2013

El Nacimiento de Nuestro Señor Jesucristo

Nos ha buscado el Salvador, Oriente de lo Alto;
quienes andábamos sin luz, en sombra de la oscuridad,
hemos hallado la Verdad, pues de la Virgen hoy ha nacido nuestro Dios.         
                                                                                                                       Exapostelario

Himnos de la liturgia

 Tropario de Navidad

 Tono 4

Tu Nacimiento, oh Cristo nuestro Dios,
iluminó al mundo con la luz de la sabiduría,
pues los que adoraban a los astros,
por la estrella aprendieron a adorarte, 
oh Sol de Justicia, y a conocerte,  Oriente de lo alto.  ¡Señor, gloria a Ti! 

Condaquio de Navidad

Tono 3

Hoy la Virgen da a luz al inefable verbo; 
y la tierra ofrece al inasequible la gruta; 
los ángeles con los pastores lo glorifican; 
los magos con la luz del astro se encaminan. 
Pues, por nosotros ha nacido el nuevo Niño, el eterno Dios.

Lecturas Bíblicas

 Carta del Apóstol San Pablo a los Gálatas ( 4:4-7)

Hermanos: Al llegar la plenitud de los tiempos, envió Dios a su Hijo, nacido de mujer, nacido bajo la ley, para rescatar a los que se hallaban bajo la ley, a fin de que recibiéramos la filiación adoptiva. Y por cuanto son hijos, Dios ha enviado a sus corazones el Espíritu de su Hijo que clama: ¡Abbá, Padre! De modo que ya no eres esclavo, sino hijo; y si hijo, también heredero de Dios por medio de Cristo.

 Lectura del Santo Evangelio según San Mateo  (2:1-12)

Cuando nació Jesús en Belén de Judea, en tiempo del rey Herodes, unos magos que venían del Oriente se presentaron en Jerusalén diciendo: «¿Dónde está el rey de los judíos que ha nacido? Pues vimos su estrella en el Oriente y hemos venido a adorarlo.» Oyéndolo el rey Herodes, se sobresaltó y con él toda Jerusalén. Convocó a todos los sumos sacerdotes y escribas del pueblo, y por ellos se estuvo informando del lugar donde había de nacer el Cristo. Ellos le dijeron: «En Belén de Judea, porque así está escrito por medio del profeta: Y tú, Belén, tierra de Judá, no eres la menor entre los principales clanes de Judá; porque de ti saldrá un Caudillo que apacentará a mi pueblo Israel.» Entonces Herodes llamó aparte a los magos y por sus datos precisó el tiempo de la aparición de la estrella. Después, les envió a Belén diciéndoles: «Vayan e indaguen cuidadosamente sobre ese niño; y cuando lo encuentren, comuníquenmelo, para ir también yo a adorarlo.» Ellos, después de oír al rey, se pusieron en camino, y he aquí que la estrella que habían visto en el Oriente iba delante de ellos hasta que llegó y se detuvo encima del lugar donde estaba el niño. Al ver la estrella se llenaron de inmensa alegría. Entraron en la casa; vieron al niño con María su madre y, postrándose, lo adoraron; abrieron luego sus cofres y le ofrecieron dones de oro, incienso y mirra. Y avisados en sueños que no volvieran donde Herodes, se retiraron por otro camino a su país.

Mensaje Pastoral 

Dios está con nosotros

 La Natividad del Señor es una de las fiestas más importantes dela Iglesia, por lo que se le prepara con el ayuno durante cuarenta días, y desde hace casi un mes se empieza a cantar el Condaquio navideño que dice: «Hoy la Virgen viene a dar a luz […] al sempiterno verbo.»

¿Por qué el «Hoy» de este himno si, cuando lo cantábamos, ni siquiera estábamos en el día del 25?

La fiesta de Navidad es mucho más que un recuerdo de un acontecimiento que tuvo lugar desde hace más de 2000 años –como si se festejara el descubrimiento de América o la independencia de México–, es decir, es más que un día célebre del calendario humano. Es el Día desde el cual miramos a toda la historia; y si bien pertenece al pasado, se extiende a lo largo del presente: «Dios está con y entre nosotros».

Todo lo anterior añoraba este día de «Hoy»; pues, la historia del Antiguo Testamento es el desarrollo de un diálogo entre la intervención de Dios en su creación, y la reacción del hombre ante dicha intervención. Dios hablaba a través de sus profetas, milagros y maravillas preparando la creación para tal día; y la Virgen es el fruto de toda esta preparación; como dice san Pablo en la carta que leemos el día de la fiesta: «Al llegar la plenitud de los tiempos, envió Dios a su Hijo, nacido de mujer» (Gal 4:4). Es el momento desde el cual vivimos, los cristianos, no en la era d.C. (después de Cristo) sino la era «en Cristo.»

Dios ha encarnado, a saber, «se hizo carne y puso su morada entre nosotros» (Jn 1:14); Aquél a quien los antiguos buscaban con inquietud, se nos ha revelado realizando la Profecía de Isaías: «¡He aquí que la Virgen concebirá y dará a luz un hijo, y le pondrán de nombre Emmanuel que significa “Dios con nosotros”!»

Dios está con nosotros: ¡qué vergüenza, si seguimos buscándolo entre las ruinas de Egipto o los tesoros del Faraón!

¡Dios está entre nosotros, y nosotros andamos consultando filosofías e ideologías para saber si existe!

¡Dios está entre nosotros, y henos aquí actuando como si la vida estuviera en el poder y en el dominio, mientras la tierra se agitó y el sol ocultó su luz al ver al Señor en su gloria!

«Hoyla Virgen Vienea dar a luz […] al sempiterno Verbo»: confesamos que todos los tesoros, filosofías, ideologías y poderes ya son inútiles si no nos hacen prosternarnos ante Él, con los magos, con los pastores y los Ángeles que festejaban aquel día.

Que nuestros ojos lo vean, que nuestros oídos escuchen sus palabras; tanto con nosotros está al grado que lo comemos y lo asimilamos a fin de que, conforme a las palabras de san Pablo, en Él vivamos y nos movamos y existamos (Hch 17:28). Sólo así será nuestra vida «Noche Buena», Pero si el Bondadoso es ausentado de nuestras fiestas, la bondad será exclusiva del nombre nada más.

Que el Señor nos haga dignos de la alegría verdadera de su Nacimiento. Amén.

Mensaje de Navidad del Patriarca Juan X de Antioquía y Todo el Oriente

 
 
En la misericordia de Dios Altísimo
 
Juan Décimo
 
Patriarca de Antioquía y Todo Oriente
 
A los hermanos pastores de la Santa Iglesia Antioquena,
 
Y a mis hijos en todos los extremos de esta Sede Apostólica.
“Siendo Tú el Dios de la paz y el Padre de las misericordias, oh Amante de la humanidad, nos has enviado a tu Ángel, el Mensajero de tu gran voluntad, otorgándonos la paz. Por lo tanto, guiados hacia la luz del divino conocimiento, salimos de la noche glorificándote.”
Con estas palabras, mis queridos, describió la pluma del poeta de las alabanzas lo que sucedió en la grandiosa Natividad. Con estas palabras marcó la luz de Cosme el Melodioso, hijo de nuestro Oriente, los siglos y los tiempos para que cuenten sobre lo que se entona y lo que se canta en Oriente en el día de la Natividad de Cristo Señor, Apóstol de la misericordia y Fuente de la paz.
Viene a nuestro encuentro estos días “el Mensajero de la gran voluntad” trayendo consigo para la humanidad  la paz del Creador a todo lo que respira. Viene a nuestro encuentro para decirnos a cada uno de nosotros: “Tú hombre que estas acongojado con las preocupaciones mundanas y sus inquietudes, ven a mí al pesebre de Belén y deposita tu cansancio a mis pies para que encuentres paz y alivio.” El pesebre de Belén es una imagen del corazón y la existencia del ser humano que se alimenta de la humildad y se fortalece en la virtud y se arma de la paciencia y el socorro para recibir al Señor que habitará en él santificando su vida.
Viene a nuestro encuentro en estos días la Paz de toda la creación, Jesús. Él es nuestra paz que unge las heridas de este ser humano oriental. Sale a nuestro encuentro para que con su Navidad enterremos las tristezas del año que pasó y para que inauguremos con esperanza el camino del nuevo año. Sale a nuestro encuentro para darnos su paz que es garantía de nuestra paz para todos: para la patria, para la iglesia y para el ser humano.
A nuestro pueblo creyente en estas tierras les decimos: Nosotros somos los embajadores de la paz y del amor y tenemos a la vez nuestras raíces firmes en la profundidad de la historia y la geografía de estas tierras. Nuestras armas y nuestra primavera son el encuentro con el otro, su aceptación y su participación para llevar conjuntamente las cargas de este mundo. Somos embajadores de la paz pero no estamos aquí para doblegar bastones. Somos embajadores de la paz, del amor y del encuentro. Nuestra arma es nuestra paz. Nuestra esperanza y nuestra misión es la verdadera hermandad con aquellos que el Dios Supremo y Creador del cielo y de la tierra nos ha concedido.
Las campanas de nuestras iglesias que se levantaron hace ya mucho tiempo y seguirán repicando con fuerza y vigor a pesar de las vicisitudes del tiempo. El pulso de nuestro amor por el otro, por el vecino y por el prójimo se seguirá oyendo y es este amor quien proclamará al mundo que los apóstoles pasaron por aquí y que sus hijos serán apóstoles del amor y una raíz firme e inamovible por los días difíciles. La iglesia ofreció grandes confesores tales como Juan Damasceno y dio a luz a grandes mártires como el Padre José Muhanna Haddad, es decir san José Damasceno.
Esta Iglesia no ahorró ni ahorrará esfuerzos para ser embajadora del amor y de la paz. Esta Iglesia ofreció sacrificios por muchos sobre el altar de la patria, la iglesia y el ser humano. Ser embajador de la paz no quiere en ningún momento decir ser embajador de la rendición. Nosotros no nos rendiremos nunca frente a quienes comenten sacrilegio contra las cosas santas y no cesaremos nunca de acusar el secuestro de nuestros obispos Juan y Pablo y de los sacerdotes y de cualquier inocente en esta tierra. No nos callaremos nunca frente a quienes detuvieron el son de nuestra paz, es decir, a las monjas de Malula y sus huérfanos. Estamos llamados a hacer escuchar nuestra voz a lo alto, en la patria y en la diáspora, contra todo aquel que intente quitarnos nuestro son de paz. Las monjas de Malula y sus huérfanos no llevaban consigo más que las velas de la súplica y mis hermanos los obispos no llevaban consigo más que el son de la paz. ¡Que distante está el mundo entero de las súplicas de las monjas y de la misión de paz de los obispos!
Tu paz, Señor, es garantía para nuestra Iglesia Ortodoxa Antioquena, la cual está llamada, tanto el clero como el pueblo, a tratar todos los asuntos con el espíritu del amor y la mansedumbre. Toda herida en el cuerpo del Señor, que somos nosotros como comunidad, es causa de tristeza para todos. Tenemos en nuestra Iglesia los suficientes medios para tratar las debilidades de unos y otros de manera que no acudamos a damnificar la construcción de la que somos responsables. Nuestro amor por Dios y por los demás nos exige a no sacrificar esta unidad existencial por razones propias de los individuos. Dios en su condescendencia habitó entre nosotros para que el mundo reciba la buena voluntad. Dios mora en la paz y la reflexión del espíritu. Dios mora en los corazones que se envuelven y se revisten del amor: “Ámense unos a otros… en esto conocerán todos que sois mis discípulos, si tenéis amor los unos por los otros.” (Jn 13:34-35) Este amor no es necesario sólo para nosotros, sino para el mundo entero a fin de que confíen en Dios que es quien nos mueve. Esta es una responsabilidad propia de todos nosotros, si realmente amamos a Cristo. Dice el Señor en el Evangelio según san Juan: “para que también ellos sean uno en nosotros, para que el mundocrea que tú me enviaste.” (Jn 17:21). Con estas esperanzas recibimos la Navidad y llamamos a todos nuestros hijos con reiteración a que se revistan con su Espíritu. La Iglesia se glorifica con la glorificación de nuestro Señor, cuando borramos de las páginas de nuestro corazón la culpa del otro y dejamos de publicar todo tipo de difamación y maledicencia, cuando solucionamos nuestros problemas con la lógica del amor y del encuentro, que es la lógica del Evangelio. La Iglesia se glorifica con la glorificación de su Esposo cuando somos verdaderos pastores y feligresías de un solo cuerpo y un solo corazón, capaces de consolar a los tristes y de dar el ejemplo al mundo.
Desde aquí, desde el corazón de la Mariamíe en Damasco les envío mis bendiciones apostólicas a todos nuestros hijos en la patria y en los países de la diáspora y rezo al Niño recién nacido  en el pesebre para que unja las lágrimas de los entristecidos, consuele el corazón de los desplazados y reciba en su divina misericordia a las almas de los que reposan. Le pido al Señor que decore este nuevo año que comienza con el regreso de los secuestrados y con el rayo de su paz divina y verdadera.
Que Dios proteja Siria y el Líbano y los haga patria de la paz y de la convivencia. Que Dios proteja Oriente y todo el mundo. Que Dios nos conceda unas fiestas plenas de bendiciones en las que manifieste el resplandor de su paz verdadera.
Emitida desde la sede patriarcal en Damasco,
El 20 de Diciembre de 2013

Navideñas

Nacimiento Virginal

El decir que José “No la conoció (a María) hasta que dio a luz a su hijo”, no indica que la conoció después del parto. La palabra hasta, en sí, señala lo que sucedió durante todo el tiempo anterior al parto, pero no dice nada respecto al posterior. Es como cuando uno dice: “Estuve en la casa en la mañana”, pues esto no quiere decir que en la tarde estuvo fuera. Leamos este ejemplo del libro de Génesis: en la historia del diluvio, Noé despidió un cuervo para examinar si la tierra había secado; el relato dice: “El cuervo no volvió hasta que se secó la tierra” (Gén. 8: 7). Pero sabiendo que el cuervo nunca regresó, entendemos que la palabra hasta procuraba mostrar el abandono del cuervo antes de que la tierra se secase, sin importar lo acaecido después. Lo mismo sucede con san Mateo cuando dice que José “No la conoció hasta que dio a luz a su hijo”, pues lo que le importaba es enfatizar el nacimiento virginal, o sea, que lo concebido en la Virgen es del Espíritu Santo, sin decir nada de lo que después pasó o no con María y José.

Quizás alguien se pregunta: “¿Por qué san Mateo no atestiguó la virginidad de María también después del parto?”

El centro de atención del Evangelista era el Mesía, en quien se han realizado las profecías del Antiguo Testamento; su narración sobre el Nacimiento no busca describir la devoción de la Iglesia hacia la Virgen María, sino el acontecimiento salvífico de la Encarnación. Pero la Iglesia, desde sus primicias, ha sostenido que María permaneció Virgen antes, durante y después del parto, como parte de la auténtica devoción hacia la Madre de Dios. No es ni razonable ni recto pensar en que las entrañas que Dios ha consagrado con su presencia fueron dispuestos a otra preocupación; ella se quedó siempre al lado de su hijo “guardando todo en su corazón.” Permaneció siempre Virgen, “Betulah”, palabra hebrea que significa “morada de Dios”, de Dios y nada más de Él.

Frases de la sobre la Natividad

  • Y dará a luz un hijo, y le pondrás por nombre Jesús, porque Él salvará a su pueblo de sus pecados. (Mt 1:21)
  • …os traigo buenas nuevas de gran gozo que serán para todo el pueblo;  11 porque os ha nacido hoy, en la ciudad de David, un Salvador, que es Cristo el Señor. (Lc 2:10-11)
  • Gloria a Dios en las alturas, y en la tierra paz entre los hombres en quienes Él se complace.  (Lc 2:14)

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