Post fiesta del Entrada del Señor en el Templo; Santos Simeón que recibió a Dios y Profetisa Ana

En este que es el segundo día en la fiesta del Encuentro del Señor en el Templo, que se extiende hasta el día 9, la Iglesia conmemora de manera especial a los dos personajes que en representación del pueblo encontraron, recibieron y proclamaron al Señor presentado en el Templo, los santos Simeón el anciano y la profetisa Ana.

Según el Evangelista Lucas, Simeón recibió la promesa del Espíritu Santo que no se iba a morir hasta que no vea a Cristo. Y según la tradición, él recibió esta promesa 270 años antes del nacimiento del Cristo. En aquellos tiempos él fue uno de los 70 traductores que traducían los libros de la Santa Biblia del hebreo al griego para la biblioteca del rey de Egipto Ptolomeo Filadelfo. Cuando Simeón estaba traduciendo las profecías de Isaías sobre el Emmanuel y su nacimiento de una Virgen, él dudó sobre la exactitud de la profecía y quiso cambiar la palabra “virgen” por “mujer.” En este momento tuvo una revelación del Espíritu Santo, que le dijo que no debía cambiar la profecía y que él no moriría hasta ver el cumplimiento de la profecía.

Cuando el Divino Niño nació y fue traído al Templo, Simeón recibió la revelación del Espíritu Santo de que su esperanza se había hecho realidad y que en el Templo de Jerusalén él finalmente vería al Salvador.

Al llegar al Templo el santo anciano no solamente vio al Niño prometido y a su Purísima Madre Virgen, sino además fue digno de levantar a Cristo en sus brazos. Aquí, san Simeón pronunció aquellas inmortales palabras que diariamente se escuchan durante los oficios religiosos de las vísperas: “Ahora, Señor, a tu siervo deja irse en paz según tu palabra, porque mis ojos han visto tu salvación, la cual tenías destinada ante la faz de los pueblos, Luz que ilumina a las naciones y la gloria de tu pueblo Israel. “

Aquí Simeón hace el papel de representante de la humanidad del Antiguo Testamento que esperaba al Salvador y simultáneamente se convierte en el predicador de la Gracia del Nuevo Testamento.

El evangelista Lucas no aclara a que se dedicaba san Simeón, pero en las canciones de la iglesia es llamado el sacerdote y el santo. Es muy posible que él fuera uno de los sacerdotes que oficiaban en el Templo (Lucas 2:23-37).

Junto a Simeón fue digna de encontrar al Señor en el Templo de Jerusalén santa Ana la profetisa. El Evangelio dice que ella provenía de la tribu de Aser y fue la hija de Fanuel. Después de estar casada durante 7 años ella se quedó viuda y a partir de este tiempo no se apartaba del Templo sirviendo a Dios de día y de noche con ayunos y oraciones (Lucas 2:37). Por eso ella tenía el don de profecía. Para nosotros santa Ana es el ejemplo de una viuda justa y digna de respeto. Según el Apóstol Pablo, estas viudas representan un gran valor para la Iglesia y sirven como ejemplo y enseñanza para la juventud (Tim 5:3-5).

Ella ya había llegado a una edad avanzada e igual que san Simeón estaba esperando al Salvador. Ella estaba atenta a todos los hechos espirituales y añadió su voz de anciana a la glorificación que manifestó san Simeón durante el encuentro con el Niño Divino en el Templo. En las oraciones de la Iglesia, santa Ana es venerada como una casta viuda, muy respetada por todos, una santa anciana y la profetisa del Nuevo testamento.

Tropario, tono 1

Regocíjate, oh Llena de Gracia, Virgen Madre de Dios; * porque por ti hoy resplandece el Sol de Justicia, * Cristo nuestro Dios, * quien ilumina a los que han estado en las tinieblas. * Alégrate también tú, oh justo anciano, *que re­cibiste en tus brazos al redentor de nuestras almas, * quien nos otorga la resurrección.

Condaquio, tono 1

Por tu nacimiento santificaste las entrañas de la Virgen, oh Cristo Dios, * las manos de Simeón bendijiste debidamente, * y a nosotros nos alcanzaste y salvaste. * Conserva a tus fieles en la paz * y auxilia a los que amas * porque Tú eres el único que amas a la humanidad.

Gran fiesta del Encuentro del Señor en el Templo

Esta fiesta, conocida en Occidente como la Presentación de Cristo en Templo o la Purificación de la Bienaventurada Virgen María, lleva en Oriente el título de «Encuentro» (griego, Hypapantē; eslavo, Srétenie) – esto es, el encuentro de Cristo con su pueblo.

Es una de las doce grandes fiestas del año y celebra como nuestro Señor, traído al Templo por su Madre Santísima y por el justo José, cuarenta días después de su nacimiento, ahora encuentra a su pueblo escogido representado en las personas del anciano Simeón y la profetisa Ana.

Con esta fiesta concluye la secuencia de la Natividad, que comenzó unos ochenta días antes con el inicio del ayuno de la Natividad.

En el Encuentro, como en la Natividad y en la Teofanía, la Iglesia medita sobre la kenosis, el completo vaciarse a sí mismo del Verbo encarnado.  «Aquel que una vez dio la Ley se somete hoy a las ordenanzas de la Ley, en su compasión haciéndose como nosotros por nuestra causa» (Lytia de las Vísperas). Los textos para este día están basados en parte en el cántico de Simeón, Ahora Señor puedes dejar a tu siervo… (cfr. San Lucas 2:29-32): hablan de la salvación que Cristo ha venido a otorgar; de la gloria y luz de la revelación que han sido concedidas mediante su Encarnación.

La fiesta se extiende hasta el 9 de febrero inclusive

Tropario, tono 1

Regocíjate, oh Llena de Gracia, Virgen Madre de Dios; * porque por ti hoy resplandece el Sol de Justicia, * Cristo nuestro Dios, * quien ilumina a los que han estado en las tinieblas. * Alégrate también tú, oh justo anciano, *que re­cibiste en tus brazos al redentor de nuestras almas, * quien nos otorga la resurrección.

Condaquio, tono 1

Por tu nacimiento santificaste las entrañas de la Virgen, oh Cristo Dios, * las manos de Simeón bendijiste debidamente, * y a nosotros nos alcanzaste y salvaste. * Conserva a tus fieles en la paz * y auxilia a los que amas * porque Tú eres el único que amas a la humanidad.

 

Domingo del Fariseo y el Publicano; Preparación para la fiesta del Encuentro en el Templo de nuestro Señor, Dios y Salvador Jesucristo/ Mártir Trifón de Campsada en Siria

Comienzo del Santo Triodion

El Triodion estrictamente hablando es el libro litúrgico propio de la Iglesia Ortodoxa para el tiempo preparatorio para la Pascua. Muchos de los cánones en el Triódion contienen sólo tres Odas o Troparios, de ello viene el título del Libro.
Pero también hablamos de Triodion como período de tiempo que comienza hoy con el Domingo del Fariseo y el Publicano, que es el décimo domingo ante de la Pascua, justo a los veintidós días antes del Inicio de la Santa Cuaresma, y concluye con el sábado de la Semana Santa.
En este día que es el primer domingo del Triodio, celebramos la conmemoración de la Parábola del Fariseo y el Publicano, citada en el Santo Evangelio de san Lucas.

Condaquio, tono 4

Escapemos de la soberbia del fariseo y aprendamos de la humildad del publicano exclamando con gemidos al Salvador: “¡Oh único Compasivo, ten piedad de nosotros!”

 

Preparación para la fiesta de la Presentación del Señor en el Templo

 

Como todas las grandes fiestas en la Iglesia, que van precedidas de una preparación o prefiesta, hoy nos preparamos para la fiesta de la Presentación del Señor en el Templo a los 40 días de su nacimiento, fiesta que en Oriente es conocida como del Encuentro de nuestro Señor en el Templo.

Tropario de la Prefiesta, tono 1

El coro celestial se inclinó desde el cielo * hacia la tierra, y contempló * al primogénito de todo * llevado al altar cual un lactante * cuya madre no conoce varón, * y admirado cantó con temor junto a nosotros * la preparación de la fiesta.

Santo Mártir Trifón

 

Este santo era natural de Lampsaco Frigias (antigua región de Asia Menor), y vivió en los años de los reyes Gordiano (238-244), Filipos y Decio.

Era muy pobre y de niño se dedicaba a cuidar animales en el campo para poder vivir, y mientras realizaba su humilde trabajo, reflexionaba sobre las Sagradas Escrituras y con mucho celo realizaba sus deberes religiosos.

Realmente el humilde y piadoso Trifón con perseverancia, no solo llego a conocer muy bien las Sagradas Escrituras, sino que pudo también enseñarla; tan bendecido estaba por la gracia divina el santo, que realizaba milagrosas curaciones.

La fama del Trifón llegó a oídos del rey Gordiano, quien envió a llamarlo porque su hija estaba enferma; de hecho, fue curada por las oraciones de Trifón. El padre agradecido intentó pagarle, pero el santo se negó a aceptar pago alguno y se retiró con el agradecimiento del rey. Si embargo en la época de Decio (249-251), Trifón fue arrestado, confiesa su fe en Cristo valerosamente, y sin miedo expresa fervientemente su oposición a la idolatría. Entonces el prefecto oriental Aquilino, ordena que lo golpeen duramente, luego es atado a un caballo y arrastrado; es desnudado, arrojado sobre clavos y quemado con antorchas encendidas, finalmente es decapitado, pero ya había entregado su espíritu en las manos de Dios.

Por las oraciones del santo Mártir Trifón, oh Señor Jesucristo, Dios nuestro, ten piedad de nosotros y sálvanos. Amén

Tropario tono 4, del común de Santos Mártires

Tu mártir, oh Señor, * ha obtenido de ti * corona de incorrupción * en su lucha, Dios nuestro. * Al tener, pues, tu fuerza, * ha vencido a tiranos * y aplastado de los demonios * su abatida insolencia. * Por sus intercesiones, oh Cristo Dios, * salva nuestras almas.

San Juan Casiano el Romano

San Juan Casiano el Romano

29 de Febrero

Este santo nació alrededor del año 350 y, según algunos, era de Roma, según otros, de Dacia Póntica (Dobrogea en la actual Rumania). Era un hombre erudito que había servido en el ejército. Más tarde, abandonó esta vida y se convirtió en monje en Belén con su amigo y compañero ascético, Germano de Dacia Póntica, cuyo recuerdo también se celebra hoy. Al escuchar la fama de los grandes Padres de Scete, fueron a Egipto alrededor del año 390; Sus reuniones con los famosos monjes de Scete se registran en las Conferencias de San Juan. En el año 403 fueron a Constantinopla, donde Casiano fue ordenado diácono por San Juan Crisóstomo; Después del exilio de san Crisóstomo, los santos Casiano y Germano fueron a Roma con cartas al papa Inocencio I en defensa del exiliado arzobispo de Constantinopla. Allí San Casiano fue ordenado sacerdote, después de lo cual fue a Marsella, donde estableció el famoso monasterio de San Víctor. Reposó en paz sobre el año 433.
El último de sus escritos fue Sobre la Encarnación del Señor, Contra Nestorio, escrito en 430 a pedido de León, el Archidiácono del Papa Celestino. En esta obra, fue el primero en mostrar el parentesco espiritual entre el pelagianismo, que enseñaba que Cristo era un simple hombre que sin la ayuda de Dios había evitado el pecado, y que era posible que el hombre lo superara por sus propios esfuerzos; y el nestorianismo, que enseñaba que Cristo era un simple hombre usado como instrumento por el Hijo de Dios, pero que Dios no se había convertido en hombre.
El error opuesto al pelagianismo pero igualmente ruinoso fue la enseñanza de Agustín de que después de la caída, el hombre era tan corrupto que no podía hacer nada por su propia salvación, y que Dios simplemente predestinó a algunos hombres a la salvación y otros a la condenación. San Juan Casiano refutó esta blasfemia en la decimotercera de sus Conferencias, con el abad Chairemon, que expone elocuente y extensamente y con muchas citas de las Sagradas Escrituras, la enseñanza ortodoxa del equilibrio entre la gracia de Dios por un lado, y esfuerzos personales por el otro, necesarios para nuestra salvación.
San Benito de Nursia, en el Capítulo 73 de su Regla, clasifica a los Institutos y Conferencias de San Casiano en primer lugar entre los escritos de los padres monásticos, y ordena que se lean en sus monasterios; de hecho, la Regla de San Benito está muy en deuda con los Institutos de San Juan Casiano. San Juan Climaco también lo elogia altamente en la sección 105 del Paso 4 de la Escalera del Ascenso Divino, sobre Obediencia.

Tropario, tono 8
En ti fue conservada la imagen de Dios fielmente, oh Padre Juan Casiano, pues tomando la cruz seguiste a Cristo y practicando, enseñaste a despreocuparse de la carne, que es efímera y a cuidar, en cambio, el alma inmortal. Por eso hoy tu espíritu se regocija junto con los ángeles.

Condaquio, tono 1
Tus palabras exhalan la dulzura de la casia celestial, disipando el mal olor de las pasiones y los placeres; pero con la dulce fragancia de tu discreción y templanza, das a conocer los ascensos espirituales en el Espíritu, guiando a los hombres hacia lo alto, oh justo Padre Juan Casiano, guía de monjes divinamente enviado.

San Basilio el Confesor, de Decápolis

San Basilio el Confesor, de Decápolis

28 de Febrero

San Basilio fue compañero de san Procopio en la Decápolis y vivió su vida ascética a a mediados del siglo VIII, durante el reinado de Leo el Isaurico (717-741), de quien sufrieron muchas cosas por el bien de la veneración de los santos íconos. Terminó sus vidas en la disciplina ascética.

Tropario, tono 8
Con la efusión de tus lágrimas, regaste el desierto estéril; y por los suspiros profundos, tus fatigas dieron frutos cien veces más, volviéndote un astro del universo, brillante con los milagros. ¡Oh nuestro justo padre Basilio, suplícale a Cristo Dios que salve nuestras almas!

Condaquio, tono 2
Te alejaste de la turbulencia mundana, ya que recibiste de lo alto la revelación de Dios; y por vivir rectamente como un monje, recibiste la gracia de poder sanar enfermedades y hacer milagros, oh bendito Basilio, sabio en las cosas divinas.

San Procopio el Confesor, de Decápolis; San Rafael obispo de Brooklyn

San Procopio el Confesor, de Decápolis

27 de Febrero

Provenía de Decápolis, una serie de diez pueblos alrededor del mar de Galilea, y por eso fue llamado el decapólita.
En su juventud siguió una vida ascética y cumplió todos los esfuerzos prescritos para la purificación del corazón y la elevación del alma a Dios. Cuando estalló la persecución contra los iconos por el malvado emperador León el Isaurico, Procopio, se levantó en defensa de los iconos, mostrando que su veneración no es idolatría, porque los cristianos saben que cuando veneran a los iconos, no se inclinan ante la materia inerte, sino ante los santos vivos, que están en estos iconos. Por ello san Procopio fue detenido, torturado brutalmente, azotado y cepillado con hierro. Cuando el cuerpo del malvado emperador León pereció (ya que su alma había perecido mucho antes), los iconos fueron devueltos a las iglesias y Procopio regresó a su monasterio donde pasó el resto de sus días en paz.
Siendo ya anciano partió al reino de los cielos, donde ve con alegría a los vivientes ángeles y santos, cuyas figuras en los iconos honraba en la tierra.
Tropario, tono 8
Con la efusión de tus lágrimas, regaste el desierto estéril; y por los suspiros profundos, tus fatigas dieron frutos cien veces más, volviéndote un astro del universo, brillante con los milagros. ¡Oh nuestro justo padre Procopio, suplícale a Cristo Dios que salve nuestras almas!

Condaquio, tono 4
Oh renombrado Procopio, teniéndote como estrella de la mañana en este día, la Iglesia disipa toda la penumbra de las doctrinas malvadas, mientras te honra, oh iniciado del Cielo y hombre de Dios.

 

San Rafael (Hawaweeny) obispo de Brooklyn

27 de Febrero

Nuestro padre, Raphael de Brooklyn (20 de noviembre de 1860 – 27 de febrero de 1915), nació en Beirut, Líbano, de padres refugiados sirios damascenos. Fue educado en la Escuela Patriarcal de Damasco, la Escuela de Teología Ortodoxa en la Isla Halki, Turquía, y en la Academia Teológica en Kiev, de la Iglesia Rusa. En 1904 se convirtió en el primer obispo ortodoxo en ser consagrado en América del Norte; la consagración fue realizada por el arzobispo San Tijon de Moscú y el obispo Inocencio en la ciudad de Nueva York. Sirvió como obispo de Brooklyn, Nueva York hasta su muerte.
Durante el curso de su ministerio como obispo auxiliar de la Iglesia Ortodoxa Rusa en América, San Rafael fundó la actual catedral primacial de la Arquidiócesis Ortodoxa Antioquena de América del Norte (Catedral de San Nicolás); estableció treinta parroquias y ayudó en la fundación del monasterio ortodoxo de San Tijon en South Canaan, Pensilvania.
El Obispo Rafael fue glorificado (agregado al número de los santos) por el Santo Sínodo de la Iglesia Ortodoxa en América en su sesión de marzo de 2000, y los servicios de glorificación de ese Santo Sínodo tuvieron lugar en mayo de ese año en el Monasterio de San Tijon con la participación de obispos representantes de la Arquidiócesis ortodoxa antioquena de América del Norte, la Arquidiócesis ortodoxa griega de América y la Iglesia de Polonia. Es conmemorado por la Iglesia Ortodoxa en América el 27 de febrero, el aniversario de su muerte, y por la Iglesia de Antioquía el primer sábado de noviembre, poco antes de la fiesta patronal de san Rafael (la Fiesta de los Arcángeles, 8 de noviembre).

Tropario, tono 3
¡Alégrate, oh Padre Rafael, adorno de la Santa Iglesia, campeón de la verdadera fe, Buscador de los perdidos, Consuelo de los oprimidos, Padre de huérfanos y amigo de los pobres, Pacificador y Buen Pastor, Alegría de todos los ortodoxos, Hijo de Antioquía y gloria de América: Intercede ante Cristo Dios por nosotros y por todos los que te honran.

San Porfirio, obispo de Gaza; Santa, Gloriosa y Gran Mártir Fotina, la Mujer Samaritana

San Porfirio, obispo de Gaza

26 de Febrero

San Porfirio tenía a Tesalónica como su tierra natal. Se convirtió en monje en Egipto, donde vivió durante cinco años. Fue en peregrinación a Jerusalén, después de lo cual pasó cinco años en una gran aflicción en una cueva cerca del Jordán. Afligido por una enfermedad del hígado, partió a Jerusalén, donde fue ordenado presbítero y nombrado Guardián de la Cruz a la edad de 45 años. Tres años después fue nombrado obispo de Gaza. Sufrió mucho de parte de los gobernantes y paganos de Gaza; pero con la amistad de San Juan Crisóstomo y el patrocinio de la emperatriz Eudoxia, arrasó el templo del ídolo Marnas en Gaza y construyó una gran iglesia para la gloria de Dios. Reposó el año 450.

Tropario, tono 4
La verdad de tus obras te ha mostrado a tu rebaño cual regla de fe, icono de mansedumbre y maestro de abstinencia. Así que alcanzaste, por la humildad, alturas, y por la pobreza, riquezas. ¡Oh santo obispo Porfirio de Gaza, intercede ante Cristo Dios, para que salve nuestras almas!

Condaquio, tono 2
Arreglado con la vida más santa, fuiste adornado con la vestimenta sacerdotal, ¡oh, Porfirio, bendito y de piadosa alma! y eres notable por los milagros de sanación, intercediendo incesantemente por todos nosotros.

Santa, Gloriosa y Gran Mártir Fotina, la Mujer Samaritana

26 de Febrero

Santa Fotina fue la mujer samaritana que encontró a Cristo nuestro Salvador en el pozo de Jacob (Juan 4: 1-42). Luego trabajó en la difusión del Evangelio en varios lugares, y finalmente recibió la corona del martirio en Roma con sus dos hijos y cinco hermanas, durante las persecuciones bajo el emperador Nerón.

Tropario, tono 3
Iluminada por el Espíritu Santo, bebiste con gran y ardiente anhelo de las aguas que Cristo Salvador te dio; y de las corrientes de la salvación con las que fuiste refrescada, diste abundantemente a los sedientos. Oh Gran Mártir y verdadera compañera de los Apóstoles, Fotina, suplica a Cristo Dios para que nos otorgue la gran misericordia.

Condaquio, tono 3
La gloriosa Fotina, corona y gloria de los Mártires, hoy ha ascendido a las brillantes mansiones del Cielo, y llama a que todos juntos cantemos sus alabanzas, para poder ser recompensados con sus santas gracias. Con fe y anhelo, ensalcémosla alegremente con himnos de triunfo y alegría.

San Tarasio, arzobispo de Constantinopla

San Tarasio, arzobispo de Constantinopla

25 de Febrero

Irene y Constantino reinaban en aquel tiempo. Por consejo del mismo patriarca Pablo, quien renunció al trono episcopal, para ingresar a un monasterio, Tarasio, un senador y consejero real, fue elegido Patriarca en el año 783. Pasó rápidamente por todas las órdenes sagradas para llegar a ser patriarca. Como hombre de gran erudición y celo por la fe ortodoxa, Tarasio aceptó esta elevación para ayudar en la lucha contra las herejías, especialmente contra el iconoclasmo; y preciamente durante su patriarcado, fue convocado el Séptimo Concilio Ecuménico (Nicea 787), en el cual fue condenada esa herejía y confirmada y restaurada la veneración de los santos iconos.
Tarasio fue muy compasivo con los pobres y huérfanos, construyendo refugios para ellos y alimentándolos; pero a la vez decisivo en su defensa de la fe y la moral: Cuando el emperador Constantino, había desterrado a su esposa lícita, María, tomando a una pariente y conviviendo con ella y buscaba la bendición del Patriarca para casarse, Tarasio no solo le negó la bendición, sino que primero lo aconsejó, después le reprochó y finalmente le prohibió la Santa Comunión.
Antes de su muerte muchos vieron como Tarasio contestaba a los demonios que lo acusaban diciendo: “No soy culpable de este pecado, tampoco soy culpable de este otro”. Cuando su lengua debilitada ya no podía hablar, entonces comenzó a defenderse con sus manos, ahuyentando a los demonios. Cuando expiró, su rostro resplandeció como el sol. Era el año 806.

Tropario, tono 4
La verdad de tus obras te ha mostrado a tu rebaño cual regla de fe, icono de mansedumbre y maestro de abstinencia. Así que alcanzaste, por la humildad, alturas, y por la pobreza, riquezas. ¡Oh santo padre Tarasio, intercede ante Cristo Dios, para que salve nuestras almas!

Condaquio, tono 4
Con los rayos de tus milagros y brillantes enseñanzas, como un sol grande y deslumbrante, ilumina y guía incesantemente al mundo entero, porque eres un iniciado del Cielo, oh bendito Tarasio.

Primero y Segundo descubrimiento de la Preciosa cabeza de san Juan Bautista

Primero y Segundo descubrimiento de la Preciosa cabeza de san Juan Bautista

24 de Febrero

El primer hallazgo tuvo lugar durante la mitad del siglo IV, a través de una revelación del santo Precursor a dos monjes, que vinieron a Jerusalén para venerar la tumba de nuestro Salvador. Uno de ellos llevó la venerable cabeza en una vasija de barro a Emesa en Siria. Después de su muerte, pasó de manos de una persona a otra, hasta que llegó a la posesión de cierto sacerdote monje arriano llamado Eustaquio, Debido a que atribuyó a su propia falsa creencia los milagros realizados a través de la reliquia del santo Bautista, fue expulsado de la cueva en la que vivía, y abandonó la cabeza sagrada, que nuevamente se dio a conocer a través de una revelación de san Juan, y fue encontrado en una jarra de agua, alrededor del año 430, en los días del emperador Teodosio el Joven, cuando Uranio era obispo de Emesa. Así podemos ver que el Señor no deja que se pierdan no solo las almas de los hombres santos que divulgaron con todo su ser el Evangelio, sino tampoco deja que se pierdan sus huesos, porque con su vida santa fue santificada hasta la materia de su cuerpo, el cual debe ser el recipiente puro del alma.

Tropario, tono 4
La cabeza sagrada del precursor, encontrada bajo tierra, envía rayos de incorrupción a los fieles, de un modo que encuentran sanidad de sus males. Desde lo alto reúne a los coros de los Ángeles y en la tierra convoca a toda la raza humana, para que a una sola voz glorifiquen a Cristo nuestro Dios.

Condaquio, tono 2
Habiendo obtenido tu cabeza como la rosa más sagrada de la tierra, oh Precursor de la gracia divina, recibimos una sanación segura en todo tiempo, oh Profeta de Dios el Señor; porque ahora como antes, predicas el arrepentimiento a todo el mundo.

Hieromártir Policarpo, obispo de Esmirna

Hieromártir Policarpo, obispo de Esmirna

23 de Febrero

Este gran hombre apostólico nació pagano. San Juan el Teólogo lo convirtió a la fe cristiana y lo bautizó. Habiendo quedado huérfano a temprana edad, fue recogido por Calixta una noble viuda quien lo adoptó y educó.
En su juventud era devoto y misericordioso, esforzándose por imitar en su vida a san Búcolo, obispo de Esmirna, y a los santos apóstoles Juan y Pablo a quienes conocía y escuchaba. San Búcolo lo ordenó como presbítero y antes de su muerte lo designó como sucesor en el trono episcopal de Esmirna, siendo consagrado por los obispos apostólicos presentes en el entierro de Búcolo.
Desde el inicio fue dotado de del don de hacer milagros. Expulsó a un espíritu maligno del criado de un conde y detuvo un incendio terrible en Esmirna. Al ver esto, muchos paganos lo consideraban uno de sus dioses. Con sus oraciones llovía en tiempo de sequía, curaba enfermedades, tenía el don del discernimiento, profetizaba, etc. Sufrió en tiempos de Marco Aurelio.
Tres días antes de su muerte, san Policarpo dijo: “En tres días, estaré quemándome en el fuego por el Señor Jesucristo”. Al tercer día los soldados lo capturaron y lo trajeron para ser juzgado, y cuando el juez le aconsejó que negara a Cristo y reconociera a los dioses romanos, Policarpo exclamó: ”No puedo cambiar lo mejor por lo peor”. Los judíos odiaban particularmente a Policarpo y hacían lo posible para que fuera enviado a la hoguera. Él oraba mucho a Dios aun cuando fue puesto en el fuego y aunque era ya muy anciano, estaba radiante como un ángel. Toda la gente veía como el fuego lo rodeaba, pero no lo tocaba. Espantados de este fenómeno, los jueces ordenaron al verdugo que traspasara su cuerpo con una lanza a través del fuego. Y después de haber sido traspasado, salió de él tanta sangre que apagó el fuego mientras que su cuerpo quedó intacto. Por último, a sugerencia de los judíos, el juez ordenó quemar el cadáver de Policarpo según la costumbre griega. Y así los malvados quemaron muerto a aquel que no pudieron quemar vivo. Era el día Sábado Santo del año 167.
Tropario, tono 4
Como partícipe de los caminos de los Apóstoles y sucesor de ellos en el trono, encontraste en la disciplina medio de ascenso a la visión divina, oh inspirado por Dios. Por lo tanto, seguiste rectamente la palabra de la verdad y luchaste por la fe hasta la sangre, oh mártir entre los jerarcas, Policarpo. Intercede ante Cristo nuestro Dios para que salve nuestras almas.

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