6o Domingo de San Mateo

Memoria del San Paisios del Monte Athos

 
 

Himnos de la Liturgia

Tropario de la Resurrección

Tono 5

Al coeterno Verbo, con el Padre
y el Espíritu, Al Nacido de la Virgen
para nuestra salvación, alabemos,
oh fieles, y prosternémonos.
Porque se complació en ser elevado
en el cuerpo sobre la Cruz y soportar la muerte,
y levantar a los muertos por su Resurrección gloriosa.

Tropario de San Paisios

Tono 1

Honremos, oh fieles, al justo padre Paisios,

nacido en Fárasa y gloria de Athos,

imitador de los antiguos ermitaños, e igual a ellos en honor,

cántaro lleno de gracia, que libera de la tristeza a los que claman a él:

¡Gloria al que te ha dado poder! ¡Gloria al que te ha coronado!

¡Gloria al que por ti nos da la sanación a todos!

Condaquio

Tono 4

Oh Protectora de los cristianos indesairable;
Mediadora, ante el Creador, irrechazable:
no desprecies las súplicas de nosotros, pecadores,
sino acude a auxiliarnos, como bondadosa,
a los que te invocamos con fe.  Sé presta en intervenir
y apresúrate con la súplica, oh Madre de Dios,
que siempre proteges a los que te honran.

Lecturas Bíblicas

Carta a los Romanos  (12: 6-14)

Hermanos: Ya que tenemos dones diferentes según la Gracia que nos ha sido dada, si es el don de profecía, ejerzámoslo en la medida de la fe; si es el ministerio, ministrando; si la enseñanza, enseñando; si la exhortación, exhortando. El que reparte, con  generosidad;   el  que   preside,     con solicitud; el que ejerce la misericordia, con jovialidad.

Su amor sea sin fingimiento; detesten el mal y adhiéranse al bien; ámense los unos a los otros con una ternura fraternal; en cuanto a la honra, prefiriéndose los unos a los otros; en cuanto a la diligencia, no perezosos; al espíritu, fervorosos, y sirviendo al Señor. En la esperanza sean alegres; en la tribulación, pacientes; en la oración, constantes; compartiendo las necesidades de los santos y practicando la hospitalidad.

Bendigan a los que los persiguen; bendigan y no maldigan

Santo Evangelio según San Mateo (9: 1-8)

En aquel tiempo, Jesús subió a la barca, pasó a la otra orilla y vino a su ciudad. Y sucedió que le trajeron un paralítico postrado en una camilla. Viendo Jesús la fe de ellos, dijo al paralítico: « ¡Ten confianza, hijo! Tus pecados te son perdonados.» Pero he aquí que algunos escribas dijeron para sí mismos: «Éste está blasfemando.»

Jesús, conociendo sus pensamientos, dijo: « ¿Por qué piensan mal en sus corazones? ¿Qué es más fácil decir: “Tus pecados te son perdonados”, o decir: “Levántate y anda”? Pues para que sepan que el Hijo del hombre tiene en la tierra poder de perdonar pecados -dice al mismo tiempo al paralítico: levántate, toma tu camilla y vete a tu casa.» Él se levantó y se fue a su casa. Y al ver esto, la gente quedó admirada y glorificó a Dios, que había dado tal poder a los hombres.

Mensaje Pastoral

¡Tus pecados te son perdonados!

Unos fieles acudieron a Jesús para curar a un paralítico, mas Jesús primero le curó el alma; mientras se le pedía sanar la enfermedad visible, Él asistió la invisible: el pecado. De aquí surge la pregunta: ¿Cuál es la relación entre la enfermedad y el pecado?

En el Antiguo Testamento, una enfermedad se relacionaba con el castigo divino por un pecado cometido. Así que al leproso, según las leyes, nadie se le podía acercar ya que se consideraba manchado, un pecador. Cualquier dolencia se veía como un fruto de cierta transgresión. Como un reflejo de esta mentalidad, una vez los discípulos preguntaron a Cristo sobre un ciego:

«Maestro, ¿quién pecó, éste o sus padres, para que haya nacido ciego?» (Jn 9:2); más Cristo rechazó atribuir la enfermedad –ceguera o cualquier otra– a castigo de Dios por un delito personal.

Si bien el sufrimiento no es un aspecto de la justicia divina, es parte de nuestra mortalidad, el resultado del pecado: «por el pecado entró la muerte» (Rom 5:12). Dios creó al hombre para que fuera inmortal, pero el pecado –siendo en el fondo el alejamiento voluntario de Dios, de la vida– provocó la muerte y sus anexos: enfermedades, dolores, crisis naturales, tristezas…; en una palabra, provocó la corrupción. Así que todos padecemos lo mismo de maneras distintas y etapas diferentes pero, al fin y al cabo, es la misma mortalidad. Esta realidad caída no es un destino final con el que el hombre debe convivir con realismo sino un ambiente curativo que procura jalar al hombre hacia la resurrección espiritual. El malestar que algunos de nosotros padecemos nos podría brindar la oportunidad de comprender cuán lejos estamos de Dios; y al advertirlo tomar iniciativas positivas y penitenciales.

Cristo, con el paralítico de la lectura, nos advierte de esta jerarquía en la curación: aunque es importante curar el cuerpo, más importante es sanar el alma. Por eso leemos en muchos relatos de los santos Padres que daban gracias a Dios por sus dolencias ya que se les volvían causa de humillación, medicamento para salvación.

No se pretende aquí aprobar la enfermedad, que es en sí un defecto agregado a la buena creación de Dios, sino ser conscientes de que la gracia de estar en salud y ventura no nos distraiga de la realidad del pecado que todos padecemos y que necesitamos curar; así como de que la prueba de estar enfermos bienaventurada es cuando nos provoca –con la paciencia y la fe– purificación del corazón.

La camilla que el paralítico cargó al levantarse se volvió una señal tangible de la presencia del Señor en su vida, presencia que no nada más cura nuestras dolencias sino que también lleva en sí la autoridad divina, dulce y consoladora, para decir:

«Hijo, tus pecados te son perdonados.»

+ Monseñor Ignacio Samaán

Vida de Santos

San Paisios del Monte Athos

12 de julio

Arsenios Eznepidis o más conocido como Paisios de Monte Athos (Farasa, Capadocia, 25 de julio de 1924 – Monte Athos, 12 de julio de 1994), fue un monje ortodoxo griego, conocido por sus obras de carácter escatólicas, incluído en la lista de los santos de la Iglesia ortodoxa el 13 de enero de 2015.

Arsenios Eznepidis nació en Farasa, una pequeña población de Capadocia (hoy Turquía), en Asia Menor, el 25 de julio de 1924. Era hijo de Bautista, quien fue alcalde de Farasa, y de Evlampia. El 7 de agosto de 1924, fue bautizado por Arsenio de Capadocia, también venerado como santo por la Iglesia ortodoxa y de quien recibió su nombre de pila.

Aún siendo un niño de brazos, la familia de Arsenio, junto con todo el pueblo, dejaron Turquía y emigraron hacia Grecia, se establecieron primero en la isla de Corfú, donde murió el párroco Arsenio, luego se trasladaron a Igoumentista y finalmente a Kontitsa, de esa manera recibió sus estudios primarios y ya mayor trabajó como carpintero. Durante la guerra civil en Grecia, Arsenios sirvió como operador de radio entre 1945 y 1949.

Después de haber completado su servicio militar, en 1949 ingresó al Monte Athos,pero por cuestiones familiares debió retirarse el mismo año. Al año siguiente regresó a la vida monástica, primero al monasterio de Koutloumoussiou y luego al monasterio de Esphigmenou. En este último recibió la tonsura el 27 de marzo de 1954 recibiendo el nombre de Averkios. Ese mismo año abandonó el monasterio de Esphigmenou para trasladarse al de Filotheou, donde un tío suyo se encontraba como monje. Fue aquí donde recibió el nombre de Paisios.

Entre 1958 y 1962, Paisios estuvo en su pueblo natal en Turquía, tratando de proteger a la población de la avanzada de movimientos proselitistas. Al final de este período se trasladó al monasterio de Santa Catalina del Monte Sinaí, donde pernoctó por dos años, hasta su regreso al Monte Athos.4

En 1964 Paisios regresó al Monte Athos, portando consigo las reliquias de san Arsenios de Capadocia, las cuales depositó en el monasterio de San Juan el teólogo de Sorouti. El 11 de enero de 1966 recibió el Gran Esquema Angélico, en el monasterio de Stavronikita, una especie de grado dentro del monacato griego, concedido a los monjes que se cree han adquirido un alto nivel espiritual. Ese mismo año fue operado de los pulmones, de los cuales le extrajeron una parte. Debiendo guardar reposo, se quedó en el monasterio de San Juan Evangelista de Sorousi.

En 1967 regresa a Monte Athos, esta vez al Monasterio de Koutloumoussiou, donde adquirirá gran fama en el mundo ortodoxo. Vendrán muchos peregrinos de todas partes, especialmente monjes, a pedirle consejos y ser guiados por él.

Hacia 1993, por cuestiones de salud, tuvo que abandonar Monte Athos y regresar al monasterio de Sorouti. Allí murió el 12 de julio de 1994, desde entonces son muchos los peregrinos que llegan al lugar para venerar al monje que murió con fama de santidad.

El Santo Sínodo del Patriarcado Ecuménico incluyó la memoria de san Paisios de Monte Athos, en la lista de los santos de la Iglesia ortodoxa, el 13 de enero de 2015. Cuatro días después se llevó a cabo una multitudinaria celebración en el monasterios de San Juan Evangelista de Sorouti, donde se hayan sus reliquias, a la cual asistieron principales jerarcas de la Iglesia ortodoxa, entre ellos el abad del monasterio de Santa Catalina del Monte Sinaí.

El 25 de enero del mismo año, se consagró la primera iglesia a nombre de San Paisios de Monte Athos en la ciudad de Limasol en Chipre.

Sentencias de los Padres del Desierto

Sobre la Humildad

  • Decía un anciano: «Si consigues guardar silencio, no lo consideres como mérito tuyo. Cuando te venga esa consideración, di: “Es que soy indigno de hablar”».
  • Un hermano preguntó a un anciano: «¿En qué consiste el progreso de un hombre?». Y el anciano le contestó: «En la humildad. Cuanto más se abaja un hombre más se eleva a la perfección».
  • Decían los ancianos: «Aunque se te aparezca de verdad un ángel, no le acojas fácilmente, sino humíllate, diciendo: “No soy digno de ver un ángel yo que vivo en el pecado”».

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Padre Juan R. Méndez ()

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