Nació en Constantinopla, hijo de padres adinerados y piadosos. Desde niño se inclinó por el monacato, por lo que abandonó su hogar, su familia y su vida anterior para ingresar en un monasterio en Tracia. Allí comenzó sus arduas luchas ascéticas. Vestía un cilicio, del que deriva el nombre de “Triquinas” (o “el que lleva el cilicio”). Incluso dormía sobre una piedra para evitar la comodidad corporal y dormir demasiado.

Su vida estuvo llena de milagros y tenía el poder de sanar a los enfermos. Reposó a finales del siglo IV o principios del V. De sus reliquias fluye mirra curativa.

El nombre de san Teodoro Triquinas es uno de los más venerados en la historia del monacato ortodoxo. San José el Himnógrafo (4 de abril) compuso un canon en su honor.

Tono 8, del común de Santos Justos

En ti fue conservada la imagen de Dios fielmente, oh jus­to Isidoro, * pues tomando la cruz seguiste a Cristo * y, practicando, enseñaste a despreocuparse de la carne, * que es efímera, * y a cuidar, en cambio, el alma inmortal. * Por eso hoy tu espíritu se regocija junto con los ángeles.

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