Obispo Ignacio

La comunidad de la Catedral de San Antonio Abad en Caracas, venezuela junto con su párroco, el Rev. Archimandrita José Dib, organizó el día 29 de octubre una recepción a Su Exelencia Obispo Ignacio Samaán … (más)

Cosagración episcopal: dos obispos auxiliares en Sao Paolo

El domingo 6 de noviembre, se llevó a cabo en la Catedral patriarcal la consagración episcopal de Sus Ecelencias, Monseñor Romanos Daoud y  Monseñor Marcos El-Khoury, como obispo auxiliares … (Más)

 

Boletín del 26/06/2011

2011

2°. Domingo después de Pentecostés

MP TH Beso ángel

Cuando las Mirróforas vieron la piedra removida, se alegraron
porque vieron a un joven sentado en el sepulcro que les dijo:
Cristo resucitó; decid a los Apóstoles y a Pedro:
Corran al monte de Galilea,
allá donde se les aparecerá a vosotros, oh amados,
tal como antes lo había dicho.

Exapostelario

Tropario de la Resurrección

Tono 1

Cuando la piedra fue sellada por los judíos
y tu purísimo cuerpo fue custodiado por los guardias,
resucitaste al tercer día, oh Salvador,
concediendo al mundo la vida.
Por lo tanto, los poderes celestiales clamaron a Ti:
Oh Dador de Vida,
Gloria a tu Resurrección, oh Cristo, gloria a tu Reino,
gloria a tu plan de salvación, oh Único, Amante de la humanidad.

Condaquio

Tono 4

Oh Protectora de los cristianos indesairable;
Mediadora, ante el Creador, irrechazable:
no desprecies las súplicas de nosotros, pecadores,
sino acude a auxiliarnos, como bondadosa,
a los que te invocamos con fe. 
Sé presta en intervenir y apresúrate con la súplica,
oh Madre de Dios, que siempre proteges a los que te honran.

Carta del Apóstol San Pablo a los Romanos (2: 10-16)

Hermanos: Gloria, honor y paz a todo el que obre el bien; al judío primeramente y también al griego; que no hay acepción de personas en Dios.

Pues cuantos sin ley pecaron, sin ley también perecerán; y cuantos pecaron bajo la ley, por la ley serán juzgados; que no son justos delante de Dios los que oyen la ley, sino los que la cumplen: ésos serán justificados (pues cuando los gentiles que no tienen ley cumplen naturalmente la ley, éstos, aunque no tengan ley, son ley para sí mismos; los cuales muestran la obra de la ley escrita en su corazón, como se lo atestigua su conciencia y sus diferentes juicios que ya los acusan, ya los defienden), en el día en que Dios juzgará los secretos de los hombres por Cristo Jesús, según mi Evangelio.

Evangelio según San Mateo (4: 18-23)

En aquel  tiempo, mientras Jesús caminaba por la ribera del mar de Galilea, vio a dos hermanos: Simón, llamado Pedro, y su hermano Andrés echando la red en el mar, pues eran pescadores, y les dijo: «Vengan conmigo, y los haré pescadores de hombres.» Y ellos al instante, dejando las redes, lo siguieron.

Más adelante, vio a otros dos hermanos, Santiago el de Zebedeo y su hermano Juan, que estaban en la barca con su padre Zebedeo arreglando sus redes; y los llamó. Ellos, al instante, dejaron la barca y a su padre, y lo siguieron.

Recorría Jesús toda Galilea enseñando en sus sinagogas, proclamando la Buena Nueva del Reino y curando toda enfermedad y toda dolencia del pueblo.

Fe que se vuelve un pescador

“Escucha, hija, mira y pon atento oído, olvida a tu pueblo y la casa de tu padre, y el rey se prendará de tu belleza” (Salmo 44: 12-13).

Ellos no habían presenciado un milagro, pero creyeron en la promesa: el Señor los llamó y, al instante, los sencillos pescadores no dudaron en seguirlo. Temeraria es la fe, podría decirse. Un padre latino, Jerónimo, escribía: “La fe verdadera no conoce intervalo: tan pronto oye, cree, sigue y se convierte en pescador.” Como puede inferirse en el Evangelio de san Juan (Jn 1: 35-42), el Bautista los había preparado para el encuentro: las ovejas escucharon al pastor y reconocieron su voz. Por ello, dejaron los peces y las redes, y salieron a pescar almas. Y, así, al abandonar su anterior labor, abandonaron también su ignorancia, su rudeza, y se transformaron, mediante la gracia del Espíritu Santo, en hombres sabios.

Digno es notar que el Evangelio menciona que Santiago y Juan estaban arreglando sus redes (quizá necesitaban alguna reparación o, simplemente, no estaban en condiciones para la pesca en ese momento) y no habían pescado nada; posteriormente, después de la Resurrección de Cristo, los apóstoles salen nuevamente a pescar y, siguiendo las instrucciones del Maestro, llenan abundantemente las redes. ¡Dichosa elección entre lo mundano y lo celestial! Poco importa lo mucho o poco que se abandona: lo que importa es el espíritu que se libera de lo material. Así, podemos entender con mayor claridad por qué nuestro Señor le dijo al que quería ser su discípulo, pero deseaba enterrar a su padre: «Sígueme, y deja que los muertos entierren a sus muertos» (Mt 8: 22). Que el mundo entierre lo del mundo y no sea obstáculo que postergue el llamado del Señor.

Los discípulos “creyeron que podrían ellos pescar a otros por la sola palabra que a Jesús habían oído y con que a ellos mismos los había pescado”, hace notar san Juan Crisóstomo. Y cada milagro de Jesús confirmaba la fe que habían depositado en Él.

Es nuestra elección acudir al llamado: que el mundo conozca a Dios será el resultado de la pesca. Que la red de su palabra se extienda sobre la mar; y nosotros, ignorantes y rudos, aprendamos a ser pescadores, por la gracia de su Espíritu Santo. Amén.

Rev. Padre Antonio Martínez
Iglesia de la Santa Trinidad
Guatemala,Guatemala

La vela y nuestra oración

Las velas encendidas en el templo y frente a los iconos son una tradición auténtica y una expresión sencilla y transparente de la devoción cristiana. Pero encender una vela, como los demás gestos litúrgicos, tiende a menudo a volverse un hábito que, haciéndolo  por costumbre, produce el descuido de lo que debe encenderse de virtudes y devociones en nuestro interior.

Tomando lo anterior en consideración, exponemos algunas frases de san Juan de Crontestad (un sacerdote ruso [1845-1920] que el pueblo ruso recuerda con gran fervor y que fue canonizado en 1992) a fin de animar nuestra conciencia:

«Las velas encendidas sobre el altar son el signo de la Luz de la Santísima Trinidad, pues Dios no mora sino en la Luz, y hacia Él, la oscuridad no se acerca ya que es como fuego que devora todo pecado o maldad.

Una vela encendida ante el icono de Cristo lo anuncia como la Luz del mundo, que ilumina a todo hombre que viene a Él.

Una vela encendida ante el icono de la Virgen la anuncia como la Madre de la Luz.

Una vela encendida ante el icono de un Santo lo anuncia como candil adornado, y puesto como faro alto, ilumina a todos los que están en la casa. Encendemos las velas como símbolos del ardor de nuestro celo hacia su santidad y amor, como señales de veneración, alabanza silenciosa y agradecimiento por la intercesión que nos brindan.

Cuando enciendo una vela, pido a Dios que me otorgue un corazón que arda con el fuego del santo celo y del amor puro, que queme los deseos y pecados que están dentro de mí.»

¿Por qué el incienso?

El incienso ofrecido indica la Presencia Divina: Dios está presente en la Iglesia, en los iconos, en los fieles y en todo el universo. Y cuando el sacerdote inciensa a cada uno de los presentes, inciensa la imagen de Dios en él; por eso, cuando se eleva ante nuestros ojos, nos inclinamos ofreciendo a Dios el templo de nuestro cuerpo para que sea su morada: “¡Ven a habitar en nosotros!”

Y mientras el incienso es dirigido hacia cada uno a la vez, contiene a todos juntos: formamos la Iglesia, y nuestra oración común se eleva con el aroma delicado que llena la casa de Dios con dulzura y devoción.

Sobre el amor al prógimo

+ Padre Paísio

Cuando uno ora con dolor ante Dios por su prójimo, el Buen Dios manda su Gracia abundantemente.

Si te amas a ti mismo por encima de los demás, infórmate que todavía no vives el pensamiento de Cristo.

Suaviza tu duro corazón ante las almas heridas según puedas, para que sea sensible y humilde, así, pidiendo la misericordia de Dios, alcanzarás.

Dios auxilia cuando, haciendo tuyos los problemas del prójimo, pides su misericordia. En ese momento, el justo Dios, al ver un cierto amor sincero, auxilia.

Cada vez que los hombres se alejan de la vida sencilla y natural, se les aumenta la inquietud humana. Y cada vez que la cortesía hipócrita se acrecienta, se pierden la sencillez, la alegría y la sonrisa humana natural.

Padre Ignacio: obispo auxiliar

Con la Gracia de Dios y bajo la inspiración del Espíritu Santo, el Santo Sínodo de la Iglesia Ortodoxa del Patriarcado de Antioquía … ha sido electo a la dignidad episcopal el Reverendo Archimandrita Ignacio Samaán con calidad de Obispo Auxiliar …        leer más

El Santo Sínodo: omunicado pastoral

En el Monasterio de Nuestra Señora de Balamand (Líbano), entre el 21 y el 23 de junio, se celebró el ciclo 47° del Santo Sínodo Antioqueno, presidido por Su Beatitud Ignacio IV (Hazim) en presencia de Sus Eminencias Padres del Santo Sínodo Antioqueno …     leer más

Boletín del 19/06/2011

2011

Domingo de Todos los Santos

todos los santos

Coronemos con cánticos al Bautista y Precursor,
a los Apóstoles, Profetas y Mártires;
Archisacerdotes, Ascetas, mujeres amantes de Dios
y a todos los justos junto con los coros angélicos,
pidiendo que, por sus ruegos, alcancemos la gloria que han obtenido,
gloria que brota de Cristo Salvador.
Exapostelario

Tropario de la Resurrección

Tono 8

icono_audioDescendiste de las alturas, oh Piadoso,
y aceptaste el entierro de tres días
para librarnos de los sufrimientos.
Vida y Resurrección nuestra, oh Señor, gloria a Ti.

Tropario de «Todos los Santos»

Tono 4

icono_audioOh Cristo Dios,
tu Iglesia, adornada con la sangre de tus mártires en todo el mundo,
como si fuera con fino lino y púrpura,
por ellos, te ruega diciendo:
envía tu piedad sobre tu pueblo,
otorga al mundo la paz,
y a nuestras almas la gran misericordia.

Condaquio de «Todos los Santos»

Tono 8

Oh Sembrador de la creación,
el universo Te ofrece, como primicias de la naturaleza,
a los Mártires, Portadores de Dios; 
por cuyas súplicas y las de la Madre de Dios,
conserva a tu Iglesia en profunda paz, oh Señor Todo Misericordia.

 Carta del Apóstol San Pablo a los Hebreos (11: 33-12: 2)

Hermanos: Los Santos, por la fe, sometieron reinos, hicieron justicia, alcanzaron las promesas, cerraron la boca a los leones; apagaron la violencia del fuego, escaparon del filo de la espada, sacaron fuerzas de la debilidad, se hicieron valientes en la guerra, rechazaron ejércitos extranjeros; las mujeres recobraron resucitados a sus muertos. Unos fueron torturados, rehusando la liberación por conseguir una resurrección mejor; otros soportaron burlas y azotes, y hasta cadenas y prisiones; apedreados, torturados, aserrados, muertos a espada; anduvieron errantes cubiertos de pieles de ovejas y de cabras; faltos de todo; oprimidos y maltratados, ¡hombres de los que no era digno el mundo!, errantes por desiertos y montañas, por cuevas y cavernas de la tierra. Y todos ellos, aunque alabados por su fe, no consiguieron la promesa. Dios tenía ya dispuesto algo mejor para nosotros, de modo que no llegaran ellos sin nosotros a la perfección.

Por tanto, también nosotros, ya que tenemos en torno nuestro tan gran nube de testigos, sacudamos todo lastre y el pecado que nos asedia, y corramos con paciencia la carrera que tenemos por delante, fijos los ojos en Jesús, autor y consumador de la fe.

Evangelio Según San Mateo (10: 32, 33, 37, 38; 19: 27-30)

Dijo el Señor a sus discípulos: «Por todo aquél que se declare por Mí ante los hombres, Yo también me declararé por él ante mi Padre que está en los cielos; pero a quien me niegue ante los hombres, le negaré yo también ante mi Padre que está en los cielos.

El que ama a su padre o a su madre más que a Mí, no es digno de Mí; el que ama a su hijo o a su hija más que a Mí, no es digno de Mí. El que no toma su cruz y me sigue detrás, no es digno de Mí.»

Entonces Pedro, tomando la palabra, le dijo: «He aquí que nosotros lo hemos dejado todo y te hemos seguido; ¿qué recibiremos, pues?» Jesús les dijo: «Yo les aseguro, que en la regeneración, cuando el Hijo del hombre se siente en su Trono de gloria, ustedes que me han seguido se sentarán también en doce tronos, para juzgar a las doce tribus de Israel. Y todo aquél que haya dejado casa, hermanos, hermanas, padre, madre, hijos o hacienda por mi Nombre, recibirá el ciento por uno y heredará vida eterna. Pero muchos primeros serán últimos y muchos últimos, primeros.»

La Santidad

La Iglesia ha tenido a bien designar el primer domingo de Pentecostés para conmemorar a todos los santos. La Santidad es la evidencia de la obra de gracia efectuada por la tercera persona de la Santísima Trinidad en el corazón de los creyentes. Contra lo que piensa la mayoría, que únicamente pocos fieles son llamados a la santidad, leemos en la Sagrada Escritura, que la voluntad de Dios es que todo su pueblo sea santo: “porque la voluntad de Dios es vuestra santificación” (1 Tes 4:3). Es por esto que, después de Pentecostés, El Espíritu Santo, la Tercera Persona de la Santísima Trinidad, santifica a la Iglesia, purificándola y dándole poder para vencer el poder y las fuerzas del mal. Antes de Pentecostés, los Apóstoles, como cualquier ser humano, tienen miedo y se esconden; después de Pentecostés, nada les arredra y, santificados, aunque los persiguen hasta el martirio, predican a Cristo resucitado.

La Santidad es pureza total, nuestro máximo galardón será ver a Dios tal cual Él es (1 Jn 3: 2). Pero para poder ver a Dios, el alma debe estar purificada, esto es, limpia de pecado. Cristo nos dice “bienaventurados los de limpio corazón, porque ellos verán a Dios” (Mt 5: 8). Abundan en la Sagrada Escritura las citas que nos enseñan que solo los de limpio corazón estarán frente al Altísimo; mencionemos solamente dos de ellas: “¿Quien subirá al monte de Yahvé?, ¿y quién estará en su lugar santo?, el limpio de manos y puro de corazón” (Sal 24: 3-4). “No entrará en ella (la nueva Jerusalén) ninguna cosa inmunda” (Ap 21: 27). El Espíritu Santo nos purifica de todo pecado, haciéndonos, precisamente, limpios y aptos para estar frente al Todopoderoso; así como el fuego purifica los metales en el crisol, quitando de ellos toda impureza, igualmente el fuego del Espíritu Divino nos limpia de toda impureza.

Otra fase de la Santidad en la Consagración total a Dios, esto implica dedicación, separación para con Dios. Los vasos del templo de Jerusalén, que fueron dedicados para el servicio de Dios, eran por lo tanto vasos santos; cuando el rey Belsasar mandó traer los vasos de oro del Templo para usarlos en la orgía que efectuaba en su palacio, la ira de Dios se manifestó, y apareció una escritura en las paredes de su palacio anunciándole su destino (Dn. 5: 2). El pueblo de Dios, que es un pueblo de sacerdotes y gente santa (Ex 19: 6), es un pueblo dedicado, consagrado, separado para la honra y gloria del Altísimo. Este tema es tan extenso que es imposible tratarlo en su totalidad en este pequeño espacio. Hagamos esta última reflexión: el Hombre, por sí mismo, no puede santificarse, por lo que debe entregarse y consagrarse al Todopoderoso, para ser santificado. Sigamos el ejemplo de aquellos santos que vivieron en el mundo, pero no amaron al mundo, y aumentaron sus virtudes con la fuerza del Espíritu Santo, y por esto muchos de ellos fueron al martirio por haberse consagrado a Dios, y prefirieron el martirio antes que apostatar de su Creador y Redentor.

Rev. Padre Mario Lara
Catedral de San Jorge
México D.F.

La intercesión de los santos

En este día, el domingo siguiente al de Pentecostés, y en el que recordamos a todos los coros de los santos sería de provecho recordar  porqué los veneramos y qué importancia tinen sus intercesiones.

Los primeros venerados por los cristianos fueron los mártires. Su restos se conservaban cuidadosamente como tesoros preciosos, no necesariamente por su poder milagroso sino por que estos fieles de Cristo lucharon la buena batalla e imitaron la muerte del Señor. Porque no son los mártires los que viven en ellos mismos, sino que es Cristo quien vive en ellos (Gal. 2:20). Una ves libre la iglesia de las persecuciones, se empezó a venerar al coro entero de los Santos que aunque no habían derramado su sangre, día con día testimoniaban su vida en el evangelio, en Cristo, aniquilando sus propios deseos y pasiones y solo deseando hacer la voluntad de su Señor. 

El concepto de la Iglesia sobre este punto está conectado con su comprensión de la muerte. Los fieles, desde los primeros tiempos, han acostumbrado orar los unos por los otros pidiendo la intercesión de los justos “la oración ferviente del justo tiene mucho poder” (Santiago 5,16).

Si la Iglesia nos enseña a pedir los ruegos de los justos vivos, cuanto más nos alienta a pedir las intercesiones de aquellos que ya han sido coronados con la victoria de la santidad. Pues, su muerte no ha sido más que un paso hacia la Vida. En las catacumbas romanas de los primeros siglos cristianos se encuentran testimonios como las siguientes oraciones: “Noria, seas bienaventurada y ruega por nosotros” y “Pedro y Pablo, rueguen por Víctor”.

Con la irrupción de la Iglesia en el ámbito pagano, y la entrada masiva de gentiles a las filas del cristianismo, algunas veces, la veneración a los santos se exageró, llegando estos a tomar el lugar de los dioses paganos. Esta situación se tradujo en una distanciamiento entre la teología y adoración cristiana por un lado y por el otro las prácticas cultuales de algunos grupos. Mas la Iglesia siempre conservó la transparencia de los santos: son lunas que reflejan la luz del Sol verdadero. Y esto es lo que ha enseñado siempre: los santos nos guían a Cristo.

Las cuatro velas

Cuatro velas encendidas suavemente hablaban entre ellos.

Dijo la primera: “Soy la vela de la paz; nadie en este mundo quiere que mi flama siga.” Y he aquí que su luz se apaga.

Dijo la segunda vela: “Yo soy la de la fe; en estos días parece que ya no soy de las cosas indispensables.” Y se empezó a sofocar.

Con tristeza, la tercera vela decía: “Soy la del amor; ya no tengo fuerza más para seguir iluminando; los hombres me han puesto a un lado y ya no reconocen mi valor; se han olvidado del amor aun a los más cercanos.” Al terminar su palabras, se extinguió completamente.

De repente, un niño entró en el cuarto y encontró sofocadas las tres velas. Empezó a llorar y decía: “¿Acaso no debían permanecer encendidas hasta el fin?”

Y al instante, el niño escuchó una voz suave –era la de la cuarta vela– que le decía blandamente: “¡No tengas miedo!, yo soy la vela de la esperanza. Mientras estoy encendida, puedes inflamar a mis hermanas.”

Con ojos brillantes, el niño agarró la vela de la esperanza y encendió las demás.

No dejes que la flama de la esperanza en la misericordia del Señor muera en tu corazón. Con la esperanza y la confianza en Dios, por más incómodas que sean las circunstancias, el amor, la fe y la paz volverán a iluminar tu vida esplendorosamente. 

 

Boletín del 12/06/2011

2011

Domingo del Pentecostés

Pentecostes
Oh Santísimo Espíritu que procedes del Padre
y que, por el Hijo, vienes sobre los iletrados Discípulos:
salva y santifica a todos los que te reconocen como Dios.
 
Exapostelario

Tropario de Pentecostés

Tono 8

icono_audio¡Bendito eres Tú, oh Cristo Dios nuestro,
que mostraste a los pescadores sapientísimos
 cuando enviaste sobre ellos el Espíritu Santo.
Y por ellos el universo pescaste!
¡oh Amante de la humanidad, gloria a Ti!

Condaquio de Pentecostés

Tono 8

icono_audioCuando el Altísimo descendió en Babel,
confundió las lenguas
y dispersó las naciones;
mas cuando repartió las lenguas de fuego,
llamó a todos a la unidad.
Por lo cual, glorificamos con una sola voz al Santísimo Espíritu.

Lectura de Hechos de los Apóstoles (2: 1-11)

Al llegar el día de Pentecostés, estaban todos reunidos en un mismo lugar. De repente vino del cielo un ruido como el de una ráfaga de viento impetuoso, que llenó toda la casa en la que se encontraban. Se les aparecieron unas lenguas como de fuego que se repartieron y se posaron sobre cada uno de ellos; quedaron todos llenos del Espíritu Santo y se pusieron a hablar en otras lenguas, según el Espíritu les concedía expresarse. Había en Jerusalén judíos, hombres piadosos que allí residían, venidos de todas las naciones que hay bajo el cielo. Al producirse aquel ruido la gente se congregó y se llenó de estupor al oírles hablar cada uno en su propia lengua. Estupefactos y admirados decían: «¿Es que no son galileos todos estos que están hablando? Pues, ¿cómo cada uno de nosotros les oímos en nuestra propia lengua nativa? Partos, medos y elamitas; habitantes de Mesopotamia, Judea, Capadocia, el Ponto, Asia, Frigia, Panfilia, Egipto, la parte de Libia fronteriza con Cirene, forasteros romanos, judíos y prosélitos, cretenses y árabes, todos les oímos hablar en nuestra lengua las maravillas de Dios.»

Evangelio según San Juan (7:37-52, 8:12)

 En el último día de la fiesta, que es el más solemne, Jesús se puso de pie, y alzo la voz diciendo: «Si alguno tiene sed, venga a Mí y beba. El que crea en Mí, como dice la Escritura, de su interior emanarán ríos de agua viva.» Esto lo dijo refiriéndose al Espíritu Santo, que iban a recibir los que creyesen en Él; pues aún no había venido el Espíritu Santo, porque Jesús todavía no había sido glorificado. Muchos entre la gente, al escuchar estas palabras, decían: «Éste ciertamente es el profeta.» Otros decían: «Éste es el Cristo.» Mas algunos replicaban: «¿Por ventura el Cristo va a venir de Galilea? ¿No dice la Escritura que del linaje de David, y de Belén, donde David moraba, vendrá el Cristo?» Con esto, se suscitaron disputas entre la gente del pueblo sobre Él. Algunos de ellos querían prenderlo, pero nadie le echó mano.

Los guardias volvieron a los sumos sacerdotes y fariseos, y éstos les dijeron: «¿Por qué no lo han traído?» Respondieron los guardias: «Jamás hombre alguno ha hablado como habla este hombre.» Les dijeron los fariseos: «¿También ustedes se han dejado engañar? ¿Acaso algún magistrado o fariseo ha creído en Él? Pero esa gente que no conoce la Ley son unos malditos.» Les respondió Nicodemo, el que  había ido antes a ver a Jesús y que era uno de ellos: «¿Acaso nuestra Ley condena a un hombre sin haberle oído  primero  y  sin   saber   lo   que hace?» Le respondieron así: «¿Es que tú también eres de Galileo? Examina bien las Escrituras, y verás que de Galilea no ha salido ningún profeta.»

Jesús les habló de nuevo y dijo: «Yo soy la Luz del mundo. El que me siga no caminará a oscuras, sino que tendrá  la luz de la vida.

Pentecostés: la ley del amor

Hoy, cincuenta días después de la Pascua, celebramos Pentecostés que era para los judíos la fiesta de la entrega de Lay a Moisés y por medio de él al pueblo de Israel. Entonces no es extraño que Dios elija este día para el descenso del Espíritu Santo y, Por lo tanto, para que esta fiesta sea la memoria de la institución de la Iglesia, la Nueva Alianza. Dios nos dio la ley para conocerlo por medio del prójimo; esta definición queda más obvia en las enseñanzas del Nuevo Testamento por eso dice San Pablo: “Ustedes son una carta que Cristo escribió por intermedio nuestro, no con tinta, sino con el Espíritu del Dios viviente, no en tablas de piedra, sino de carne, es decir, en los corazones” (2Cor 3:3). Según esta expresión, el corazón del creyente formará el arca de la alianza que guarda el evangelio de la Gracia, de tal suerte que las obras, los pensamientos y las palabras del hombre surgan conforme a la nueva ley que Jesús resumió en un solo mandamiento: el amor.

Era necesario el caminar gradual desde la ley de Moisés hasta el Evangelio de Jesucristo, porque Dios hablaba con el ser humano con lo que éste entendía según dice san Pablo: “Cuando llegue lo que es perfecto, cesará lo que es imperfecto. Mientras yo era niño, hablaba como un niño, sentía como un niño, razonaba como un niño, pero cuando me hice hombre, dejé a un lado las cosas del niño.” (1Cor 13:10-11).

La Ley del Antiguo Testamento no fue anulada sino fue cumplida por las enseñanzas de Jesús que mostraron el propósito real de ella. Sin embargo los mandamientos: “no matarás”, “no robarás” y muchos otros son, inicialmente, para distinguir el bien del mal, y se habían dado para los que no conocían la voluntad de Dios por la dureza de su corazón y por el oscurecer de la imagen de Dios en ellos. Con Jesucristo aprendemos que los mandamientos no son para amarrar a la persona sino para enseñarle el amor al prójimo y a todas las creaturas.

Leemos en el Evangelio de hoy que por haber malentendido la Ley como normas y castigos, los sumos sacerdotes y los fariseos rechazaron a Jesucristo y consideraron como malditos a los creyentes en Él que no conocían la Ley. En cambio, el descenso del Espíritu Santo hoy unió a todos que empezaron a entender y aceptar el uno al otro como escuchamos en la lectura de Hecho de los Apóstoles. Entonces hoy en la fiesta de Pentecostés conmemoramos el nacimiento de la Iglesia, la Nueva Alianza, que une al hombre con su prójimo y luego, a los dos con Dios; a partir de este Día comprendemos que la Ley, los mandamientos y toda buena dádiva que viene de Dios son para unir a todos en el amor.

Icono de Pentecostés

PentecostesHe aquí a los discípulos reunidos en Jerusalén, como lo había mandado el Señor el día de su Ascensión: “que no se ausentaran de Jerusalén, sino aguardaran la promesa del Padre” (He.1:4).

Es La misma sala en la que comieron la pascua con el Señor. En el icono se ve como un edificio que adorna la imagen, mas el evento no ocurre dentro, el lugar no lo contiene; la reunión de los apóstoles está por encima del tiempo y del espacio.

Los apóstoles que están en el icono, en el grupo de la derecha, son: Pablo, Juan, Lucas, Andrés, Bartolomé y Felipe; y en el de la izquierda: Pedro, Mateo, Marcos, Santiago, Simón y Tomas. Esta lista y en este orden es la que vemos en los iconostasios de todas las iglesias. Notemos que hay tres apóstoles que no se encuentran en el grupo de los Doce: los santos Pablo, Lucas y Marcos, mas la importancia de sus obras en la Iglesia hizo necesario que se contaran entre los apóstoles, pues el iconógrafo, como un teólogo, expresa el significado de “Apóstol” en un sentido mas amplio superando la restricción literal del concepto. Pablo es el apóstol de las naciones y Marcos y Lucas son dos de los Evangelistas fundamentales en la difusión y conservación de la fe.

 En el icono las lenguas de fuego, brotando de la misma fuente, representan al Espíritu Santo que viene sobre cada apóstol personalmente, otorgándole los diferentes talentos o dones en la unidad de la Iglesia.  

¿Quién es el hombre que está abajo en el icono? Este coronado rey representa a las naciones, al universo que espera el Don del Espíritu Santo. Está encarcelado en una oscura cueva, pues, todavía no ha sido iluminado con la Luz de Cristo. Es un viejo cansado que lleva sobre sí el pecado del hombre caído. Es rehén del jefe de este mundo, satanás. El iconógrafo lo representa humilde y tranquilo, cargando una tela con doce manuscritos que simbolizan las voces de los apóstoles.

En pocas palabras, el icono nos presenta dos planos: uno, la nueva tierra, el universo divinizado y ardiente por el fuego divino; y, otro, el de rey encarcelado en su oscuridad, adornado con las joyas de este mundo pero esperando la Luz y anhela la lluvia que viene del cielo como lenguas de fuego y que inunda con su abundante gracia.

San_SiluanSobre el Espíritu Santo

“Oh Santo Espíritu, ¡qué dulce eres para mi espíritu que no te puedo describir! Pero el alma conoce tu presencia, mientras que otorgas a la mente la paz y al corazón la finura.”

“Oh Santo Espíritu, ven y consolida tu morada en nosotros para que todos, con una sola voz, glorifiquemos y alabemos a nuestro Creador: Padre, Hijo y Espíritu Santo.”

San Silvano de Athos

“El objeto de la vida Cristiana es obtener el Espíritu Santo. La oración, la vigilia, la obstinación y las obras de caridad que se ejecutan por Cristo, todos son medios para obtener al Espíritu Santo.”

San Serafín de Sarov

patriarca“…Quizás no lo comprendemos y no nos demos cuenta de lo que obra el Espíritu Santo en nosotros, y eso es porque no tenemos la completa pureza y claridad. No obstante que, por alguna vez, sentimos las gotas del Espíritu que, como el rocío, descienden en nuestra alma santificándola. Pues, ¿qué culpa tiene el Espíritu Santo si nuestros ojos están recubiertos y no lo vemos? ¿Qué culpa tiene el Espíritu si, mientras Él por su parte desciende sobre nosotros y sobre cada uno,  y en cambio, nosotros somos incapaces de distinguirlo en nosotros mismos o en los demás? ¿Qué culpa tiene el Espíritu Santo si nuestras almas están enfermas y no poseen la transparencia suficiente para la visión del Espíritu y la comprensión de su manifestación? …”

Patriarca Ignacio IV

Felicitación

Con motivo de la Fiesta de Pentecostés felicitamos en especial a la Hermandad del Monasterio de la Santa Trinidad, en Guatemala, y a la Rev. Abadesa Madre Inés deseándoles una celebración llena de bendición y ánimo para cruzar en paz y alegría la misión que Dios les ha dispuesto.

Ver la visita de Su Eminencia a Guatemala en 2007

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Boletín del 05/06/2011

2011

Domingo de los S. Padres

del 1er.Concilio Ecuménico

Ascención I

Oh Cristo, mientras los discípulos te miraban subir al Padre
para sentarte a su lado,
los ángeles se apresuraban clamando:
“Levantad las puertas, levantadlas,
pues el Rey ascendió a la Gloria de su Luz substancial.”

Exapostelario

Tropario de la Resurrección

Tono 6

icono_audioLos poderes celestiales aparecieron sobre tu sepulcro;
y los guardias quedaron como muertos;
María se plantó en el sepulcro
buscando Tu Cuerpo Purísimo;
sometiste al hades sin ser tentado por él;
y encontraste a la Virgen otorgándole la vida.
¡Oh Resucitado de entre los muertos, Señor, gloria a Ti!

Tropario de la Divina Ascensión

Tono 4

icono_audioAscendiste con gloria, oh Cristo Dios nuestro,
y alegraste a tus discípulos con la promesa del Espíritu Santo
confirmándoles con tu bendición que eres el Hijo de Dios,
el Salvador del mundo.

Tropario de los Santos Padres del 1er. Concilio Ecuménico

Tono 8

icono_audio¡Glorificado eres Tú oh Cristo Dios nuestro,
que cimentaste a los santos padres en la tierra como astros,
por los cuales nos dirigiste a la verdadera fe!
¡oh Misericordioso, gloria a Ti!

Condaquio de la Divina Ascensión

Tono 6

Cuando concluiste el plan de nuestra Redención
uniendo a los terrenales con los celestiales,
ascendiste glorioso a Tu lugar, oh Cristo nuestro Dios,
aunque no Te habías desprendido de él,
pues permaneciste siempre firme en él,
y clamando a los que amas:
«Yo estoy con vosotros y nadie estará en contra».

Lectura de Hechos de los Apóstoles (20:16-18, 28-36)

 En aquellos días: Pablo había resuelto pasar de largo por Efeso, para no perder tiempo en Asia. Se daba prisa, porque quería estar, si le era posible, el día de Pentecostés en Jerusalén. Entonces desde Mileto envió a llamar a los presbíteros de la Iglesia de Efeso. Cuando llegaron donde él, les dijo:

«Tengan cuidado de ustedes y de toda la grey, en medio de la cual les ha puesto el Espíritu Santo como vigilantes para pastorear la Iglesia de Dios, que Él se adquirió con su propia sangre.

Yo sé que, después de mi partida, se introducirán entre ustedes lobos crueles que no tendrán clemencia del rebaño; y también que de entre ustedes mismos se levantarán hombres que hablarán cosas perversas, para arrastrar a los discípulos detrás de sí. Por tanto, vigilen y acuérdense que durante tres años no he cesado de amonestarles día y noche con lágrimas a cada uno de ustedes.

Ahora, hermanos, les encomiendo a Dios y a la Palabra de su Gracia, que tiene poder para edificarlos y darles la herencia con todos los santificados.

Yo de nadie codicié plata, oro o vestido. Ustedes saben que estas manos proveyeron a mis necesidades y a las de mis compañeros. En todo les he enseñado que es así, trabajando, como se debe socorrer a lo débiles y que hay que tener presentes las palabras del Señor Jesús, que dijo: Mayor felicidad hay en dar que en recibir.»

Dicho esto, se puso de rodillas y oró con todos ellos.

Evangelio según San Juan (17:1-13)

En aquel tiempo, Jesús alzó los ojos al cielo y dijo: «¡Padre!, ha llegado la hora; glorifica a tu Hijo, para que tu Hijo te glorifique a Ti. Y según le has dado potestad sobre toda carne, dé también vida eterna a todos los que le diste. Y ésta es la vida eterna: que te conozcan a Ti, el único Dios verdadero, y a Jesucristo, a quien has enviado.

Yo te he glorificado en la tierra, y he llevado a cabo la obra que me encomendaste. Ahora glorifícame, ¡oh Padre!, junto a Ti, con la gloria que tenía a tu lado antes que fuese el mundo. He manifestado tu Nombre a los hombres que del mundo me has dado. Tuyos eran, y me los has dado, y han guardado tu palabra. Ahora han conocido que todo lo que me has dado, viene de Ti, porque las palabras que me diste, les he dado; y ellos las han recibido y han conocido verdaderamente que vengo de Ti, y han creído que Tú me enviaste. Yo ruego por ellos, no ruego por el mundo, sino por los que me has dado, porque tuyos son, y todo lo mío es tuyo, y todo lo tuyo es mío; y he sido glorificado en ellos. Yo ya no estoy en el mundo, pero ellos sí están en el mundo; yo voy a Ti.

¡Oh Padre Santo!, guarda en tu Nombre a los que me has dado, para que sean uno, así como Nosotros. Cuando estaba con ellos en el mundo, yo los guardaba en tu Nombre; a los que me has dado, yo los guardaba, y ninguno de ellos se ha perdido, salvo el hijo de la perdición, para que la Escritura se cumpliese. Pero ahora voy a Ti, y digo esto en el mundo, para que tengan en sí mismos mi alegría en su plenitud.»

El icono de la Divina Ascensión

Ascención ICristo, después de su Resurrección se manifestó varias veces a los discípulos, a las Mirróforas, a más de quinientas personas como nos cuenta San Pablo, y a muchos otros confirmando su Resurrección. Cuarenta días después, ascendió a los cielos. Este acontecimiento, que festejamos el Jueves pasado, nos lo conservó San Lucas en su Evangelio: «mientras los bendecía, se separó de ellos y fue llevado al cielo.» (Lc 24:51).

El icono de la Ascensión nos ilustra el pasaje evangélico: Cristo asciende al Cielo rodeado por un halo de Luz que expresa su Gloria divina, sin embargo su vestimenta parece igual a la de los apóstoles; pues con su Ascensión ha elevado con Él a la naturaleza humana. La Ascensión del Señor no es un traslado de lugar (de la tierra al cielo) sino que significa la salida del espacio de lo creado y el ingreso en el divino y eterno. Cristo, elevó nuestra naturaleza humana a donde nunca había estado.

La Virgen en el centro del icono eleva sus manos orando en silencio; ella representa la Iglesia, ya que su seno era el lugar de reunión entre lo humano y lo divino, así como la Iglesia lo es a partir de Pentecostés.

Los dos ángeles vestidos de blanco dicen a los apóstoles: «¿Qué hacéis ahí mirando al cielo? Éste que os ha sido llevado, este mismo Jesús, vendrá así tal como le habéis visto subir al cielo.» (Hch1: 11)

Los apóstolos, con un movimiento vital, expresan el gozo de recibir la bendición del Hijo de Dios; tristes por ser separados de Él, pero optimistas por la promesa del Espíritu Santo que haría perpetua la Presencia de Jesús en sus corazones. Algunos de ellos miran hacia la Ascensión pero otros contemplan a la Virgen: ¿cómo en tu seno ha cabido el Rey de la Gloria?

El icono de la Ascensión es ilustración de la Iglesia cuya Cabeza es nuestro Señor Jesucristo, cuya imagen es la Virgen, y cuyos pilares son los Apóstoles.

Concilio de Nicea

fathersecumenicalcouncilsCon la asistencia de 318 obispos de Europa, África y Asia, se celebró en Necea, a mediados del año 325 d.C, el primer concilio ecuménico de la Iglesia, convocado, ciertamente, por el emperador Constantino el Grande, y presidido, al parecer, por Eustacio, obispo de Antioquía. Destaca la presencia en este concilio de un grupo numeroso de Padres que, por su fe, dieron un ejemplo vivo de vida en Cristo, como son San Nicolás de Mira, Espiridión de Trimitos, Macario de Jerusalén, y el Diácono, en ese entonces, san Atanasio el Grande.

En el primer tercio del Siglo IV, el pueblo cristiano se encontraba dividido y confundido por la predicación de un diácono libio, Arrio, que rechazaba la divinidad de Cristo, y enseñaba que el Señor era criatura y no creador y, por lo tanto, no era ni eterno ni consubstancial al Padre. Así mismo decía que sólo en forma alegórica se le nombraba «Hijo», «Sabiduría» y «Poder» de Dios. Después de intentos vanos de parte del patriarca de Alejandría para convencerle de su error, más tarde, su doctrina fue condenada, y Arrio fue despojado de sus grados clericales por un concilio local celebrado en Alejandría en el año 321 al que asistieron 100 obispos de Egipto y Libia.

El 1er. Concilio Ecuménico reunido en la plaza central del palacio imperial en Necea se enteró de la enseñaza de Arrio y la condenó como herética confirmando la fe establecida en el Evangelio y que aún sostiene la Iglesia: Cristo es verdadero Dios. Con ello, los Padres del concilio no inventaban un dogma nuevo, sino que se afirmaban en la doctrina de los santos Apóstoles y consolidaban sus enseñanzas: «Nosotros estamos en el Verdadero, en su Hijo Jesucristo. Éste es el Dios verdadero y la Vida eterna», dice Juan el evangelista (1Jn 5:20). Sobre esta base el concilio expresó su fe en el Padre y El Hijo dictando la primera parte del Credo, o Símbolo de Necea. Por las oraciones de los Santos Padres, Señor, ten piedad de nosotros. AMÉN.

Una experiencia cristiana: los cinco idiomas

Madre Gavrilia (+1992)

gavriliaCuando estaba en India, una vez me encontré con un misionero que me dijo: “Puedes ser una mujer bondadosa pero no buena cristiana.” Le pregunté: “¿Por qué?” “Porque ya tienes mucho tiempo aquí y no hablas más que inglés. ¿Cuántas lenguas locales has aprendido?” Contesté: “En realidad no he tenido tiempo para aprender, corro de un lado a otro, siempre atendiendo a mis pacientes (ella ofrecía gratuitamente terapia de pie) y lo único que sé decir es ¡buenos días! y ¡buenas noches!”. “Entonces no eres una buena cristiana –me recalcó– y mucho menos misionera. Mira a los misioneros católicos y protestantes cuántos dialectos aprenden.” Yo rezaba en mi corazón con mucho fervor: “¡Dios mío, dame una respuesta!” Luego dije: “Ah! Me acordé. Yo uso cinco idiomas.” “De veras. ¿Cuáles?” Contesté confiadamente: “el primero, la sonrisa; el segundo, las lágrimas; el tercero, el tacto; el cuarto, la oración; y el quinto, el amor… con estos cinco idiomas he viajado en todo el mundo.” El hombre, perplejo, empezó a buscar una pluma para apuntar. Eso es cierto: con estas cinco herramientas todo el mundo es tuyo.

(Fragmentos tomados del libro, Mother Gavrilia, the Ascetic of Love, Nun Gavrilia, Greece 2000) 

La ordenación del Padre Emiliano

(Fotos)

 

Boletín del 29/05/2011

2011

Domingo de la curación del ciego

domingo del ciego

“Oh Señor, ilumina mis ojos espirituales
oscurecidos con las tinieblas del pecado;
úntalos con la humildad, oh Misericordioso,
y lávalos con las lágrimas del arrepentimiento.”

Exapostelario

Tropario de la Resurrección

Tono 4

Al coeterno Verbo, con el Padre y el Espíritu,
Al Nacido de la Virgen para nuestra salvación,
alabemos, oh fieles, y prosternémonos.
Porque se complació en ser elevado en el cuerpo sobre la Cruz
y soportar la muerte,
y levantar a los muertos por su Resurrección gloriosa.

Condaquio de la Pascua

Tono 8

Cuando descendiste al Sepulcro, oh Inmortal,
destruiste el poder del Hades;
y al resucitar vencedor, oh Cristo Dios,
dijiste a las mujeres Mirróforas: «¡Regocíjense!»;
y a tus discípulos otorgaste la paz,
Tú que  concedes a los caídos la resurrección.

Lectura de Hechos de los Apóstoles (16: 16-34)

En aquellos días: sucedió que mientras íbamos a la oración, nos vino al encuentro una muchacha  esclava poseída de un espíritu adivino, que pronunciando oráculos producía mucho dinero a sus amos. Nos seguía a Pablo y a nosotros gritando: «Estos hombres son siervos del Dios Altísimo, que os anuncian un camino de salvación.» Venía haciendo esto durante muchos días. Cansado Pablo, se volvió y dijo al espíritu: «En nombre de Jesucristo te mando que salgas de ella.» Y en el mismo instante salió.

Al ver sus amos que se les había ido su esperanza de ganancia, prendieron a Pablo y a Silas y los arrastraron hasta el ágora, ante los magistrados; los presentaron a los pretores y dijeron: «Estos hombres alborotan nuestra ciudad; son judíos y predican unas costumbres que nosotros, por ser romanos, no podemos aceptar ni practicar.» La gente se amotinó contra ellos; los pretores les hicieron arrancar los vestidos y mandaron azotarles con varas. Después de haberles dado muchos azotes, los echaron a la cárcel y mandaron al carcelero que los guardase con todo cuidado. Éste, al recibir tal orden, los metió en el calabozo interior y sujetó sus pies en el cepo.

Hacia la media noche Pablo y Silas estaban en oración cantando himnos a Dios; los presos les escuchaban. De repente se produjo un terremoto tan fuerte que los mismos cimientos de la cárcel se conmovieron. Al momento quedaron abiertas todas las puertas y se soltaron las cadenas de todos. Despertó el carcelero y al ver las puertas de la cárcel abiertas, sacó la espada e iba a matarse, creyendo que los presos habían huido. Pero Pablo le gritó: «No te hagas ningún mal, que estamos todos aquí.»

El carcelero pidió luz, entró de un salto y tembloroso se arrojó a los pies de Pablo y Silas, los sacó fuera y les dijo: «Señores, ¿qué tengo que hacer para salvarme?» Le respondieron: «Ten fe en el Señor Jesús y te salvarás tú y tu casa.» Y le anunciaron la Palabra del Señor a él y a todos los de su casa. En aquella misma hora de la noche el carcelero los tomó consigo y les lavó las heridas; inmediatamente recibió el bautismo él y todos los suyos. Les hizo entonces subir a su casa, les preparó la mesa y se alegró con toda su familia por haber creído en Dios.

Evangelio según San Juan (9:1-39)

En aquel tiempo, Jesús al pasar, vio a un hombre ciego de nacimiento; sus discípulos le preguntaron: «Maestro, ¿quién pecó, éste o sus padres?» Jesús respondió: «Ni él pecó ni sus padres, sino para que las obras de Dios se manifiesten en él. Conviene que Yo haga las obras del que me ha enviado mientras es de día; viene la noche cuando nadie puede trabajar. Mientras estoy en el mundo, Yo soy la Luz del mundo.»

Dicho esto, escupió en la tierra e hizo lodo con la saliva, y untó con el lodo los ojos del ciego, y le dijo: «Vete y lávate en la piscina de Siloé» (palabra que significa “el enviado”). Él fue y se lavó allí, y cuando volvió veía claramente.

Sus vecinos y los que antes solían verlo pedir limosna decían: «¿No es éste el que se sentaba aquí y pedía limosna?» Unos decían: «Es él», otros en cambio: «No, es uno que se le parece.» Pero él afirmaba: «Sí, soy yo.» Le preguntaban, pues: «¿Cómo se te han abierto los ojos?» Contestó: «Aquel hombre que se llama Jesús hizo un poquito de lodo, me untó los ojos, y me dijo: “Vete a la piscina de Siloé y lávate allí.” Fui, me lavé, y ahora veo.» Le preguntaron: «¿Dónde está ése?» Respondió: «No lo sé.»

 Lo llevaron, pues, ante los fariseos al que había sido ciego. Pero es de advertir que ese día en que Jesús hizo el lodo y le abrió los ojos al ciego era sábado. Nuevamente, pues, los fariseos le preguntaban también cómo había recobrado la vista. El les respondió: «Puso lodo sobre mis ojos, me lavé, y veo.» Sobre lo que decían algunos de los fariseos: «No viene de Dios este hombre, pues no guarda el sábado.» Otros decían: «¿Cómo un hombre pecador puede realizar tales señales?» Y había desacuerdo entre ellos. Entonces volvieron a decirle al ciego: «Y tú ¿qué dices del que te ha abierto los ojos?» Respondió: «Que es un profeta.» Pero, por lo mismo, no creyeron los judíos que hubiese sido ciego, hasta que llamaron a sus padres y les preguntaron: «¿Es éste su hijo, de quien dicen que nació ciego? ¿Cómo es que ahora ve?» Sus padres les respondieron: «Sabemos que éste es hijo nuestro, y que nació ciego, pero cómo ahora ve, no lo sabemos, ni tampoco sabemos quién le ha abierto los ojos; pregúntenle a él, edad tiene y puede responder por sí mismo.» Esto dijeron sus padres por miedo a los judíos, porque los judíos se habían puesto de acuerdo en echar de la sinagoga a cualquiera que reconociese a Jesús por el Cristo. Por eso dijeron: «Edad tiene: pregúntenle.»

Llamaron, pues, otra vez al hombre que había sido ciego, y le dijeron: «¡Da gloria a Dios! Nosotros   sabemos   que   ese   hombre   es    un pecador.» Él respondió: «Si es pecador, yo no lo sé; sólo sé que yo antes era ciego y ahora veo.» Le replicaron: «¿Qué hizo él contigo? ¿Cómo te abrió los ojos?» Les respondió: «Ya se lo he dicho y no me han oído, ¿por qué quieren oírlo otra vez? ¿Acaso será que también ustedes quieren hacerse discípulos suyos?» Entonces comenzaron a insultarlo. Y le dijeron: «Tú eres discípulo de ése; nosotros somos discípulos de Moisés. Nosotros sabemos que a Moisés le habló Dios, mas éste no sabemos de dónde es.» Respondió aquel hombre y les dijo: «Aquí está lo extraño:  me  ha  abierto  los  ojos  y ustedes no saben de donde viene… Sabemos que Dios no escucha a los pecadores, sino que al que teme a Dios y hace su voluntad, a éste le escucha. Desde que el mundo es mundo no se ha oído jamás que alguien haya abierto los ojos de un ciego de nacimiento. Si este hombre no fuese de Dios, no podría hacer nada de lo que hace.» Le respondieron: «Saliste del vientre de tu madre envuelto en pecado, ¿y nos das lecciones?» Y lo echaron fuera.

 Oyó Jesús que lo habían echado fuera, y encontrándolo, le dijo: «¿Crees en el Hijo de Dios?» Respondió él y dijo: «¿Y quién es, Señor, para que crea en Él?» Le dijo Jesús: «Lo has visto; es el mismo que está hablando contigo.» Él entonces dijo: «Creo, Señor.» Y se postró ante Él.

Curación-conversión

No sabía ni cómo ni por qué Jesús lo sanó y lo volvió hacia Él, pero si sabía que su vida había cambiado radicalmente; no solo porque ahora veía y todo se iluminaba a su alrededor, sino porque ahora creía. En él nacían tanto la alegría de vivir y gratitud hacia Aquel que lo había curado, como confianza, respeto y fidelidad. Antes, en aquélla ceguedad que le envolvía, ¿qué luz podría brillar, qué verdad, qué esperanza, qué camino podría haber? La gracia de la vida aguardaba su manifestación: recibir la luz que disipara las tinieblas. No solo el cuerpo, del ciego de nacimiento, carecía de las lámparas que lo iluminaran, sino también su alma estaba oscurecida. Al estar imposibilitado de ver las obras de Dios, en las que Él nos revela su poder y divinidad desde la creación del mundo, su alma se encontraba privada de la luz de este conocimiento.

Que su ceguera interior era, incluso, más grande que la corporal se puede ver en el hecho de que ésta última es erradicada de inmediato: Ese hombre que se llama Jesús, hizo barro, me untó los ojos y me dijo: Vete a Siloé y lávate. Yo fui, me lavé y vi.  Mientras, la oscuridad  de los ojos de dentro, más densa, se desvanece solo paso a paso ante la luz. Impedido por la ceguera para actuar libremente, está limitado también para ejercitar su propia voluntad. De hecho no es libre, es, por el contrario, totalmente dependiente. Por eso, cuando la luz irrumpe en su oscuridad y ve, también ve y vive su liberación, su capacidad de decidir, de aceptar o rechazar, de creer o no creer. En la iluminación corporal que le es concedida no interviene su voluntad, es obra de la sola gracia divina. En la interior, el Señor  le deja en plena libertad de decidir según su voluntad qué hacer con la luz que Él le concede. Depende ahora de sí mismo, ser fiel o infiel, confiarse a Él y seguirlo o ser incrédulo y apartarse. El Señor lo deja actuar libremente e inicia su crecimiento en la fe y en el conocimiento de Dios que le han sido otorgados. Mejores no podían ser las bases  para establecer una correcta relación con Dios: humildad, mansedumbre y obediencia. Desde que el Señor lo vio y se acercó a él para iluminarlo física y espiritualmente, el ciego de nacimiento no protestó, no cuestionó ni menos resistió todo lo que Jesús hizo y le mandó hacer. Después con gran valor defiende la autenticidad y veracidad del portentoso suceso realizado por un hombre bueno llamado Jesús, al comienzo de su nueva vida; por un hombre sin pecado, poco más tarde; por un profeta, cuando es mayor su elevación espiritual; y, finalmente, cuando llega a la visión perfecta y su fe alcanza la madurez,  ve y cree  en el verdadero hacedor de aquella maravillosa obra divina: el Hijo de Dios a quien adora y glorifica. Si no hago las obras de mi Padre, no me creáis; pero si las hago, aunque a mi no me creáis, creed por las obras, y así sabréis y conoceréis que el Padre está en mi y yo en el Padre. (Jn10:37-38)

Rev. Padre Juan Peña
Catedral de San Jorge
México D.F.

Jueves de Ascensión

El siguiente jueves, 13 de mayo, celebramos la Divina Ascensión, acontecimiento en el cual el Señor, 40 días después de su Resurrección, ascendió a los Cielos en medio de sus Discípulos. ¡Que estos cuarenta días nos confirmen en la realidad de la Resurrección para dar testimonio digno de la grandeza de la Buena Nueva!

DSC06732Ordenación diaconal

Hoy, domingo 29 de mayo, en la Catedral de San Jorge, México D.F., por la imposición de manos de S. E. Sayedna Antonio, Arzobispo de nuestra Arquidiócesis, el Diácono Emiliano Díaz recibe la ordenación sacerdotal.

Felicitamos al padre y a su familia, deseándole un servicio colmado de virtud, gracia y bendición.

Fiesta de San Jorge

El domingo 22 de mayo se celebró la memoria de San Jorge. Después de la divina Liturgia los feligreses participaron en una comida que las Damas de San Jorge organizaron en la restaurante “Ambrosía”. Fue una reunión muy bonita de amigos y familiares. Felicitamos a la damas de San Jorge y a todos los miembros de la comunidad, y pedimos a Dios que les guarde a todos en su amor y protección por la intercesión del Gran Mártir San Jorge

Fotos de la comida:

 

Boletín del 22/05/2011

2011

Domingo de la Samaritana

samaritana

Oh Salvador Todopoderoso
que hiciste brotar agua a los hebreos de una roca muda:
al llegar a la tierra de Samaría hablaste con una mujer pidiéndole agua,
así la atrajiste hacia la fe en Ti,
y ahora ha alcanzado la vida eterna en los cielos.

Exapostelario

Tropario de la Resurrección

Tono 4

Las discípulas del Señor aprendieron del Ángel
el alegre anuncio de la Resurrección,
y la sentencia ancestral rechazaron
y se dirigieron con orgullo a los apóstoles
diciendo: ¡Fue aprisionada la muerte,
Resucitó Cristo Dios y concedió al mundo
la gran misericordia!

Tropario de “Mediada la Fiesta”

Tono 8

Mediada la Fiesta, riega mi alma sedienta
con las aguas de la devoción,
Tú que exclamaste a todos:
“Si alguno tiene sed, venga a mí y beba.”
¡Oh Fuente de la Vida, Señor, Gloria a Ti!

Condaquio de la Pascua

Tono 8

Cuando descendiste al Sepulcro, oh Inmortal,
destruiste el poder del Hades;
y al resucitar vencedor, oh Cristo Dios,
dijiste a las mujeres Mirróforas:
«¡Regocíjense!»;
y a tus discípulos otorgaste la paz,
Tú que  concedes a los caídos la resurrección.

Carta del Apóstol San Pablo a los hebreos (13: 7-16)

Hermanos: Acuérdense de sus dirigentes, que les anunciaron la Palabra de Dios y, considerando el final de su vida, imiten su fe. Jesucristo es el mismo, ayer como hoy y por los siglos. No se dejen seducir por doctrinas varias y extrañas. Mejor es fortalecer el corazón con la Gracia que con alimentos que nada aprovecharon a los que siguieron ese camino. Tenemos nosotros un altar del cual no tienen derecho a comer los que dan culto en la Tienda.

Los cuerpos de los animales, cuya sangre lleva el sumo sacerdote al santuario para la expiación del pecado, son quemados fuera del campamento. Por eso, también Jesús, para santificar al pueblo con su Sangre, padeció fuera de la puerta. Así pues, salgamos donde Él fuera del campamento, cargando con su oprobio; que no tenemos aquí ciudad permanente, sino que andamos buscando la que está por venir. Ofrezcamos sin cesar, por medio de Él, a Dios un sacrificio de alabanza, es decir, el fruto de los labios que confiesan su Nombre. No se olviden de hacer el bien y de ayudarse mutuamente, porque en tales sacrificios Dios se complace.

Evangelio según San Juan (Jn 4:5-42)

En aquel tiempo, llegó Jesús a una ciudad de Samaria llamada Sicar, vecina a la tierra que Jacob dio a su hijo José; allí se encuentra el pozo de Jacob. Jesús, cansado del camino, se sentó junto al pozo; era ya cerca del mediodía. Vino entonces una mujer samaritana a sacar agua. Le dijo Jesús: «Dame de beber» (Pues sus discípulos habían ido a la ciudad a comprar comida). Pero la mujer samaritana le respondió: «¿Cómo Tú, siendo judío, me pides de beber a mí, que soy una mujer samaritana?» (Porque los judíos no se tratan con los samaritanos). Jesús le respondió: «Si conocieras el don de Dios y quién es el que te pide de beber, tú misma le pedirías agua viva y Él te la daría.» Respondió la mujer: «Señor, no tienes con qué sacarla, y además el pozo es muy hondo. ¿Dónde tienes, pues, esa agua viva? ¿Acaso eres tú más que nuestro padre Jacob que nos dio este pozo, del cual bebió él, sus hijos y sus ganados?» Respondió Jesús: «Cualquiera que beba de esa agua, volverá a tener sed; en cambio, el que beba del agua que yo le dé no volverá a tener sed: el agua que yo le dé se convertirá en él en manantial de agua que emanará para vida eterna.» La mujer le dijo: «Señor, dame de esa agua y así ya no sufriré la sed, ni tendré que volver aquí a sacar agua.» Pero Jesús le dijo: «Anda, busca a tu marido y vuelve con él acá.» Respondió la mujer: «No tengo marido.» Le dijo Jesús: «Bien has dicho que no tienes marido, porque has tenido cinco maridos, y el que ahora tienes, no es tu marido. En eso has dicho la verdad.» Le dijo la mujer: «Señor, veo que eres profeta. Nuestros padres adoraron a Dios en este monte, y ustedes los judíos dicen que el sitio donde hay que adorar está en Jerusalén.» Respondió Jesús: «Créeme mujer que llegará el tiempo en que ni en ese monte, ni en Jerusalén adorarán al Padre. Ustedes los samaritanos adoran lo que no conocen, pero nosotros adoramos lo que conocemos, porque la salvación viene de los judíos. Pero ya llega la hora (ya estamos en ella) en que los verdaderos adoradores adorarán al Padre en espíritu y en verdad, porque así quiere el Padre que sean los que lo adoran. Dios es espíritu, y los que lo adoran deben adorarlo en espíritu y en verdad.» La mujer le dijo: «Yo sé que el Mesías (el llamado “Cristo”) está por venir; cuando venga, Él nos revelará todo.» Y Jesús le responde: «Yo Soy, el que te habla.»

En esto llegaron sus discípulos y se extrañaron que hablase con una mujer, pero nadie le dijo «¿qué quieres?», o «¿por qué hablas con ella?» La mujer, dejando allí su cántaro, corrió  a la ciudad y dijo a la gente: «Vengan a ver a un hombre que me ha dicho todo cuanto yo he hecho. ¿No será el Cristo?» Salieron, pues, de la ciudad y fueron a verlo. Entretanto, los discípulos le insistían: «Maestro, come.» Jesús les dijo: «Yo tengo para comer un alimento que ustedes no conocen.» Se decían los discípulos unos a otros: «¿Le habrán traído de comer?» Pero Jesús les dijo: «Mi comida es hacer la voluntad del que me ha enviado, y dar cumplimiento a su obra. ¿No dicen  ustedes:  “Dentro de cuatro meses será tiempo de siega”? Pues bien ahora yo les digo: Levanten la vista y miren los campos, y vean que ya están blanqueados para la siega. Ya el segador cobra su paga y recoge fruto para la vida eterna, y con esto el sembrador  también  participa  en la  alegría  del segador. En esta ocasión, se vale aquel refrán: uno es el que siembra, y otro es el que cosecha. Yo los he enviado a ustedes a cosechar donde no se habían fatigado; otros se fatigaron y ustedes se aprovechan de su fatiga.»

 Muchos samaritanos de aquella ciudad creyeron en Él por las palabras de la mujer, que aseguraba: «Me ha revelado todo cuanto yo hice.» Y cuando llegaron a Él los samaritanos, le rogaron que se quedase allí. En efecto, se detuvo dos días en aquella ciudad, con lo que fueron muchos más los que creyeron en Él por haber oído sus palabras; y decían a la mujer: «Creemos ya no por lo que tú has dicho, sino nosotros mismos lo hemos oído y hemos conocido que Éste es verdaderamente el Salvador del mundo.»

desde el poso hasta el martirio

La lectura evangélica de este día enseña una experiencia más sobre el encuentro con el Señor, encuentro que místicamente transforma la vida. La famosa samaritana ascendió en el conocimiento de Jesús gradualmente hasta que llegó a proclamarlo el Señor de su vida.

Cuando esta mujer estaba junto al pozo, encontró a Jesús. Allá, rodeada con todas sus preocupaciones mundanas, no podía ver en Jesús más que un judío, un hombre común, por lo que le dijo: «¿Cómo tú, siendo judío, me pides de beber a mí que soy una mujer samaritana?» Pues, para ella, Cristo no es más que un hombre extraño que pertenece a una raza enemiga.

Jesús le habló del «agua viva»: quien beba de ella «no volverá a tener sed». Este discurso la llevó a reflexionar sobre la religión y por ello dijo: «¿Acaso eres tú más que nuestro padre Jacob que nos dio este pozo, del cual bebió él, sus hijos y sus ganados?»

A partir de este diálogo «religioso», el Señor despierta en ella la conciencia y el auto examen preguntándole acerca de su marido y de su vida privada en lugar de seguir con cuestionamientos de índole religioso. Cuando sus palabras tocaron la vida y lo moral, Jesús pasa a ser, para ella, un profeta. Los profetas siempre han exigido congruencia entre la religiosidad y el comportamiento, «porque yo quiero misericordia, no sacrificio, dice el Señor» (Os 6:6).

A través de esta puerta vital, la penitencia y el auto conocimiento, el Señor la introdujo en el tema de la adoración en Espíritu, lejos de las reglas. Le habló de la religión, no como deberes sino como un amor voluntario y experiencia de la Verdad: «Dios es espíritu, y los que lo adoran deben adorarlo en espíritu y en verdad.» La profundidad de las palabras de Jesús trajo a la memoria de la samaritana las profecías sobre el Mesías: «Yo sé que el Mesías está por venir», y Jesús le dijo: «Yo Soy, el que te está hablando.» Pasa a ser para ella el Cristo esperado, el Salvador del mundo.

Mientras se preocupaba por sus necesidades materiales, lo veía como un hombre común; cuando comenzó a transitar por el mundo de la religión, lo consideró como religioso; cuando entró en sí misma experimentando la penitencia y confesando su realidad, lo admiró como un profeta; finalmente cuando llegó a la adoración en Espíritu y en verdad, a la libertad de la fe, comprendió que era el Mesías. Y lo más grandioso es que en cuanto asimiló que Jesús era el Salvador, se convirtió en una discípula de Él y apóstol: dejó su cántaro, más bien, su vida bajo los pies del Señor y corrió a anunciar a sus compatriotas: «Vengan a ver», y a ofrecer su testimonio, a saber, su martirio. Ella es santa Fotina (iluminada), mártir en Cristo que la Iglesia conmemora el día 26 de febrero. Sus intercesiones sean con nosotros. Amén.

El Gran Mártir San Jorge

San JorgeLa Iglesia Ortodoxa ha enfatizado siempre que el reconocimiento de un santo, antes de ser confirmado como tal por las Autoridades Eclesiásticas, surge de la conciencia del pueblo de Dios, que venera, aún en vida, a una persona por su santidad, y mucho más después de su muerte.

En este sentido el pueblo ortodoxo, a lo largo de la historia, ha venerado a San Jorge y agradecido su eficaz intercesión, a tal grado que es impresionante el número de iglesias construidas, desde el siglo IV hasta la fecha, dedicadas a este Gran Mártir de Cristo y puestas bajo su patrocino; y todavía más, que casi no haya familia en la que alguno de sus miembros no lleve el nombre de “Jorge.”

Jorge nació en la ciudad de Al-Led, Palestina, de una familia distinguida por su posición social, en el año 280. Al cumplir los 17 años, se incorporó al ejército; su notable entrega y valor impresionó de tal manera al emperador Diocleciano que rápidamente lo ingresó a su guardia real.

Poco después, Diocleciano emprendió su encarnizada persecución en contra de los cristianos, y los ríos de sangre desbordaron como nunca antes. Sin embargo, la fe de Jorge, antes que nada, soldado de Cristo, ni siquiera se tambaleó, sino que fortalecida, se enfrentó con toda valentía al emperador, proclamó su cristianismo y defendió su fe, la fe en Jesucristo, Dios verdadero.

Diocleciano, encolerizado, ordenó torturar a Jorge, pero todos los dolores no pudieron vencer la Gracia de Dios que apoyó al Mártir en su testimonio.  Entonces, el emperador, frustrado por su impotencia de hacer vacilar la sólida fe de Jorge, mandó decapitarlo. El soldado de Cristo lleno de alegría, con esa valentía que lo caracterizaba y con la luz de la Gracia Divina resplandeciendo en su rostro, inclinó la cabeza ante el verdugo. Su cabeza cayó, su alma se elevó al Cielo, su fama se difundió por todo el imperio, y su amor conquistó los corazones de los fieles que han gozado y gozan de su intercesión, manifestada en milagros, curaciones, consuelos y fortalecimiento de su fe, hasta el día de hoy.

Este cariño del pueblo de Dios hacia San Jorge le hizo aplicar al Soldado de Cristo, un antiguo mito referente a un guerrero que, defendiendo a su pueblo, mata al dragón que quiere comer a la bellísima princesa. La Iglesia aceptó esta aplicación y pintó a San Jorge como el soldado que con la lanza de su intercesión ha vencido al demonio y rescatado a la Iglesia, la Novia Inmaculada de Cristo, de cuantiosos peligros que la han rodeado. Que sus intercesiones sean para con todos nosotros. Amén. 

 

Boletín del 15/05/2011

2011

Dommingo del Paralítico

domingo del paralitico

El Señor misericordioso, Amante de la humanidad,
se detuvo en la Piscina de Betesda para curar las enfermedades,
y encontró a un hombre paralítico desde muchos años atrás,
y le dijo: “Levántate, carga tu camilla, y anda por rectos caminos.
Exapostelario

Tropario de la Resurrección

Tono 3

icono_audioQue se alegren los celestiales
y que se regocijen los terrenales;
Porque el Señor desplegó la fuerza de su brazo,
pisoteando la muerte con su muerte;
y, siendo el primogénito de entre los muertos,
nos salvó de las entrañas del Hades
y concedió al mundo la gran misericordia.

Condaquio de la Pascua

Tono 8

icono_audioCuando descendiste al Sepulcro, oh Inmortal,
destruiste el poder del Hades;
y al resucitar vencedor, oh Cristo Dios,
dijiste a las mujeres Mirróforas:
«¡Regocíjense!»;
y a tus discípulos otorgaste la paz,
Tú que  concedes a los caídos la resurrección.

Hechos de los Apóstoles  (Hch 9: 32-42)

En aquellos días: Pedro, que andaba recorriendo todos los lugares, bajó también a visitar a los santos que habitaban en Lida. Encontró allí a un hombre llamado Eneas, tendido en una camilla desde hacía ocho años, pues estaba paralítico. Pedro le dijo: «Eneas, Jesucristo te cura; levántate y arregla tu lecho». Y al instante se levantó. Todos los habitantes de Lida y Sarón lo vieron, y se convirtieron al Señor.

Había en Joppe una discípula llamada Tabitá, que quiere decir Gacela. Era rica en buenas obras y en limosnas que hacía. Por aquellos días enfermó y murió. La lavaron y la pusieron en la estancia superior. Lida está cerca de Joppe, y los discípulos, al enterarse que Pedro estaba allí, enviaron dos hombres con este ruego: «No tardes en venir a nosotros».

Pedro partió inmediatamente con ellos. Así que llegó le hicieron subir a la estancia superior y se le presentaron todas las viudas llorando y mostrando las túnicas y los mantos que Dorcás hacía mientras estuvo con ellas. Pedro hizo salir a todos, se puso de rodillas y oró; después se volvió al cadáver y dijo: «Tabitá, levántate.» Ella abrió sus ojos y al ver a Pedro se incorporó. Pedro le dio la mano y la levantó. Llamó a los santos y a las viudas y se la presentó viva. Esto se supo por todo Joppe y muchos creyeron en el Señor.

Evangelio según San Juan (Jn 5: 1-12)

En aquel tiempo, subió Jesús a Jerusalén. Hay en Jerusalén una piscina, cerca de la puerta de las ovejas, llamada en hebreo Betesda, la cual tiene cinco pórticos. En ellos, yacía una gran multitud de enfermos, ciegos, cojos y paralíticos aguardando el movimiento de las aguas, pues un ángel del Señor bajaba de tiempo en tiempo a la piscina, y agitaba el agua; y el primero que después de movida el agua entraba en la piscina, quedaba sano de cualquier enfermedad que tuviese. Estaba allí un hombre que hacía treinta y ocho años que se hallaba enfermo. Jesús, al verlo tendido y al enterarse de que llevaba ya mucho tiempo, le dijo: «¿Quieres recobrar la salud?» El enfermo respondió: «Señor, no tengo a nadie que me meta en la piscina cuando se agita el agua, por lo cual mientras yo voy, ya se ha metido otro.» Le dijo Jesús: «Levántate, toma tu camilla y anda.» De repente se halló sano este hombre, tomó su camilla y se puso a andar.

Era aquél un día sábado; por eso le decían los judíos al que había sido curado: «Es sábado y es ilícito llevar a cuestas la camilla.» Les respondió: «El que me ha devuelto la salud me ha dicho: “Toma tu camilla y anda”.» Le preguntaron entonces: «¿Quién es ese hombre que te ha dicho: “Toma tu camilla y anda”?» Pero el curado no sabía quién era, pues Jesús había desaparecido porque había mucha gente en aquel lugar. Más tarde, Jesús lo encontró en el templo y le dijo: «Mira que has quedado curado; no peques más, para que no te suceda algo peor.» El hombre fue a decir a los judíos que era Jesús quien le había curado.

Obedeciendo a Cristo

Amados hermanos: “Dios quiere que todos los seres humanos se salven y lleguen al conocimiento de la verdad” (1Tim 2:4-5). Es por ello que Jesús, quien es la Verdad, día tras día y de diversas maneras nos sale al encuentro como La Verdadera Vida, y, al vernos enfermos, débiles y casi al borde de la muerte, lleno de bondad nos invita, diciéndonos: ¿Hijo, quieres recobrar la salud? Al reconocer que realmente es nuestro Salvador, nos viene a la mente quien es Él y todo lo que Él es capaz de hacer, ya que es la Vida misma. Ahora, en este momento, sí es necesaria  una respuesta de fe en absoluta obediencia: Un ¡Sí, quiero!

En este acontecimiento tan trascendente para este pobre hombre que llevaba 38 años de parálisis total, abandonado de todos los suyos, sin amigos, sin siquiera la solidaridad de sus compañeros enfermos, tiene la dicha de ver a Jesús. Se le acerca decidido a darle  ese aliento de vida. Indudablemente que al darse cuenta que está ante Jesús, quien le pregunta: ¿Quieres recobrar la salud?, vemos cómo este hombre explica a Jesús que debido a su completa incapacidad no ha tenido quien le ayude a descender al estanque del Siloé. ¡Por fin, la mano del gran Amigo de la humanidad llegó evitándole bajar a esa piscina! A la voz  poderosísima del Señor de la Vida, quien le ordenó: “¡Levántate y anda!”, este hombre obedeció y al instante recibió el don de la salud. Jesús, lo había sanado. ¡Qué conmovedoras son sus palabras, que hasta este pobre y olvidado de todos en el abandono absoluto, aún brillaba en él una chispa de esperanza! Este hombre fue el Job de los tiempos de la manifestación de la salvación. Más lo importante de este acontecimiento es la invitación que el mismo Señor le hace, al encontrarle nuevamente en el Templo. Se acerca y le recomienda que para continuar en salud de alma y cuerpo, esté  muy atento: “Mira, has sido sanado; no peques más para que no te venga algo peor”.  La Vida, ese divino tesoro encerrado en vasijas de barro, nos conduce a la ferviente súplica que “el tiempo restante de nuestra vida se concluya en paz y penitencia.” ¿Por qué es necesario que lo que le resta a nuestra vida la vayamos terminando en la paz y la penitencia? Es obvio que La Vida y la Muerte son enemigas…son contrarias. Es por ello que  mientras se vive en Cristo y en la conciencia de que somos “templo del Espíritu Santo”, sigamos este sabio consejo paulino: “No reine, pues, el pecado en su cuerpo mortal, de modo que lo obedezcan en sus concupiscencias […], sino preséntense  ustedes mismos a Dios como vivos de entre los muertos, y sus miembros a Dios como instrumentos de justicia” (Rom 6:12-14).

Por lo tanto, la fe exige una obediencia a la Palabra de Vida, que es para nosotros, los cristianos ortodoxos “la sana Doctrina” convertida en  Divina Liturgia de alabanza y gratitud.

Rev. Archimandrita Cosme Andrade
parroquia de la Dormición de la Madre de Dios
Mérida, México

La persignación

persignarsePara persignarnos o hacer la señal de la cruz debemos juntar los tres primeros dedos de la mano derecha (pulgar, índice y medio). y los otros dos (anular y meñique), se doblan hacia la palma.

Los tres primeros dedos nos demuestran nuestra fe en la Santísima Trinidad: Dios Padre, Dios Hijo y Dios Espíritu Santo.

Los dos dedos doblados, significan que el Hijo de Dios bajó a la tierra siendo Dios y se hizo hombre, demostrándonos sus dos naturalezas, la divina y la humana.

Al iniciar la señal de la cruz ponemos los tres dedos juntos en: la frente, para santificar nuestra mente; en la cintura para santificar nuestros sentimientos interiores; al hombre derecho y después al izquierdo, para santificar nuestras fuerzas corporales.

La señal de la cruz nos da fuerza para rechazar y vencer el mal. Tenemos que hacerlo correctamente, sin apuro, respetuosamente y conscientes del acto que significa el persignarse.

En caso contrario estamos demostrando: falta de interés y negligencia al hacerlo, de esta manera sólo estamos logrando que los diablos se alegren por nuestra irreverencia, dice san Antonio el Grande.

Nos persignamos al iniciar, durante y al final de una oración; al reverenciar los iconos; al entrar y salir de la Iglesia; al besar la vivificante Cruz; también hay que hacerlo en los momentos críticos de nuestras vidas, en alegrías y pena, en dolor y congoja; antes y después de las comidas.

Sobre la Resurrección

  • “si no resucitó Cristo, vacía es nuestra predicación, vacía también vuestra fe.” (1Cor.15,14).
  • “Muchos son los que creen en la Resurrección de Cristo, pero pocos, los que la ven con claridad.”

(San Simeón el Neo-Teólogo)

  • “nuestra Fiesta (la Resurrección) es la fiesta de las fiestas siempre y cuando  permanezcamos con aquel que es el Novio de la fiesta, y su flor; siempre y cuando comamos su Cuerpo y bebamos su Sangre para la vida eterna y la nueva alianza”

(Patriarca Ignacio IV)

San Jorge¡Felicidades!

Felicitamos a toda la comunidad de la Catedral de San Jorge, en México D.F. y en Venezuela, Valencia, y a todos los que llevan  el nombre de San Jorge y a los que buscan su intercesión, pidiendo al Dios misericordioso que, por la intercesión del Santo, nos otorgue paz y anhelo para seguir su celo y pasos hacia la santidad.

Ordenación diaconal

(Ver fotos)

Boletín del 08/05/2011

2011

Domingo de  las Mujeres Mirróforas

 

las mirroforas en el sepulcro

Mujeres, escuchen la voz de la alegría, que dice:
“¡Pisoteando al Hades tirano, he levantado de la corrupción al mundo!”
Apresúrense y avisen a mis amados la Buena Nueva,
pues deseo que mi creación sea iluminada con la alegría
emanada de donde antes surgía la tristeza.
Exapostelario

Tropario de la Resurrección

Tono 2

Cuando descendiste a la muerte, oh Vida Inmortal,
mataste al Hades con el rayo de tu divinidad,
y cuando levantaste a los muertos del fondo del hades,
todos los poderes Celestiales clamaron:  
Oh dador de la vida, Cristo nuestro Dios, gloria a Ti.

Tropario del Justo José de Arimatea

Tono 2

El virtuoso José, al bajar tu Purísimo Cuerpo del  Madero,
lo envolvió en un sudario limpio,
lo embalsamó con aromas y lo colocó en un sepulcro nuevo;
pero Tú resucitaste al tercer día, oh Señor,
otorgando al mundo la gran misericordia.

Tropario de las Mujeres Mirróforas

Tono 2

El ángel que estaba junto al sepulcro dijo a las Mirróforas:
El  bálsamo es propio de los muertos,
pero Cristo se ha revelado ajeno a la corrupción;
proclamad: «El Señor ha resucitado
concediendo al mundo la gran misericordia.»

Condaquio de la Pascua

Tono 8

Cuando descendiste al Sepulcro, oh Inmortal,
destruiste el poder del Hades;
y al resucitar vencedor, oh Cristo Dios,
dijiste a las mujeres Mirróforas: «¡Regocíjense!»;
y a tus discípulos otorgaste la paz,
Tú que  concedes a los caídos la resurrección.

Lectura de Hechos de los Apóstoles (Hch 6:1-7)

En aquellos días: al multiplicarse los discípulos, hubo quejas de los helenistas contra los hebreos, porque sus viudas eran desatendidas en la asistencia cotidiana. Los Doce convocaron la asamblea de los discípulos y dijeron: «No parece bien que nosotros abandonemos la Palabra de Dios por servir a las mesas. Por tanto, hermanos, busquen de entre ustedes a siete hombres, de buena fama, llenos del Espíritu Santo y de sabiduría, y los pondremos al frente de este cargo; mientras que nosotros nos dedicaremos a la oración y al ministerio de la Palabra.» Pareció bien la propuesta a toda la asamblea y escogieron a Esteban, hombre lleno de fe y del Espíritu Santo, a Felipe, a Prócoro, a Nicanor, a Timón, a Pármenas y a Nicolás, prosélito de Antioquía; los presentaron a los apóstoles y, habiendo hecho oración, les impusieron las manos.

La Palabra de Dios iba creciendo; en Jerusalén se multiplicó considerablemente el número de los discípulos, y muchos de los sacerdotes iban sometiéndose a la fe.

Evangelio según San Marcos (Mc 15:43-16:8)

En aquel tiempo, vino José de Arimatea, miembro respetable del Sanedrín que esperaba también el Reino de Dios, y entró audazmente donde Pilato y pidió el cuerpo de Jesús. Se extraño Pilato de que hubiese muerto tan pronto, e hizo llamar al centurión; le preguntó si había muerto hacía tiempo. Enterado por el centurión, concedió el cuerpo a José, quien compró una sábana, bajó a Jesús de la cruz, lo envolvió en la sábana, y lo puso en un sepulcro que estaba excavado en roca, e hizo rodar una gran piedra contra la entrada del sepulcro. María Magdalena y María, madre de José, observaban dónde quedaba puesto.

Pasado el sábado, María Magdalena, María la madre de Santiago, y Salomé, compraron aromas para ir a embalsamarlo; y muy de madrugada el  primer día de la semana, llegaron al sepulcro, apenas salido el sol. Y se decían unas a otras: «¿Quién nos rodará la piedra de la entrada del sepulcro?» Y levantando los ojos ven que la piedra, que era muy grande, había sido retirada. Y cuando entraron en el sepulcro, vieron a un joven sentado en el lado derecho, vestido con una túnica blanca, y se sorprendieron. Él les dijo: «No se asusten; ustedes buscan a Jesús de Nazaret, el crucificado: ha resucitado, no está aquí. Éste es el lugar donde lo pusieron. Pero vayan y digan a sus discípulos, y a Pedro, que va delante de ustedes a Galilea; allí lo verán, como les dijo.» Ellas, saliendo del sepulcro, huyeron, pues el temblor y el asombro se habían apoderado de ellas, y no dijeron nada a nadie, porque tenían miedo.

la Valentía: indicio de amor

Todos queremos a alguien; pero pocos nos atrevemos a amar al prójimo más que a nosotros mismos. De tal modo era el amor en Cristo de las mujeres mirróforas, que madrugaron el primer día de la semana, apenas «pasado el sábado», y emprendieron el camino hacia el Sepulcro para embalsamar al Señor a Quien sirvieron y quisieron, sin miedo a quienes lo juzgaron y pusieron sobre su Sepultura una piedra «muy grande», y a los guardias.

¿Quién muestra valor como el de las Mirróforas o como José de Arimatea, el cual «tuvo la valentía de entrar donde Pilatos y pedirle el cuerpo de Jesús»? ¿Quién, amando, se atreve a enfrentar a los poderosos de este siglo y a servir y acoger a los marginados? Es más común encontrar un cariño aparente y pasivo que abandona ante la cruz, que el amor verdadero y audaz que asiste al amado, más aún, en los momentos de la debilidad como la muerte y el sepulcro. Sin este amor valiente, jamás se podría cambiar cualquier realidad dolorosa del tiempo presente. ¿Cómo la cristiandad conquistó el mundo romano, pagano y subyugador, si no con la audacia de las mirróforas? El libro de los Hechos de los apóstoles nos habla de las multitudes que cada vez se incorporaban al Camino, no a través de la espada ni del poderío: pescadores echaron la red en la palabra del Señor, se abandonaron en las manos del Todopoderoso, y así transformaron el rostro de la humanidad.

En nuestra era, se han puesto sellos de autenticidad sobre principios corruptos e ideales falsos, a tal grado que se ha considerado natural lo que ninguna conciencia sincera acepta: aborto, familias destrozadas, decadencia moral (y todo en el nombre de la libertad)… Pero, ¿quién tiene el amor que se atreve a «rodar la piedra» para saltar hacia la vida sin advertir estos sellos irreales?

Nuestras comunidades, inclusive las cristianas, admiten la fe superficial: ciertas apariencias confesionales o sociales que se agrupan alrededor de fiestas y tradiciones, y reducen la religión a estas prácticas; para ellas, todo lo que esté más allá de estas fronteras es exageración, pérdida de tiempo e ignorancia. ¿Quién tiene el amor que se atreve a enfrentar, en su interior y ambiente, el dominio de lo social vacío y el terrorismo de la vida light para pedir el cuerpo de Jesús, que aparenta estar muerto pero, en realidad, es la Vida?

La valentía examina la credibilidad del amor y de la fe: valentía de iniciativa, valentía de sacrificio, de paciencia y de perdón. Hay amor que busca el propio interés y otro que accede a la aventura del sacrificio. El primero se conforma con lo disponible que satisface, mientras el segundo no retrocede ante una realidad impuesta y muestra viable lo que parecería imposible: «Todo lo puedo en Aquél que me conforta» (Flp 4:13).

Un cariño apático jamás buscará vida en el Sepulcro y, en consecuencia, nunca le será anunciada la Resurrección como a las discípulas; porque el amor con valentía es digno de recibir la Buena Noticia de la Resurrección, y gustará del gozo del Día del Señor que no conoce ocaso.

Rev. Archimandrita Ignacio Samaán
Catedral de San Jorge
México D.F.

Las Mirroforas

Mirróforas es una palabra griega que quiere decir “las portadores de Mirra”: son las mujeres que llevaron el bálsamo para ungir el Cuerpo de Cristo. El  número y la identidad se varían de un evangelio a otro. Ellas son las mismas que acompañaron a María, la Madre de Dios, durante la Pasión: María Magdalena, María la Madre de Santiago, y Salomé. Aunque los relatos evangélicos no mencionan a la Virgen en medio de las Mirróforas, en los iconos está presente: “Era natural que su Hijo manifestase primeramente a ella”, como dice san Gregorio Palamás. Los Padres de la Iglesia aseguran que las Mirróforas asistieron en aquel bendito amanecer con dinámica densa más de una vez al Sepulcro con números variados, lo que explica la diferencia en narración de los Evangelios.

Las Mirróforas son los primeros testigos de la Resurrección de Jesús. Las primeras en anunciar: ¡Cristo ha resucitado! Las Mirróforas son las primeras Madres de la Iglesia. Por cuyas intercesiones, Señor Jesucristo, ten piedad de nosotros y sálvanos. Amén.

Ordenación diaconalradames2

Hoy, domingo 8 de mayo, en la Catedral de San Jorge, México D.F., por la imposición de manos de S.E. Sayedna Antonio, Arzobispo de nuestra Arquidiócesis, el Sr. Radamés Peña recibe la ordenación diaconal.

Felicitamos al diácono, a su familia y a la Parroquia de San Antonio Abad en Caracas, Venezuela, junto con su Párroco, Rev. Archimandrita José Dib, deseando al diácono un servicio colmado de virtud, gracia y bendición.

 Visita de Su Emiencia Vladika Justiniano

(Ver reporte y fotos)

Pronunciamiento ecuménico

(Texto importante firmado por Iglesias cristianas históricas)