En este día que es el tercer domingo de la Cuaresma, celebramos la Prosternación ante la Honorable y Vivificadora Cruz.

+ ¡Que todo el universo se prosterne ante Tu Cruz!

+ Por medio de la cual aprendí a Prosternarme ante Ti, Oh Verbo Adorado. +¡Oh Cristo Dios guárdanos, por Su Poder, de los daños del maligno y haznos dignos de atravesar a salvo el campo de la Cuaresma y de adorar Tu Pasión Divina y Tu Resurrección Vivificadora; Y ten piedad de nosotros, Oh Bondadoso, porque eres el Único que ama a la humanidad!

Tropario, tono 1

Salva, oh Señor, a tu pueblo y bendice tu heredad; concede a los fieles la victoria sobre el enemigo y a los tuyos guarda por el poder de tu santa Cruz.

Hieromártir Nicon y 199 discípulos en Sicilia

 

 Nacido en Nápoles, de padre pagano y madre cristiana, Nicon fue oficial romano en Nápoles. No era bautizado, aunque su madre, sin que el padre se enterara, le enseñaba sobre la fe cristiana.  Una vez cuando se fue con sus tropas a la batalla, la madre le aconsejó que, si llegaba a tener alguna desgracia, que hiciera la señal de la cruz y acudiera el nombre de Jesucristo en ayuda. Y en efecto, cuando en la batalla las tropas de Nicon fueron rodeadas y la muerte estaba cerca, Nicon hizo la señal de la cruz y en su corazón clamó a Cristo; en ese momento, él se llenó de excepcional poder y se abalanzó hacia sus enemigos, matando a unos y haciendo huir a otros.  Regresando a su casa, Nicon constantemente en su asombro exclamaba: “¡Grande es el Dios de los cristianos!” Luego de alegrar a su madre con la noticia de su victoria con la ayuda de la cruz de Cristo, secretamente navegó hacia Asia, donde el obispo de Cícico, Teodosio, lo bautizó. Luego del bautismo se retiró a un monasterio donde se entregó al aprendizaje y a la vida ascética; pero el obispo Teodosio, antes de su propia muerte, tuvo una visión en la que se le fue dicho que ordenara a Nicon como su sucesor. El anciano Teodosio inmediatamente llamó a Nicon, lo ordenó como diácono, después como presbítero y finalmente como obispo.  Pero por la Providencia Divina, Nicon pronto regresó a Nápoles, donde encontró a su madre todavía con vida. Tras la muerte de su madre, se alejó con algunos discípulos, antiguos compañeros de guerra, a Sicilia, y allí se dedicó a predicar el Evangelio.  Pero hubo una terrible persecución contra los cristianos. El príncipe Quintiano arrestó a Nicon con sus compañeros y los entregó a terribles martirios.  Sus 190 discípulos y compañeros fueron decapitados; y a Nicon, sus torturadores lo ataron a las colas de caballos, lo arrojaron desde una elevada piedra al precipicio, lo golpearon, lo cepillaron, pero Nicon sobrevivió a todos estos tormentos. Finalmente fue decapitado a espada y partió hacia el Señor.

Su cuerpo fue dejado en el campo, para que las aves lo devoraran. Pero un joven pastor, poseído por un espíritu inmundo, tropezó y cayó sobre el cuerpo muerto del santo mártir y se sanó inmediatamente; este pastor reveló sobre el cuerpo del santo y los cristianos vinieron y lo enterraron honorablemente. Todo esto sucedió en tiempos del emperador Decio.

Tropario, tono 4

Oh Dios de nuestros padres, * que siempre nos tratas de acuerdo con tu bondad: * no retires de nosotros tu misericordia, * sino que, por la intercesión de tus santos, * dirige nuestras vidas en paz.

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Santoral Santoral ()

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