Tercer día de la fiesta de la Epifanía del Señor; san Jorge el Jozebita; santa Dominica de Constantinopla

La fiesta de la Epifanía del Señor se extiende del 6 hasta el 14 de enero. Varios de los himnos propios de la fiesta se siguen cantando en los servicios de Vísperas y Maitines.

Tropario, tono 1

Al bautizarte, oh Señor, en el Jordán, * se manifestó la adoración a la Trinidad, * pues la voz del Padre dio testimonio de ti * nombrándote su Hijo amado; * y el Espíritu, en forma de paloma, * confirmó la certeza de la palabra. * ¡Tú, que te has revelado e iluminado al mundo, * oh Cristo Dios, gloria a ti!

Condaquio Tono 4

 Te has revelado hoy * al universo, * y tu luz, oh Cristo Dios, * ha fulgurado sobre nosotros * que te alabamos con comprensión: * ¡te has manifestado, * oh Luz inaccesible!

San Jorge el Jozebita

 

El Santo nació en un pueblo de Chipre. Sus padres eran creyentes, también tenía un hermano mayor llamado Heracleo. Con sus padres vivos aun, Jorge se dirigió a tierra Santa para prosternarse en los lugares sagrados, luego de esto fue a un monasterio de Calamonos deseando ser ordenado monje, pero el santo regresó todavía con sus parientes y se quedó con ellos hasta que murieron. Huérfano Jorge, fue adoptado con su fortuna, por un tío, quien tenía una hija única y la quería casar con él. Pero Jorge no queriendo contraer matrimonio, fue con otro tío que era abad de un monasterio, al ver el santo la presión que ejercía su tío al abad del monasterio para que lo dejase libre y así poder casarse con su hija, Jorge decidió irse con su hermano Heracleo al monasterio de Calamonos, pero por su corta edad se le aconsejó que fuera al monasterio de la Santísima Madre de Dios, que le decían Jozebá, aquí paso el resto de su vida viviendo una rigurosa vida monástica. La fama de sus virtudes fue muy importante, y su trabajo espiritual iluminó a muchos. Finalmente, San Jorge el Jozebita entrego su espíritu en paz a Dios.

Tropario, tono 8

Con la efusión de tus lágrimas, * regaste el desierto estéril * y, por los suspiros profundos, * tus fatigas dieron frutos cien veces más, * volviéndote un astro del universo, * brillante con los milagros. ¡Oh nuestro justo padre Jorge, * intercede ante Cristo Dios * para que salve nuestras almas!

 Santa Dominica de Constantinopla

 

Santa Dominica llegó de Cartago a Constantinopla en tiempos del santo emperador Teodosio el Grande. Allí fue bautizada por el patriarca Nectario e ingresó en un monasterio de mujeres.

Mediante un ascetismo estricto y prolongado alcanzó una elevada perfección espiritual. La santa curó a los enfermos, demostró su poder sobre los elementos naturales y predijo el futuro. Con sus milagros, la santa conmovió a los habitantes de la capital hacia la preocupación por la vida eterna y el alma. Adornada por las virtudes, la santa partió de esta vida como una virgen inmaculada en su vejez.

Tropario, tono  4, del común de Santas Justas.

En ti fue conservada la imagen de Dios fielmente, oh justa Dominica, * pues tomando la cruz seguiste a Cristo * y, practicando, enseñaste a despreocuparse de la carne, * que es efímera, * y a cuidar, en cambio, el alma inmortal. * Por eso hoy tu espíritu se regocija junto con los ángeles.

Segundo día en la fiesta de la Epifanía del Señor; Sinaxis del Santo, Glorioso, Profeta y Precursor Juan el Bautista

La fiesta de la Epifanía del Señor se extiende del 6 hasta el 14 de enero. Varios de los himnos propios de la fiesta se siguen cantando en los servicios de Vísperas y Maitines.

Tropario, tono 1

Al bautizarte, oh Señor, en el Jordán, * se manifestó la adoración a la Trinidad, * pues la voz del Padre dio testimonio de ti * nombrándote su Hijo amado; * y el Espíritu, en forma de paloma, * confirmó la certeza de la palabra. * ¡Tú, que te has revelado e iluminado al mundo, * oh Cristo Dios, gloria a ti!

Condaquio Tono 4

 Te has revelado hoy * al universo, * y tu luz, oh Cristo Dios, * ha fulgurado sobre nosotros * que te alabamos con comprensión: * ¡te has manifestado, * oh Luz inaccesible!

Sinaxis del Santo y Glorioso Profeta y Precursor Juan Bautista

 

Al día siguiente de la gran fiesta de la Epifanía- Bautismo del Señor en el Jordán, celebramos la memoria del Glorioso, Profeta, Precursor y Bautista Juan.

San Juan Bautista era hijo del sacerdote Zacarías y de Isabel, hasta los 30 años vivió en el desierto de Judea teniendo una vida acética, dedicada enteramente a la oración y en busca de la perfección espiritual. Su vestimenta era de pelo de camello, en su cintura tenía un cinto de cuero y sus alimentos eran langostas la miel silvestre. Poseía la Gracia Divina para ser un gran predicador de la Palabra de Dios y con esa gracia convocaba a multitudes a escucharlo. Protestaba duramente contra los fariseos, quienes con una imagen supuestamente santa, ocultaban bajo su ropa la crueldad, la impureza mental y espiritual. Esencialmente su enseñanza se basaba en una frase característica: “Arrepiéntanse, porque el reino de los cielos está cerca” preparando así el camino para el plan salvador de Nuestro Señor Jesucristo. Al comenzar Cristo su exposición pública, la gente dejada lentamente a Juan y lo seguía a él, este cambio en la gente, hubiese causad envidia y celos en cualquier persona que no tenga el espíritu Santo, por eso a Juan este cambio le dio mucha alegría y felicidad. Esta festividad de San Juan el Precursor, por quien Cristo dijo: “Entre los que nacen de mujer no se ha levantado otro mayor que Juan el Bautista”, (Mateo 11:11) fue establecida en el siglo V.

Tropario, tono 2

La memoria del justo es con alabanzas, * pero a ti, oh Precursor, te basta el testimonio del Señor; * porque te volviste verdaderamente el más honrado de los profetas * al ser digno de bautizar en el Jordán al que fue anunciado; * y así como defendiste la verdad, con alegría * anunciaste, hasta a los que estaban en el Hades, * a Dios que se ha revelado en el cuerpo, * que quita el pecado del mundo y nos otorga la gran misericordia.

Comienzo del Ayuno de Navidad; Santos mártires Gurias, Samón y Habib de Edesa

El ayuno de la natividad es uno de los cuatro períodos principales de ayuno a lo largo del año eclesiástico. A partir de hoy 15 de noviembre y concluyendo el 24 de diciembre, el Ayuno de la Natividad brinda a las personas la oportunidad de prepararse para la Fiesta de la Natividad de Nuestro Señor y Salvador en la Carne el 25 de diciembre.

Al abstenerse de ciertos alimentos y bebidas, particularmente de carne, pescado, productos lácteos, aceite de oliva y vino, además de centrarnos más profundamente en la oración y la limosna, podemos encontrar que el objetivo principal del ayuno es hacernos conscientes de nuestra dependencia de Dios.

Catabasia I

¡Cristo nace, glorificadlo! ¡Cristo viene de los cielos, recibidlo! ¡Cristo sobre la tierra, exaltadlo! Cantad al Señor toda la tierra y, con alegría alabadle, oh pueblos, porque ha sido glorificado.

Santos mártires Gurias, Samón y Habib (Abibo) de Edesa:

Gurias y Samón eran ciudadanos eminentes de Edesa. Durante una persecución de cristianos, se escondieron fuera de la ciudad, viviendo en ayuno y oración, y dando consejo a los fieles que venían por consejo a ellos. Fueron capturados y llevados ante el juez, quien los amenazó con la muerte si rehusaban observar el decreto imperial sobre la adoración de ídolos. Los santos mártires de Cristo contestaron: «Si observamos el decreto imperial, estaremos perdidos aún si tú no nos matas». Fueron arrojados en prisión tras crueles torturas, y estuvieron confinados allí desde el 10 de agosto hasta el 10 de noviembre, soportando hambre, oscuridad y grandes sufrimientos. Fueron entonces sacados de la cárcel y torturados de nuevo, y como permanecieron firmes en la fe cristiana, fueron condenados a muerte y degollados con espada en el año 322, bajo el inicuo emperador Licinio, que gobernó la parte oriental del Imperio hasta el 324.

Más tarde Habib, un diácono en Edesa, fue torturado por causa de Cristo su Señor y, en medio de las llamas, entregó su espíritu en manos de Dios. Su madre tomó su cuerpo incorrupto del fuego y lo enterró junto a los de Gurias y Samón. Cuando terminó la persecución, los cristianos construyeron una iglesia en honor de estos tres mártires y colocaron sus reliquias, que obraban milagros, en un solo catafalco. De entre los muchos milagros de estos maravillosos santos de Dios, este es especialmente recordado: una viuda de Edesa llamada Sofía, quien había sido convencida de dar en matrimonio a su joven hija Eufemia con un godo que servía en el ejército griego. Como a Sofía le preocupaba enviar a su hija a un lugar lejano, el godo juró sobre la tumba de los mártires que no haría daño a la joven, sino que la trataría como a la niña de sus ojos. Sin embargo, cuando llevó a la joven a su país le reveló que ya estaba casado; la trató no como esposa sino como esclava hasta que su verdadera esposa murió. Entonces acordó con un pariente enterrar a su esclava viva junto a su esposa muerta. La esclava imploró con lágrimas a los santos mártires que la salvaran, y estos se le aparecieron en la tumba, la tomaron, y en un instante la trasladaron de la tierra de los godos a Edesa, a la iglesia dedicada a ellos. Al día siguiente, cuando se abrió la iglesia, la joven fue hallada junto a la tumba de los santos, y se reveló la historia de su milagrosa liberación.

Tropario, tono 1

Los divinos mártires * Gurias, Abibo y Samón, * iguales en número * a la trinitaria deidad, * estando a una, * confesaron en Ella * frente a los impíos * y, luchando, cruzaron * la tormenta sin daño; * ahora no dejan de guiarnos * hacia el puerto seguro.

San Nectario, obispo de Pentápolis; Santa Matrona de Constantinopla (justa)

San Nectario nació en Silibria de Tracia el 1 de octubre de 1846. Después de terminar la escuela en Constantinopla con mucho trabajo, se convirtió en monje en Quíos en 1876, recibiendo el nombre monástico de Lázaro; Debido a su virtud, un año después fue ordenado diácono, recibiendo el nuevo nombre de Nectario. Bajo el patrocinio del patriarca Sofronio de Alejandría, Nectario fue a Atenas a estudiar en 1882; Completando sus estudios teológicos en 1885, fue a Alejandría, donde el Patriarca Sofronio lo ordenó sacerdote el 23 de marzo de 1886 en la Catedral de san Sabas, y en agosto del mismo año, en la Iglesia de San Nicolás en El Cairo, lo convirtió en Archimandrita. El archimandrita Nectario mostró mucho celo tanto por predicar la palabra de Dios como por la belleza de la casa de Dios. Embelleció enormemente la Iglesia de san Nicolás en El Cairo, y años más tarde, cuando Nectario estaba en Atenas, san Nicolás se le apareció en un sueño, abrazándolo y diciéndole que lo exaltaría muy alto.

El 15 de enero de 1889, en la misma Iglesia de san Nicolás, Nectario fue consagrado Metropolitano de Pentápolis en el este de Libia, que estaba bajo la jurisdicción de Alejandría. Aunque el rápido ascenso de Nectario a través de los grados de oficio eclesiástico no afectó su modestia e inocencia infantil, despertó la envidia de los hombres menores, quienes convencieron al anciano Sofronio de que Nectario tenía en su corazón convertirse en Patriarca. Como la gente amaba a Nectario, el patriarca estaba preocupado por las calumnias. El 3 de mayo de 1890, Sofronio relevó a Metropolita Nectario de sus deberes; En julio del mismo año, ordenó a Nectario que abandonara Egipto.

Sin buscar vengarse o incluso defenderse, el inocente Metropolitano se fue a Atenas, donde descubrió que las acusaciones de inmoralidad habían llegado antes que él. Debido a que su buen nombre había sido manchado, no pudo encontrar un puesto digno de obispo, y en febrero de 1891 aceptó el cargo de predicador provincial en Évia; luego, en 1894, fue nombrado decano de la Escuela Eclesiástica Rizarios en Atenas. A través de sus elocuentes sermones, sus incansables esfuerzos para educar a los hombres adecuados para el sacerdocio, sus generosas acciones de limosna a pesar de su propia pobreza, y la santidad, la mansedumbre y el amor paternal que se manifestaron en él, se convirtió en una luz brillante y una guía espiritual para muchos. A pedido de ciertas mujeres piadosas, en 1904 comenzó la construcción de su convento de la Santísima Trinidad en la isla de Égina mientras aún era decano de la Escuela Rizarios; Después de descubrir que su presencia allí era necesaria, se instaló en Egina en 1908, donde pasó los últimos años de su vida, dedicándose a la dirección de su convento y a una oración muy intensa. a veces se lo veía levantado sobre el suelo mientras estaba embelesado en oración. Se convirtió en el protector de toda Égina, a través de sus oraciones para liberar a la isla de la sequía, curar a los enfermos y expulsar demonios. Aquí también soportó calumnias malvadas con paciencia singular, perdonando a sus falsos acusadores y no buscando vengarse. Aunque ya había hecho maravillas en la vida, una innumerable cantidad de milagros se han realizado después de su reposo en 1920 a través de sus reliquias sagradas, que durante muchos años permanecieron incorruptas. Apenas hay una enfermedad que no haya sido curada con sus oraciones; pero san Nectario es especialmente conocido por sus curaciones de cáncer para pacientes en todas partes del mundo.

Tropario, tono 1

¡Retoño de Silibria, guardián de Egina, * que ha surgido en los últimos tiempos * cual sincero amante de la virtud! * Honremos, oh fieles, a Nectario, siervo de Cristo, lleno de Dios, * pues él emana la curación de todo tipo * a quienes le clamamos con fervor: * ¡Gloria a Cristo que te ha glorificado! * ¡Gloria, que la corona te ha dado! * ¡Gloria, que por tu medio, * ha brindado curación a todos!

Santa Matrona, abadesa de Constantinopla

Santa Matrona, nació en la ciudad de Perge Panfilia (Asia Menor) en el siglo V. La dieron en matrimonio a un hombre rico llamado Domeciano. Cuando nació su hija Teodota, se establecieron en Constantinopla. A Matrona, de veinticinco años, le encantaba caminar hasta el templo de Dios. Pasaba días enteros allí, rezando ardientemente al Señor y llorando por sus pecados.

En la iglesia, la santa conoció a dos piadosas ancianas, Eugenia y Susana, que desde su juventud vivieron allí en ascetismo, trabajo y oración. Matrona comenzó a imitar la vida agradable a Dios de asceta, humillando su carne con la abstinencia y el ayuno, por lo que tuvo que soportar las críticas de su esposo.

Su alma anhelaba una renuncia total al mundo. Después de una larga vacilación, Santa Matrona decidió dejar a su familia y suplicó al Señor que le revelara si su intención le agradaba. El Señor escuchó la oración de su sierva. Una vez, mientras dormía, tuvo un sueño en el que huía de su marido, que la perseguía. La santa se ocultó entre una multitud de monjes que se acercaban a ella, y su marido no la notó. Matrona aceptó este sueño como una orden divina de entrar en un monasterio de hombres, donde su marido no pensaría en buscarla.

Entregó a su hija de quince años para que la criara la anciana Susana y, tras cortarse el pelo y disfrazarse con ropa de hombre, fue al monasterio de san Basión (10 de octubre). Allí, la monja Matrona se hizo pasar por el eunuco Babylos y fue aceptada como uno de los hermanos, quienes se maravillaron de su gran virtud.

Después de un tiempo, san Basión, el abad del monasterio, supo por un sueño que el eunuco Babilo era una mujer. También se lo reveló Acacio, abad del cercano monasterio de Abraham. San Basión llamó a Santa Matrona y le preguntó con voz amenazante por qué había entrado en el monasterio: ¿para corromper a los monjes o para avergonzar al monasterio?

Con lágrimas en los ojos, la santa le contó al abad toda su vida pasada, sobre su esposo, hostil a sus esfuerzos y oraciones, y sobre la visión que la indicaba que fuera al monasterio de hombres. Convencido de que su intención era pura y casta, san Basión envió a Santa Matrona a un monasterio de mujeres en la ciudad de Emesa. En este monasterio la santa vivió durante muchos años, inspirando a las hermanas con su alto logro monástico. Cuando la abadesa murió, por unanimidad de las monjas, la monja Matrona se convirtió en la cabeza del convento.

La fama de sus actividades virtuosas y el don milagroso de la curación, que recibió del Señor, se extendió mucho más allá de los muros del monasterio. Domeciano también se enteró de las hazañas de la monja. Cuando la santa se enteró de que su esposo venía al monasterio y quería verla, se fue en secreto a Jerusalén, y luego al Monte Sinaí, y de allí a Beirut, donde se instaló en un templo pagano abandonado. Los habitantes locales se enteraron de su reclusión y comenzaron a acudir a ella. La santa asceta apartó a muchos de su impiedad pagana y los convirtió a Cristo.

Las mujeres y las niñas comenzaron a establecerse en la morada de la monja y pronto se formó un nuevo monasterio. Habiendo cumplido la voluntad de Dios, que se le reveló en un sueño, la santa dejó Beirut y viajó a Constantinopla, donde se enteró de que su esposo había muerto. Con la bendición de su padre espiritual, san Basión, la asceta fundó un monasterio de mujeres en Constantinopla, al que también se trasladaron hermanas del convento de Beirut que ella misma fundó. El monasterio de Santa Matrona en Constantinopla era conocido por su estricta regla monástica y la vida virtuosa de sus hermanas.

En su extrema vejez, Santa Matrona tuvo una visión del Paraíso celestial y del lugar que allí le había sido preparado después de 75 años de trabajo monástico. A la edad de cien años, Santa Matrona bendijo a las hermanas y se durmió tranquilamente en el Señor.

Tropario tono  8, del común de Mujeres Justas

En ti fue conservada la imagen de Dios fielmente, oh justa Matrona, * pues tomando la cruz seguiste a Cristo * y, practicando, enseñaste a despreocuparse de la carne, * que es efímera, * y a cuidar, en cambio, el alma inmortal. * Por eso hoy tu espíritu se regocija junto con los ángeles.

Sinaxis de los Doce Gloriosos y Alabadísimos Apóstoles de Cristo

La Sinaxis o Conmemoración en común de los Gloriosos y alabadísimos Doce Apóstoles de Cristo: Pedro, Andres, Santiago y Juan hijos del Zebedeo, Felipe, Bartolomé, Tomás, Mateo, Santiago el hijo de Alfeo, Judas el hermano de Santiago, Simon el Celote y Matías, parece ser una Fiesta muy antigua. La Iglesia honra a cada uno de los Doce Apóstoles en fechas separadas durante el año, pero ha establecido una conmemoración general para todos ellos al día siguiente de la conmemoración de los Gloriosos y Primeros Apóstoles Pedro y Pablo.

El santo emperador Constantino el Grande, (21 de mayo), construyó una iglesia en Constantinopla en honor a los Doce Apóstoles. Y ya hay instrucciones para celebrar esta Fiesta que datan del siglo IV. Las listas de los nombres de los Apóstoles podemos encontrarlas en los distintos textos del Nuevo Testamento: Mt.10:2, Marcos 3:14, Lucas 6:12, Hechos 1:13, 26.

Tropario, tono 3

Oh santos apóstoles, * interceded ante Dios misericordioso * para que otorgue el perdón de las transgresiones a nuestras almas.

Santos Gloriosos y Alabadísimos Apóstoles Pedro y Pablo

Los himnos de la fiesta hablan de los Santos Pedro y Pablo como líderes y corífeos de los Apóstoles. Son, sin duda, los primeros en las filas de los Apóstoles y ya san Agustín en un famoso discurso, da fe que desde tiempos inmemoriales los celebramos en una misma fecha.

Los corifeos eran líderes del coro en la antigua tragedia griega. Ellos marcaron la pauta para el canto, y también para los movimientos de danza y gestos del coro. Antes de Sófocles, había doce miembros del coro, y los santos Pedro y Pablo son sin duda, los líderes del coro de los los doce Apóstoles.

San Pedro, hermano de San Andrés, era pescador en el mar de Galilea. Estaba casado y Cristo curó a su suegra de una fiebre (Mt.8:14). Él, junto con Santiago y Juan, fueron testigos de los milagros más importantes de la vida terrenal del Salvador.

A pesar de haber reconocido anteriormente a Cristo como el Hijo de Dios, lo negó tres veces la noche anterior a la crucifixión. Por eso, después de Su resurrección, el Señor le preguntó tres veces si lo amaba. Luego le dijo que apacentara a sus ovejas (Juan 21:15-17).

Después del descenso del Espíritu Santo en Pentecostés, San Pedro se dirigió a la multitud (Hechos 2:14) y realizó muchos milagros en el nombre de Cristo. Bautizó a Cornelio, el primer gentil converso (Hechos 10:48). Fue encarcelado, pero escapó con la ayuda de un ángel (Hechos 5:19). San Pedro también viajó a muchos lugares para proclamar el mensaje del Evangelio. Escribió dos Epístolas, que forman parte del Nuevo Testamento.

San Pedro fue ejecutado en Roma durante el reinado de Nerón. Según la Tradición, pidió ser crucificado boca abajo, ya que no se sentía digno de morir de la misma manera que su Señor.

Por su parte, san Pablo era de la tribu de Benjamín y vivía en Tarso de Cilicia. Una vez se describió a sí mismo como hebreo, un israelita de la simiente de Abraham (2 Cor. 11:22). También era fariseo y fabricante de tiendas (Hechos 18:3) que había estudiado la Ley con Gamaliel en Jerusalén. Al principio se llamaba Saulo y había perseguido a la Iglesia. Estuvo presente en la lapidación de San Esteban (Hechos 7:58). Luego, en el camino a Damasco, se convirtió cuando Cristo se le apareció. Cegado por la visión, fue sanado cuando Ananías le impuso las manos. Después de su curación, fue bautizado (Hechos 9:18).

San Pablo predicó el Evangelio en Grecia, Asia Menor y Roma, y escribió catorce epístolas. La tradición dice que fue martirizado en Roma hacia el año 68.

Los santos Apóstoles Pedro y Pablo son considerados los Patronos de la Sede de Antioquía.

Tropario, tono 4

Oh primados entre los apóstoles * y maestros del universo: * intercedan ante el Señor de todo * para que otorgue la paz al mundo, * y a nuestras almas la gran misericordia.

Traslado de las reliquias de los Santos, Milagrosos e Inmercenarios Ciro y Juan

El traslado de las reliquias de los santos mártires, inmercenarios y hacedores de milagros, Ciro y Juan, desde la ciudad de Konopa, cerca de Alejandría (donde sufrieron en el año 311) hasta la cercana aldea de Manufin, tuvo lugar en el año 412. Este pueblo era temido por todos, ya que antiguamente había albergado un templo pagano habitado por espíritus malignos. El patriarca Teófilo (385-412) quiso limpiar este lugar de demonios, pero murió. Su deseo fue cumplido por su sucesor en la Sede de Alejandría, el santo Patriarca Cirilo (412-444). Oró fervientemente para llevar a cabo este proyecto. Un ángel del Señor se apareció en una visión al jerarca y ordenó que las venerables reliquias de los santos Ciro y Juan fueran trasladadas a Manufin. El santo Patriarca Cirilo cumplió las órdenes del ángel y construyó una iglesia en Manufin en nombre de los santos mártires.

Desde entonces este lugar fue purificado de la influencia del Enemigo, y por las oraciones de los santos Mártires Ciro y Juan comenzaron a ocurrir muchos milagros, curaciones de enfermos y débiles. Un relato de los santos Ciro y Juan se encuentra debajo del 31 de enero.

Tropario, tono 5

Nos has dado los milagros de tus santos mártires * cual muro inamovible, oh Cristo Dios: * por sus plegarias, disipa las tramas de los adversarios * y resguarda las defensas de la Iglesia, * pues eres bondadoso y amas a la humanidad.

San Sansón el Hospitalario

San Sansón nació en Roma, hijo de padres ricos, pero devotos y virtuosos. Recibió una excelente educación, estudiando filosofía y medicina, entre otras materias. Desde su más tierna infancia vivió una vida cristiana ejemplar. Tras la muerte de sus padres transformó la finca familiar en una clínica para enfermos. Se corrió la voz de sus habilidades curativas, y tanta gente acudió a él que tuvo que contratar personal para atender al creciente número de personas que buscaban su ayuda. Cuando tuvo el personal adecuado, donó toda su riqueza a la clínica y se contentó con vivir en la pobreza.

San Sansón fue a Constantinopla, donde esperaba pasar el resto de su vida en el ascetismo. Sin embargo, descubrió que había tanta necesidad de su habilidad en Constantinopla como la había habido en Roma. Compró una casa modesta y comenzó a tratar a los enfermos. Dios bendijo la obra de San Sansón y le concedió la gracia de obrar milagros. Sanó a los enfermos no sólo con su habilidad médica, sino también como alguien lleno de la gracia de Dios. Las noticias de San Sansón se difundieron rápidamente por todas partes.

Su piedad y amor por el prójimo llamaron la atención del Patriarca Menas de Constantinopla (25 de agosto), quien lo ordenó al santo sacerdocio. Cuando el emperador Justiniano enfermó y sus médicos no pudieron brindarle ningún alivio, el patriarca Menas sugirió que enviara a buscar a Sansón, quien curó al emperador. Justiniano le ofreció oro y plata como muestra de su gratitud, pero el santo se negó, diciendo que ya había regalado todas sus riquezas. En cambio, le pidió a Justiniano que construyera un hospicio para viajeros.

San Sansón reposó tranquilamente, tras una breve enfermedad, en el año 530 en una edad avanzada. Fue enterrado en la iglesia de San Mocio, construida por San Constantino el Grande.

En la tumba de San Sansón se han producido muchos milagros de curación.

Tono 8 (plagal del tono 4)

En tu paciencia has logrado tu recompensa, oh padre justísimo, * perseverando asiduamente en la oración, * amando a los pobres y atendiendo sus necesidades. * Intercede ante Cristo Dios, dichoso Sansón iluminado, * para que salve nuestras almas.

San David de Tesalónica

San David de Tesalónica vivió el ascetismo en el monasterio de los Santos Mártires Teodoro y Mercurio. Inspirado por el ejemplo de los santos estilitas, vivió en un almendro en oración constante, manteniendo ayuno estricto y soportando el calor y el frío. Allí permaneció durante tres años hasta que un ángel le dijo que bajara.

San David recibió de Dios el don de hacer milagros, y él sanó a muchos de la enfermedad. El santo asceta dio consejos espirituales a todos los que acudían a él. Habiendo sido liberado de las pasiones, era como un ángel en el cuerpo, y él fue capaz de tomar carbones calientes en sus manos sin ningún daño. Murió en el año 540.

Tropario, tono 8

En ti fue conservada la imagen de Dios fielmente, oh justo David, * pues tomando la cruz seguiste a Cristo * y, practicando, enseñaste a despreocuparse de la carne, * que es efímera, * y a cuidar, en cambio, el alma inmortal. * Por eso hoy tu espíritu se regocija junto con los ángeles

Santa mártir Febronia de Nisibis

La virgen mártir Santa Febronia sufrió el martirio en Nísibis, en Mesopotamia, alrededor del año 304, durante la persecución de Diocleciano.

Cuando Febronia tenía dos años de edad, sus padres la dejaron al cuidado de su tía Briene, quien gobernaba un monasterio en Nisibis. Ahí creció para convertirse en una bellísima muchacha de alma tan cándida, que ignoraba por completo el mundo exterior y, sólo se preocupaba por adornarse con las virtudes que la hiciesen aparecer digna a su Prometido Celestial. La tía Briene cuidó con escrupuloso esmero su educación y, con el fin de resguardarla contra las tentaciones que necesariamente la asaltarían, no permitía que su sobrina comiese más que cada tercer día y la obligaba a dormir sobre un estrecho tablón. Febronia era inteligente y aprovechó tan bien las lecciones que, a la edad de dieciocho años, se le encomendó la tarea de leer y explicar las Sagradas Escrituras a las monjas, cada viernes. Las damas más nobles y señaladas de la ciudad asistían a esas lecturas, pero la madre Briene había tomado la precaución de ocultar a Febronia tras un velo, para que las señoras no advirtiesen su extraordinaria belleza y, al mismo tiempo, para no inquietar a la muchacha que, en toda su vida, no había visto a nadie más que a las otras monjas.

La pacífica existencia del convento quedó brutalmente interrumpida por la persecución. Los crueles edictos de Diocleciano fueron aplicados en Nisibis con especial ferocidad, por el prefecto Seleno. Los clérigos, junto con el obispo, emprendieron la fuga y todas las religiosas imitaron su ejemplo; en el claustro quedaron, únicamente, Briene, Febronia, que estaba en la convalecencia de una grave enfermedad y Tomáis. Cuando llegaron los oficiales de la prefectura a hacer un registro en el monasterio, no se preocuparon por detener a las dos monjas viejas, pero se llevaron a Febronia.
Al otro día, compareció en el tribunal y el prefecto Seleno encomendó a su sobrino Lisimaco la tarea de interrogarla. El joven procedió a hacerlo con toda cortesía y aun cierta condescendencia, porque la madre de Lisimaco era cristiana y sus simpatías estaban de parte de la prisionera. Pero Seleno intervino intempestivamente y, con cierta malicia, prometió dar a Febronia la libertad y muchas riquezas, si renunciaba a su religión y consentía en casarse con Lisimaco. La hermosa muchacha repuso, sencillamente, que no quería riquezas, porque ya tenía un gran tesoro en el cielo y que no buscaba marido, puesto que estaba desposada con su inmortal Prometido, quien le ofrecía la dote del Reino de los Cielos. Enfurecido ante semejante respuesta, Seleno mandó que la muchacha, desnuda, fuese colgada por los brazos de cuatro postes, encima de un lecho de brasas y que se le azotara. Le fueron arrancados diecisiete dientes y le cortaron los pechos. Entre las indignadas protestas de la muchedumbre que llenaba la sala, los verdugos se ensañaron más todavía con su víctima a la que cortaron los miembros a pedazos y, por fin, al ver que aún vivía, la remataron con golpes de hacha. Casi inmediatamente después, recibió Seleno la retribución de sus infamias, porque, presa de un súbito ataque de locura, se dio de cabezadas contra las columnas de mármol de la sala y murió con el cráneo destrozado. Por orden de Lisimaco, se reunieron respetuosamente los restos despedazados de Febronia y se les dispensó un magnífico funeral. El espantoso martirio de Febronia consiguió que numerosísimos paganos pidiesen el bautismo, y uno de los primeros fue Lisimaco, quien, posteriormente, en los tiempos del emperador Constantino, tomó el hábito de monje.

Tropario, tono 4

Tu oveja, oh Jesús, exclama con gran voz: * «Te extraño, Novio mío, y lucho buscándote; * me crucifico y me entierro contigo por el bautismo; * sufro por ti para contigo reinar * y muero por ti para que viva en ti.» * Acepta, como ofrenda inmaculada, * a Febronia, sacrificada con anhelo por ti. * Por sus intercesiones, oh Compasivo, * salva nuestras almas

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