San Jorge el Venerable del Monte Maleo; San Zosimas

San Jorge vivió en el siglo IX. Sus padres le concertaron un matrimonio, pero él se negó a casarse con la mujer que habían elegido. Ingresó en el monasterio del monte Maleón, en el Peloponeso, y muchos discípulos se reunieron a su alrededor. Era capaz de ver el futuro y predijo su propia muerte tres años antes de que ocurriera.

Por su servicio, a San Jorge se le considera un ángel terrenal y hacedor de milagros.

Tropario, tono 8 del común de Santos Anacoretas

Con la efusión de tus lágrimas, * regaste el desierto estéril * y, por los suspiros profundos, * tus fatigas dieron frutos cien veces más, * volviéndote un astro del universo, * brillante con los milagros. ¡Oh nuestro justo padre Procopio, * intercede ante Cristo Dios * para que salve nuestras almas!

San Zósima

 

San Zósima nació a finales del siglo V y vivió en un monasterio junto al río Jordán.

Algunos aspectos de su vida así como su deseo ardiente de perfección los hemos podido conocer gracias al relato que san Sofronio, patriarca de Jerusalén hace al narrar la vida de santa María de Egipto, a quien el santo durante una cuaresma en el desierto conoció, le dio la Sagrada Comunión y enterró al año siguiente de su encuentro.

Según este relato, Zósima solía relatar cómo, tan pronto como fue retirado del pecho de su madre, fue entregado al Monasterio donde transcurrió su entrenamiento como un asceta hasta que llegó a la edad de cincuenta y tres años. Se adhería en todo a la regla que le habían dado sus ancianos sobre las labores ascéticas. Él también había agregado mucho por sí mismo mientras se afanaba en someter su carne a la voluntad del espíritu. Y no había fallado en su propósito. Era tan renombrado por su vida espiritual que muchos venían a él de monasterios vecinos y algunos desde lejos. Mientras hacía esto, nunca cesaba de estudiar las Divinas Escrituras. Ya fuera descansando, estando de pie, trabajando o comiendo (si los pedazos que mordisqueaba pueden llamarse comida), incesante y constantemente tenía un sólo propósito: cantar siempre a Dios y practicar las enseñanzas de las Divinas Escrituras.

Después de esto, empezó a ser atormentado con el pensamiento que él era perfecto en todo y no necesitaba instrucción de nadie, diciéndose mentalmente a sí mismo: “¿Habrá un monje en la tierra que pueda serme útil y mostrarme un tipo de ascetismo que yo no haya logrado? ¿Podrá encontrarse en el desierto un hombre que me haya sobrepasado?”.

Así pensaba el anciano, cuando súbitamente se le apareció un ángel y le dijo: “Zósima, has luchado valientemente, tanto como está dentro del poder del hombre, has recorrido el camino ascético con valentía, pero no hay hombre que haya alcanzado la perfección. Ante ti hay luchas mayores y desconocidas que las que ya has logrado. Para que conozcas otros muchos caminos que conducen a la salvación, deja tu tierra nativa como el famoso Patriarca Abraham y ve al Monasterio en el Río Jordán”.

Zósima hizo como se le indicó. Dejó el monasterio en el que había vivido desde su niñez y se fue al Río Jordán. Llegó al fin a la comunidad a la que Dios lo había enviado.

Al ser admitido ante la presencia del Abad, Zósima hizo la postración

y la oración monástica usual. Viendo que era un monje el Abad le preguntó:

-“¿De dónde vienes, hermano, y por qué has venido a nosotros pobres hombres?”. Zósima replicó: -“No es necesario hablar sobre de dónde vengo, pero he venido, Padre, buscando provecho espiritual, pues he escuchado grandes cosas sobre tu habilidad en conducir almas a Dios”.

-“Hermano”, le dijo el Abad, “sólo Dios puede curar la debilidad del alma. Que Él pueda enseñarte a ti y a nosotros Sus caminos divinos y guiarnos. Pero ya que ha sido el amor de Cristo el que te ha movido a visitarnos a nosotros pobres hombres, entonces quédate con nosotros, si es por esto que has venido. Que el Buen Pastor que dio Su vida por nuestra salvación nos llene a todos con la gracia del Espíritu Santo”.

Después de esto, Zósima se inclinó ante el Abad, le pidió su bendición y oraciones, y se quedó en el Monasterio. Allí vio ancianos expertos tanto en la acción como en la contemplación de Dios, encendidos en el espíritu, trabajando para el Señor. Cantaban incesantemente, en oración de pie toda la noche, siempre tenían trabajo en sus manos y salmos en los labios. Nunca se escuchaba una palabra vana, no sabían nada sobre la adquisición de bienes temporales o los cuidados de esta vida, y tenían un deseo: volverse como cadáveres en el cuerpo. Su alimento constante era la Palabra de Dios y sustentaban sus cuerpos con pan y agua, tanto como les permitía su amor por Dios. Viendo esto, Zósima se edificó y preparó grandemente para la lucha que estaba delante de él.

Es en medio de estas luchas y búsqueda de la perfección que en el desierto se da su encuentro con la santa María de Egipto quien con su ascetismo, humildad y verdadero espíritu de conversión tocaron y cambiaron el corazón del santo monje hasta el final de sus días.

San Zósima vivió cien años y durmió en el Señor alrededor del año 560.

Tropario, tono 8 del común de Justos

En ti fue conservada la imagen de Dios fielmente, oh justo Padre Zósima, * pues tomando la cruz seguiste a Cristo * y, practicando, enseñaste a despreocuparse de la carne, * que es efímera, * y a cuidar, en cambio, el alma inmortal. * Por eso hoy tu espíritu se regocija junto con los ángeles.

San Nicetas el Confesor; San José el Himnógrafo

San Nicetas el Confesor nació en Cesarea de Bitinia (noroeste de Asia Menor) en una familia piadosa. Su madre murió ocho días después de su nacimiento y su padre Filareto se hizo monje. El niño quedó al cuidado de su abuela, quien lo educó en un verdadero espíritu cristiano.

Desde su juventud, San Nicetas asistió a la iglesia y fue discípulo del eremita Esteban. Con su bendición, san Nicetas partió hacia el monasterio de Mydicia, donde san Nicéforo (13 de marzo) era el igumeno.

Después de siete años de vida virtuosa en el monasterio, famoso por su estricta regla monástica, san Nicetas fue ordenado presbítero. San Nicéforo, conociendo la vida santa del joven monje, le confió la guía del monasterio cuando él mismo enfermó. Y más tarde cuando el santo abad falleció, los hermanos unánimemente eligieron a san Nicetas como su abad.

El Señor le concedió el don de hacer milagros. Por su oración, un niño sordomudo recibió el don de la palabra; dos mujeres endemoniadas fueron curadas; devolvió la razón a un que había perdido la razón, y muchos de los enfermos fueron curados de sus dolencias.

Durante estos años bajo el emperador León el Armenio (813-820), la herejía iconoclasta resurgió y la opresión aumentó. Los obispos ortodoxos fueron depuestos y desterrados. En Constantinopla se convocó un concilio de herejes en el año 815, en el que depusieron al santo patriarca Nicéforo (806-815), y en su lugar eligieron al laico herético Teodoto. También instalaron herejes en lugar de obispos ortodoxos exiliados y encarcelados.

El emperador convocó a todos los jefes de los monasterios e intentó atraerlos a la herejía iconoclasta. Entre los convocados estaba San Nicetas, que se mantuvo firme en la confesión ortodoxa. Siguiendo su ejemplo, todos los abades permanecieron fieles a la veneración de los iconos sagrados. Por eso lo encarcelaron. San Nicetas soportó valientemente todas las tribulaciones y alentó la firmeza de espíritu en los demás prisioneros.

Luego el emperador y el falso patriarca Teodoto intentaron engañar a los que permanecieron fieles a la enseñanza ortodoxa; les prometieron que el emperador les daría la libertad y les permitiría venerar los iconos con una condición: que recibieran la comunión del falso patriarca Teodoto.

Durante mucho tiempo el santo dudó de entrar en comunión con un hereje, pero otros prisioneros le rogaron que los acompañara. Accediendo a sus súplicas, san Nicetas entró en la iglesia, donde se habían colocado iconos para engañar a los confesores, y aceptó la comunión.

Pero cuando regresó a su monasterio y vio que la persecución contra los iconos continuaba, se arrepintió de su acto, regresó a Constantinopla y denunció sin miedo la herejía iconoclasta. Ignoró todas las amenazas del emperador, siendo nuevamente encerrado en prisión durante seis años hasta la muerte del emperador León el Armenio.

San Nicetas descansó en el Señor en 824. El cuerpo del santo fue enterrado en el monasterio con reverencia. Más tarde, sus reliquias se convirtieron en una fuente de curación para quienes acudían a venerar al santo confesor.

Tropario, tono 8 del común de Santos Anacoretas

Con la efusión de tus lágrimas, * regaste el desierto estéril * y, por los suspiros profundos, * tus fatigas dieron frutos cien veces más, * volviéndote un astro del universo, * brillante con los milagros. ¡Oh nuestro justo padre Nicetas, * intercede ante Cristo Dios * para que salve nuestras almas!

San José el Himnógrafo

 

Nació en Sicilia en el año 816 en una familia cristiana piadosa. Cuando tenía quince años, San José fue a Tesalónica y entró el monasterio de Latomos. Se distinguió por su piedad, su amor por el trabajo, su mansedumbre, y se ganó la buena voluntad de todos los hermanos del monasterio. Más tarde fue ordenado sacerdote. San Gregorio el Decapolitano (20 de noviembre), visitó el monasterio y se dio cuenta del joven monje, llevándolo con él a Constantinopla, Esto fue durante el reinado del emperador León el Armenio (813-820), tiempo de feroz persecución iconoclasta. Juntos defendieron valientemente la veneración de los iconos sagrados. Predicaban en las plazas de la ciudad y visitaban los hogares de los ortodoxos, animándolos contra los herejes. San Gregorio lo bendijo para viajar a Roma y para informar al Papa sobre la situación de la Iglesia de Constantinopla, las atrocidades de los iconoclastas, y los peligros que amenazaban a la ortodoxia. Durante el viaje, San José fue capturado por bandidos musulmanes que habían sido sobornados por los iconoclastas. Lo llevaron a la isla de Creta, donde lo encerraron en la cárcel por seis años. En la noche de la Natividad de Cristo en el año 820 se le concedió una visión de san Nicolás de Mira, quien le dijo sobre la muerte del iconoclasta León el Armenio, y el final de la persecución. San Nicolás, le dio un rollo de papel y dijo: “Toma este rollo y cómelo”. En él estaba escrito: “Apresúrate, oh Bondadoso, y ven para ayudarnos si es posible, porque tú eres el Misericordioso”. El monje lo comió y dijo: “¡Cuán dulces son a mi paladar tus palabras!” (Sal 118/119: 103). San Nicolás le pidió que cantara estas palabras. Después de esto las cadenas cayeron del santo, las puertas de la prisión se abrieron, y salió de ahí. Cuando llegó a Constantinopla, se enteró que san Gregorio el Decapolitano ya no estaba entre los vivos, dejando atrás a su discípulo Juan (18 de abril), quien pronto murió. San José construyó un monasterio y muy cerca una iglesia dedicada a San Nicolás y trasladó las reliquias de san Gregorio y san Juan.

San José recibió una parte de las reliquias del apóstol Bartolomé de un hombre virtuoso. Él construyó una iglesia en memoria del santo apóstol. A quien amaba y honraba, lamentándose porque no había Canon glorificando al Santo Apóstol. Por cuarenta días con lágrimas, preparándose para la fiesta del Santo Apóstol. En la víspera el Apóstol Bartolomé se le apareció en el altar. Oprimió el santo Evangelio al pecho de José, y lo bendijo para escribir los himnos para la iglesia con las palabras: “Que la mano derecha del Dios Todopoderoso te bendiga, que tu lengua derrame aguas de sabiduría celestial, que tu corazón sea un templo del Espíritu Santo, y que tus himnos deleiten a todo el mundo”. Después de esta milagrosa aparición, san José, compuso un Canon para el Apóstol Bartolomé, y desde ese momento empezó a componer himnos y Cánones en honor de la Madre de Dios, de los santos, y en honor de San Nicolás, que lo liberó de la cárcel. Estos cánones e himnos son utilizados hasta nuestros días en la mayoría de los oficios diarios de la Iglesia.

Habiendo llegado a la vejez, San José enfermó. En el Gran y Santo Viernes, el Señor le informó en un sueño sobre su inminente muerte. El santo hizo un inventario de los artículos de la iglesia de Santa Sofía, que estaban bajo su custodia, y los envió al Patriarca Focio. Habiendo recibido los Santos Misterios de Cristo, bendijo a todos los que vinieron a él, y con alegría se durmió en el Señor (+ 863). Los coros de ángeles y los santos, a quienes había glorificado en sus himnos, llevaron su alma triunfante al Cielo.

Tropario, tono 2

Venid, aclamemos a José, divinamente inspirado, / instrumento de doce cuerdas de la Palabra, / arpa armoniosa de la gracia y laúd de las virtudes celestiales, / que alabó y ensalzó a la asamblea de los santos. / Y ahora es glorificado con ellos.

San Tito el Milagroso

Poco se sabe de la vida de este santo, excepto que abrazó la vida monástica desde muy joven, llegando a ser abad de un monasterio.

Desde su juventud, mostró celo por la vida monástica. Trabajó en el ascetismo en el siglo IX en el Monasterio de Studion, cerca de Constantinopla. Por su ayuno y su disposición mansa, se ganó el amor de los hermanos, y a petición de ellos fue ordenado como Hieromonje.

Su alma estaba llena de un ferviente amor por Dios y por su prójimo, y debido a la pureza de su alma y su vida virtuosa, Dios lo recompensó con el don de hacer milagros. Así, se convirtió en el Padre Espiritual de muchos laicos y monjes que se beneficiaron de sus consejos.

San Tito defendió la veneración ortodoxa de los Santos Iconos durante la persecución iconoclasta, permaneciendo firme en la Fe hasta el final de su vida, luego partió hacia el Señor.

Tropario, tono 8 del común de Santos Justos

En ti fue conservada la imagen de Dios fielmente, oh justo Padre Tito, * pues tomando la cruz seguiste a Cristo * y, practicando, enseñaste a despreocuparse de la carne, * que es efímera, * y a cuidar, en cambio, el alma inmortal. * Por eso hoy tu espíritu se regocija junto con los ángeles.

Santa María de Egipto

Según san Sofronio Patriarca de Jerusalén que escribió la vida de la santa, María nació en Egipto, en el siglo IV. A los doce años se escapó de su casa paterna, movida por un desmedido deseo de libertad, estableciéndose en Alejandría. Durante los diecisiete años siguientes, vivió con desenfreno, llevándola a escandalizar y corromper a numerosas personas.

Por su afán de aventuras, se unió a un grupo de peregrinos que iban de Egipto a Jerusalén para Adorar la Santa Cruz. Consiguió el dinero para su viaje ofreciendo su cuerpo a otros peregrinos y, por un corto período de tiempo, continuó su habitual estilo de vida en Jerusalén.

El día de la Exaltación de la Cruz, quiso entrar en la iglesia del Santo Sepulcro, pero una mano invisible se lo impidió. Por tres veces intentó acceder, pero esa fuerza la detenía en el pórtico del templo. Entonces una voz le dijo: “Tú no eres digna de entrar en ese sitio sagrado, porque vives esclavizada por el pecado”. Santa María comenzó a llorar, lamentarse y a suspirar desde las profundidades de su corazón; y entonces se produjo el gran milagro que le hizo arrepentirse de sus faltas. Levantando los ojos vio cerda de la entrada la imagen de la Madre de Dios que parecía mirarla con gran bondad, compasión y amor que siempre había buscado; llena de una inmensa emoción, se arrodilló y le dijo: “Madre, si me es permitido entrar en el templo santo, yo te prometo que dejaré esta vida de pecado y me dedicaré a una vida de oración y penitencia”. Intentó entrar de nuevo en la iglesia, y esta vez le fue permitido. Después de venerar la reliquia de la Cruz, lloró amargamente por sus pecados durante muchas horas. Regresó para dar las gracias a la Virgen Santísima y escuchó una voz que le dijo: “Si cruzas el Jordán, encontrarás en el desierto el descanso más glorioso”

Sin pensarlo acudió a la ribera del río Jordán y en el monasterio de san Juan Bautista, recibió la comunión. Con tres monedas que antes había recibido, compró tres panes y a la mañana siguiente cruzó el Jordán y se retiró al desierto para vivir en el desierto rezando, meditando y haciendo penitencia, sin relacionarse con ningún ser humano durante cuarenta y siete años.

Un santo Sacerdote llamado Zósimo, después de haber pasado muchos años de monje en Palestina, vino al desierto junto al Jordán. Un día vio una figura humana; se le acercó y al pedirle que se identificara le dijo: “Soy una mujer que he venido al desierto a hacer penitencia por mis pecados”. Después de relatarle su historia, pidió al Padre que le trajera la santa Eucaristía. Después de recibir la Comunión el Jueves Santo, la penitente le pidió que el año siguiente regresara al mismo lugar donde se habían encontrado trayéndole el Cuerpo del Señor.

Al año siguiente, Zósimo fue nuevamente a la cita, pero encontró muerta a María envuelta en una manta. Zósimo tomó el cuerpo de la santa y se dispuso a darle sepultura, pero no teniendo ningún utensilio para cavar, se llevó una sorpresa al ver que llegaba un león, y con sus garras abría una sepultura en la arena. El monje cubrió con tierra el cuerpo de María y regresó a su monasterio donde contó la historia a los otros monjes. Y muy pronto junto a aquella tumba, empezaron a obrarse milagros y prodigios extendiendo la fama de la santa Penitente.

Su memoria se celebra este día 1 de abril y el quinto domingo de la Gran Cuaresma.

Tropario, tono 8

En ti fue conservada la imagen de Dios fielmente, oh justa María, * pues tomando la cruz seguiste a Cristo * y, practicando, enseñaste a despreocuparse de la carne, * que es efímera, * y a cuidar, en cambio, el alma inmortal. * Por eso hoy tu espíritu se regocija junto con los ángeles.

Tercer día de la fiesta de la Epifanía del Señor; san Jorge el Jozebita; santa Dominica de Constantinopla

La fiesta de la Epifanía del Señor se extiende del 6 hasta el 14 de enero. Varios de los himnos propios de la fiesta se siguen cantando en los servicios de Vísperas y Maitines.

Tropario, tono 1

Al bautizarte, oh Señor, en el Jordán, * se manifestó la adoración a la Trinidad, * pues la voz del Padre dio testimonio de ti * nombrándote su Hijo amado; * y el Espíritu, en forma de paloma, * confirmó la certeza de la palabra. * ¡Tú, que te has revelado e iluminado al mundo, * oh Cristo Dios, gloria a ti!

Condaquio Tono 4

 Te has revelado hoy * al universo, * y tu luz, oh Cristo Dios, * ha fulgurado sobre nosotros * que te alabamos con comprensión: * ¡te has manifestado, * oh Luz inaccesible!

San Jorge el Jozebita

 

El Santo nació en un pueblo de Chipre. Sus padres eran creyentes, también tenía un hermano mayor llamado Heracleo. Con sus padres vivos aun, Jorge se dirigió a tierra Santa para prosternarse en los lugares sagrados, luego de esto fue a un monasterio de Calamonos deseando ser ordenado monje, pero el santo regresó todavía con sus parientes y se quedó con ellos hasta que murieron. Huérfano Jorge, fue adoptado con su fortuna, por un tío, quien tenía una hija única y la quería casar con él. Pero Jorge no queriendo contraer matrimonio, fue con otro tío que era abad de un monasterio, al ver el santo la presión que ejercía su tío al abad del monasterio para que lo dejase libre y así poder casarse con su hija, Jorge decidió irse con su hermano Heracleo al monasterio de Calamonos, pero por su corta edad se le aconsejó que fuera al monasterio de la Santísima Madre de Dios, que le decían Jozebá, aquí paso el resto de su vida viviendo una rigurosa vida monástica. La fama de sus virtudes fue muy importante, y su trabajo espiritual iluminó a muchos. Finalmente, San Jorge el Jozebita entrego su espíritu en paz a Dios.

Tropario, tono 8

Con la efusión de tus lágrimas, * regaste el desierto estéril * y, por los suspiros profundos, * tus fatigas dieron frutos cien veces más, * volviéndote un astro del universo, * brillante con los milagros. ¡Oh nuestro justo padre Jorge, * intercede ante Cristo Dios * para que salve nuestras almas!

 Santa Dominica de Constantinopla

 

Santa Dominica llegó de Cartago a Constantinopla en tiempos del santo emperador Teodosio el Grande. Allí fue bautizada por el patriarca Nectario e ingresó en un monasterio de mujeres.

Mediante un ascetismo estricto y prolongado alcanzó una elevada perfección espiritual. La santa curó a los enfermos, demostró su poder sobre los elementos naturales y predijo el futuro. Con sus milagros, la santa conmovió a los habitantes de la capital hacia la preocupación por la vida eterna y el alma. Adornada por las virtudes, la santa partió de esta vida como una virgen inmaculada en su vejez.

Tropario, tono  4, del común de Santas Justas.

En ti fue conservada la imagen de Dios fielmente, oh justa Dominica, * pues tomando la cruz seguiste a Cristo * y, practicando, enseñaste a despreocuparse de la carne, * que es efímera, * y a cuidar, en cambio, el alma inmortal. * Por eso hoy tu espíritu se regocija junto con los ángeles.

Segundo día en la fiesta de la Epifanía del Señor; Sinaxis del Santo, Glorioso, Profeta y Precursor Juan el Bautista

La fiesta de la Epifanía del Señor se extiende del 6 hasta el 14 de enero. Varios de los himnos propios de la fiesta se siguen cantando en los servicios de Vísperas y Maitines.

Tropario, tono 1

Al bautizarte, oh Señor, en el Jordán, * se manifestó la adoración a la Trinidad, * pues la voz del Padre dio testimonio de ti * nombrándote su Hijo amado; * y el Espíritu, en forma de paloma, * confirmó la certeza de la palabra. * ¡Tú, que te has revelado e iluminado al mundo, * oh Cristo Dios, gloria a ti!

Condaquio Tono 4

 Te has revelado hoy * al universo, * y tu luz, oh Cristo Dios, * ha fulgurado sobre nosotros * que te alabamos con comprensión: * ¡te has manifestado, * oh Luz inaccesible!

Sinaxis del Santo y Glorioso Profeta y Precursor Juan Bautista

 

Al día siguiente de la gran fiesta de la Epifanía- Bautismo del Señor en el Jordán, celebramos la memoria del Glorioso, Profeta, Precursor y Bautista Juan.

San Juan Bautista era hijo del sacerdote Zacarías y de Isabel, hasta los 30 años vivió en el desierto de Judea teniendo una vida acética, dedicada enteramente a la oración y en busca de la perfección espiritual. Su vestimenta era de pelo de camello, en su cintura tenía un cinto de cuero y sus alimentos eran langostas la miel silvestre. Poseía la Gracia Divina para ser un gran predicador de la Palabra de Dios y con esa gracia convocaba a multitudes a escucharlo. Protestaba duramente contra los fariseos, quienes con una imagen supuestamente santa, ocultaban bajo su ropa la crueldad, la impureza mental y espiritual. Esencialmente su enseñanza se basaba en una frase característica: “Arrepiéntanse, porque el reino de los cielos está cerca” preparando así el camino para el plan salvador de Nuestro Señor Jesucristo. Al comenzar Cristo su exposición pública, la gente dejada lentamente a Juan y lo seguía a él, este cambio en la gente, hubiese causad envidia y celos en cualquier persona que no tenga el espíritu Santo, por eso a Juan este cambio le dio mucha alegría y felicidad. Esta festividad de San Juan el Precursor, por quien Cristo dijo: “Entre los que nacen de mujer no se ha levantado otro mayor que Juan el Bautista”, (Mateo 11:11) fue establecida en el siglo V.

Tropario, tono 2

La memoria del justo es con alabanzas, * pero a ti, oh Precursor, te basta el testimonio del Señor; * porque te volviste verdaderamente el más honrado de los profetas * al ser digno de bautizar en el Jordán al que fue anunciado; * y así como defendiste la verdad, con alegría * anunciaste, hasta a los que estaban en el Hades, * a Dios que se ha revelado en el cuerpo, * que quita el pecado del mundo y nos otorga la gran misericordia.

Comienzo del Ayuno de Navidad; Santos mártires Gurias, Samón y Habib de Edesa

El ayuno de la natividad es uno de los cuatro períodos principales de ayuno a lo largo del año eclesiástico. A partir de hoy 15 de noviembre y concluyendo el 24 de diciembre, el Ayuno de la Natividad brinda a las personas la oportunidad de prepararse para la Fiesta de la Natividad de Nuestro Señor y Salvador en la Carne el 25 de diciembre.

Al abstenerse de ciertos alimentos y bebidas, particularmente de carne, pescado, productos lácteos, aceite de oliva y vino, además de centrarnos más profundamente en la oración y la limosna, podemos encontrar que el objetivo principal del ayuno es hacernos conscientes de nuestra dependencia de Dios.

Catabasia I

¡Cristo nace, glorificadlo! ¡Cristo viene de los cielos, recibidlo! ¡Cristo sobre la tierra, exaltadlo! Cantad al Señor toda la tierra y, con alegría alabadle, oh pueblos, porque ha sido glorificado.

Santos mártires Gurias, Samón y Habib (Abibo) de Edesa:

Gurias y Samón eran ciudadanos eminentes de Edesa. Durante una persecución de cristianos, se escondieron fuera de la ciudad, viviendo en ayuno y oración, y dando consejo a los fieles que venían por consejo a ellos. Fueron capturados y llevados ante el juez, quien los amenazó con la muerte si rehusaban observar el decreto imperial sobre la adoración de ídolos. Los santos mártires de Cristo contestaron: «Si observamos el decreto imperial, estaremos perdidos aún si tú no nos matas». Fueron arrojados en prisión tras crueles torturas, y estuvieron confinados allí desde el 10 de agosto hasta el 10 de noviembre, soportando hambre, oscuridad y grandes sufrimientos. Fueron entonces sacados de la cárcel y torturados de nuevo, y como permanecieron firmes en la fe cristiana, fueron condenados a muerte y degollados con espada en el año 322, bajo el inicuo emperador Licinio, que gobernó la parte oriental del Imperio hasta el 324.

Más tarde Habib, un diácono en Edesa, fue torturado por causa de Cristo su Señor y, en medio de las llamas, entregó su espíritu en manos de Dios. Su madre tomó su cuerpo incorrupto del fuego y lo enterró junto a los de Gurias y Samón. Cuando terminó la persecución, los cristianos construyeron una iglesia en honor de estos tres mártires y colocaron sus reliquias, que obraban milagros, en un solo catafalco. De entre los muchos milagros de estos maravillosos santos de Dios, este es especialmente recordado: una viuda de Edesa llamada Sofía, quien había sido convencida de dar en matrimonio a su joven hija Eufemia con un godo que servía en el ejército griego. Como a Sofía le preocupaba enviar a su hija a un lugar lejano, el godo juró sobre la tumba de los mártires que no haría daño a la joven, sino que la trataría como a la niña de sus ojos. Sin embargo, cuando llevó a la joven a su país le reveló que ya estaba casado; la trató no como esposa sino como esclava hasta que su verdadera esposa murió. Entonces acordó con un pariente enterrar a su esclava viva junto a su esposa muerta. La esclava imploró con lágrimas a los santos mártires que la salvaran, y estos se le aparecieron en la tumba, la tomaron, y en un instante la trasladaron de la tierra de los godos a Edesa, a la iglesia dedicada a ellos. Al día siguiente, cuando se abrió la iglesia, la joven fue hallada junto a la tumba de los santos, y se reveló la historia de su milagrosa liberación.

Tropario, tono 1

Los divinos mártires * Gurias, Abibo y Samón, * iguales en número * a la trinitaria deidad, * estando a una, * confesaron en Ella * frente a los impíos * y, luchando, cruzaron * la tormenta sin daño; * ahora no dejan de guiarnos * hacia el puerto seguro.

Hieromártir Gregorio, Iluminador de Armenia

Gregorio era de familia noble, y estaba emparentado con las casas imperiales de Persia (Rey Artabán) y de Armenia (Rey Crosov). Cuando estas se declararon la guerra, Gregorio se retiró a Cesarea en Capadocia, donde tuvo su primer contacto con la fe cristiana, recibió el bautismo y se casó. Tuvo dos hijos de este matrimonio, Rostanes y Arístanes, a quienes dedicó al servicio de la Iglesia. Después de la muerte de su esposa, regresó a Armenia al servicio del Rey Tirídates. Gregorio sirvió a su rey fielmente y su rey le amaba, pero al descubrir que Gregorio era cristiano, el rey se enfureció grandemente y comenzó a presionarlo para que rechazara la fe cristiana y adorara los ídolos. No teniendo éxito en esto, Tirídates sometió a Gregorio a crueles torturas, lanzándolo luego a un profundo foso lleno de toda clase de reptiles venenosos con el objetivo de matarle. Pero Dios, que ve todas las cosas, preservó a Gregorio con vida en aquel lugar por 14 años. Tirídates continuó la persecución de cristianos en su reino, incluso atacando un monasterio de 37 monjas con su abadesa. Después de haberlas masacrado con terribles torturas, Tirídates perdió la razón y se volvió como un monstruoso jabalí salvaje. Un hombre apareció a la hermana del rey en un sueño, diciéndole que el rey no sería sanado de su locura hasta que Gregorio fuera sacado del foso. Una vez se hizo esto, Gregorio sanó y bautizó a Tirídates. Entonces Gregorio, de acuerdo con los deseos del rey, se convirtió en el obispo de Armenia; y con la ayuda del rey, pero sobre todo con la ayuda de Dios, iluminó con la fe cristiana a toda Armenia y sus áreas circundantes. San Gregorio llegó al final de su vida de esfuerzos en edad avanzada, alrededor del año 335 d. C.

Tropario, tono 4 del común de Hieromártires

Al volverte sucesor de los apóstoles * y partícipe en sus modos de ser, * encontraste en la práctica * el ascenso a la contemplación, oh inspirado por Dios. * Por eso, seguiste la palabra de la verdad * y combatiste hasta la sangre por la fe. * Gregorio, obispo mártir, intercede ante Cristo Dios * para que salve nuestras almas.

San Ciriaco el Ermitaño de Palestina

Nació en Corinto, hijo del sacerdote Juan y de Eudoxia, y era pariente del obispo local, Pedro. Fue hecho lector por el obispo en la catedral cuando aún era muy joven. Leyendo las Sagradas Escrituras, el joven Ciriaco se maravillaba de cómo la providencia de Dios glorificaba a todo siervo verdadero del Dios vivo y ordenaba la salvación de la raza humana. A la edad de dieciocho años, su deseo por la vida espiritual le llevó a Jerusalén. Allí entro al monasterio de un piadoso hombre llamado Eustorgio, quien le cimentó en la vida monástica. Luego fue a san Eutimio, quien discernió su futura grandeza espiritual, le vistió con el Gran Hábito, y le envió al Jordán con san Gerásimo, donde Ciriaco permaneció nueve años. Después de la muerte de Gerásimo, regresó al monasterio de san Eutimio, donde permaneció en silencio por diez años. Después de esto iba de lugar en lugar, huyendo de la alabanza de los hombres. También vivió su labor ascética en la comunidad de san Caritón, donde terminó su curso terrenal, habiendo vivido ciento nueve años. Un glorioso asceta y obrador milagros, san Ciriaco tenía un cuerpo inmenso y fuerte, y permaneció así aún en edad avanzadísima, a pesar de sus estrictos ayunos y vigilias. En el desierto, a veces vivía por años comiendo sólo vegetales crudos. Tenía gran celo de la fe ortodoxa y denunciaba herejías, especialmente la herejía de Orígenes. De sí mismo decía que, mientras fue monje, el sol nunca lo vio comer ni estar airado con ningún hombre. (De acuerdo con la regla de san Caritón, los monjes comían sólo una vez al día, después de la puesta del sol.) Ciriaco fue una gran lumbrera, un pilar de la ortodoxia, la gloria de los monjes, un poderoso sanador de los enfermos, y un bondadoso consolador de los afligidos. Habiendo vivido por largo tiempo en al ascetismo y ayudando a muchos, entró en el gozo eterno de su Señor en el 557 d. C.

Tropario, tono 1 del común de santos Ascetas

Al morar en desierto cual un ángel en cuerpo, * has realizado milagros, Ciriaco, padre teóforo. * Con ayuno, pues, vigilia y oración, * has tomado celestes dádivas, * ya que curas lοs malestares de las almas * que a ti acuden con fervor: * ¡Gloria al que te ha fortificado! * ¡Gloria, que la corona te ha dado! * ¡Gloria, que, por tu medio, * ha brindado curación a todos!

San Caritón el Confesor, abad de Palestina; San Baruc, Profeta

Caritón era un eminente y piadoso ciudadano de la ciudad de Iconio. Imbuído del espíritu de su compatriota, santa Tecla, Caritón confesaba abiertamente el nombre de Cristo. Al desatarse una cruel persecución de cristianos bajo el emperador Aureliano, Caritón fue traído a juicio ante el gobernador de inmediato. El juez le ordenó que adorase a los falsos dioses, a lo cual Caritón contestó: «Todos tus dioses son furias, que en tiempos pasados fueron arrojadas desde el cielo hasta los más profundos infiernos a causa del orgullo». Caritón mostró abiertamente su fe en el único Dios vivo, Creador de todo, y en el Señor Jesucristo, Salvador de la humanidad. Entonces el gobernador ordenó que Caritón fuese golpeado y torturado de tal modo que todo su cuerpo se cubriese de heridas, hasta parecer una sola e inmensa llaga. Tras la mala muerte de Aureliano, cuyas malas obras finalmente lo alcanzaron, Caritón fue librado de la tortura y la cárcel. Viajó a Jerusalén, pero en el camino fue atrapado por unos ladrones de los cuales fue librado por la providencia de Dios. No regresó a Iconio, sino que se retiró al desierto de Farán, donde fundó una comunidad y congregó a un grupo de monjes. Habiendo dado una regla a su comunidad, y deseando huir de la alabanza de los hombres, se retiró a otro desierto cerca de Jericó, donde, pasado el tiempo, fundó otra comunidad que lleva su nombre. Finalmente fundó aún otra comunidad, Souka, llamada la «Antigua Lavra» en griego. Murió en avanzadísima edad, y entró a la gloria de su Señor el 28 de septiembre del 350, y sus reliquias son atesoradas en su primer monasterio. La práctica de tonsurar a los monjes se atribuye a san Caritón.

Tropario, tono 8 del común de santos Anacoretas

Con la efusión de tus lágrimas, * regaste el desierto estéril * y, por los suspiros profundos, * tus fatigas dieron frutos cien veces más, * volviéndote un astro del universo, * brillante con los milagros. ¡Oh nuestro justo padre Caritón, * intercede ante Cristo Dios * para que salve nuestras almas!

Santo Profeta Baruc

El profeta Baruc era hijo de Nerías y discípulo del profeta Jeremías (Jer. 39:12; 43:4 ). El libro profético que se conserva que escribió está dividido en cinco capítulos; fue compuesto en el quinto año de la cautividad babilónica de los judíos durante los años de Sedecías, 583 a.C. La lectura profética que se lee en vísperas de la fiesta de la Natividad de Cristo, que lleva el nombre de Jeremías, está tomada de la profecía de Baruc (Bar. 3:35-4:4). Su nombre significa “bendito”.

Tropario, tono 2 del común de santos Profetas

Celebramos la memoria del profeta Baruc, * por quien te suplicamos, Señor, * que salves nuestras almas.

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