Boletín del 05/06/2011

Domingo de los S. Padres

del 1er.Concilio Ecuménico

Ascención I

Oh Cristo, mientras los discípulos te miraban subir al Padre
para sentarte a su lado,
los ángeles se apresuraban clamando:
“Levantad las puertas, levantadlas,
pues el Rey ascendió a la Gloria de su Luz substancial.”

Exapostelario

Tropario de la Resurrección

Tono 6

icono_audioLos poderes celestiales aparecieron sobre tu sepulcro;
y los guardias quedaron como muertos;
María se plantó en el sepulcro
buscando Tu Cuerpo Purísimo;
sometiste al hades sin ser tentado por él;
y encontraste a la Virgen otorgándole la vida.
¡Oh Resucitado de entre los muertos, Señor, gloria a Ti!

Tropario de la Divina Ascensión

Tono 4

icono_audioAscendiste con gloria, oh Cristo Dios nuestro,
y alegraste a tus discípulos con la promesa del Espíritu Santo
confirmándoles con tu bendición que eres el Hijo de Dios,
el Salvador del mundo.

Tropario de los Santos Padres del 1er. Concilio Ecuménico

Tono 8

icono_audio¡Glorificado eres Tú oh Cristo Dios nuestro,
que cimentaste a los santos padres en la tierra como astros,
por los cuales nos dirigiste a la verdadera fe!
¡oh Misericordioso, gloria a Ti!

Condaquio de la Divina Ascensión

Tono 6

Cuando concluiste el plan de nuestra Redención
uniendo a los terrenales con los celestiales,
ascendiste glorioso a Tu lugar, oh Cristo nuestro Dios,
aunque no Te habías desprendido de él,
pues permaneciste siempre firme en él,
y clamando a los que amas:
«Yo estoy con vosotros y nadie estará en contra».

Lectura de Hechos de los Apóstoles (20:16-18, 28-36)

 En aquellos días: Pablo había resuelto pasar de largo por Efeso, para no perder tiempo en Asia. Se daba prisa, porque quería estar, si le era posible, el día de Pentecostés en Jerusalén. Entonces desde Mileto envió a llamar a los presbíteros de la Iglesia de Efeso. Cuando llegaron donde él, les dijo:

«Tengan cuidado de ustedes y de toda la grey, en medio de la cual les ha puesto el Espíritu Santo como vigilantes para pastorear la Iglesia de Dios, que Él se adquirió con su propia sangre.

Yo sé que, después de mi partida, se introducirán entre ustedes lobos crueles que no tendrán clemencia del rebaño; y también que de entre ustedes mismos se levantarán hombres que hablarán cosas perversas, para arrastrar a los discípulos detrás de sí. Por tanto, vigilen y acuérdense que durante tres años no he cesado de amonestarles día y noche con lágrimas a cada uno de ustedes.

Ahora, hermanos, les encomiendo a Dios y a la Palabra de su Gracia, que tiene poder para edificarlos y darles la herencia con todos los santificados.

Yo de nadie codicié plata, oro o vestido. Ustedes saben que estas manos proveyeron a mis necesidades y a las de mis compañeros. En todo les he enseñado que es así, trabajando, como se debe socorrer a lo débiles y que hay que tener presentes las palabras del Señor Jesús, que dijo: Mayor felicidad hay en dar que en recibir.»

Dicho esto, se puso de rodillas y oró con todos ellos.

Evangelio según San Juan (17:1-13)

En aquel tiempo, Jesús alzó los ojos al cielo y dijo: «¡Padre!, ha llegado la hora; glorifica a tu Hijo, para que tu Hijo te glorifique a Ti. Y según le has dado potestad sobre toda carne, dé también vida eterna a todos los que le diste. Y ésta es la vida eterna: que te conozcan a Ti, el único Dios verdadero, y a Jesucristo, a quien has enviado.

Yo te he glorificado en la tierra, y he llevado a cabo la obra que me encomendaste. Ahora glorifícame, ¡oh Padre!, junto a Ti, con la gloria que tenía a tu lado antes que fuese el mundo. He manifestado tu Nombre a los hombres que del mundo me has dado. Tuyos eran, y me los has dado, y han guardado tu palabra. Ahora han conocido que todo lo que me has dado, viene de Ti, porque las palabras que me diste, les he dado; y ellos las han recibido y han conocido verdaderamente que vengo de Ti, y han creído que Tú me enviaste. Yo ruego por ellos, no ruego por el mundo, sino por los que me has dado, porque tuyos son, y todo lo mío es tuyo, y todo lo tuyo es mío; y he sido glorificado en ellos. Yo ya no estoy en el mundo, pero ellos sí están en el mundo; yo voy a Ti.

¡Oh Padre Santo!, guarda en tu Nombre a los que me has dado, para que sean uno, así como Nosotros. Cuando estaba con ellos en el mundo, yo los guardaba en tu Nombre; a los que me has dado, yo los guardaba, y ninguno de ellos se ha perdido, salvo el hijo de la perdición, para que la Escritura se cumpliese. Pero ahora voy a Ti, y digo esto en el mundo, para que tengan en sí mismos mi alegría en su plenitud.»

El icono de la Divina Ascensión

Ascención ICristo, después de su Resurrección se manifestó varias veces a los discípulos, a las Mirróforas, a más de quinientas personas como nos cuenta San Pablo, y a muchos otros confirmando su Resurrección. Cuarenta días después, ascendió a los cielos. Este acontecimiento, que festejamos el Jueves pasado, nos lo conservó San Lucas en su Evangelio: «mientras los bendecía, se separó de ellos y fue llevado al cielo.» (Lc 24:51).

El icono de la Ascensión nos ilustra el pasaje evangélico: Cristo asciende al Cielo rodeado por un halo de Luz que expresa su Gloria divina, sin embargo su vestimenta parece igual a la de los apóstoles; pues con su Ascensión ha elevado con Él a la naturaleza humana. La Ascensión del Señor no es un traslado de lugar (de la tierra al cielo) sino que significa la salida del espacio de lo creado y el ingreso en el divino y eterno. Cristo, elevó nuestra naturaleza humana a donde nunca había estado.

La Virgen en el centro del icono eleva sus manos orando en silencio; ella representa la Iglesia, ya que su seno era el lugar de reunión entre lo humano y lo divino, así como la Iglesia lo es a partir de Pentecostés.

Los dos ángeles vestidos de blanco dicen a los apóstoles: «¿Qué hacéis ahí mirando al cielo? Éste que os ha sido llevado, este mismo Jesús, vendrá así tal como le habéis visto subir al cielo.» (Hch1: 11)

Los apóstolos, con un movimiento vital, expresan el gozo de recibir la bendición del Hijo de Dios; tristes por ser separados de Él, pero optimistas por la promesa del Espíritu Santo que haría perpetua la Presencia de Jesús en sus corazones. Algunos de ellos miran hacia la Ascensión pero otros contemplan a la Virgen: ¿cómo en tu seno ha cabido el Rey de la Gloria?

El icono de la Ascensión es ilustración de la Iglesia cuya Cabeza es nuestro Señor Jesucristo, cuya imagen es la Virgen, y cuyos pilares son los Apóstoles.

Concilio de Nicea

fathersecumenicalcouncilsCon la asistencia de 318 obispos de Europa, África y Asia, se celebró en Necea, a mediados del año 325 d.C, el primer concilio ecuménico de la Iglesia, convocado, ciertamente, por el emperador Constantino el Grande, y presidido, al parecer, por Eustacio, obispo de Antioquía. Destaca la presencia en este concilio de un grupo numeroso de Padres que, por su fe, dieron un ejemplo vivo de vida en Cristo, como son San Nicolás de Mira, Espiridión de Trimitos, Macario de Jerusalén, y el Diácono, en ese entonces, san Atanasio el Grande.

En el primer tercio del Siglo IV, el pueblo cristiano se encontraba dividido y confundido por la predicación de un diácono libio, Arrio, que rechazaba la divinidad de Cristo, y enseñaba que el Señor era criatura y no creador y, por lo tanto, no era ni eterno ni consubstancial al Padre. Así mismo decía que sólo en forma alegórica se le nombraba «Hijo», «Sabiduría» y «Poder» de Dios. Después de intentos vanos de parte del patriarca de Alejandría para convencerle de su error, más tarde, su doctrina fue condenada, y Arrio fue despojado de sus grados clericales por un concilio local celebrado en Alejandría en el año 321 al que asistieron 100 obispos de Egipto y Libia.

El 1er. Concilio Ecuménico reunido en la plaza central del palacio imperial en Necea se enteró de la enseñaza de Arrio y la condenó como herética confirmando la fe establecida en el Evangelio y que aún sostiene la Iglesia: Cristo es verdadero Dios. Con ello, los Padres del concilio no inventaban un dogma nuevo, sino que se afirmaban en la doctrina de los santos Apóstoles y consolidaban sus enseñanzas: «Nosotros estamos en el Verdadero, en su Hijo Jesucristo. Éste es el Dios verdadero y la Vida eterna», dice Juan el evangelista (1Jn 5:20). Sobre esta base el concilio expresó su fe en el Padre y El Hijo dictando la primera parte del Credo, o Símbolo de Necea. Por las oraciones de los Santos Padres, Señor, ten piedad de nosotros. AMÉN.

Una experiencia cristiana: los cinco idiomas

Madre Gavrilia (+1992)

gavriliaCuando estaba en India, una vez me encontré con un misionero que me dijo: “Puedes ser una mujer bondadosa pero no buena cristiana.” Le pregunté: “¿Por qué?” “Porque ya tienes mucho tiempo aquí y no hablas más que inglés. ¿Cuántas lenguas locales has aprendido?” Contesté: “En realidad no he tenido tiempo para aprender, corro de un lado a otro, siempre atendiendo a mis pacientes (ella ofrecía gratuitamente terapia de pie) y lo único que sé decir es ¡buenos días! y ¡buenas noches!”. “Entonces no eres una buena cristiana –me recalcó– y mucho menos misionera. Mira a los misioneros católicos y protestantes cuántos dialectos aprenden.” Yo rezaba en mi corazón con mucho fervor: “¡Dios mío, dame una respuesta!” Luego dije: “Ah! Me acordé. Yo uso cinco idiomas.” “De veras. ¿Cuáles?” Contesté confiadamente: “el primero, la sonrisa; el segundo, las lágrimas; el tercero, el tacto; el cuarto, la oración; y el quinto, el amor… con estos cinco idiomas he viajado en todo el mundo.” El hombre, perplejo, empezó a buscar una pluma para apuntar. Eso es cierto: con estas cinco herramientas todo el mundo es tuyo.

(Fragmentos tomados del libro, Mother Gavrilia, the Ascetic of Love, Nun Gavrilia, Greece 2000) 

La ordenación del Padre Emiliano

(Fotos)

 

Boletín del 29/05/2011

Domingo de la curación del ciego

domingo del ciego

“Oh Señor, ilumina mis ojos espirituales
oscurecidos con las tinieblas del pecado;
úntalos con la humildad, oh Misericordioso,
y lávalos con las lágrimas del arrepentimiento.”

Exapostelario

Tropario de la Resurrección

Tono 4

Al coeterno Verbo, con el Padre y el Espíritu,
Al Nacido de la Virgen para nuestra salvación,
alabemos, oh fieles, y prosternémonos.
Porque se complació en ser elevado en el cuerpo sobre la Cruz
y soportar la muerte,
y levantar a los muertos por su Resurrección gloriosa.

Condaquio de la Pascua

Tono 8

Cuando descendiste al Sepulcro, oh Inmortal,
destruiste el poder del Hades;
y al resucitar vencedor, oh Cristo Dios,
dijiste a las mujeres Mirróforas: «¡Regocíjense!»;
y a tus discípulos otorgaste la paz,
Tú que  concedes a los caídos la resurrección.

Lectura de Hechos de los Apóstoles (16: 16-34)

En aquellos días: sucedió que mientras íbamos a la oración, nos vino al encuentro una muchacha  esclava poseída de un espíritu adivino, que pronunciando oráculos producía mucho dinero a sus amos. Nos seguía a Pablo y a nosotros gritando: «Estos hombres son siervos del Dios Altísimo, que os anuncian un camino de salvación.» Venía haciendo esto durante muchos días. Cansado Pablo, se volvió y dijo al espíritu: «En nombre de Jesucristo te mando que salgas de ella.» Y en el mismo instante salió.

Al ver sus amos que se les había ido su esperanza de ganancia, prendieron a Pablo y a Silas y los arrastraron hasta el ágora, ante los magistrados; los presentaron a los pretores y dijeron: «Estos hombres alborotan nuestra ciudad; son judíos y predican unas costumbres que nosotros, por ser romanos, no podemos aceptar ni practicar.» La gente se amotinó contra ellos; los pretores les hicieron arrancar los vestidos y mandaron azotarles con varas. Después de haberles dado muchos azotes, los echaron a la cárcel y mandaron al carcelero que los guardase con todo cuidado. Éste, al recibir tal orden, los metió en el calabozo interior y sujetó sus pies en el cepo.

Hacia la media noche Pablo y Silas estaban en oración cantando himnos a Dios; los presos les escuchaban. De repente se produjo un terremoto tan fuerte que los mismos cimientos de la cárcel se conmovieron. Al momento quedaron abiertas todas las puertas y se soltaron las cadenas de todos. Despertó el carcelero y al ver las puertas de la cárcel abiertas, sacó la espada e iba a matarse, creyendo que los presos habían huido. Pero Pablo le gritó: «No te hagas ningún mal, que estamos todos aquí.»

El carcelero pidió luz, entró de un salto y tembloroso se arrojó a los pies de Pablo y Silas, los sacó fuera y les dijo: «Señores, ¿qué tengo que hacer para salvarme?» Le respondieron: «Ten fe en el Señor Jesús y te salvarás tú y tu casa.» Y le anunciaron la Palabra del Señor a él y a todos los de su casa. En aquella misma hora de la noche el carcelero los tomó consigo y les lavó las heridas; inmediatamente recibió el bautismo él y todos los suyos. Les hizo entonces subir a su casa, les preparó la mesa y se alegró con toda su familia por haber creído en Dios.

Evangelio según San Juan (9:1-39)

En aquel tiempo, Jesús al pasar, vio a un hombre ciego de nacimiento; sus discípulos le preguntaron: «Maestro, ¿quién pecó, éste o sus padres?» Jesús respondió: «Ni él pecó ni sus padres, sino para que las obras de Dios se manifiesten en él. Conviene que Yo haga las obras del que me ha enviado mientras es de día; viene la noche cuando nadie puede trabajar. Mientras estoy en el mundo, Yo soy la Luz del mundo.»

Dicho esto, escupió en la tierra e hizo lodo con la saliva, y untó con el lodo los ojos del ciego, y le dijo: «Vete y lávate en la piscina de Siloé» (palabra que significa “el enviado”). Él fue y se lavó allí, y cuando volvió veía claramente.

Sus vecinos y los que antes solían verlo pedir limosna decían: «¿No es éste el que se sentaba aquí y pedía limosna?» Unos decían: «Es él», otros en cambio: «No, es uno que se le parece.» Pero él afirmaba: «Sí, soy yo.» Le preguntaban, pues: «¿Cómo se te han abierto los ojos?» Contestó: «Aquel hombre que se llama Jesús hizo un poquito de lodo, me untó los ojos, y me dijo: “Vete a la piscina de Siloé y lávate allí.” Fui, me lavé, y ahora veo.» Le preguntaron: «¿Dónde está ése?» Respondió: «No lo sé.»

 Lo llevaron, pues, ante los fariseos al que había sido ciego. Pero es de advertir que ese día en que Jesús hizo el lodo y le abrió los ojos al ciego era sábado. Nuevamente, pues, los fariseos le preguntaban también cómo había recobrado la vista. El les respondió: «Puso lodo sobre mis ojos, me lavé, y veo.» Sobre lo que decían algunos de los fariseos: «No viene de Dios este hombre, pues no guarda el sábado.» Otros decían: «¿Cómo un hombre pecador puede realizar tales señales?» Y había desacuerdo entre ellos. Entonces volvieron a decirle al ciego: «Y tú ¿qué dices del que te ha abierto los ojos?» Respondió: «Que es un profeta.» Pero, por lo mismo, no creyeron los judíos que hubiese sido ciego, hasta que llamaron a sus padres y les preguntaron: «¿Es éste su hijo, de quien dicen que nació ciego? ¿Cómo es que ahora ve?» Sus padres les respondieron: «Sabemos que éste es hijo nuestro, y que nació ciego, pero cómo ahora ve, no lo sabemos, ni tampoco sabemos quién le ha abierto los ojos; pregúntenle a él, edad tiene y puede responder por sí mismo.» Esto dijeron sus padres por miedo a los judíos, porque los judíos se habían puesto de acuerdo en echar de la sinagoga a cualquiera que reconociese a Jesús por el Cristo. Por eso dijeron: «Edad tiene: pregúntenle.»

Llamaron, pues, otra vez al hombre que había sido ciego, y le dijeron: «¡Da gloria a Dios! Nosotros   sabemos   que   ese   hombre   es    un pecador.» Él respondió: «Si es pecador, yo no lo sé; sólo sé que yo antes era ciego y ahora veo.» Le replicaron: «¿Qué hizo él contigo? ¿Cómo te abrió los ojos?» Les respondió: «Ya se lo he dicho y no me han oído, ¿por qué quieren oírlo otra vez? ¿Acaso será que también ustedes quieren hacerse discípulos suyos?» Entonces comenzaron a insultarlo. Y le dijeron: «Tú eres discípulo de ése; nosotros somos discípulos de Moisés. Nosotros sabemos que a Moisés le habló Dios, mas éste no sabemos de dónde es.» Respondió aquel hombre y les dijo: «Aquí está lo extraño:  me  ha  abierto  los  ojos  y ustedes no saben de donde viene… Sabemos que Dios no escucha a los pecadores, sino que al que teme a Dios y hace su voluntad, a éste le escucha. Desde que el mundo es mundo no se ha oído jamás que alguien haya abierto los ojos de un ciego de nacimiento. Si este hombre no fuese de Dios, no podría hacer nada de lo que hace.» Le respondieron: «Saliste del vientre de tu madre envuelto en pecado, ¿y nos das lecciones?» Y lo echaron fuera.

 Oyó Jesús que lo habían echado fuera, y encontrándolo, le dijo: «¿Crees en el Hijo de Dios?» Respondió él y dijo: «¿Y quién es, Señor, para que crea en Él?» Le dijo Jesús: «Lo has visto; es el mismo que está hablando contigo.» Él entonces dijo: «Creo, Señor.» Y se postró ante Él.

Curación-conversión

No sabía ni cómo ni por qué Jesús lo sanó y lo volvió hacia Él, pero si sabía que su vida había cambiado radicalmente; no solo porque ahora veía y todo se iluminaba a su alrededor, sino porque ahora creía. En él nacían tanto la alegría de vivir y gratitud hacia Aquel que lo había curado, como confianza, respeto y fidelidad. Antes, en aquélla ceguedad que le envolvía, ¿qué luz podría brillar, qué verdad, qué esperanza, qué camino podría haber? La gracia de la vida aguardaba su manifestación: recibir la luz que disipara las tinieblas. No solo el cuerpo, del ciego de nacimiento, carecía de las lámparas que lo iluminaran, sino también su alma estaba oscurecida. Al estar imposibilitado de ver las obras de Dios, en las que Él nos revela su poder y divinidad desde la creación del mundo, su alma se encontraba privada de la luz de este conocimiento.

Que su ceguera interior era, incluso, más grande que la corporal se puede ver en el hecho de que ésta última es erradicada de inmediato: Ese hombre que se llama Jesús, hizo barro, me untó los ojos y me dijo: Vete a Siloé y lávate. Yo fui, me lavé y vi.  Mientras, la oscuridad  de los ojos de dentro, más densa, se desvanece solo paso a paso ante la luz. Impedido por la ceguera para actuar libremente, está limitado también para ejercitar su propia voluntad. De hecho no es libre, es, por el contrario, totalmente dependiente. Por eso, cuando la luz irrumpe en su oscuridad y ve, también ve y vive su liberación, su capacidad de decidir, de aceptar o rechazar, de creer o no creer. En la iluminación corporal que le es concedida no interviene su voluntad, es obra de la sola gracia divina. En la interior, el Señor  le deja en plena libertad de decidir según su voluntad qué hacer con la luz que Él le concede. Depende ahora de sí mismo, ser fiel o infiel, confiarse a Él y seguirlo o ser incrédulo y apartarse. El Señor lo deja actuar libremente e inicia su crecimiento en la fe y en el conocimiento de Dios que le han sido otorgados. Mejores no podían ser las bases  para establecer una correcta relación con Dios: humildad, mansedumbre y obediencia. Desde que el Señor lo vio y se acercó a él para iluminarlo física y espiritualmente, el ciego de nacimiento no protestó, no cuestionó ni menos resistió todo lo que Jesús hizo y le mandó hacer. Después con gran valor defiende la autenticidad y veracidad del portentoso suceso realizado por un hombre bueno llamado Jesús, al comienzo de su nueva vida; por un hombre sin pecado, poco más tarde; por un profeta, cuando es mayor su elevación espiritual; y, finalmente, cuando llega a la visión perfecta y su fe alcanza la madurez,  ve y cree  en el verdadero hacedor de aquella maravillosa obra divina: el Hijo de Dios a quien adora y glorifica. Si no hago las obras de mi Padre, no me creáis; pero si las hago, aunque a mi no me creáis, creed por las obras, y así sabréis y conoceréis que el Padre está en mi y yo en el Padre. (Jn10:37-38)

Rev. Padre Juan Peña
Catedral de San Jorge
México D.F.

Jueves de Ascensión

El siguiente jueves, 13 de mayo, celebramos la Divina Ascensión, acontecimiento en el cual el Señor, 40 días después de su Resurrección, ascendió a los Cielos en medio de sus Discípulos. ¡Que estos cuarenta días nos confirmen en la realidad de la Resurrección para dar testimonio digno de la grandeza de la Buena Nueva!

DSC06732Ordenación diaconal

Hoy, domingo 29 de mayo, en la Catedral de San Jorge, México D.F., por la imposición de manos de S. E. Sayedna Antonio, Arzobispo de nuestra Arquidiócesis, el Diácono Emiliano Díaz recibe la ordenación sacerdotal.

Felicitamos al padre y a su familia, deseándole un servicio colmado de virtud, gracia y bendición.

Fiesta de San Jorge

El domingo 22 de mayo se celebró la memoria de San Jorge. Después de la divina Liturgia los feligreses participaron en una comida que las Damas de San Jorge organizaron en la restaurante “Ambrosía”. Fue una reunión muy bonita de amigos y familiares. Felicitamos a la damas de San Jorge y a todos los miembros de la comunidad, y pedimos a Dios que les guarde a todos en su amor y protección por la intercesión del Gran Mártir San Jorge

Fotos de la comida:

 

Boletín del 22/05/2011

Domingo de la Samaritana

samaritana

Oh Salvador Todopoderoso
que hiciste brotar agua a los hebreos de una roca muda:
al llegar a la tierra de Samaría hablaste con una mujer pidiéndole agua,
así la atrajiste hacia la fe en Ti,
y ahora ha alcanzado la vida eterna en los cielos.

Exapostelario

Tropario de la Resurrección

Tono 4

Las discípulas del Señor aprendieron del Ángel
el alegre anuncio de la Resurrección,
y la sentencia ancestral rechazaron
y se dirigieron con orgullo a los apóstoles
diciendo: ¡Fue aprisionada la muerte,
Resucitó Cristo Dios y concedió al mundo
la gran misericordia!

Tropario de “Mediada la Fiesta”

Tono 8

Mediada la Fiesta, riega mi alma sedienta
con las aguas de la devoción,
Tú que exclamaste a todos:
“Si alguno tiene sed, venga a mí y beba.”
¡Oh Fuente de la Vida, Señor, Gloria a Ti!

Condaquio de la Pascua

Tono 8

Cuando descendiste al Sepulcro, oh Inmortal,
destruiste el poder del Hades;
y al resucitar vencedor, oh Cristo Dios,
dijiste a las mujeres Mirróforas:
«¡Regocíjense!»;
y a tus discípulos otorgaste la paz,
Tú que  concedes a los caídos la resurrección.

Carta del Apóstol San Pablo a los hebreos (13: 7-16)

Hermanos: Acuérdense de sus dirigentes, que les anunciaron la Palabra de Dios y, considerando el final de su vida, imiten su fe. Jesucristo es el mismo, ayer como hoy y por los siglos. No se dejen seducir por doctrinas varias y extrañas. Mejor es fortalecer el corazón con la Gracia que con alimentos que nada aprovecharon a los que siguieron ese camino. Tenemos nosotros un altar del cual no tienen derecho a comer los que dan culto en la Tienda.

Los cuerpos de los animales, cuya sangre lleva el sumo sacerdote al santuario para la expiación del pecado, son quemados fuera del campamento. Por eso, también Jesús, para santificar al pueblo con su Sangre, padeció fuera de la puerta. Así pues, salgamos donde Él fuera del campamento, cargando con su oprobio; que no tenemos aquí ciudad permanente, sino que andamos buscando la que está por venir. Ofrezcamos sin cesar, por medio de Él, a Dios un sacrificio de alabanza, es decir, el fruto de los labios que confiesan su Nombre. No se olviden de hacer el bien y de ayudarse mutuamente, porque en tales sacrificios Dios se complace.

Evangelio según San Juan (Jn 4:5-42)

En aquel tiempo, llegó Jesús a una ciudad de Samaria llamada Sicar, vecina a la tierra que Jacob dio a su hijo José; allí se encuentra el pozo de Jacob. Jesús, cansado del camino, se sentó junto al pozo; era ya cerca del mediodía. Vino entonces una mujer samaritana a sacar agua. Le dijo Jesús: «Dame de beber» (Pues sus discípulos habían ido a la ciudad a comprar comida). Pero la mujer samaritana le respondió: «¿Cómo Tú, siendo judío, me pides de beber a mí, que soy una mujer samaritana?» (Porque los judíos no se tratan con los samaritanos). Jesús le respondió: «Si conocieras el don de Dios y quién es el que te pide de beber, tú misma le pedirías agua viva y Él te la daría.» Respondió la mujer: «Señor, no tienes con qué sacarla, y además el pozo es muy hondo. ¿Dónde tienes, pues, esa agua viva? ¿Acaso eres tú más que nuestro padre Jacob que nos dio este pozo, del cual bebió él, sus hijos y sus ganados?» Respondió Jesús: «Cualquiera que beba de esa agua, volverá a tener sed; en cambio, el que beba del agua que yo le dé no volverá a tener sed: el agua que yo le dé se convertirá en él en manantial de agua que emanará para vida eterna.» La mujer le dijo: «Señor, dame de esa agua y así ya no sufriré la sed, ni tendré que volver aquí a sacar agua.» Pero Jesús le dijo: «Anda, busca a tu marido y vuelve con él acá.» Respondió la mujer: «No tengo marido.» Le dijo Jesús: «Bien has dicho que no tienes marido, porque has tenido cinco maridos, y el que ahora tienes, no es tu marido. En eso has dicho la verdad.» Le dijo la mujer: «Señor, veo que eres profeta. Nuestros padres adoraron a Dios en este monte, y ustedes los judíos dicen que el sitio donde hay que adorar está en Jerusalén.» Respondió Jesús: «Créeme mujer que llegará el tiempo en que ni en ese monte, ni en Jerusalén adorarán al Padre. Ustedes los samaritanos adoran lo que no conocen, pero nosotros adoramos lo que conocemos, porque la salvación viene de los judíos. Pero ya llega la hora (ya estamos en ella) en que los verdaderos adoradores adorarán al Padre en espíritu y en verdad, porque así quiere el Padre que sean los que lo adoran. Dios es espíritu, y los que lo adoran deben adorarlo en espíritu y en verdad.» La mujer le dijo: «Yo sé que el Mesías (el llamado “Cristo”) está por venir; cuando venga, Él nos revelará todo.» Y Jesús le responde: «Yo Soy, el que te habla.»

En esto llegaron sus discípulos y se extrañaron que hablase con una mujer, pero nadie le dijo «¿qué quieres?», o «¿por qué hablas con ella?» La mujer, dejando allí su cántaro, corrió  a la ciudad y dijo a la gente: «Vengan a ver a un hombre que me ha dicho todo cuanto yo he hecho. ¿No será el Cristo?» Salieron, pues, de la ciudad y fueron a verlo. Entretanto, los discípulos le insistían: «Maestro, come.» Jesús les dijo: «Yo tengo para comer un alimento que ustedes no conocen.» Se decían los discípulos unos a otros: «¿Le habrán traído de comer?» Pero Jesús les dijo: «Mi comida es hacer la voluntad del que me ha enviado, y dar cumplimiento a su obra. ¿No dicen  ustedes:  “Dentro de cuatro meses será tiempo de siega”? Pues bien ahora yo les digo: Levanten la vista y miren los campos, y vean que ya están blanqueados para la siega. Ya el segador cobra su paga y recoge fruto para la vida eterna, y con esto el sembrador  también  participa  en la  alegría  del segador. En esta ocasión, se vale aquel refrán: uno es el que siembra, y otro es el que cosecha. Yo los he enviado a ustedes a cosechar donde no se habían fatigado; otros se fatigaron y ustedes se aprovechan de su fatiga.»

 Muchos samaritanos de aquella ciudad creyeron en Él por las palabras de la mujer, que aseguraba: «Me ha revelado todo cuanto yo hice.» Y cuando llegaron a Él los samaritanos, le rogaron que se quedase allí. En efecto, se detuvo dos días en aquella ciudad, con lo que fueron muchos más los que creyeron en Él por haber oído sus palabras; y decían a la mujer: «Creemos ya no por lo que tú has dicho, sino nosotros mismos lo hemos oído y hemos conocido que Éste es verdaderamente el Salvador del mundo.»

desde el poso hasta el martirio

La lectura evangélica de este día enseña una experiencia más sobre el encuentro con el Señor, encuentro que místicamente transforma la vida. La famosa samaritana ascendió en el conocimiento de Jesús gradualmente hasta que llegó a proclamarlo el Señor de su vida.

Cuando esta mujer estaba junto al pozo, encontró a Jesús. Allá, rodeada con todas sus preocupaciones mundanas, no podía ver en Jesús más que un judío, un hombre común, por lo que le dijo: «¿Cómo tú, siendo judío, me pides de beber a mí que soy una mujer samaritana?» Pues, para ella, Cristo no es más que un hombre extraño que pertenece a una raza enemiga.

Jesús le habló del «agua viva»: quien beba de ella «no volverá a tener sed». Este discurso la llevó a reflexionar sobre la religión y por ello dijo: «¿Acaso eres tú más que nuestro padre Jacob que nos dio este pozo, del cual bebió él, sus hijos y sus ganados?»

A partir de este diálogo «religioso», el Señor despierta en ella la conciencia y el auto examen preguntándole acerca de su marido y de su vida privada en lugar de seguir con cuestionamientos de índole religioso. Cuando sus palabras tocaron la vida y lo moral, Jesús pasa a ser, para ella, un profeta. Los profetas siempre han exigido congruencia entre la religiosidad y el comportamiento, «porque yo quiero misericordia, no sacrificio, dice el Señor» (Os 6:6).

A través de esta puerta vital, la penitencia y el auto conocimiento, el Señor la introdujo en el tema de la adoración en Espíritu, lejos de las reglas. Le habló de la religión, no como deberes sino como un amor voluntario y experiencia de la Verdad: «Dios es espíritu, y los que lo adoran deben adorarlo en espíritu y en verdad.» La profundidad de las palabras de Jesús trajo a la memoria de la samaritana las profecías sobre el Mesías: «Yo sé que el Mesías está por venir», y Jesús le dijo: «Yo Soy, el que te está hablando.» Pasa a ser para ella el Cristo esperado, el Salvador del mundo.

Mientras se preocupaba por sus necesidades materiales, lo veía como un hombre común; cuando comenzó a transitar por el mundo de la religión, lo consideró como religioso; cuando entró en sí misma experimentando la penitencia y confesando su realidad, lo admiró como un profeta; finalmente cuando llegó a la adoración en Espíritu y en verdad, a la libertad de la fe, comprendió que era el Mesías. Y lo más grandioso es que en cuanto asimiló que Jesús era el Salvador, se convirtió en una discípula de Él y apóstol: dejó su cántaro, más bien, su vida bajo los pies del Señor y corrió a anunciar a sus compatriotas: «Vengan a ver», y a ofrecer su testimonio, a saber, su martirio. Ella es santa Fotina (iluminada), mártir en Cristo que la Iglesia conmemora el día 26 de febrero. Sus intercesiones sean con nosotros. Amén.

El Gran Mártir San Jorge

San JorgeLa Iglesia Ortodoxa ha enfatizado siempre que el reconocimiento de un santo, antes de ser confirmado como tal por las Autoridades Eclesiásticas, surge de la conciencia del pueblo de Dios, que venera, aún en vida, a una persona por su santidad, y mucho más después de su muerte.

En este sentido el pueblo ortodoxo, a lo largo de la historia, ha venerado a San Jorge y agradecido su eficaz intercesión, a tal grado que es impresionante el número de iglesias construidas, desde el siglo IV hasta la fecha, dedicadas a este Gran Mártir de Cristo y puestas bajo su patrocino; y todavía más, que casi no haya familia en la que alguno de sus miembros no lleve el nombre de “Jorge.”

Jorge nació en la ciudad de Al-Led, Palestina, de una familia distinguida por su posición social, en el año 280. Al cumplir los 17 años, se incorporó al ejército; su notable entrega y valor impresionó de tal manera al emperador Diocleciano que rápidamente lo ingresó a su guardia real.

Poco después, Diocleciano emprendió su encarnizada persecución en contra de los cristianos, y los ríos de sangre desbordaron como nunca antes. Sin embargo, la fe de Jorge, antes que nada, soldado de Cristo, ni siquiera se tambaleó, sino que fortalecida, se enfrentó con toda valentía al emperador, proclamó su cristianismo y defendió su fe, la fe en Jesucristo, Dios verdadero.

Diocleciano, encolerizado, ordenó torturar a Jorge, pero todos los dolores no pudieron vencer la Gracia de Dios que apoyó al Mártir en su testimonio.  Entonces, el emperador, frustrado por su impotencia de hacer vacilar la sólida fe de Jorge, mandó decapitarlo. El soldado de Cristo lleno de alegría, con esa valentía que lo caracterizaba y con la luz de la Gracia Divina resplandeciendo en su rostro, inclinó la cabeza ante el verdugo. Su cabeza cayó, su alma se elevó al Cielo, su fama se difundió por todo el imperio, y su amor conquistó los corazones de los fieles que han gozado y gozan de su intercesión, manifestada en milagros, curaciones, consuelos y fortalecimiento de su fe, hasta el día de hoy.

Este cariño del pueblo de Dios hacia San Jorge le hizo aplicar al Soldado de Cristo, un antiguo mito referente a un guerrero que, defendiendo a su pueblo, mata al dragón que quiere comer a la bellísima princesa. La Iglesia aceptó esta aplicación y pintó a San Jorge como el soldado que con la lanza de su intercesión ha vencido al demonio y rescatado a la Iglesia, la Novia Inmaculada de Cristo, de cuantiosos peligros que la han rodeado. Que sus intercesiones sean para con todos nosotros. Amén. 

 

Boletín del 15/05/2011

Dommingo del Paralítico

domingo del paralitico

El Señor misericordioso, Amante de la humanidad,
se detuvo en la Piscina de Betesda para curar las enfermedades,
y encontró a un hombre paralítico desde muchos años atrás,
y le dijo: “Levántate, carga tu camilla, y anda por rectos caminos.
Exapostelario

Tropario de la Resurrección

Tono 3

icono_audioQue se alegren los celestiales
y que se regocijen los terrenales;
Porque el Señor desplegó la fuerza de su brazo,
pisoteando la muerte con su muerte;
y, siendo el primogénito de entre los muertos,
nos salvó de las entrañas del Hades
y concedió al mundo la gran misericordia.

Condaquio de la Pascua

Tono 8

icono_audioCuando descendiste al Sepulcro, oh Inmortal,
destruiste el poder del Hades;
y al resucitar vencedor, oh Cristo Dios,
dijiste a las mujeres Mirróforas:
«¡Regocíjense!»;
y a tus discípulos otorgaste la paz,
Tú que  concedes a los caídos la resurrección.

Hechos de los Apóstoles  (Hch 9: 32-42)

En aquellos días: Pedro, que andaba recorriendo todos los lugares, bajó también a visitar a los santos que habitaban en Lida. Encontró allí a un hombre llamado Eneas, tendido en una camilla desde hacía ocho años, pues estaba paralítico. Pedro le dijo: «Eneas, Jesucristo te cura; levántate y arregla tu lecho». Y al instante se levantó. Todos los habitantes de Lida y Sarón lo vieron, y se convirtieron al Señor.

Había en Joppe una discípula llamada Tabitá, que quiere decir Gacela. Era rica en buenas obras y en limosnas que hacía. Por aquellos días enfermó y murió. La lavaron y la pusieron en la estancia superior. Lida está cerca de Joppe, y los discípulos, al enterarse que Pedro estaba allí, enviaron dos hombres con este ruego: «No tardes en venir a nosotros».

Pedro partió inmediatamente con ellos. Así que llegó le hicieron subir a la estancia superior y se le presentaron todas las viudas llorando y mostrando las túnicas y los mantos que Dorcás hacía mientras estuvo con ellas. Pedro hizo salir a todos, se puso de rodillas y oró; después se volvió al cadáver y dijo: «Tabitá, levántate.» Ella abrió sus ojos y al ver a Pedro se incorporó. Pedro le dio la mano y la levantó. Llamó a los santos y a las viudas y se la presentó viva. Esto se supo por todo Joppe y muchos creyeron en el Señor.

Evangelio según San Juan (Jn 5: 1-12)

En aquel tiempo, subió Jesús a Jerusalén. Hay en Jerusalén una piscina, cerca de la puerta de las ovejas, llamada en hebreo Betesda, la cual tiene cinco pórticos. En ellos, yacía una gran multitud de enfermos, ciegos, cojos y paralíticos aguardando el movimiento de las aguas, pues un ángel del Señor bajaba de tiempo en tiempo a la piscina, y agitaba el agua; y el primero que después de movida el agua entraba en la piscina, quedaba sano de cualquier enfermedad que tuviese. Estaba allí un hombre que hacía treinta y ocho años que se hallaba enfermo. Jesús, al verlo tendido y al enterarse de que llevaba ya mucho tiempo, le dijo: «¿Quieres recobrar la salud?» El enfermo respondió: «Señor, no tengo a nadie que me meta en la piscina cuando se agita el agua, por lo cual mientras yo voy, ya se ha metido otro.» Le dijo Jesús: «Levántate, toma tu camilla y anda.» De repente se halló sano este hombre, tomó su camilla y se puso a andar.

Era aquél un día sábado; por eso le decían los judíos al que había sido curado: «Es sábado y es ilícito llevar a cuestas la camilla.» Les respondió: «El que me ha devuelto la salud me ha dicho: “Toma tu camilla y anda”.» Le preguntaron entonces: «¿Quién es ese hombre que te ha dicho: “Toma tu camilla y anda”?» Pero el curado no sabía quién era, pues Jesús había desaparecido porque había mucha gente en aquel lugar. Más tarde, Jesús lo encontró en el templo y le dijo: «Mira que has quedado curado; no peques más, para que no te suceda algo peor.» El hombre fue a decir a los judíos que era Jesús quien le había curado.

Obedeciendo a Cristo

Amados hermanos: “Dios quiere que todos los seres humanos se salven y lleguen al conocimiento de la verdad” (1Tim 2:4-5). Es por ello que Jesús, quien es la Verdad, día tras día y de diversas maneras nos sale al encuentro como La Verdadera Vida, y, al vernos enfermos, débiles y casi al borde de la muerte, lleno de bondad nos invita, diciéndonos: ¿Hijo, quieres recobrar la salud? Al reconocer que realmente es nuestro Salvador, nos viene a la mente quien es Él y todo lo que Él es capaz de hacer, ya que es la Vida misma. Ahora, en este momento, sí es necesaria  una respuesta de fe en absoluta obediencia: Un ¡Sí, quiero!

En este acontecimiento tan trascendente para este pobre hombre que llevaba 38 años de parálisis total, abandonado de todos los suyos, sin amigos, sin siquiera la solidaridad de sus compañeros enfermos, tiene la dicha de ver a Jesús. Se le acerca decidido a darle  ese aliento de vida. Indudablemente que al darse cuenta que está ante Jesús, quien le pregunta: ¿Quieres recobrar la salud?, vemos cómo este hombre explica a Jesús que debido a su completa incapacidad no ha tenido quien le ayude a descender al estanque del Siloé. ¡Por fin, la mano del gran Amigo de la humanidad llegó evitándole bajar a esa piscina! A la voz  poderosísima del Señor de la Vida, quien le ordenó: “¡Levántate y anda!”, este hombre obedeció y al instante recibió el don de la salud. Jesús, lo había sanado. ¡Qué conmovedoras son sus palabras, que hasta este pobre y olvidado de todos en el abandono absoluto, aún brillaba en él una chispa de esperanza! Este hombre fue el Job de los tiempos de la manifestación de la salvación. Más lo importante de este acontecimiento es la invitación que el mismo Señor le hace, al encontrarle nuevamente en el Templo. Se acerca y le recomienda que para continuar en salud de alma y cuerpo, esté  muy atento: “Mira, has sido sanado; no peques más para que no te venga algo peor”.  La Vida, ese divino tesoro encerrado en vasijas de barro, nos conduce a la ferviente súplica que “el tiempo restante de nuestra vida se concluya en paz y penitencia.” ¿Por qué es necesario que lo que le resta a nuestra vida la vayamos terminando en la paz y la penitencia? Es obvio que La Vida y la Muerte son enemigas…son contrarias. Es por ello que  mientras se vive en Cristo y en la conciencia de que somos “templo del Espíritu Santo”, sigamos este sabio consejo paulino: “No reine, pues, el pecado en su cuerpo mortal, de modo que lo obedezcan en sus concupiscencias […], sino preséntense  ustedes mismos a Dios como vivos de entre los muertos, y sus miembros a Dios como instrumentos de justicia” (Rom 6:12-14).

Por lo tanto, la fe exige una obediencia a la Palabra de Vida, que es para nosotros, los cristianos ortodoxos “la sana Doctrina” convertida en  Divina Liturgia de alabanza y gratitud.

Rev. Archimandrita Cosme Andrade
parroquia de la Dormición de la Madre de Dios
Mérida, México

La persignación

persignarsePara persignarnos o hacer la señal de la cruz debemos juntar los tres primeros dedos de la mano derecha (pulgar, índice y medio). y los otros dos (anular y meñique), se doblan hacia la palma.

Los tres primeros dedos nos demuestran nuestra fe en la Santísima Trinidad: Dios Padre, Dios Hijo y Dios Espíritu Santo.

Los dos dedos doblados, significan que el Hijo de Dios bajó a la tierra siendo Dios y se hizo hombre, demostrándonos sus dos naturalezas, la divina y la humana.

Al iniciar la señal de la cruz ponemos los tres dedos juntos en: la frente, para santificar nuestra mente; en la cintura para santificar nuestros sentimientos interiores; al hombre derecho y después al izquierdo, para santificar nuestras fuerzas corporales.

La señal de la cruz nos da fuerza para rechazar y vencer el mal. Tenemos que hacerlo correctamente, sin apuro, respetuosamente y conscientes del acto que significa el persignarse.

En caso contrario estamos demostrando: falta de interés y negligencia al hacerlo, de esta manera sólo estamos logrando que los diablos se alegren por nuestra irreverencia, dice san Antonio el Grande.

Nos persignamos al iniciar, durante y al final de una oración; al reverenciar los iconos; al entrar y salir de la Iglesia; al besar la vivificante Cruz; también hay que hacerlo en los momentos críticos de nuestras vidas, en alegrías y pena, en dolor y congoja; antes y después de las comidas.

Sobre la Resurrección

  • “si no resucitó Cristo, vacía es nuestra predicación, vacía también vuestra fe.” (1Cor.15,14).
  • “Muchos son los que creen en la Resurrección de Cristo, pero pocos, los que la ven con claridad.”

(San Simeón el Neo-Teólogo)

  • “nuestra Fiesta (la Resurrección) es la fiesta de las fiestas siempre y cuando  permanezcamos con aquel que es el Novio de la fiesta, y su flor; siempre y cuando comamos su Cuerpo y bebamos su Sangre para la vida eterna y la nueva alianza”

(Patriarca Ignacio IV)

San Jorge¡Felicidades!

Felicitamos a toda la comunidad de la Catedral de San Jorge, en México D.F. y en Venezuela, Valencia, y a todos los que llevan  el nombre de San Jorge y a los que buscan su intercesión, pidiendo al Dios misericordioso que, por la intercesión del Santo, nos otorgue paz y anhelo para seguir su celo y pasos hacia la santidad.

Ordenación diaconal

(Ver fotos)

Boletín del 08/05/2011

Domingo de  las Mujeres Mirróforas

 

las mirroforas en el sepulcro

Mujeres, escuchen la voz de la alegría, que dice:
“¡Pisoteando al Hades tirano, he levantado de la corrupción al mundo!”
Apresúrense y avisen a mis amados la Buena Nueva,
pues deseo que mi creación sea iluminada con la alegría
emanada de donde antes surgía la tristeza.
Exapostelario

Tropario de la Resurrección

Tono 2

Cuando descendiste a la muerte, oh Vida Inmortal,
mataste al Hades con el rayo de tu divinidad,
y cuando levantaste a los muertos del fondo del hades,
todos los poderes Celestiales clamaron:  
Oh dador de la vida, Cristo nuestro Dios, gloria a Ti.

Tropario del Justo José de Arimatea

Tono 2

El virtuoso José, al bajar tu Purísimo Cuerpo del  Madero,
lo envolvió en un sudario limpio,
lo embalsamó con aromas y lo colocó en un sepulcro nuevo;
pero Tú resucitaste al tercer día, oh Señor,
otorgando al mundo la gran misericordia.

Tropario de las Mujeres Mirróforas

Tono 2

El ángel que estaba junto al sepulcro dijo a las Mirróforas:
El  bálsamo es propio de los muertos,
pero Cristo se ha revelado ajeno a la corrupción;
proclamad: «El Señor ha resucitado
concediendo al mundo la gran misericordia.»

Condaquio de la Pascua

Tono 8

Cuando descendiste al Sepulcro, oh Inmortal,
destruiste el poder del Hades;
y al resucitar vencedor, oh Cristo Dios,
dijiste a las mujeres Mirróforas: «¡Regocíjense!»;
y a tus discípulos otorgaste la paz,
Tú que  concedes a los caídos la resurrección.

Lectura de Hechos de los Apóstoles (Hch 6:1-7)

En aquellos días: al multiplicarse los discípulos, hubo quejas de los helenistas contra los hebreos, porque sus viudas eran desatendidas en la asistencia cotidiana. Los Doce convocaron la asamblea de los discípulos y dijeron: «No parece bien que nosotros abandonemos la Palabra de Dios por servir a las mesas. Por tanto, hermanos, busquen de entre ustedes a siete hombres, de buena fama, llenos del Espíritu Santo y de sabiduría, y los pondremos al frente de este cargo; mientras que nosotros nos dedicaremos a la oración y al ministerio de la Palabra.» Pareció bien la propuesta a toda la asamblea y escogieron a Esteban, hombre lleno de fe y del Espíritu Santo, a Felipe, a Prócoro, a Nicanor, a Timón, a Pármenas y a Nicolás, prosélito de Antioquía; los presentaron a los apóstoles y, habiendo hecho oración, les impusieron las manos.

La Palabra de Dios iba creciendo; en Jerusalén se multiplicó considerablemente el número de los discípulos, y muchos de los sacerdotes iban sometiéndose a la fe.

Evangelio según San Marcos (Mc 15:43-16:8)

En aquel tiempo, vino José de Arimatea, miembro respetable del Sanedrín que esperaba también el Reino de Dios, y entró audazmente donde Pilato y pidió el cuerpo de Jesús. Se extraño Pilato de que hubiese muerto tan pronto, e hizo llamar al centurión; le preguntó si había muerto hacía tiempo. Enterado por el centurión, concedió el cuerpo a José, quien compró una sábana, bajó a Jesús de la cruz, lo envolvió en la sábana, y lo puso en un sepulcro que estaba excavado en roca, e hizo rodar una gran piedra contra la entrada del sepulcro. María Magdalena y María, madre de José, observaban dónde quedaba puesto.

Pasado el sábado, María Magdalena, María la madre de Santiago, y Salomé, compraron aromas para ir a embalsamarlo; y muy de madrugada el  primer día de la semana, llegaron al sepulcro, apenas salido el sol. Y se decían unas a otras: «¿Quién nos rodará la piedra de la entrada del sepulcro?» Y levantando los ojos ven que la piedra, que era muy grande, había sido retirada. Y cuando entraron en el sepulcro, vieron a un joven sentado en el lado derecho, vestido con una túnica blanca, y se sorprendieron. Él les dijo: «No se asusten; ustedes buscan a Jesús de Nazaret, el crucificado: ha resucitado, no está aquí. Éste es el lugar donde lo pusieron. Pero vayan y digan a sus discípulos, y a Pedro, que va delante de ustedes a Galilea; allí lo verán, como les dijo.» Ellas, saliendo del sepulcro, huyeron, pues el temblor y el asombro se habían apoderado de ellas, y no dijeron nada a nadie, porque tenían miedo.

la Valentía: indicio de amor

Todos queremos a alguien; pero pocos nos atrevemos a amar al prójimo más que a nosotros mismos. De tal modo era el amor en Cristo de las mujeres mirróforas, que madrugaron el primer día de la semana, apenas «pasado el sábado», y emprendieron el camino hacia el Sepulcro para embalsamar al Señor a Quien sirvieron y quisieron, sin miedo a quienes lo juzgaron y pusieron sobre su Sepultura una piedra «muy grande», y a los guardias.

¿Quién muestra valor como el de las Mirróforas o como José de Arimatea, el cual «tuvo la valentía de entrar donde Pilatos y pedirle el cuerpo de Jesús»? ¿Quién, amando, se atreve a enfrentar a los poderosos de este siglo y a servir y acoger a los marginados? Es más común encontrar un cariño aparente y pasivo que abandona ante la cruz, que el amor verdadero y audaz que asiste al amado, más aún, en los momentos de la debilidad como la muerte y el sepulcro. Sin este amor valiente, jamás se podría cambiar cualquier realidad dolorosa del tiempo presente. ¿Cómo la cristiandad conquistó el mundo romano, pagano y subyugador, si no con la audacia de las mirróforas? El libro de los Hechos de los apóstoles nos habla de las multitudes que cada vez se incorporaban al Camino, no a través de la espada ni del poderío: pescadores echaron la red en la palabra del Señor, se abandonaron en las manos del Todopoderoso, y así transformaron el rostro de la humanidad.

En nuestra era, se han puesto sellos de autenticidad sobre principios corruptos e ideales falsos, a tal grado que se ha considerado natural lo que ninguna conciencia sincera acepta: aborto, familias destrozadas, decadencia moral (y todo en el nombre de la libertad)… Pero, ¿quién tiene el amor que se atreve a «rodar la piedra» para saltar hacia la vida sin advertir estos sellos irreales?

Nuestras comunidades, inclusive las cristianas, admiten la fe superficial: ciertas apariencias confesionales o sociales que se agrupan alrededor de fiestas y tradiciones, y reducen la religión a estas prácticas; para ellas, todo lo que esté más allá de estas fronteras es exageración, pérdida de tiempo e ignorancia. ¿Quién tiene el amor que se atreve a enfrentar, en su interior y ambiente, el dominio de lo social vacío y el terrorismo de la vida light para pedir el cuerpo de Jesús, que aparenta estar muerto pero, en realidad, es la Vida?

La valentía examina la credibilidad del amor y de la fe: valentía de iniciativa, valentía de sacrificio, de paciencia y de perdón. Hay amor que busca el propio interés y otro que accede a la aventura del sacrificio. El primero se conforma con lo disponible que satisface, mientras el segundo no retrocede ante una realidad impuesta y muestra viable lo que parecería imposible: «Todo lo puedo en Aquél que me conforta» (Flp 4:13).

Un cariño apático jamás buscará vida en el Sepulcro y, en consecuencia, nunca le será anunciada la Resurrección como a las discípulas; porque el amor con valentía es digno de recibir la Buena Noticia de la Resurrección, y gustará del gozo del Día del Señor que no conoce ocaso.

Rev. Archimandrita Ignacio Samaán
Catedral de San Jorge
México D.F.

Las Mirroforas

Mirróforas es una palabra griega que quiere decir “las portadores de Mirra”: son las mujeres que llevaron el bálsamo para ungir el Cuerpo de Cristo. El  número y la identidad se varían de un evangelio a otro. Ellas son las mismas que acompañaron a María, la Madre de Dios, durante la Pasión: María Magdalena, María la Madre de Santiago, y Salomé. Aunque los relatos evangélicos no mencionan a la Virgen en medio de las Mirróforas, en los iconos está presente: “Era natural que su Hijo manifestase primeramente a ella”, como dice san Gregorio Palamás. Los Padres de la Iglesia aseguran que las Mirróforas asistieron en aquel bendito amanecer con dinámica densa más de una vez al Sepulcro con números variados, lo que explica la diferencia en narración de los Evangelios.

Las Mirróforas son los primeros testigos de la Resurrección de Jesús. Las primeras en anunciar: ¡Cristo ha resucitado! Las Mirróforas son las primeras Madres de la Iglesia. Por cuyas intercesiones, Señor Jesucristo, ten piedad de nosotros y sálvanos. Amén.

Ordenación diaconalradames2

Hoy, domingo 8 de mayo, en la Catedral de San Jorge, México D.F., por la imposición de manos de S.E. Sayedna Antonio, Arzobispo de nuestra Arquidiócesis, el Sr. Radamés Peña recibe la ordenación diaconal.

Felicitamos al diácono, a su familia y a la Parroquia de San Antonio Abad en Caracas, Venezuela, junto con su Párroco, Rev. Archimandrita José Dib, deseando al diácono un servicio colmado de virtud, gracia y bendición.

 Visita de Su Emiencia Vladika Justiniano

(Ver reporte y fotos)

Pronunciamiento ecuménico

(Texto importante firmado por Iglesias cristianas históricas)

Domingo Nuevo

Domingo de Santo Tomás

Santo Tomas 3
La primavera exhala su perfume
y la nueva creación se regocija;
los cerrojos de las puertas, hoy,
se quitan junto con la desconfianza,
y el querido Tomás exclama:
“Tú eres Señor mío y Dios mío.”
Exapostelario

Tropario de la Fiesta

Tono 7

Oh Cristo nuestro Dios,
estando sellado el sepulcro,
de él saliste esplendoroso, oh Vida.
Y mientras las puertas estaban cerradas,
viniste a los discípulos,
oh Resurrección de todos. Y por ellos,
 nos renovaste a nosotros con Recto Espíritu
según tu gran misericordia.

Condaquio de la Pascua

Tono 8

Cuando descendiste al Sepulcro, oh Inmortal,
destruiste el poder del Hades;
y al resucitar vencedor, oh Cristo Dios,
dijiste a las mujeres Mirróforas:
«¡Regocíjense!»;
y a tus discípulos otorgaste la paz,
Tú que  concedes a los caídos la resurrección.

Lectura de Hechos de los Apóstoles (Lc 5: 12-20) 

En primer aquellos días: por mano de los apóstoles se realizaban muchas señales y prodigios en el pueblo…

solían estar todos con un mismo espíritu en el pórtico de Salomón, pero nadie de los otros se atrevía a juntarse a ellos, aunque el pueblo hablaba de ellos con elogio. Se aumentaba más y más el número de los que creían en el Señor, una multitud así de hombres como de mujeres.

…hasta tal punto que incluso sacaban los enfermos a las plazas y los colocaban en lechos y camillas, para que al pasar Pedro, siquiera su sombra cubriese a alguno de ellos. También acudía la multitud de las ciudades vecinas a Jerusalén trayendo enfermos y atormentados por espíritus inmundos; y todos eran curados.

Entonces se levantó el Sumo Sacerdote, y todos los suyos, los de la secta de los saduceos, y llenos de envidia, echaron mano a los apóstoles y les metieron en la cárcel pública. Pero el Ángel del Señor, por la noche, abrió las puertas de la prisión, les sacó y les dijo: «Id, presentaos en el Templo y decid al pueblo todo lo referente a esta Vida»

Evangelio según San Juan (Jn 20:19-31)

Cuando llegó la noche de aquel mismo día, el primero de la semana, y estando cerradas las puertas de la casa donde se hallaban reunidos los discípulos por miedo a los judíos, se presentó Jesús en medio de ellos y les dijo: «¡La paz sea con ustedes!» Dicho esto, les mostró las manos y el costado. Los discípulos se llenaron de gozo al ver al Señor, el cual les repitió: «¡La paz sea con ustedes! Como el Padre me envió, así los envío también a ustedes.» Dichas estas palabras, sopló sobre ellos y les dijo: «Reciban el Espíritu Santo: a quienes perdonen sus pecados, les serán liberados, y a quienes se los retengan, les serán retenidos.»

Tomás, uno de los doce, llamado el mellizo, no estaba con ellos cuando vino Jesús. Le dijeron después los otros discípulos: «Hemos visto al Señor.» Mas él les respondió: «Si no veo en sus manos la señal de los clavos, y no meto mi dedo en el agujero de los clavos, y mi mano en la llaga de su costado, no lo creeré.»

Ocho días después, estaban otra vez los discípulos reunidos y Tomás con ellos; vino Jesús estando cerradas las puertas, y se puso en medio y dijo: «¡La paz sea con ustedes!» Luego dijo a Tomás: «Acerca aquí tu dedo y examina mis manos, luego trae tu mano y métela en mi costado, y no seas incrédulo, sino creyente.» Tomás exclamó: «¡Señor mío y Dios mío!» Jesús replicó: «Porque me has visto has creído. Bienaventurados aquellos que sin haberme visto han creído.»

Muchas otras señales hizo también Jesús en presencia de sus discípulos, que no están escritas en este libro. Pero éstas se han escrito para que crean que Jesús es el Cristo, el Hijo de Dios; y para que, creyendo, tengan vida en su Nombre.

¡Así los envió yo!

En este primer domingo posterior a la Pascua de Resurrección, la Santa Iglesia ha querido, a través de las lecturas bíblicas, mostrarnos, por una parte, cómo era la vida de la naciente Iglesia en Jerusalén, en donde los apóstoles corresponden a la oración que el Señor Jesús hizo por ellos ya que predicaban, hacían crecer el número de los creyentes y curaban a los enfermos del cuerpo y del alma; donde vemos que quienes no se les unían eran los judíos acomodados y temerosos del sanedrín, pero por el contrario, el pueblo sencillo y humilde los seguía. La respuesta del sanedrín es apresarlos, pero son liberados milagrosamente.

Después de ver cómo vivían los apóstoles posteriormente a la Resurrección, cabe preguntarnos: ¿Cuál es nuestra respuesta al Señor después de haber celebrado su gloriosa Resurrección?

El pasaje del Evangelio de hoy reviste gran importancia en la vida de los cristianos, pues nos narra otro episodio de la Gloriosa Resurrección de Nuestro Señor, cuando se les parece a los Apóstoles, quienes estaban reunidos con gran temor de los judíos. Ahí los saluda con el saludo de la paz, y después de conferirles la trascendental misión de ir por el mundo predicando la buena nueva, sopló sobre ellos, confiriéndoles el Espíritu Santo.

Aquí es donde todos los cristianos ortodoxos debemos tomar inspiración y ejemplo para saber que nuestra misión en la vida, no se limita sólo a cumplir nuestros deberes religiosos los domingos y días de fiesta en la Iglesia, sino que ante todo, nuestra misión consiste en un diario, permanente y cotidiano testimonio, con nuestra Fe y con las obras derivadas de esa Fe, de que Cristo es Dios y que ha resucitado de entre los muertos para concedernos la vida eterna y derrotar así el poder del pecado, que lleva a la muerte. Toda nuestra vida, debe ser un monumento a la Fe en la resurrección de Cristo Nuestro Dios. Lo que distingue a los cristianos del resto del mundo es nuestra Fe, entendida como una entrega total a Cristo, que sólo puede ser en su Santo Nombre, para así tener vida eterna.

La vida de los cristianos puede ser muy difícil si sólo confiamos en nuestras propias fuerzas físicas y mentales, pero Dios en su infinita misericordia no ha querido dejarnos solos para cumplir la gran misión que tiene para nosotros. Tenemos la esperanza puesta en la resurrección a la vida eterna. No estamos solos.

Como dice el Tropario que cantamos en este día, que Dios renueve en nosotros un corazón recto según su gran misericordia.

Rev. Padre Jesús Ruiz
Catedral de San Jorge
México D.F.

Domingos después de pascua

 Después de la Resurrección, Jesús se presentó entre sus discípulos “dándoles muchas pruebas de que vivía, apareciéndoles durante cuarenta días” (Hechos 1: 3).

Por lo que la santa Iglesia recuerda la Resurrección a lo largo de los cuarenta días posteriores al Domingo de Pascua hasta el día de la divina Ascensión. Durante la temporada pascual es cantado, en todos los Servicios, el Tropario de la Resurrección “Cristo resucitó de entre los muertos…”, himno que todos deberíamos aprender de memoria, y meditarlo constantemente durante estos cuarenta días.

Las lecturas evangélicas dominicales, también, se refieren directa o indirectamente a la realidad de la Resurrección, y son tomadas del evangelio según San Juan:

  1. Domingo de Santo Tomás: La duda de Tomás se transformó en una prueba irrefutable de la realidad de la Resurrección.
  2. Domingo de las Mirroforas: ¡El sepulcro vacío!, y las mujeres mirroforas, por su valentía, se hicieron dignas de ser las primeras en anunciar la Buena Nueva: ¡Cristo ha resucitado!
  3. Domingo del Paralítico: la Piscina de Betesda es figura de la pila bautismal. Mientras el ángel del Señor “bajaba, de tiempo en tiempo, a la piscina y agitaba el agua”, volviéndola fuente de curación, el Espíritu Santo desciende sobre el agua bautismal, convirtiéndola en fuente de salvación.
  4. Domingo de la Samaritana: a quien Jesús dijo: “El que beba del agua que Yo le dé, no tendrá sed jamás, sino que el agua que yo le dé se convertirá en él en fuente que brota para vida eterna.”
  5. Domingo del Ciego: tal como Cristo dio vida a los ojos que jamás habían conocido la luz, así también hace surgir la vida de donde antes moraba la muerte.

Visita de Su Exelencia Arzobispo Justinaiano

Hoy  1 de Mayo celebra la Divina Liturgia en nuestra catedral de San Jorge Su Eminencia Justiniano, Arzobispo de Naro-Fomisnk del Patriarcado de Moscú, junto con Su Einencia Metropolita Antonio, Arzobipo de nuestra Arquidiócesis. Dentro del marco de su vista a México donde ha sido recibido por el Exmo. Sr. Valery Morozov, Embajador de la Federación de Rusia,  es portador de los saludos por la gloriosa Pascua de Su Santidad el Patriarca Cirilo a los fieles en tierras mexicanas, así como de su mensaje para nuestra feligresía de origen ruso.

Su Eminencia Justiniano nació el 28 de junio de 1961, recibió la tonsura monástica el 24 de marzo de 1988 y la consagración episcopal el 1 de septiembre de 1995. Desde marzo de 2010 fue designado como Administrador de la Iglesia Ortodoxa Rusa de Estados Unidos, es decir, del conjunto de parroquias que se encuentran directamente bajo la autoridad canónica del Patriarcado Ruso.

Asimismo, Su Eminencia ostenta el cargo de Vicepresidente de la Asamblea de Obispos Canónicos Ortodoxos de América. Le deseamos una feliz estancia en nuestro país al tiempo de compartir la alegría de su presencia como muestra de nuestra hermandad y unidad en Cristo. 

Boletín de PASCUA

las mirroforas en el sepulcro

Tropario de Pascua
(Tono 5)

Cristo Resucitó de entre los muertos,
pisoteando la muerte con su muerte,
y otorgando la vida a los que yacían en los sepulcros. 

Condaquio de Pascua
Tono 8

Cuando descendiste al sepulcro, oh Inmortal,
destruiste el poder del Hades;
y al resucitar vencedor, oh Cristo Dios,
dijiste a las mujeres Mirróforas: “¡Regocíjense!”
y a tus discípulos otorgaste la paz,
¡Tú que concedes a los caídos la resurrección

 Felicitación de Su Eminencia

¡Cristo ha resucitado!

Lo más hermoso de esta temporada litúrgica es su desenlace: La Resurrección del Señor. La Cuaresma da paso a la Pascua; el silencio, al vuelo de las campanas; el ayuno, a la invitación al banquete celestial; los sacrificios, la penitencia, los colores tristes, a la alegría  de la fiesta, a la música, al canto y al colorido de las flores y los adornos que engalanan la iglesia y a nuestros jubilosos feligreses. Y por su Resurrección, Cristo nos regaló la victoria sobre las fuerzas oscuras que siempre están en nuestro acecho. Pero Jesús resucitado está siempre con nosotros, como nos lo prometió. ¡Alegraos, hoy es el día del triunfo, el día que ha hecho el Señor!

En nuestra Iglesia le damos muchísima importancia a la Resurrección del Señor. Y ¿cómo no dársela? Ella es la base, el fundamento de nuestra fe, a tal grado, que el mismo Espíritu Santo nos dice, sirviéndose de San Pablo: que si la Resurrección del Señor no fuera cierta, nuestra fe sería vana; pero nuestra fe es sólida como una roca porque ¡Cristo resucitó! ¡En verdad, que ha resucitado!

Queridos hijos, aprovecho esta oportunidad para enviarles todo mi cariño haciéndoles un llamado a reavivar vuestra fe, esa fe que sublima el amor, comunica la verdadera paz e impulsa a ser justos; fe que pedimos al Resucitado inunde nuestra Arquidiócesis y el mundo entero, para que los libre de todo el mal que los invade pretendiendo destruir, o al menos tergiversar, la imagen verdadera de Dios creador, redentor y santificador, de Dios que es Amor y nos ama tanto que nos dio a su propio Hijo, cuya Resurrección estamos celebrando. Acerquémonos llenos de confianza a Jesús, Él es nuestra esperanza; platiquemos con Él, hagamos el bien a los demás, amémonos perdonándonos el uno al otro y pletóricos de alegría cantemos todos juntos:

¡Cristo resucitó de entre los muertos pisoteando la muerte con su muerte y otorgando la vida a los que yacían en los sepulcros!

Con mi amor y mi cariño
Arzobispo Antonio
Pascua 2011

Costumbres Pascuales

El rito de bendecir los huevos es una de las costumbres muy cercanas al corazón del pueblo ortodoxo; quizás, la salida del pollito del huevo es una imagen que simboliza la salida esplendorosa de la Vida, desde las oscuras profundidades del sepulcro “la luz brilla en las tinieblas, y las tinieblas no la vencieron.” (Jn.1,5). Así como el mismo pollito con su pico rompe la cáscara cuando se cumplen sus días para salir a la existencia, así Cristo, salió resplandeciente al tercer día por su propio Divino Poder. Respecto a la coloración de los huevos, inicialmente se usaba el color rojo que simboliza la sangre derramada de Cristo. Posteriormente se difundió el uso de muchos colores, primero por expresar la alegría y segundo porque la Pascua cae en la primavera donde las flores brillan con sus colores.

Después de la Resurrección el Señor se presentó con dos de los discípulos que iban a Emaús (Lc. 24, 13-32), y cuando lo reconocieron “en la fracción del pan”, regresaron a Jerusalén para anunciar que “Cristo ha resucitado”, los doce apóstoles los recibieron diciéndoles: “En verdad ha resucitado el Señor y se ha manifestado a Simón.” Este anuncio y certeza son el corazón del Evangelio y el eje central de la predicación. Esta comprensión, que la Tradición eclesiástica ha guardado, es la que lleva a los fieles a saludarse durante la temporada pascual (hasta la ascensión del Señor) con el saludo propio “Cristo ha resucitado”, al que se contesta “en verdad ha resucitado.” Así que nada les impone expresar su alegría, ni pena ni preocupación por las críticas de los demás. En los años veintes del siglo pasado, en la Unión Soviética luego de que el régimen Bolchevique fundara el Comité “los que no tienen dios”, uno de sus miembros fue a dar una conferencia ateísta y después de exponer sus pruebas definitivas de que Dios no existe, pidió a la audiencia plantear sus comentarios o dudas. Un sacerdote, vestido de civil, se puso de pie y dijo: “Cristo ha resucitado”, y una voz unánime del auditorio le contestó: “En verdad ha resucitado.”

Los ornamentos de los sacerdotes y las cubiertas del altar son blancos; algunos de los fieles también, suelen vestirse de blanco, símbolo de la iluminación que la Iglesia nos otorga por el bautismo que es participación en la muerte del Señor y en su Resurrección.

El Epitafio (el icono de la sepultura del Señor, con el cual hicimos la procesión funeraria en el Viernes Santo) se coloca en el altar toda la temporada pascual y sobre él se celebra la Divina Liturgia, pues del sepulcro ha surgido la vida.

Toda la temporada pascual, en la iglesia y en la casa, leemos el Libro Hechos de los Apóstoles. Pues, al leerlo nos introducimos en las alegres atmósferas pascuales que dominaban en la primera Iglesia donde los Apóstoles, con mucho valor y confianza, predicaban la muerte del Señor y su Resurrección al tercer día.

El Desenso al Hades

San Epifanio el Chipriota (315-403)

…Adán, entre los presos en el Hades, escuchó los pasos del Señor que se acercaba. Inmediatamente lo reconoció; entonces se volteó hacia los que le rodeaban desde los siglos y les dijo: “Amigos, estoy escuchando que se acerca a nosotros una persona que si fuéramos dignos de que viniera aquí estaríamos librados; si lo viéramos entre nosotros, estaríamos rescatados del Hades.

Mientras Adán hablaba a los condenados que estaban con él, el Señor entró cargando el arma triunfal de la Cruz. Al verlo, Adán grita con júbilo a todos los difuntos: “¡El Señor está con todos ustedes!, Cristo le contestó: “También con tu espíritu.”

Luego lo toma de la mano, y lo eleva diciéndole: “Despierta tú que duermes, y levántate de entre los muertos y te iluminará Cristo (Ef. 5, 14). Yo soy Dios que por ti me hice hijo tuyo. Ahora estás conmigo tú y toda tu descendencia; con mi Poder Divino les otorgo la libertad. Digo a los encadenados: ‘salgan’, a los que están en la oscuridad: ‘revélense’, y a los que están bajo la tierra: ‘resuciten’.

A ti, oh Adán, te digo: despierta de tu eterno sueño. No te hice para ser encadenado en el Hades. Levántate de entre los muertos pues Yo soy la vida de los difuntos: elévate, tú a quien hice según mi imagen. Partamos de aquí, pues estás en mí y yo en ti; por ti tomé la imagen de siervo; por ti bajé a la tierra y a las partes más bajas, Yo, que soy más Alto que los cielos. Por ti me hice un hombre que no tiene auxilio, relegado entre los muertos. Por ti, que saliste del jardín del paraíso, en un jardín fui entregado a los judíos y en un huerto, crucificado…

De la homilía de San Epifanio, obispo de Chipre, sobre el descenso triunfador de Cristo al hades, que se lee en los monasterios en el Sábado de Luz.

 

 

El Sepulcro Vacío

Los primeros testigos de la realidad del sepulcro vacío –según los cuatro evangelios– son María Magdalena y las otras mujeres; Juan menciona solamente a Magdalena, pero esto no descarta la posibilidad de que las otras mujeres se hallaran con ella; y ratifica a esta posibilidad el uso de plural en las palabras de Magdalena: “No sabemos donde lo pusieron” (Jn 20: 2). Aunque los evangelios eran redactados en un contexto que no validaba el testimonio de la mujer, sin embargo, los cuatro evangelistas registraron los nombres de estas mujeres y documentaron su testimonio, a tal grado que su importancia superó la de la llegada de Pedro y Juan al sepulcro vacío. Pues si su testimonio no hubiera sido sincero y auténtico, los evangelistas no lo hubieran subrayado de tal manera.

En el evangelio según san Marcos, el Ángel anuncia a las mujeres que el hecho de la Resurrección se ha consumado: “Ha resucitado”; pero no hay, absolutamente ninguna referencia al momento de la Resurrección. En el evangelio según san Mateo, el Ángel baja del cielo y retira la piedra, no para que ayude a Cristo a salir de su sepulcro, sino para que facilite a las mujeres el acceso al sepulcro vacío ya, a fin de que ellas verifiquen que el Salvador “ha resucitado” (Mt 28: 2). Esto es lo que el icono bizantino ilustra: jamás expone el acontecimiento de la salida de Cristo del sepulcro –como sí ha prevalecido en el Occidente–, sino que conserva dos ilustraciones tradicionales de la Resurrección:

  • El icono del descenso al Hades como un testimonio teológico de lo sucedido.
  • El icono del Sepulcro vacío como un testimonio histórico de lo sucedido.

 

  Fotos del Domingo de Ramos y del Jueves Santo

   

Boletín del Domingo de Ramos

Domingo de Ramos

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“Hoy la Gracia del Espíritu Santo nos ha reunido.
Y todos, juntos, elevamos Tu Cruz diciendo:
“Hosanna en las Alturas,
Bendito Él que viene en el Nombre del Señor”.

Troparios de la Fiesta

Tono 1

Oh Cristo nuestro Dios:
cuando resucitaste a Lázaro de entre los muertos, antes de tu Pasión,
confirmaste la Resurrección universal.
Por lo tanto, nosotros, como los niños,
llevamos los símbolos de la victoria y del triunfo
clamando a Ti, oh Vencedor de la muerte:
«¡Hosanna en las alturas!
¡Bendito el que viene en el nombre del Señor!»

Tono 4

Oh Cristo nuestro Dios:
a nosotros que fuimos sepultados contigo por medio del Bautismo,
por tu Resurrección nos hiciste dignos de la vida eterna;
por eso te alabamos diciendo:
«¡Hosanna en las alturas!
¡Bendito el que viene en el nombre del Señor!»

Condaquio de la Fiesta

Tono 6

Oh Cristo Dios,
sentado en los cielos en el Trono
y en la tierra sobre un pollino:
acepta las alabanzas de los ángeles
y el cántico de los niños que exclaman:
«¡Bendito eres Tú, que vienes a renovar la vocación de Adán!»

Carta del Apóstol San Pablo a los filipenses  (4: 4-9)

Hermanos: Estén siempre alegres en el Señor; se lo repito: ¡Estén alegres! Que su bondad sea conocida de todos los hombres. El Señor está cerca. No se inquieten por cosa alguna; antes bien, en toda ocasión, presenten a Dios sus peticiones, mediante la oración y la súplica, acompañadas de la acción de gracias. Y la paz de Dios, que supera todo entendimiento, custodiará sus corazones y sus pensamientos en Cristo Jesús.

Por lo demás, hermanos, todo cuanto hay de verdadero, de noble, de justo, de puro, de amable, de honorable, todo cuanto sea virtud y cosa digna de elogio, en esto piensen. Todo cuanto han aprendido y recibido y oído y visto en mí, pónganlo por obra y el Dios de la paz estará con ustedes.

Evangelio según San Juan (12: 1-18)

En aquel tiempo, seis días antes de la Pascua,Jesús se fue a Betania, donde estaba Lázaro, a quien Jesús había resucitado de entre los muertos. Le dieron allí una cena. Marta servía y Lázaro era uno de los que estaba con Él a la mesa. Entonces María, tomando una libra de perfume de nardo puro, muy caro, ungió los pies de Jesús y los secó con sus cabellos. La casa se llenó de olor de perfume. Dijo Judas Iscariote, uno de los discípulos, el que lo había de entregar: «¿Por qué no se ha vendido este perfume por trescientos denarios y se ha dado a los pobres?» Pero no decía esto porque le preocuparan los pobres, sino porque era ladrón, y como tenía la bolsa se llevaba lo que echaban en ella. Dijo Jesús: «Déjala, que lo guarde para el día de mi sepultura. Porque pobres siempre tendrán con ustedes, pero a Mí no siempre me tendrán.»

Gran número de judíos supo que Jesús estaba allí y fueron, no sólo por Jesús, sino también por ver a Lázaro, a quien había resucitado de entre los muertos. Los sumos sacerdotes decidieron dar muerte también a Lázaro, porque a causa de él muchos judíos se les iban y creían en Jesús.

Al día siguiente, al sentarse la numerosa muchedumbre que había llegado para la fiesta, de que Jesús se dirigía a Jerusalén, tomaron ramas de palmera y salieron a su encuentro gritando: «¡Hosanna!  ¡Bendito el que viene en nombre del Señor, El Rey de Israel!» Jesús, habiendo encontrado un borriquillo, se montó en él, según está escrito: No temas hija de Sión; mira que viene tu Rey montado en un pollino de asna.

Esto no lo comprendieron sus discípulos de momento; pero cuando Jesús fue glorificado, cayeron en la cuenta de que esto estaba escrito sobre Él, y que era lo que le habían hecho. La gente que estaba con Él cuando llamó a Lázaro de la tumba y lo resucitó de entre los muertos, daba testimonio. Por eso también salió la gente a su encuentro, porque había oído que Él había realizado aquella señal.

¡Hosanna! ¡Bendito el que viene en el Nombre del Señor!

Narrado con pulcritud, el Evangelio de san Juan nos describe aquí el comienzo de la última semana del ministerio de Cristo en la tierra. Jesús ya ha sido glorificado por sus obras y por sus palabras; posteriormente, Él será exaltado a través de su muerte y Resurrección.

En aquellos días, en plena efervescencia de nacionalismo, el pueblo judío esperaba la llegada de un Mesías triunfante y poderoso (en el aspecto político y militar) que libraría a su pueblo del yugo romano y que restablecería el Reino de David. Sin embargo, el Mesías prometido en la plenitud de los tiempos, Cristo, llega a la ciudad de Jerusalén sentado en un borriquillo, signo de humildad y paz (Zac 9: 9), en lugar de montar un corcel o un carruaje; ello, nos muestra que Él no venía a establecer un reino terrenal sino que, al entrar a la Ciudad Santa, declaraba el establecimiento del Reino de Dios, así como la promesa de la entrada final de nuestro Señor en la Jerusalén celestial con el nuevo pueblo cristiano.

La gente gritaba «¡Hosanna!», que significa «¡Salva, yo ruego!» o «¡Salva, ahora!» Al decir la multitud (especialmente, los niños): «Bendito el que viene en el Nombre del Señor» (Jn 12: 13), citaban las palabras del Salmo 117: 26, asociadas a la expectación mesiánica: se recitaban diariamente durante seis días en la Fiesta de los Tabernáculos, y siete veces en el séptimo día con movimientos de ramas. Las ramas de las palmeras simbolizan la victoria de Cristo sobre el demonio y la muerte.

Por otra parte, en el Evangelio de san Mateo aparece que, antes de llegar a Jerusalén, Jesús mandó a dos discípulos a traer un asna y un borriquillo (Mt 21: 2); los Santos Padres veían en estos animales la representación de los fieles judíos y de los gentiles quienes, juntos, son llevados al Reino. De acuerdo a la Ley, el borriquillo era considerado impuro; por ello, los Padres vieron en él una metáfora sobre la impureza de las naciones y su sometimiento posterior a la santa Ley del Evangelio. Asimismo, san Mateo nos narra que la gente extendía sus mantos por el camino al paso de nuestro Señor (Mt 21: 8), en un gesto de reverencia ante un monarca; espiritualmente, esto es interpretado como la necesidad de rendir nuestra carne y toda nuestra vida a Cristo.

Al meditar sobre el Domingo de Ramos, Teófano el recluso reflexiona: «Quizás aún antes de que cuatro días hayan pasado, aunque no gritemos «¡Crucifícale!», crucificaremos al Señor dentro de nosotros mismos. El Señor ve todo esto y lo soporta.» San Simeón el nuevo Teólogo también se pregunta: «Estás avergonzado de convertirte en imitador de Dios (Ef 5: 1), ¿cómo, entonces, reinarás con Él y compartirás su gloria en el reino de los cielos?(…)»

Quiera Dios que, al reconocerlo como Señor y Soberano, tengamos la fuerza para transformarnos en imitadores suyos y seamos dignos de entrar con Él a la Jerusalén celestial. Amén.

Rev. Padre Antonio Martinez
Monasterio de la Santa Trinidad
Guatemala, Guatemala

Teología de la Semana Santa

Cristo de la extrema obedienciaEs la semana de la profunda vigilia donde el alma anhela al Novio Jesús; “He aquí que el Novio viene a medianoche…” cantamos en los primeros días de la Semana. Viene y entra en la oscuridad de tu alma a fin de que ella pueda recibir la Luz Pascual.

Será conveniente que, además de los servicios, dediquemos tiempo, según se pueda, para leer en los Evangelios, para alimentar nuestra contrición, así que, ungidos el miércoles con el Santo Óleo “para la curación del cuerpo y del alma”, podamos participar en la Cena Mística del Jueves Santo (en la mañana). En la noche del mismo día y con las doce lecturas evangélicas que la Iglesia nos lee, penetramos en la Pasión de Cristo y nos suavizan el corazón las palabras del Señor sobre su voluntaria entrega, sobre la promesa del Paráclito, y sobre la Iglesia surgida de su Costado herido.

Gran bendición nos otorga la participación de “las Horas Reales” de la mañana del Viernes: Salmos, profecías, lecturas evangélicas, epístolas y cantos que se refieren a la Pasión; comprendemos la Cruz como Semana_S._portadala fuerza de Dios y su sabiduría. Al terminar el Servicio ponemos el Epitafio (el icono del Entierro Divino) en medio de la Iglesia y lo veneramos, y regresamos en la tarde para alabar con los himnos fúnebres el misterio “¡Al Hades bajaste, la muerte pisoteaste con tu poder divino!”; y con la procesión del Epitafio contemplamos “la Providencia cumplida con la Muerte.”

El Sábado de la Gloria los catecúmenos recibían el Bautismo: muerte por el pecado y resurrección para una vida nueva en Cristo Jesús. En esta Liturgia, por ya no soportar más que el Señor permanezca en el sepulcro, le exclamamos: “Levántate, oh Señor, Juzga la tierra,” mientras el sacerdote arroja sobre los fieles el laurel anunciando que nuestro Salvador ha vencido y que, por su Cruz, ya somos vencedores.

La Semana no es santa por sí misma si no por consagrarla al Santo Acontecimiento; “venid, hermanos, acompañémoslo con conciencia pura, crucifiquémonos con Él por los deseos de la vida…” Para que, concluyéndose la Semana, podamos clamar desde el fondo del ser: “¡Cristo ha resucitado!”

Práctica necesaria de la Semana Santa

Esperamos para todos una bendita Semana Santa, y exhortamos a la feligresía a frecuentar los Servicios y participar adecuadamente en la memoria de los acontecimientos salvíficos.

Con franqueza y amor, nos atreveremos a  exponer algunas observaciones para que dicha participación rinda un máximo beneficio:

  • “Apartémonos de todo interés mundano”, nos advierte la oración. Entonces apagar el celular es necesario06 no nada más para evitar la molestia a los demás fieles, sino también porque estamos aquí para “apartarnos de todo interés mundano”. No pasará nada si apaguemos los ruidos de este mundo en el tiempo y espacio consagrados para el Señor.
  • Quizás los niños hagan cierto ruido en algún momento, pero su mera presencia en la Iglesia es una oración que valga la pena el esfuerzo de los padres, esfuerzo que procura inculcarlos en la devoción hacia la Casa de Dios. Pero, en realidad, varias veces con nuestro descuido les provocamos falta de respeto hacia todo lo sagrado; ellos absorvan lo que hacemos, los adultos, sea devociónDSC04390 y reverencia, o sea indeferencia, ligereza y palabra inútil.
  • La Comunión es el fruto culminante de esta participación. Ante ella confesamos nuestra indignidad, al recibir lo que santifica nuestra vida. Por lo que, estando en la fila, lo único que preocupa a nuestro interior es lo que dice el canto: “Admíteme hoy como participante de tu Cena Mística.” Entonces no es el lugar adecuado, ni el tiempo, para saludos, mucho meno para abrazos y pláticas. Pues además de que esto nos extingue la devoción y el temor de Dios, también causa distracción y malestar  a nuestros hermanos.

Himno de la resurrección de Lázaro

Regocíjate, Betania,  /   hacia ti hoy vino Dios,
Quien al muerto vivifica. /  ¡Cómo no, si la Vida es Él!
 
Marta Lo ha recibido  /   con lamentos y dolor:
«¡Ay de mí, Jesús amigo, /   me derriba un gran pesar!»
 
Exclamó: «¡Rabí, oh Cristo /  compasivo, ayúdame!
Al perder a mi hermano, /  se rompió mi corazón.»
 
«Cesa el llanto —Él le dijo—  /     y de lado  déjalo,
ten presente que el hermano /    a la vida va a volver.»
 
Se acercó, pues, al sepulcro   /    el Amigo Redentor
 y llamó al sepultado:  /    «¡Sal afuera, oh Lázaro!»
 
Marta y María, vengan  /   a mirar la gran acción:
Revivió hoy su hermano,  /    den las gracias a Jesús.
 
Ante Ti, Oh Dios de todo, /  nos postramos con fervor;
muertos somos del pecado, /  resurgimos en Ti, oh Jesús.

Boletín del 10/04/2011

5° Domingo de la Cuaresma

Domingo de Santa María Egipcíaca

María de Egipto 2

 Puesto que te tenemos como ejemplo del arrepen­timiento, oh piadosa María,
suplica a Cristo que nos lo otorgue en este tiempo de ayuno,
para que con anhelo y fe, con himnos, te alabemos.
Exapostelario

Tropario de la Resurrección

Tono 5

icono_audioAl coeterno Verbo, con el Padre y el Espíritu,
al Nacido de la Virgen para nuestra salvación,
alabemos, oh fieles, y prosternémonos.
Porque se complació en ser elevado en el cuerpo sobre la Cruz
y soportar la muerte,
y levantar a los muertos por su Resurrección gloriosa.

Tropario de Santa María Egipcíaca

Tono 8

icono_audioEn ti fue conservada la imagen de Dios fielmente, oh justa María,
pues tomando la cruz seguiste a Cristo
y, practicando, enseñaste a despreocuparse de la carne que es efímera
y a cuidar, en cambio, el alma inmortal.
Por eso hoy tu espíritu se alegra junto con los ángeles.

Condaquio de la Cuaresma

Tono 8

icono_audioA ti, María, te cantamos como victoriosa;
 tu pueblo ofrece alabanzas de agradecimiento,
pues de los apuros, Theotokos, nos has salvado.
Tú, que tienes invencible y excelsa fuerza,
de los múltiples peligros libéranos.
Para que exclamemos a ti: ¡Alégrate oh Novia y Virgen!

Carta del Apóstol San Pablo a los Hebreos (9: 11-14)

Hermanos: Cristo, habiéndose presentado como Sumo Sacerdote de los bienes futuros, a través del Tabernáculo óptimo y más perfecto, no fabricado por mano de hombre —es decir, que no pertenece a esta creación—, y no con sangre de machos cabríos ni de novillos, sino con su propia sangre: penetró en el santuario una vez para siempre, habiendo obtenido una redención eterna. Pues si la sangre de machos cabríos y de toros y la ceniza de vaca santifica con su aspersión a los contaminados, en orden a la purificación de la carne, ¡cuánto más la sangre de Cristo, que por el Espíritu Eterno se ofreció a sí mismo sin tacha a Dios, purificará de las obras muertas nuestra conciencia para rendir culto a Dios vivo!

Evangelio según San Marcos (10: 32-45)

En aquel tiempo, Jesús Tomó a los Doce aparte y comenzó a decirles lo que le iba a suceder: «He aquí que subimos a Jerusalén, y el Hijo del hombre será entregado a los sumos sacerdotes y a los escribas; lo condenarán a muerte y lo entregarán a los gentiles, y se burlarán de Él, le escupirán, lo azotarán y lo matarán, y a los tres días resucitará.»

Se acercaron a Él Santiago y Juan, los hijos de Zebedeo, y le dijeron: «Maestro, queremos que nos concedas lo que te pidamos.» Él les dijo: «¿Qué quieren que les conceda?» Ellos le respondieron: «Concédenos que nos sentemos en tu gloria, uno a tu derecha y otro a tu izquierda.» Jesús les dijo: «No saben lo que piden. ¿Pueden beber la copa que Yo voy a beber, o ser bautizados con el bautismo con que Yo voy a ser bautizado?» Ellos dijeron: «Sí, podemos.» Jesús les dijo: «La copa que Yo voy a beber, sí, la beberán y también serán bautizados con el bautismo con el que Yo voy a ser bautizado; pero sentarse a mi diestra o a mi izquierda no es cosa mía el concederlo, sino que es para quienes está preparado.»

Al oír esto los otros diez, empezaron a indignarse contra Santiago y Juan. Jesús, llamándolos, les dijo: «Saben que los jefes de las naciones las señorean, y los grandes avasallan sobre ellas. Pero no ha de ser así entre ustedes, sino que el que quiera llegar a ser grande entre ustedes, será su servidor, y el que quiera ser primero entre ustedes, será esclavo de todos, porque tampoco el Hijo del hombre ha venido a ser servido, sino a servir y dar su vida como rescate por muchos.»

Jesús anuncia su muerte

 Durante la presente cuaresma, hemos seguido paso a paso la preparación del sacrificio expiatorio de nuestro Señor Jesucristo. Sacrificio sin el cual nuestra salvación hubiera sido imposible. Como la vida está en la sangre, según leemos en Levítico 17:11. Fue necesario que Cristo hubiese derramado su preciosa sangre, para devolver la vida a la caída humanidad. En el Antiguo Testamento abundan las figuras del sacrificio de Cristo; por ejemplo el sacrificio de Isaac, pero es en ritual del tabernáculo donde todas las formas del culto señalaban al sacrificio del Mesías. En el tabernáculo se derramaba la sangre de las víctimas ofrecidas en sacrificio, y el gran sacerdote entraba una vez al año al lugar santísimo a ofrecer la sangre de las víctimas para el perdón de pecados; “porque sin derramamiento de sangre no hay remisión de pecados” ( Heb 9:22). 

Por lo tanto, tenía que derramarse la sangre de Cristo para que pudiera efectuarse un perfecto perdón de pecados; una perfecta expiación. Todas las profecías mesiánicas se cumplen con exactitud en Jesús, el hijo de la Virgen María, luego Él es el Mesías prometido por Dios. En el Salmo 22 se encuentra profetizada en gran parte la Pasión de nuestro Señor Jesucristo, y el profeta Daniel profetiza con muchos años de anticipación el sacrificio del Mesías y la destrucción de Jerusalén por los romanos; por no haber aceptado los judíos al enviado de Dios (Dn 9: 23-27).

Y el beneficio de la salvación es a todos por igual, tanto a judíos como a gentiles, sin que sea más benéfico a unos que a otros. Entre los mismos apóstoles se discutía quién podía ser el mayor (Lc 22: 24-27). Cristo nos dice que el que quiera ser el mayor debe empezar a servir a los demás, porque ante Dios todos somos iguales, “pues para Dios no hay acepción de personas” (Hch 10:34). Así pues, su Sangre preciosa derramada en la Cruz del calvario es vida para todos por igual. Porque el gran sacerdote de los judíos entraba constantemente cada año al lugar santísimo, para ofrecer la sangre de los sacrificados; Cristo se ofreció una sóla vez y para siempre, como está escrito: “porque con una sóla ofrenda hizo perfectos a los santificados” (Heb 10:14).

Mientras los hombres del mundo toman estos días santos como pretexto para alagar sus sentidos, nosotros, pueblo de Dios,  en estos días nuestro espíritu se regocija en gran manera; porque celebramos el triunfo de Cristo sobre la muerte y el pecado, porque su misión no termina con su muerte, sino que continúa con su gloriosa Resurrección, destruyendo con este hecho el poder de la muerte y el sepulcro (1 Cor 15: 54-57), y preparando nuestra resurrección para estar con Él por toda la eternidad (Jn 14:2-3).

Rev. Padre Mario Lara
Catedral de San Jorge
México, D.F.

Sobre la oración

Preguntaron a san Basilio: ¿cómo los apóstoles oraban sin cesar? Y les contestó que ellos en todas sus acciones se concebían en Él y vivían en una entrega permanente a Él. Esta vida espiritual era su constante oración.

San Teófano el Recluso

Ya seas científico o alumno, empleado o militar, investigador o trabajador: recuerda que lo más importante a aprender en tu vida consiste en conocer la salvación en Cristo, tener fe en la Santísima Trinidad, orar con Dios diariamente, acudir a los servicios de la Iglesia y conservar el Nombre de Jesucristo en tu corazón, porque en él radica la fuerza de Dios para la Salvación.

San Juan Cronstadt

 Santa María Egipcíaca

María era cristiana de nacimiento; huyó de su familia y fue a Alejandría para vivir según sus deseos inmundos. Su biografía muestra que no se había separado totalmente de la Iglesia y de la religión ya que, un día, se le ocurrió la idea de peregrinar a Jerusalén. Su alma, entonces, era una mezcla de descendencia cristiana y conducta miserable y pagana.

Mientras estaba en Alejandría, en una de sus locuras, decidió peregrinar a la Tierra Santa, y planeaba que, vendiendo su cuerpo en el barco, pagaría el boleto y los gastos. ¡Qué esquizofrenia tan grande!

En la Ciudad Santa, María marchó con las multitudes hacia la iglesia de la Resurrección. Al llegar al umbral, cierta fuerza le impidió entrar; trató una y otra vez pero no podía tener acceso. En aquel momento, se dio cuenta de que la impureza de su vida era lo que le obstruía el paso para abrazar la Santa Cruz. A la sazón, la pecadora oraba con mucho llanto a la Virgen y dio la promesa de que, si lograba entrar, abandonaría el mundo y sus deseos. Y así se hizo.

Saliendo de aquella iglesia, se dirigió hacia el Río Jordán, se lavó en él y más tarde comulgó. Al día siguiente cruzó el Río y vivió en el desierto durante 47 años sin ver a ninguna persona. Soportaba el calor del día y el frío de la noche; comía de lo que encontraba de las hierbas silvestres. María cambió el fuego de los deseos carnales por el rocío del amor divino. Se volvió una estatua de luz.

Muchos años después, un anciano, Zósimo, salió al desierto para pasar la gran Cuaresma, conforme a la costumbre monástica. Mientras estaba caminando, le pareció ver de lejos un fantasma de cuerpo quemado por el sol, de cabello blanco. Al darse cuenta de que era un asceta, lo siguió y cuando lo alcanzó, descubrió que se trataba de una mujer. 

María le confesó al monje toda su historia, le pidió comulgar. El Jueves Santo, el padre Zósimo le trajo la Comunión. Un Año después, al volver nuevamente Zósimo, la encontró tendida en el suelo, con el rostro hacia el Oriente, y cerca de ella estas palabras grabadas en la arena: «Padre Zósimo, entierra aquí el cuerpo de María, la miserable. Morí el mismo día en que comulgué los Dones místicos. Ora por mí.»

Desde que su corazón había quedado extasiado por el Señor en la iglesia de la Resurrección, no volvió a ver el rostro de sus pecados, y sus ojos ya pertenecían nada más a Jesús.

La Iglesia recuerda, en el quinto domingo de la Gran Cuaresma, a la Santa, precisamente cuando se acerca el fin de la Cuaresma, para alentar a los pecadores y negligentes al arrepentimiento, para que sea la Santa festejada un ejemplo a seguir.

Boletín del 03/04/2011

4° Domingo de la Cuaresma

Domingo de San Juan Clímaco

la Escala del Clímaco

Oh Justo, te apartaste del reprobable gozo mundano
y apagaste la carne con el ayuno,
renovando el impulso del alma
y enriqueciéndola con la gloria celestial.
 Por eso, intercede sin cesar por nosotros,
oh Juan de eterna memoria.

Exapostelario

Tropario de la Resurrección

Tono 4

icono_audioLas discípulas del Señor aprendieron del Ángel
el alegre anuncio de la Resurrección,
la sentencia ancestral rechazaron
y se dirigieron con orgullo a los apóstoles diciendo:
¡Fue aprisionada la muerte,
resucitó Cristo Dios y concedió al mundo la gran misericordia!

Tropario de San Juan Clímac

Tono 8

Con la efusión de tus lágrimas regaste el de­sierto estéril;
y por los profundos suspiros, tus fatigas dieron frutos cien veces más,
volviéndote un astro del universo, brillante con los milagros,
oh nuestro justo padre Juan;
intercede ante Cristo Dios para que salve nuestras almas.

 

Condaquio de la Cuaresm

Tono 8

icono_audioA ti, María, te cantamos como victoriosa;
tu pueblo ofrece alabanzas de agradecimiento,
pues de los apuros, Theotokos, nos has salvado.
Tú, que tienes invencible y excelsa fuerza,
de los múltiples peligros libéranos.
Para que exclamemos a ti: ¡Alégrate oh Novia y Virgen!

 

Carta del Apóstol San Pablo a los Hebreos (6: 13-20)

Hermanos: Cuando Dios hizo la Promesa a Abraham, no teniendo a otro mayor por quien jurar, juró por Sí mismo diciendo: Te bendeciré y te acrecentaré en gran manera. Y así (Abraham) aguardando con paciencia, alcanzó la Promesa. Pues los hombres juran por uno superior, y para ellos el juramento es la garantía que pone fin a todo litigio. Por eso Dios, queriendo mostrar más plenamente a los herederos de la Promesa la inmutabilidad de su decisión, interpuso el juramento; para que, mediante dos cosas inmutables en las cuales es imposible que Dios no cumpla, tengamos un consuelo poderoso, los que buscamos el refugio al asirnos a la esperanza propuesta, la cual tenemos como ancla del alma, segura y firme, que penetra hasta más allá del velo, adonde entró como precursor de nosotros Jesús, hecho Sumo Sacerdote para siempre, a semejanza de Melquisedec.

 

Evangelio según San Marcos (9: 17-31)

En aquel tiempo, uno de entre la gente se acercó a Jesús y le dijo: «Maestro, te he traído a mi hijo que tiene un espíritu mudo y, dondequiera que se apodera de él, lo derriba, le hace echar espumarajos, rechinar los dientes y lo deja rígido. He dicho a tus discípulos que lo expulsaran, pero no han podido.» Él le respondió y dijo: «¡Oh generación incrédula! ¿Hasta cuándo estaré con ustedes? ¿Hasta cuándo habré de soportarlos? ¡Tráiganmelo!» Y se lo trajeron. Apenas el espíritu vio a Jesús, agitó violentamente al muchacho y, cayendo en tierra, se revolcaba echando espumarajos. Entonces Él preguntó a su padre: «¿Cuánto tiempo hace que le viene sucediendo esto?» Le dijo: «Desde niño. Y muchas veces lo ha arrojado al fuego y al agua para acabar con él; pero, si algo puedes, compadécete de nosotros y ayúdanos.» Jesús le dijo: «Si puedes creer, todo es posible para quien cree.» Al instante, gritó el padre del muchacho: «¡Creo, ayuda a mi poca fe!» Viendo Jesús que se agolpaba la gente, increpó al espíritu inmundo diciéndole: «Espíritu sordo y mudo, Yo te lo mando: sal de él y no entres más en él.» Y el espíritu salió dando gritos y agitándolo con violencia. El muchacho quedó como muerto, hasta el punto de que muchos decían que había muerto. Pero Jesús, tomándolo de la mano, lo levantó y él se puso de pie.

Cuando Jesús entró en casa, le preguntaban en privado sus discípulos: «¿Por qué nosotros no pudimos expulsarlo?» Les dijo: «Esta clase con nada puede ser arrojada sino con oración y ayuno.»

Poca fe mueve montañas

Cada uno de nosotros al escuchar la lectura del Evangelio de hoy, se identifica con los apóstoles que sufrían por la falta de fe y la duda. Pero la lectura de este domingo, el cuatro de la Cuaresma, nos enseña que la duda es en verdad el primer paso en el camino hacia la fe; y podemos superar esta debilidad orando a Dios, con humildad, tal como lo hizo el padre del niño que hoy exclamó al Señor: “Ayuda a mi poca fe”.

Cada uno de nosotros tiene esa “poca fe” por lo que necesita pedir la fuerza del Señor Jesucristo pasando hacia la fe que existe en una relación activa con Dios por medio de la oración y el ayuno; Puesto que el ayuno, igual que la oración, hace que Dios, quien no está aparecido frente a nuestros ojos, se haga presente en nosotros. Entonces, la lectura de hoy nos enseña a correr hacia Dios, el único Todopoderoso, antes de empezar cualquier acción de un modo que nuestra vida, acompañada con la oración y el ayuno, forme la prueba de que Dios está presente en nosotros.

Aprendemos también de la lectura de hoy que la gracia de hacer milagros no está dada a cada cristiano individualmente sino a la Iglesia; por eso no tenemos que pensar que al hacer largas oraciones y pasar la vida en ayuno se logran los milagros: orar y ayunar son acciones que hacemos continuamente para explicar nuestra abnegación dando a Dios toda nuestra vida para que sea nuestra voluntad como la de Él.

Aunque nuestra fe sea poca, no tenemos que temer sino que hacer de esta fe la base de toda nuestra vida. Lo que esta lectura nos dice es que la fe no es solamente en la fuerza de Dios y su poder, sino también en nuestra misión en el mundo; la misión que empieza en obras espirituales como la oración y el ayuno y culmina en ayudar al prójimo y cambiar el mundo. Será pues más fácil creer que Dios existe y hace maravillas que pensar que nosotros tenemos esta facultad divina. Nuestro ministerio será fundar la relación de Dios con el mundo para que esté Él con nosotros para siempre.

No tengamos miedo por tener poca fe; cada uno es responsable de guardar la semilla de su fe y regarla con las buenas obras, con la oración y con el ayuno para que dé frutos espirituales y milagros divinos que ayuden a la salvación de todos.

Rev. Archimandrita Andrés Marcos
Abad del Monasterio San Antonio el Grande
Jilotepec, México

San Juan Clímaco

A partir del siglo VI, el célebre monasterio de Santa Catalina, fundado por Justiniano en el monte Sinaí, se convierte en el más importante centro de difusión e irradiación de espiritualidad.

Uno de los hombres más notables entre los grandes doctores sinaítas fue indudablemente Juan, abad del monasterio de Santa Catalina, de cuya vida, a pesar de haber sido uno de los ascetas orientales de mayor renombre, no se tiene mayores datos.  En cuanto a sus primeros años, la carencia de noticias es total, sólo podemos deducir que recibió una sólida formación intelectual.

A los dieciséis años ingresa en el Monasterio de Santa Catalina y se somete a la dirección de un cierto abad Martyrios, quien le conferirá la tonsura monástica a la edad de veinte años.

Tras la muerte de su padre espiritual, Juan que en aquel entonces tendría alrededor de treinta y cinco años, decide entregarse a la vida solitaria.  Pasado un tiempo se le acercaría su primer discípulo, un monje llamado Moisés, y más tarde, atraídos por la aureola que había comenzado a desarrollarse a su alrededor, acuden los monjes en gran cantidad procurando su consejo.

Finalmente, fue elegido abad del Monasterio de Santa Catalina del Monte Sinaí. Se supone que durante esta época redactó, a petición del abad Juan de Raitu, su Santa Escala, a la que le debe su nombre de “Clímaco”. Llegado a una edad muy avanzada retorna a la vida solitaria hasta su muerte.

San Juan Clímaco nos ha dejado una “Escala” compuesta por treinta escalones, número de la edad de Cristo cuando comenzó su predicación, ya que el objeto de “la Escala”, como dice el mismo Clímaco, es “llegar a la madurez de la plenitud de Cristo.” Son escalones de virtudes que cada cristiano tiene que subir mirando siempre al escalón treinta, donde mora el Amor que es el mismo Cristo quien bendice nuestro ascenso.

¡Concédeme no juzgar a mi hermano!

Un laico vino al monasterio para hacerse monje, pero, por su negligencia, no lo aceptaban. Él, atraído por la comodidad que tenía en aquel monasterio, rogaba  por ser aceptado, cuando menos como un trabajador.

Así pasó allí muchos años hasta que le llegó la hora de su muerte. Los monjes lo rodeaban con atención y amor. Un día, estando en la cama, les platicó lo que vio en una visión:

“el Arcángel Miguel agarraba un pergamino donde tenía escritos todos mis pecados y me decía: ‘Todo lo que lees aquí, lo has cometido, por eso prepárate para el infierno.’ Yo le pregunté: ‘¿entre lo que ves, hay pecado de juzgar?’ El arcángel contestó que no. Le dije: ‘entonces no tengo que pasar al infierno, conforme a lo que el Señor dice: no juzguéis para no ser juzgados’ enseguida el arcángel rompió el pergamino de mis pecados.”

El hermano siguió platicando: “cuando me dijeron que yo no funcionaba como monje en el monasterio, trabajaba como laico y participaba en la Divina Liturgia todos los domingos. En uno de ellos escuché el Evangelio que dice: “no juzguéis para no ser juzgados”, pensé en mi mismo: ‘oh miserable y negligente, por lo menos guarda este mandamiento.’ Y veo que dicha observación, aún sin cansancio, me posibilitó la salvación.”

 Al terminar estas palabras, entregó el alma al Arcángel Gabriel afirmándonos otra vez más lo importante que es la adquisición de esta virtud. Y, como dice San Juan Clímaco: “nadie se apresura a enterrar al muerto de su vecino mientras el suyo está en  casa.”

La oración cuaresmal

Por San Efrén el Sirio

Oh Señor y Amo de mi vida, líbrame del espíritu de pereza, de indiscreción, de vanagloria y palabra inútil.

Mas regálame a mí, tu siervo, el espíritu de castidad, humildad, paciencia y de amor.

Sí, Señor y Rey, concédeme percibir mis propias faltas, y no juzgar a mi hermano; porque bendito eres por los siglos de los siglos.  Amén. 

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