San Sofronio nació en Damasco, de nobles padres. Luego de adquirir sabiduría secular, no quedó satisfecho, sino que salió a buscar la sabiduría espiritual. En el monasterio de san Teodosio el Cenobiarca, se encontró con el monje Juan Mosco, a quien tomó como su maestro y junto con él partió a visitar los monasterios y a los ascetas de Egipto. Su meta era cada día aprender más de la sabiduría espiritual. Todo lo que aprendían, lo escribían y después lo publicaron en dos libros con el nombre de “El Prado”. Después se fueron a Roma donde Mosco murió, dejando testamento a Sofronio para que trasladase su cuerpo al Sinaí o al monasterio de san Teodosio. Sofronio cumplió el deseo de su maestro y trasladó su cuerpo al monasterio y después se detuvo en Jerusalén, que en ese tiempo había sido liberado de los persas. Estuvo presente en Jerusalén durante el retorno desde Persia, de la Honorable y Vivificadora Cruz, que el emperador Heraclio llevaba sobre sus espaldas a la Santa Ciudad.
El anciano patriarca Zacarías, vuelto también de la cautividad, no vivió mucho tiempo más. Y cuando partió al otro mundo, le sucedió primero Modesto, y después de aquel (reposó en 634), el bienaventurado Sofronio. Con especial sabiduría y celo, dirigió la iglesia durante diez años. Se levantó en defensa de la Ortodoxia frente a la herejía monotelita, la cual él mismo condenó en el Concilio de Jerusalén, antes de que fuera condenada en el VI Concilio Ecuménico. Escribió la santa vida de santa María de Egipto, compuso el oficio de la Gran Bendición de las aguas, e introdujo varios servicios divinos, algunos nuevos himnos y cantos espirituales. Cuando el califa árabe Omar conquistó Jerusalén, le pidió perdonar la vida de los cristianos, lo cual Omar prometió falsamente. Cuando Omar pronto empezó a robar y torturar a los cristianos en Jerusalén, Sofronio, con muchos lamentos rogaba a Dios para que le llevara de entre los vivos, para no tener que ver la profanación de los santos lugares. Dios oyó su oración y lo tomó consigo a sus Cortes Celestiales en el 644.
Tropario tono 4, del común de Santos Jerarcas
La verdad de tus obras * te ha mostrado a tu rebaño * cual regla de fe, icono de mansedumbre * y maestro de abstinencia. * Así que alcanzaste, por la humildad, alturas * y por la pobreza, riquezas. * ¡Oh santo padre Sofronio, intercede ante Cristo Dios, * para que salve nuestras almas!