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En Antioquía fue donde, por primera vez, los discípulos recibieron el nombre de "cristianos" (Hechos 11, 26)

Boletín del 08/10/2017

3° Domingo de San Lucas

Icono-moderno-bizantino-griego

 

 

Himnos de la Liturgia

Tropario de la Resurrección

Tono 1

audio24Cuando la piedra fue sellada por los
judíos y tu purísimo cuerpo fue custodiado
por los guardias, resucitaste al
tercer día, oh Salvador, concediendo al
mundo la vida. Por lo tanto, los poderes
celestiales clamaron a Ti: Oh Dador
de Vida, Gloria a tu Resurrección, oh
Cristo, gloria a tu Reino, gloria a tu
plan de salvación, oh Único, Amante
de la humanidad.

Condaquio

Tono 4

KondakionOh Protectora de los cristianos indesairable;
Mediadora, ante el Creador, irrechazable:
no desprecies las súplicas de nosotros, pecadores,
sino acude a auxiliarnos, como bondadosa,
a los que te invocamos con fe.
Sé presta en intervenir y apresúrate con la súplica,
oh Madre de Dios, que siempre proteges a los que te honran.

Lecturas Bíblicas

Segunda Carta del Apóstol  San Pablo a los Corintios (11: 31-12:9)

Hermanos: El Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo, ¡Quien es bendito por todos los siglos!, sabe que no miento. En Damasco, el etnarca del rey Aretas tenía puesta guardia en la ciudad de los damascenos con el fin de prenderme. Por una ventana y en una espuerta fui descolgado muro abajo. Así escapé de sus manos. Ciertamente no me conviene gloriarme, pero vendré a las visiones y revelaciones del Señor. Conozco a un hombre en Cristo, el cual hace catorce años —si en el cuerpo o fuera del cuerpo no lo sé, Dios lo sabe— fue arrebatado hasta el tercer cielo. Y sé que este hombre —en el cuerpo o fuera del cuerpo no lo sé, Dios lo sabe— fue arrebatado al paraíso y oyó palabras inefables que no le es dado al hombre expresar. De tal hombre me gloriaré; mas en cuanto a mí, de nada me gloriaré sino de mis flaquezas. Si pretendiera gloriarme no sería insensato, porque diría la verdad. Pero me abstengo de ello.
No sea que alguien forme de mí una idea superior a lo que en mí ve u oye de mí. Y para que no me engría por la sublimidad de las revelaciones, fue dado un aguijón en mi carne, un ángel de Satanás que me abofetea para que no me engría. Por este motivo tres veces rogué al Señor que lo alejase de mí. Pero Él me dijo: «Mi Gracia te basta, que mi fuerza se muestra perfecta en la flaqueza. » Por tanto, con sumo gusto seguiré gloriándome sobre todo en mis flaquezas, para que haga morada en mí la fuerza de Cristo.

Evangelio según  San Lucas (7: 11-16)

En aquel tiempo, sucedió que  Jesús se fue a una ciudad  llamada Naím, e iban con Él  sus discípulos y una gran  muchedumbre. Cuando se acercaba  a la puerta de la ciudad, sacaban a  enterrar a un muerto, hijo único de su  madre, que era viuda, a la que  acompañaba mucha gente de la  ciudad. Al verla el Señor, tuvo  compasión de ella, y le dijo: «No  llores.» Y, acercándose, tocó el  féretro. Los que lo llevaban se  pararon, y Él dijo: «Joven, a ti te digo:  Levántate.» El muerto se incorporó y  se puso a hablar, y Él se lo dio a su  madre. El temor se apoderó de todos,  y glorificaban a Dios, diciendo: «Un  gran profeta se ha levantado entre  nosotros», y «Dios ha visitado a su  pueblo.»

Mensaje Pastoral

El ser humano y la visitación de Dios

“Un gran profeta se ha levantado entre nosotros; y Dios ha visitado a su pueblo” (Lc 7:16)

Homilía de Monseñor Pablo Yazigi, Arzobispo de Alepo

Durante tres años, el Señor obraba y enseñaba, predicaba y sanaba, confirmando la Palabra con señales. Tal vez una de sus obras más influyentes fueron sus milagros, en particular el de resucitar a muertos. De hecho, resucitó a la hija de Jairo (Lc 8:55), al hijo de la viuda de Naím, como lo relata la lectura del Evangelio de hoy, y a Lázaro habiendo transcurrido cuatro días de su muerte (Jn 11:44). En el milagro de la resurrección del hijo de la viuda de Naím nos encontramos frente a la realidad humana en su relación con el universo y con Dios.

El primer dato en lo acontecido es la presencia del mal que tortura al ser humano. Aquí aparece en su forma última y final, el de la muerte. El ser humano existe en un mundo que lo rodea, en el que lucha por su existencia, y más, por la “mejor” existencia. Pues las enfermedades, las catástrofes naturales, los peligros… todo ello amenaza la vida humana a diario.

El segundo dato es el amor divino. Dios interviene para resolver estos desafíos y dificultades que cargan la mochila del ser humano. Dios interviene en las leyes de la naturaleza para eliminar de ellas una enfermedad aquí, para salvar a un hundido allí, para disipar una miseria y alimentar con cinco panes a cinco mil hombres, y así sucesivamente… Aquí se encuentra el hijo de la viuda de Naím quien ha sido condenado por la ley natural a la muerte. Pero Dios es el autor de las reglas y las leyes naturales, y sólo Él es capaz de cambiarlas, cuando quiere, por amor al ser humano.

La intervención milagrosa de Dios en la historia humana es una prueba decisiva de su providencia hacia el género humano y su amor por nosotros. A través de sus enviados, Dios trata de llevar junto a los hombres sus dificultades, remediar los errores que el pecado de la humanidad introdujo en la vida de los hombres. Y todo milagro es un recordatorio del acompañamiento de Dios al hombre en su camino. El milagro es un cartel en el que está inscripto con mayúscula una única expresión: “Dios está aquí”, “Dios está con nosotros”, “Dios está en medio de nosotros”.

El milagro de la resurrección del hijo de la viuda de Naím se enmarca en la perspectiva de un recordatorio de la presencia de Dios entre nosotros, no por medio de enviados, sino se refiere a Su llegada entre nosotros mismos, al“Mesías”. Es el “Señor”, como lo nombra Lucas en este relato, nombre que Lucas menciona por primera vez en su evangelio. La resurrección de este joven precede la respuesta de Jesús a la pregunta que le hicieron los discípulos de Juan el Bautista: “¿Eres tú aquel que había de venir, o esperaremos a otro?” (Lc 7:19). El milagro demuestra que Él es “el que había de venir”, porque los enfermos se curan y “los muertos resucitan” (Lc 7:22).

El milagro de la resurrección del hijo de la viuda de Naím significó para la gente de aquel entonces que “Cristo el Señor está en medio de nosotros”, que el Emmanuel, “Dios con nosotros” vino y ahora está aquí y obra. Es una señal de la llegada del final de los tiempos en el que Dios mismo estará en medio de Su pueblo. En realidad, la resurrección de este joven es una señal no de la providencia de Dios, sino de su presencia directa. Dicha presencia explora las reacciones de sus interlocutores. La respuesta humana a la presencia divina no puede ser neutral. En lo acontecido en el milagro, la reacción fue buena, pues el hecho que el Señor enfrentó la muerte y la derrotó dejó a los presentes sentir la “visitación” divina y Su presencia entre ellos.

El Señor rechazó varias veces solicitudes de hacer milagros, porque preveía las reacciones inoportunas, y que el milagro no servía para levantar la barrera levantada entre Dios y el ser humano, que no iba a contribuir a la reconciliación, ni iba a conducir al ser humano a arrepentirse y volver a Dios, tampoco lo haría responder con un “Sí” a la visitación de Dios. Por ello, Él se negó a realizar la solicitud del diablo de arrojarse desde el pináculo del templo o de convertir la piedra en pan (Cf. Mt 4:5; 3). Tampoco aceptó las solicitudes de hacer señales a pedido de aquella generación, la que Él llamó generación perversa e incrédula, porque había una mala intención, sino que prometió que se le iba a dar la señal del profeta Jonás, es decir la señal de Su resurrección (Cf. Lc 11:29). Asimismo, no hizo milagros en su tierra natal, en Capernaum, porque no le recibieron allí como profeta. Tampoco respondió a la curiosidad de Herodes de ver milagros realizados por él (Cf. Lc 23:8).

La actitud del ser humano es la que permite o impide a Dios que intervenga. Dios interviene a veces con milagros, pero siempre interviene de otras maneras. La actitud humana es la que hace que la presencia divina entre nosotros sea eficaz o no. La presencia divina no vale por sí sola, pues negarla es sacarlo a Dios de entre nosotros. Los milagros de Dios son visibles e invisibles. Los milagrosos son una de las facetas de la providencia divina para con nosotros, y son una clara expresión del deseo de Dios de acompañarnos en nuestro camino. Sin embargo, los milagros no son más que una vidriera que revela la profundidad del amor y de la providencia divina a nuestro favor.

La resurrección del hijo de la viuda de Naím nos cuestiona: ¿Acaso sentimos la visitación de Dios? ¿Acaso esto significa para nosotros que Dios está con nosotros?

Tenemos siempre, y ahora también al leer el Evangelio, que saber que Dios está presente en medio de nosotros y actúa entre nosotros. Hemos de responder a Su presencia con la exclamación: “Un gran profeta se ha levantado entre nosotros; y Dios ha visitado a su pueblo”.

“He aquí ahora el tiempo propicio, he aquí ahora el día de salvación” (II Co 6:2). Amén.

 

Nuestra Fe y Tradición

Servicios Especiales y Bendiciones

sth_america_day17-01Además de la Eucaristía y los Sacramentos Mayores, existen en la Iglesia Ortodoxa un número de Servicios Especiales y  Bendiciones que están  asociados con las necesidades, acontecimientos y tareas de la vida humana. Al celebrar estos varios Servicios y Bendiciones, la iglesia constantemente da testimonio de la presencia y acción de Dios en nuestras vidas.

Nuestro Dios nos ama, nos cuida y está siempre cerca de nosotros. Los Servicios y Bendiciones litúrgicas también sirven para recordarnos que toda nuestra vida es importante, y que los muchos acontecimientos y dones de la vida pueden ser dirigidos hacia Dios y recibir su cumplimiento en Él.

A veces se denominan los Servicios Especiales como Servicios No-Sacramentales, en el sentido de que son Oficios del Culto Comunitario  que usualmente no se cuentan entre los Sacramentos Mayores. Sin Embargo Claramente tienen una cualidad sacramental en el sentido de que revelan la presencia de la Santísima Trinidad. Muchos de este servicio como el Funeral, la Bendición del agua y la Entrada a la vida Monástica, para nombrar solo uno pocos, son muy significativo en la vida de la Iglesia.

La varias Bendiciones son ceremonias breves, ocasionales, y no necesariamente incorporan a la comunidad parroquial entera. La Iglesia bendice individuos, acontecimientos, como viajes y objetos, como iconos, iglesia, campos, y alimentos. Al hacerlo la Iglesia expresa nuestro agradecimiento, y también afirma que ningún regalo, acontecimiento o responsabilidad humana es seglar o apartado de Dios. Para el Cristiano Ortodoxo, todo lo bueno tiene su origen y su fin en Dios. No hay nada que exista alejado o fuera del amor y cuidado de Dios.

Sentencias de los padres de Desierto

  • El abad Geroncio de Petra dijo: «Muchos de los que son tentados de deleites corporales, aunque no pequen corporalmente, pecan de pensamiento. Y aunque conserven la  virginidad corporal, fornican en su alma. Por eso, carísimos, bueno es hacer lo que está escrito: “Por encima de todo cuidado, guarda tu corazón”». (Prov. 5).
  • Decía el abad Pastor: «Como el guardaespaldas está junto al príncipe, preparado para cualquier eventualidad, así también conviene que el alma esté siempre preparada contra el demonio de la impureza».
  • Dijo también: «El hombre necesita esto: temer el juicio de Dios, odiar el pecado, amar la virtud y orar continuamente a Dios».

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