Transfiguración de Nuestro Señor, Gran Dios y Salvador Jesucristo

La Transfiguración es la fiesta de la gloria divina de Cristo por excelencia. Como la Teofanía, es una fiesta de luz: «Oh Verbo, Luz intacta de la Luz del Padre no engendrado, hoy en el Tabor, con la manifestación de tu Luz, hemos visto al Padre como Luz y al Espíritu como Luz, guiando con Luz a toda la creación» (exapostilario). Pero no es este el único paralelo entre las dos fiestas. Tal como en la Teofanía, aunque menos explícitamente, la Transfiguración es una revelación de la Santa Trinidad. En el Tabor, como en bautismo en el Jordán, el Padre habla desde el cielo, dando testimonio de la filiación divina de Cristo; y el Espíritu también está presente, no con la apariencia de una paloma en esta ocasión, sino en forma de una Luz deslumbrante que rodea la persona de Cristo y que cubre como nube la montaña entera. Esta luz deslumbrante es la luz del Espíritu.

La Transfiguración, entonces, es una fiesta de la gloria divina –- más específicamente, de la gloria de la Resurrección. El ascenso al Monte Tabor vino en un punto crítico del ministerio de Nuestro Señor, justo cuando iba a emprender su último viaje a Jerusalén, el cual, Él sabía que habría de terminar en su humillación y muerte.

A fin de fortalecer a sus discípulos para las pruebas que tenían delante, Él escogió este momento particular para revelarles algo de su esplendor eterno, «según pudieran soportarlo» (tropario de la fiesta). Él los alentó – a ellos, y a todos nosotros – a que miraran más allá de los sufrimientos de la Cruz, hasta la gloria de la Resurrección.

La luz de la Transfiguración, presagia no sólo la Resurrección del propio Cristo al tercer día, sino igualmente la gloria de la Resurrección de los justos en su Segunda Venida. La gloria que resplandeció de Cristo en el Tabor es una gloria que toda la humanidad está llamada a compartir. En el Monte Tabor, vemos la humanidad de Cristo – la naturaleza que tomó de nosotros – llena de esplendor, «hecha como Dios» o «deificada». Lo que ocurrió a la naturaleza humana en Cristo puede ocurrir también a la humanidad de los seguidores de Cristo. La Transfiguración, entonces, nos revela el máximo potencial de nuestra naturaleza humana: nos muestra la gloria que nuestra humanidad poseyó alguna vez y la gloria que, por la gracia de Dios, recuperará de nuevo en el Último Día. Este es un aspecto cardinal de la presente fiesta, al que vuelven frecuentemente los textos litúrgicos. En su Transfiguración, dicen, el Señor «en su propia persona les mostró la naturaleza del hombre, adornada con la belleza original de la Imagen» (Vísperas Mayores, apostija). «Hoy Cristo en el Monte Tabor ha cambiado la naturaleza oscurecida de Adán, e iluminándola, la ha hecho divina» (Vísperas Menores, apostija). «Oh Salvador, fuiste transfigurado en el Monte Tabor, mostrando el intercambio de los mortales con tu gloria en tu segunda y terrible venida» (Maitines, himno del primer katisma ).

La fiesta de la Transfiguración, por lo tanto, no es simplemente la conmemoración de un evento pasado de la vida de Cristo. Al poseer también una dimensión «escatológica», está orientado hacia el futuro -– hacia el «esplendor de la Resurrección» en el Último Día, hacia la «belleza del Reino divino» que todos los cristianos esperan gozar un día.

Tropario, tono 7

Te transfiguraste en el Monte, oh Cristo Dios, * revelando a los discípulos tu Gloria * según pudieran soportarla. * Que tu eterna Luz resplandezca sobre nosotros, pecadores, * por la intercesión de la Madre de Dios, * oh Dador de Luz, ¡gloria a ti!

Condaquio, tono 7

Te transfiguraste en el monte, oh Cristo Dios, * y tus discípulos contemplaron tu Gloria * según pudieron soportarla; * para que, cuando te viesen crucificado, * percibieran que tu Pasión fue voluntaria * y proclamaran al mundo * que Tú eres verdaderamente el Resplandor del Padre.

Prefiesta de la Transfiguración del Señor; Mártir Eusignio de Antioquía

El Señor había comenzado a advertir a sus discípulos sobre los peligros que enfrentarían, y también sobre Su Pasión y muerte. También les dijo que serían perseguidos por paganos y enemigos del Evangelio. Explicó que estas cosas pertenecen a la vida presente, pero lo esencial es la vida eterna. Queriendo dar a sus discípulos un anticipo de la vida eterna, tomó a tres de ellos, Pedro, Santiago y Juan, y los llevó al monte Tabor.

Allí se transfiguró ante ellos y su rostro resplandeció como la luz. Moisés y Elías aparecieron y hablaron con Jesús. para corregir sus ideas erróneas de quién era Él, como si fuera san Juan Bautista o alguno de los profetas. Por eso les reveló su gloria ‘según pudieran soportarla’. Todo esto ocurrió durante la Transfiguración de nuestro Señor Jesucristo en el monte Tabor cuya fiesta celebraremos mañana.

Tropario, tono 4

Vamos, fieles, al encuentro de la transfiguración de Cristo * celebrando con alegría la vigilia de la fiesta, y exclamemos: * ¡Ha llegado el día de la complacencia divina!, * pues, el Señor sube al monte Tabor * para hacer brillar la hermosura de su divinidad.

 

San Eusignio de Antioquía (mártir)

 

El mártir Eusignio nació en Antioquía a mediados del siglo III. Durante sesenta años sirvió en los ejércitos romanos de los emperadores Diocleciano, Maximiano Hércules, Constancio Cloro, Constantino el Grande y sus hijos. Fue compañero de San Basilisco (3 de marzo y 22 de mayo), y relató su martirio. Al inicio del reinado de san Constantino el Grande, san Eusignio fue testigo de la aparición de la Cruz en el cielo, predicción de victoria.

San Eusignio se retiró en su vejez del servicio militar y regresó a su propio país. Allí pasó su tiempo en oración, ayuno y asistiendo a la iglesia de Dios. Así vivió hasta el reinado de Juliano el Apóstata (361-363), que anhelaba volver al paganismo.

A través de la denuncia de un ciudadano de Antioquía, san Eusignio fue juzgado como cristiano ante el emperador Juliano en el año 362.

Con valentía enfrentó al emperador, lo acusó de apostatatar de Cristo, y le reprochó el ejemplo de su pariente, Constantino el Grande, describiéndole detalladamente cómo él mismo había sido testigo ocular de la aparición de la señal de la Cruz en el cielo. Juliano,  no perdonó al anciano san Eusignio, que entonces tenía 110 años, sino que ordenó que lo decapitaran, coronando de esta forma su vida con el martirio.

Tropario, tono 4 del común de Mártires

Tu mártir, oh Señor, * ha obtenido de ti * corona de incorrupción * en su lucha, Dios nuestro. * Al tener, pues, tu fuerza, * ha vencido a tiranos * y aplastado de los demonios * su abatida insolencia. * Por sus intercesiones, oh Cristo Dios, * salva nuestras almas.

Siete santos jóvenes (durmientes) de Éfeso

Los Siete Jóvenes de Éfeso: Maximiliano, Jamblico, Martín, Juan, Dionisio, Exacustodianos (Constantino) y Antonino, vivieron en el tercer siglo. San Maximiliano era el hijo del administrador de la ciudad de Éfeso y los otros seis jóvenes eran hijos de ciudadanos ilustres de la ciudad. Los jóvenes eran amigos desde la niñez, y todos estaban juntos al servicio del ejército.
Cuando el emperador Decio (249-251) llegó a Éfeso, ordenó a toda la ciudadanía ofrecer el sacrificio a los dioses paganos. La tortura y muerte esperaban al que se negase. Denunciados por aquéllos que buscaban el favor del emperador, fueron convocaron los siete jóvenes de Éfeso para contestar a los cargos. Estando de pie ante el emperador, los siete jóvenes confesaron su fe en Cristo. Se les quitaron sus condecoraciones militares y cinturones del ejército. Decio, sin embargo, los puso a libertad, esperando que ellos cambiaran sus mentes mientras él estaba lejos en una campaña militar. Los siete jóvenes huyeron de la ciudad y se escondieron en una cueva en la Montaña Ochlon dónde ellos pasaron el tiempo en oración, mientras se preparaban para la hazaña de martirio.
El más joven de ellos, San Jamblico, vistiéndose de mendigo, entraba en la ciudad a comprar pan, en una de estas jornadas en la ciudad, él oyó que el emperador había vuelto y los buscaba para juzgarlos. San Maximiliano exhortó a sus compañeros a salir de la cueva y valientemente comparecer al juicio.
Habiendo conocido donde estaban ocultos los jóvenes, el emperador dio órdenes para sellar la entrada de la cueva con piedras, para que los santos perecieran de hambre y sed. Dos de los dignatarios de la ciudad, que eran cristianos, viniendo antes de que sellara totalmente la entrada a la cueva, y queriendo conservar la memoria de los santos, pusieron un recipiente sellado entre las piedras, que contenía dos placas de metal. En ellas se inscribieron los nombres de los siete jóvenes y los detalles de su sufrimiento y muerte.
El Señor puso a los jóvenes en un sueño milagroso que duró casi dos siglos. Durante este tiempo las persecuciones contra los cristianos habían cesado. Durante el reino del santo emperador Teodosio el Joven (408-450) había herejes que rechazaron la creencia en la resurrección de los muertos en la Segunda Venida de nuestro Señor Jesucristo. Algunos de ellos dijeron: “¿Cómo puede haber una resurrección de los muertos cuándo no habrá ni alma ni cuerpo, ya que ellos se desintegran?” Otros afirmaron: “Las almas solo tendrán una restauración, ya que sería imposible para los cuerpos levantarse y vivir después de mil años, cuando incluso su polvo no permanecería.” Por consiguiente, el Señor reveló el misterio de la Resurrección de los Muertos y de la vida futura a través de sus Siete Jóvenes. El dueño de la tierra en que se situaba la Montaña de Ochlon, descubrió la construcción de piedra, y sus obreros abrieron la entrada a la cueva. El Señor había conservado a los jóvenes vivos, y ellos despertaron de su sueño, mientras no sospecharon que casi 200 años habían pasado. Sus cuerpos y vestiduras estaban completamente bien.
Preparados para aceptar la tortura, los jóvenes confiaron una vez más a Jamblico ir a comprar el pan para ellos a la ciudad para mantener su fuerza. Yendo hacia la ciudad, el joven fue asombrado al ver la santa cruz en las puertas. Oyendo el nombre de Jesucristo era hablado libremente, él empezó a dudar que estaba acercándose su propia ciudad.
Cuando él pagó por el pan, dio las monedas con la imagen del emperador Decio en ellas, y él fue detenido por ello, ya que era dinero antiguo. Ellos llevaron a san Jamblico al administrador de la ciudad que en este momento era el Obispo de Éfeso. Oyendo las respuestas desconcertantes del joven, el obispo percibió que Dios estaba revelando alguna clase de misterio a través de él, y fue con otras personas a la cueva.
A la entrada a la cueva el obispo sacó el recipiente sellado y lo abrió. Él leyó en las placas de metal los nombres de los siete jóvenes y los detalles del sellado de la cueva por las órdenes del emperador Decio. Entrando en la cueva y viendo a los jóvenes vivos, todos se regocijaron y percibieron que el Señor, a través de despertarlos del largo sueño, estaba descubriendo a la Iglesia el misterio de la Resurrección de los Muertos.
Pronto el emperador llegó a Éfeso y habló con los jóvenes en la cueva. Entonces los jóvenes santos a la vista de todos pusieron sus cabezas en la tierra y de nuevo se durmieron, esta vez hasta el tiempo de la Resurrección Universal. El emperador quiso poner cada uno de los jóvenes en un ataúd con rubíes, pero apareciendo a él en un sueño, los jóvenes santos dijeron, que sus cuerpos fueran dejados en la tierra de la cueva.
Una segunda conmemoración de los siete jóvenes es famosa el 22 de octubre. (Por una tradición que entró en el Prólogo ruso [de Vidas de los Santos], los jóvenes se durmieron por segunda vez en este día. Según las notas del Mineon griego de 1870, ellos se durmieron primero el 4 de agosto, y se despertaron el 22 de octubre. Los jóvenes santos también se mencionan en el servicio de la Iglesia del Nuevo Año, el 1 de septiembre).

Tropario, tono 4

Tus mártires, oh Señor, * han obtenido de ti * coronas de incorrupción * en su lucha, Dios nuestro. * Al tener, pues, tu fuerza, * han vencido a tiranos * y aplastado de los demonios * su abatida insolencia. * Por sus intercesiones, oh Cristo Dios, * salva nuestras almas.

Santos Isaac, Dalmacio y Fausto del Monasterio Dalmatón en Constantinopla

San Dalmacio había servido en el ejército del santo emperador Teodosio el Grande (379-395) y consiguió su atención. Abandonó el mundo aproximadamente entre los años 381-383, y se fue con su hijo Fausto al monasterio de San Isaac, cerca de Constantinopla. San Isaac (30 de mayo) tonsuró al padre y al hijo como monjes, y ambos empezaron a llevar una vida ascética rigurosa. Una vez, durante la Gran Cuaresma, San Dalmacio no comió nada durante los cuarenta días. Más tarde recobró su fuerza y fue hallado digno de una visión divina.

Cuando San Isaac se acercaba al final de su vida terrena, él nombró a San Dalmacio como abad del monasterio, que más tarde llegó a ser conocido como el Monasterio Dalmaton.

San Dalmacio se mostró como un ferviente defensor de la Fe Ortodoxa en el Tercer Concilio Ecuménico de Efeso (431), que condenó la herejía de Nestorio. Después del Concilio, los Santos Padres eligieron a san Dalmacio como archimandrita del Monasterio Dalmaton, donde murió a la edad de noventa años (después de 446).

San Fausto, como su padre, fue un gran asceta y en particular se destacó en el ayuno. Después de la muerte de su padre, se convirtió en abad del monasterio.

Tropario, tono 4

Oh Dios de nuestros padres, * que siempre nos tratas de acuerdo con tu bondad: * no retires de nosotros tu misericordia, * sino que, por la intercesión de tus santos, * dirige nuestras vidas en paz.

Traslado de las reliquias del Protomártir y Archidiácono Esteban

Después que el Primer Mártir san Esteban fue asesinado a pedradas (27 de diciembre), Gamaliel su maestro, animó a varios cristianos a ir de noche y tomar el cuerpo del santo y sepultarlo en un campo de su propiedad situado a unas veinte millas de Jerusalén que fue llamado “Kaphar-Gamala” que significa el Campo de Gamala, donde posteriormente el mismo Gamaliel fue enterrado. Hacia el año 427, un hombre piadoso llamado Luciano sacerdote de una iglesia cercana a aquel campo, quien habiendo recibido en sueños una revelación de Dios indicándole el lugar donde el Primer Mártir estaba enterrado. Inmediatamente lo dio a conocer al Patriarca de Jerusalén, Juan. Juntos fueron al lugar indicado, cavaron en el lugar y encontraron una caja con la palabra Esteban en arameo. Abrieron la caja y tomaron las sagradas reliquias trasladándolas a Jerusalén con gran honor y acompañados de una gran multitud de fieles

Tropario, tono 4

Tu cabeza recibió una corona real, * al sufrir por Cristo Dios, con paciencia y amor, * primero entre mártires. * Tú, pues, amonestaste * la necedad de los judíos, * luego viste a tu Cristo, * a la diestra del Padre. * A él suplícale siempre que salve nuestras almas.

Los siete santos jóvenes Macabeos / Procesión de la Preciosa y vivificadora Cruz del Señor

Los siete Santos Mártires Macabeos Abimo, Antonio, Gurias, Eleazar, Eusebono, Alimo y Marcelo, su madre Salomonia y su maestro Eleazar sufrieron en el año 166 antes de Cristo bajo el impío rey sirio Antíoco IV Epífanes. Este gobernante necio amaba las costumbres paganas helenísticas, y despreciaba las costumbres judías. Él hizo todo lo posible por alejar a la gente de la Ley de Moisés y de su pacto con Dios. Profanó el templo del Señor, colocó una estatua del dios pagano Zeus allí, y obligó a los judíos a adorarlo. Muchas personas abandonaron al Dios de Abraham, de Isaac y de Jacob, pero también hubo gente que siguió creyendo que vendría el Salvador.

Un anciano de noventa años de edad, el escriba y maestro Eleazar, fue llevado a juicio por su fidelidad a la ley mosaica. Sufrió torturas y murió en Jerusalén.

Los discípulos de san Eleazar, los siete hermanos macabeos y su madre Salomone, también mostraron gran valor. Ellos fueron llevados a juicio en Antioquía por el mismo rey Antíoco Epífanes. Ellos se reconocieron a sí mismos sin miedo como seguidores del Dios Verdadero, y se negaron a comer carne de cerdo, que estaba prohibida por la Ley. El hermano mayor actúo como portavoz de los demás, diciendo que preferían morir antes que desobedecer la Ley. Fue sometido a torturas feroces ante la vista de sus hermanos y su madre. Su lengua fue cortada, fue escalpado y se le cortaron las manos y los pies. A continuación, una caldera y un sartén grande fueron calentadas, y el primer hermano fue tirado en el sartén, y murió.

Los próximos cinco hermanos fueron torturados, uno tras otro. El séptimo hermano, el más joven, fue el último que quedó vivo. Antíoco sugirió a santa Salomone que convenciera al muchacho que lo obedeciera, para que su último hijo al menos se salvara. En cambio, la valiente madre le dijo que imitara la valentía de sus hermanos. El joven rechazó el ofrecimiento del rey y fue torturado aún más cruelmente que sus hermanos hasta morir. Después que todos sus hijos murieron, santa Salomonia, se detuvo sobre sus cuerpos, levantó sus manos en oración a Dios y murió.

La muerte martirial de los hermanos Macabeos inspiro a Judas Macabeo, y el lideró una rebelión contra Antíoco Epífanes. Con la ayuda de Dios, obtuvo la victoria, y luego purificó el templo de Jerusalén. También derribó los altares que los paganos habían instalado en las calles. Todos estos acontecimientos están relatados en el Libro Segundo de los Macabeos (cap. 7-10).

Varios Padres de la Iglesia predicaron sermones sobre los siete Macabeos, incluyendo San Cipriano de Cartago, San Ambrosio de Milán, san Gregorio el Teólogo y San Juan Crisóstomo.

Tropario, tono 1 del común de varios Mártires

Oh Señor, por los sufrimientos de los santos * que han padecido por ti, * ten compasión de nosotros * y sana las dolencias de los que te suplicamos, * oh Tú que amas a la humanidad.

Procesión de la Preciosa y Vivificadora Cruz

A causa de muchos desastres ocurridos durante el mes de agosto, se estableció en la antigua Constantinopla la costumbre de llevar en procesión precioso Madero de la Cruz, por la ciudad para su santificación y para ser liberados de las enfermedades.

Era traída del tesoro imperial en el último día de julio y colocado sobre el Santo Altar de la gran iglesia de Santa Sofía, y comenzando desde hoy hasta la fiesta de la Dormición de la Madre de Dios, era llevada por toda la ciudad, y presentada para la veneración de todo el pueblo.

Tropario, tono 1

Salva, oh Señor, a tu pueblo* y bendice tu heredad; * concede a los fieles * la victoria sobre el enemigo * y a los tuyos guarda por el poder de tu santa Cruz.

 

Tercer día de la fiesta de la Epifanía del Señor; san Jorge el Jozebita; santa Dominica de Constantinopla

La fiesta de la Epifanía del Señor se extiende del 6 hasta el 14 de enero. Varios de los himnos propios de la fiesta se siguen cantando en los servicios de Vísperas y Maitines.

Tropario, tono 1

Al bautizarte, oh Señor, en el Jordán, * se manifestó la adoración a la Trinidad, * pues la voz del Padre dio testimonio de ti * nombrándote su Hijo amado; * y el Espíritu, en forma de paloma, * confirmó la certeza de la palabra. * ¡Tú, que te has revelado e iluminado al mundo, * oh Cristo Dios, gloria a ti!

Condaquio Tono 4

 Te has revelado hoy * al universo, * y tu luz, oh Cristo Dios, * ha fulgurado sobre nosotros * que te alabamos con comprensión: * ¡te has manifestado, * oh Luz inaccesible!

San Jorge el Jozebita

 

El Santo nació en un pueblo de Chipre. Sus padres eran creyentes, también tenía un hermano mayor llamado Heracleo. Con sus padres vivos aun, Jorge se dirigió a tierra Santa para prosternarse en los lugares sagrados, luego de esto fue a un monasterio de Calamonos deseando ser ordenado monje, pero el santo regresó todavía con sus parientes y se quedó con ellos hasta que murieron. Huérfano Jorge, fue adoptado con su fortuna, por un tío, quien tenía una hija única y la quería casar con él. Pero Jorge no queriendo contraer matrimonio, fue con otro tío que era abad de un monasterio, al ver el santo la presión que ejercía su tío al abad del monasterio para que lo dejase libre y así poder casarse con su hija, Jorge decidió irse con su hermano Heracleo al monasterio de Calamonos, pero por su corta edad se le aconsejó que fuera al monasterio de la Santísima Madre de Dios, que le decían Jozebá, aquí paso el resto de su vida viviendo una rigurosa vida monástica. La fama de sus virtudes fue muy importante, y su trabajo espiritual iluminó a muchos. Finalmente, San Jorge el Jozebita entrego su espíritu en paz a Dios.

Tropario, tono 8

Con la efusión de tus lágrimas, * regaste el desierto estéril * y, por los suspiros profundos, * tus fatigas dieron frutos cien veces más, * volviéndote un astro del universo, * brillante con los milagros. ¡Oh nuestro justo padre Jorge, * intercede ante Cristo Dios * para que salve nuestras almas!

 Santa Dominica de Constantinopla

 

Santa Dominica llegó de Cartago a Constantinopla en tiempos del santo emperador Teodosio el Grande. Allí fue bautizada por el patriarca Nectario e ingresó en un monasterio de mujeres.

Mediante un ascetismo estricto y prolongado alcanzó una elevada perfección espiritual. La santa curó a los enfermos, demostró su poder sobre los elementos naturales y predijo el futuro. Con sus milagros, la santa conmovió a los habitantes de la capital hacia la preocupación por la vida eterna y el alma. Adornada por las virtudes, la santa partió de esta vida como una virgen inmaculada en su vejez.

Tropario, tono  4, del común de Santas Justas.

En ti fue conservada la imagen de Dios fielmente, oh justa Dominica, * pues tomando la cruz seguiste a Cristo * y, practicando, enseñaste a despreocuparse de la carne, * que es efímera, * y a cuidar, en cambio, el alma inmortal. * Por eso hoy tu espíritu se regocija junto con los ángeles.

Segundo día en la fiesta de la Epifanía del Señor; Sinaxis del Santo, Glorioso, Profeta y Precursor Juan el Bautista

La fiesta de la Epifanía del Señor se extiende del 6 hasta el 14 de enero. Varios de los himnos propios de la fiesta se siguen cantando en los servicios de Vísperas y Maitines.

Tropario, tono 1

Al bautizarte, oh Señor, en el Jordán, * se manifestó la adoración a la Trinidad, * pues la voz del Padre dio testimonio de ti * nombrándote su Hijo amado; * y el Espíritu, en forma de paloma, * confirmó la certeza de la palabra. * ¡Tú, que te has revelado e iluminado al mundo, * oh Cristo Dios, gloria a ti!

Condaquio Tono 4

 Te has revelado hoy * al universo, * y tu luz, oh Cristo Dios, * ha fulgurado sobre nosotros * que te alabamos con comprensión: * ¡te has manifestado, * oh Luz inaccesible!

Sinaxis del Santo y Glorioso Profeta y Precursor Juan Bautista

 

Al día siguiente de la gran fiesta de la Epifanía- Bautismo del Señor en el Jordán, celebramos la memoria del Glorioso, Profeta, Precursor y Bautista Juan.

San Juan Bautista era hijo del sacerdote Zacarías y de Isabel, hasta los 30 años vivió en el desierto de Judea teniendo una vida acética, dedicada enteramente a la oración y en busca de la perfección espiritual. Su vestimenta era de pelo de camello, en su cintura tenía un cinto de cuero y sus alimentos eran langostas la miel silvestre. Poseía la Gracia Divina para ser un gran predicador de la Palabra de Dios y con esa gracia convocaba a multitudes a escucharlo. Protestaba duramente contra los fariseos, quienes con una imagen supuestamente santa, ocultaban bajo su ropa la crueldad, la impureza mental y espiritual. Esencialmente su enseñanza se basaba en una frase característica: “Arrepiéntanse, porque el reino de los cielos está cerca” preparando así el camino para el plan salvador de Nuestro Señor Jesucristo. Al comenzar Cristo su exposición pública, la gente dejada lentamente a Juan y lo seguía a él, este cambio en la gente, hubiese causad envidia y celos en cualquier persona que no tenga el espíritu Santo, por eso a Juan este cambio le dio mucha alegría y felicidad. Esta festividad de San Juan el Precursor, por quien Cristo dijo: “Entre los que nacen de mujer no se ha levantado otro mayor que Juan el Bautista”, (Mateo 11:11) fue establecida en el siglo V.

Tropario, tono 2

La memoria del justo es con alabanzas, * pero a ti, oh Precursor, te basta el testimonio del Señor; * porque te volviste verdaderamente el más honrado de los profetas * al ser digno de bautizar en el Jordán al que fue anunciado; * y así como defendiste la verdad, con alegría * anunciaste, hasta a los que estaban en el Hades, * a Dios que se ha revelado en el cuerpo, * que quita el pecado del mundo y nos otorga la gran misericordia.

Comienzo del Ayuno de Navidad; Santos mártires Gurias, Samón y Habib de Edesa

El ayuno de la natividad es uno de los cuatro períodos principales de ayuno a lo largo del año eclesiástico. A partir de hoy 15 de noviembre y concluyendo el 24 de diciembre, el Ayuno de la Natividad brinda a las personas la oportunidad de prepararse para la Fiesta de la Natividad de Nuestro Señor y Salvador en la Carne el 25 de diciembre.

Al abstenerse de ciertos alimentos y bebidas, particularmente de carne, pescado, productos lácteos, aceite de oliva y vino, además de centrarnos más profundamente en la oración y la limosna, podemos encontrar que el objetivo principal del ayuno es hacernos conscientes de nuestra dependencia de Dios.

Catabasia I

¡Cristo nace, glorificadlo! ¡Cristo viene de los cielos, recibidlo! ¡Cristo sobre la tierra, exaltadlo! Cantad al Señor toda la tierra y, con alegría alabadle, oh pueblos, porque ha sido glorificado.

Santos mártires Gurias, Samón y Habib (Abibo) de Edesa:

Gurias y Samón eran ciudadanos eminentes de Edesa. Durante una persecución de cristianos, se escondieron fuera de la ciudad, viviendo en ayuno y oración, y dando consejo a los fieles que venían por consejo a ellos. Fueron capturados y llevados ante el juez, quien los amenazó con la muerte si rehusaban observar el decreto imperial sobre la adoración de ídolos. Los santos mártires de Cristo contestaron: «Si observamos el decreto imperial, estaremos perdidos aún si tú no nos matas». Fueron arrojados en prisión tras crueles torturas, y estuvieron confinados allí desde el 10 de agosto hasta el 10 de noviembre, soportando hambre, oscuridad y grandes sufrimientos. Fueron entonces sacados de la cárcel y torturados de nuevo, y como permanecieron firmes en la fe cristiana, fueron condenados a muerte y degollados con espada en el año 322, bajo el inicuo emperador Licinio, que gobernó la parte oriental del Imperio hasta el 324.

Más tarde Habib, un diácono en Edesa, fue torturado por causa de Cristo su Señor y, en medio de las llamas, entregó su espíritu en manos de Dios. Su madre tomó su cuerpo incorrupto del fuego y lo enterró junto a los de Gurias y Samón. Cuando terminó la persecución, los cristianos construyeron una iglesia en honor de estos tres mártires y colocaron sus reliquias, que obraban milagros, en un solo catafalco. De entre los muchos milagros de estos maravillosos santos de Dios, este es especialmente recordado: una viuda de Edesa llamada Sofía, quien había sido convencida de dar en matrimonio a su joven hija Eufemia con un godo que servía en el ejército griego. Como a Sofía le preocupaba enviar a su hija a un lugar lejano, el godo juró sobre la tumba de los mártires que no haría daño a la joven, sino que la trataría como a la niña de sus ojos. Sin embargo, cuando llevó a la joven a su país le reveló que ya estaba casado; la trató no como esposa sino como esclava hasta que su verdadera esposa murió. Entonces acordó con un pariente enterrar a su esclava viva junto a su esposa muerta. La esclava imploró con lágrimas a los santos mártires que la salvaran, y estos se le aparecieron en la tumba, la tomaron, y en un instante la trasladaron de la tierra de los godos a Edesa, a la iglesia dedicada a ellos. Al día siguiente, cuando se abrió la iglesia, la joven fue hallada junto a la tumba de los santos, y se reveló la historia de su milagrosa liberación.

Tropario, tono 1

Los divinos mártires * Gurias, Abibo y Samón, * iguales en número * a la trinitaria deidad, * estando a una, * confesaron en Ella * frente a los impíos * y, luchando, cruzaron * la tormenta sin daño; * ahora no dejan de guiarnos * hacia el puerto seguro.

San Nectario, obispo de Pentápolis; Santa Matrona de Constantinopla (justa)

San Nectario nació en Silibria de Tracia el 1 de octubre de 1846. Después de terminar la escuela en Constantinopla con mucho trabajo, se convirtió en monje en Quíos en 1876, recibiendo el nombre monástico de Lázaro; Debido a su virtud, un año después fue ordenado diácono, recibiendo el nuevo nombre de Nectario. Bajo el patrocinio del patriarca Sofronio de Alejandría, Nectario fue a Atenas a estudiar en 1882; Completando sus estudios teológicos en 1885, fue a Alejandría, donde el Patriarca Sofronio lo ordenó sacerdote el 23 de marzo de 1886 en la Catedral de san Sabas, y en agosto del mismo año, en la Iglesia de San Nicolás en El Cairo, lo convirtió en Archimandrita. El archimandrita Nectario mostró mucho celo tanto por predicar la palabra de Dios como por la belleza de la casa de Dios. Embelleció enormemente la Iglesia de san Nicolás en El Cairo, y años más tarde, cuando Nectario estaba en Atenas, san Nicolás se le apareció en un sueño, abrazándolo y diciéndole que lo exaltaría muy alto.

El 15 de enero de 1889, en la misma Iglesia de san Nicolás, Nectario fue consagrado Metropolitano de Pentápolis en el este de Libia, que estaba bajo la jurisdicción de Alejandría. Aunque el rápido ascenso de Nectario a través de los grados de oficio eclesiástico no afectó su modestia e inocencia infantil, despertó la envidia de los hombres menores, quienes convencieron al anciano Sofronio de que Nectario tenía en su corazón convertirse en Patriarca. Como la gente amaba a Nectario, el patriarca estaba preocupado por las calumnias. El 3 de mayo de 1890, Sofronio relevó a Metropolita Nectario de sus deberes; En julio del mismo año, ordenó a Nectario que abandonara Egipto.

Sin buscar vengarse o incluso defenderse, el inocente Metropolitano se fue a Atenas, donde descubrió que las acusaciones de inmoralidad habían llegado antes que él. Debido a que su buen nombre había sido manchado, no pudo encontrar un puesto digno de obispo, y en febrero de 1891 aceptó el cargo de predicador provincial en Évia; luego, en 1894, fue nombrado decano de la Escuela Eclesiástica Rizarios en Atenas. A través de sus elocuentes sermones, sus incansables esfuerzos para educar a los hombres adecuados para el sacerdocio, sus generosas acciones de limosna a pesar de su propia pobreza, y la santidad, la mansedumbre y el amor paternal que se manifestaron en él, se convirtió en una luz brillante y una guía espiritual para muchos. A pedido de ciertas mujeres piadosas, en 1904 comenzó la construcción de su convento de la Santísima Trinidad en la isla de Égina mientras aún era decano de la Escuela Rizarios; Después de descubrir que su presencia allí era necesaria, se instaló en Egina en 1908, donde pasó los últimos años de su vida, dedicándose a la dirección de su convento y a una oración muy intensa. a veces se lo veía levantado sobre el suelo mientras estaba embelesado en oración. Se convirtió en el protector de toda Égina, a través de sus oraciones para liberar a la isla de la sequía, curar a los enfermos y expulsar demonios. Aquí también soportó calumnias malvadas con paciencia singular, perdonando a sus falsos acusadores y no buscando vengarse. Aunque ya había hecho maravillas en la vida, una innumerable cantidad de milagros se han realizado después de su reposo en 1920 a través de sus reliquias sagradas, que durante muchos años permanecieron incorruptas. Apenas hay una enfermedad que no haya sido curada con sus oraciones; pero san Nectario es especialmente conocido por sus curaciones de cáncer para pacientes en todas partes del mundo.

Tropario, tono 1

¡Retoño de Silibria, guardián de Egina, * que ha surgido en los últimos tiempos * cual sincero amante de la virtud! * Honremos, oh fieles, a Nectario, siervo de Cristo, lleno de Dios, * pues él emana la curación de todo tipo * a quienes le clamamos con fervor: * ¡Gloria a Cristo que te ha glorificado! * ¡Gloria, que la corona te ha dado! * ¡Gloria, que por tu medio, * ha brindado curación a todos!

Santa Matrona, abadesa de Constantinopla

Santa Matrona, nació en la ciudad de Perge Panfilia (Asia Menor) en el siglo V. La dieron en matrimonio a un hombre rico llamado Domeciano. Cuando nació su hija Teodota, se establecieron en Constantinopla. A Matrona, de veinticinco años, le encantaba caminar hasta el templo de Dios. Pasaba días enteros allí, rezando ardientemente al Señor y llorando por sus pecados.

En la iglesia, la santa conoció a dos piadosas ancianas, Eugenia y Susana, que desde su juventud vivieron allí en ascetismo, trabajo y oración. Matrona comenzó a imitar la vida agradable a Dios de asceta, humillando su carne con la abstinencia y el ayuno, por lo que tuvo que soportar las críticas de su esposo.

Su alma anhelaba una renuncia total al mundo. Después de una larga vacilación, Santa Matrona decidió dejar a su familia y suplicó al Señor que le revelara si su intención le agradaba. El Señor escuchó la oración de su sierva. Una vez, mientras dormía, tuvo un sueño en el que huía de su marido, que la perseguía. La santa se ocultó entre una multitud de monjes que se acercaban a ella, y su marido no la notó. Matrona aceptó este sueño como una orden divina de entrar en un monasterio de hombres, donde su marido no pensaría en buscarla.

Entregó a su hija de quince años para que la criara la anciana Susana y, tras cortarse el pelo y disfrazarse con ropa de hombre, fue al monasterio de san Basión (10 de octubre). Allí, la monja Matrona se hizo pasar por el eunuco Babylos y fue aceptada como uno de los hermanos, quienes se maravillaron de su gran virtud.

Después de un tiempo, san Basión, el abad del monasterio, supo por un sueño que el eunuco Babilo era una mujer. También se lo reveló Acacio, abad del cercano monasterio de Abraham. San Basión llamó a Santa Matrona y le preguntó con voz amenazante por qué había entrado en el monasterio: ¿para corromper a los monjes o para avergonzar al monasterio?

Con lágrimas en los ojos, la santa le contó al abad toda su vida pasada, sobre su esposo, hostil a sus esfuerzos y oraciones, y sobre la visión que la indicaba que fuera al monasterio de hombres. Convencido de que su intención era pura y casta, san Basión envió a Santa Matrona a un monasterio de mujeres en la ciudad de Emesa. En este monasterio la santa vivió durante muchos años, inspirando a las hermanas con su alto logro monástico. Cuando la abadesa murió, por unanimidad de las monjas, la monja Matrona se convirtió en la cabeza del convento.

La fama de sus actividades virtuosas y el don milagroso de la curación, que recibió del Señor, se extendió mucho más allá de los muros del monasterio. Domeciano también se enteró de las hazañas de la monja. Cuando la santa se enteró de que su esposo venía al monasterio y quería verla, se fue en secreto a Jerusalén, y luego al Monte Sinaí, y de allí a Beirut, donde se instaló en un templo pagano abandonado. Los habitantes locales se enteraron de su reclusión y comenzaron a acudir a ella. La santa asceta apartó a muchos de su impiedad pagana y los convirtió a Cristo.

Las mujeres y las niñas comenzaron a establecerse en la morada de la monja y pronto se formó un nuevo monasterio. Habiendo cumplido la voluntad de Dios, que se le reveló en un sueño, la santa dejó Beirut y viajó a Constantinopla, donde se enteró de que su esposo había muerto. Con la bendición de su padre espiritual, san Basión, la asceta fundó un monasterio de mujeres en Constantinopla, al que también se trasladaron hermanas del convento de Beirut que ella misma fundó. El monasterio de Santa Matrona en Constantinopla era conocido por su estricta regla monástica y la vida virtuosa de sus hermanas.

En su extrema vejez, Santa Matrona tuvo una visión del Paraíso celestial y del lugar que allí le había sido preparado después de 75 años de trabajo monástico. A la edad de cien años, Santa Matrona bendijo a las hermanas y se durmió tranquilamente en el Señor.

Tropario tono  8, del común de Mujeres Justas

En ti fue conservada la imagen de Dios fielmente, oh justa Matrona, * pues tomando la cruz seguiste a Cristo * y, practicando, enseñaste a despreocuparse de la carne, * que es efímera, * y a cuidar, en cambio, el alma inmortal. * Por eso hoy tu espíritu se regocija junto con los ángeles.

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