San Nicetas el Confesor; San José el Himnógrafo

San Nicetas el Confesor nació en Cesarea de Bitinia (noroeste de Asia Menor) en una familia piadosa. Su madre murió ocho días después de su nacimiento y su padre Filareto se hizo monje. El niño quedó al cuidado de su abuela, quien lo educó en un verdadero espíritu cristiano.

Desde su juventud, San Nicetas asistió a la iglesia y fue discípulo del eremita Esteban. Con su bendición, san Nicetas partió hacia el monasterio de Mydicia, donde san Nicéforo (13 de marzo) era el igumeno.

Después de siete años de vida virtuosa en el monasterio, famoso por su estricta regla monástica, san Nicetas fue ordenado presbítero. San Nicéforo, conociendo la vida santa del joven monje, le confió la guía del monasterio cuando él mismo enfermó. Y más tarde cuando el santo abad falleció, los hermanos unánimemente eligieron a san Nicetas como su abad.

El Señor le concedió el don de hacer milagros. Por su oración, un niño sordomudo recibió el don de la palabra; dos mujeres endemoniadas fueron curadas; devolvió la razón a un que había perdido la razón, y muchos de los enfermos fueron curados de sus dolencias.

Durante estos años bajo el emperador León el Armenio (813-820), la herejía iconoclasta resurgió y la opresión aumentó. Los obispos ortodoxos fueron depuestos y desterrados. En Constantinopla se convocó un concilio de herejes en el año 815, en el que depusieron al santo patriarca Nicéforo (806-815), y en su lugar eligieron al laico herético Teodoto. También instalaron herejes en lugar de obispos ortodoxos exiliados y encarcelados.

El emperador convocó a todos los jefes de los monasterios e intentó atraerlos a la herejía iconoclasta. Entre los convocados estaba San Nicetas, que se mantuvo firme en la confesión ortodoxa. Siguiendo su ejemplo, todos los abades permanecieron fieles a la veneración de los iconos sagrados. Por eso lo encarcelaron. San Nicetas soportó valientemente todas las tribulaciones y alentó la firmeza de espíritu en los demás prisioneros.

Luego el emperador y el falso patriarca Teodoto intentaron engañar a los que permanecieron fieles a la enseñanza ortodoxa; les prometieron que el emperador les daría la libertad y les permitiría venerar los iconos con una condición: que recibieran la comunión del falso patriarca Teodoto.

Durante mucho tiempo el santo dudó de entrar en comunión con un hereje, pero otros prisioneros le rogaron que los acompañara. Accediendo a sus súplicas, san Nicetas entró en la iglesia, donde se habían colocado iconos para engañar a los confesores, y aceptó la comunión.

Pero cuando regresó a su monasterio y vio que la persecución contra los iconos continuaba, se arrepintió de su acto, regresó a Constantinopla y denunció sin miedo la herejía iconoclasta. Ignoró todas las amenazas del emperador, siendo nuevamente encerrado en prisión durante seis años hasta la muerte del emperador León el Armenio.

San Nicetas descansó en el Señor en 824. El cuerpo del santo fue enterrado en el monasterio con reverencia. Más tarde, sus reliquias se convirtieron en una fuente de curación para quienes acudían a venerar al santo confesor.

Tropario, tono 8 del común de Santos Anacoretas

Con la efusión de tus lágrimas, * regaste el desierto estéril * y, por los suspiros profundos, * tus fatigas dieron frutos cien veces más, * volviéndote un astro del universo, * brillante con los milagros. ¡Oh nuestro justo padre Nicetas, * intercede ante Cristo Dios * para que salve nuestras almas!

San José el Himnógrafo

 

Nació en Sicilia en el año 816 en una familia cristiana piadosa. Cuando tenía quince años, San José fue a Tesalónica y entró el monasterio de Latomos. Se distinguió por su piedad, su amor por el trabajo, su mansedumbre, y se ganó la buena voluntad de todos los hermanos del monasterio. Más tarde fue ordenado sacerdote. San Gregorio el Decapolitano (20 de noviembre), visitó el monasterio y se dio cuenta del joven monje, llevándolo con él a Constantinopla, Esto fue durante el reinado del emperador León el Armenio (813-820), tiempo de feroz persecución iconoclasta. Juntos defendieron valientemente la veneración de los iconos sagrados. Predicaban en las plazas de la ciudad y visitaban los hogares de los ortodoxos, animándolos contra los herejes. San Gregorio lo bendijo para viajar a Roma y para informar al Papa sobre la situación de la Iglesia de Constantinopla, las atrocidades de los iconoclastas, y los peligros que amenazaban a la ortodoxia. Durante el viaje, San José fue capturado por bandidos musulmanes que habían sido sobornados por los iconoclastas. Lo llevaron a la isla de Creta, donde lo encerraron en la cárcel por seis años. En la noche de la Natividad de Cristo en el año 820 se le concedió una visión de san Nicolás de Mira, quien le dijo sobre la muerte del iconoclasta León el Armenio, y el final de la persecución. San Nicolás, le dio un rollo de papel y dijo: “Toma este rollo y cómelo”. En él estaba escrito: “Apresúrate, oh Bondadoso, y ven para ayudarnos si es posible, porque tú eres el Misericordioso”. El monje lo comió y dijo: “¡Cuán dulces son a mi paladar tus palabras!” (Sal 118/119: 103). San Nicolás le pidió que cantara estas palabras. Después de esto las cadenas cayeron del santo, las puertas de la prisión se abrieron, y salió de ahí. Cuando llegó a Constantinopla, se enteró que san Gregorio el Decapolitano ya no estaba entre los vivos, dejando atrás a su discípulo Juan (18 de abril), quien pronto murió. San José construyó un monasterio y muy cerca una iglesia dedicada a San Nicolás y trasladó las reliquias de san Gregorio y san Juan.

San José recibió una parte de las reliquias del apóstol Bartolomé de un hombre virtuoso. Él construyó una iglesia en memoria del santo apóstol. A quien amaba y honraba, lamentándose porque no había Canon glorificando al Santo Apóstol. Por cuarenta días con lágrimas, preparándose para la fiesta del Santo Apóstol. En la víspera el Apóstol Bartolomé se le apareció en el altar. Oprimió el santo Evangelio al pecho de José, y lo bendijo para escribir los himnos para la iglesia con las palabras: “Que la mano derecha del Dios Todopoderoso te bendiga, que tu lengua derrame aguas de sabiduría celestial, que tu corazón sea un templo del Espíritu Santo, y que tus himnos deleiten a todo el mundo”. Después de esta milagrosa aparición, san José, compuso un Canon para el Apóstol Bartolomé, y desde ese momento empezó a componer himnos y Cánones en honor de la Madre de Dios, de los santos, y en honor de San Nicolás, que lo liberó de la cárcel. Estos cánones e himnos son utilizados hasta nuestros días en la mayoría de los oficios diarios de la Iglesia.

Habiendo llegado a la vejez, San José enfermó. En el Gran y Santo Viernes, el Señor le informó en un sueño sobre su inminente muerte. El santo hizo un inventario de los artículos de la iglesia de Santa Sofía, que estaban bajo su custodia, y los envió al Patriarca Focio. Habiendo recibido los Santos Misterios de Cristo, bendijo a todos los que vinieron a él, y con alegría se durmió en el Señor (+ 863). Los coros de ángeles y los santos, a quienes había glorificado en sus himnos, llevaron su alma triunfante al Cielo.

Tropario, tono 2

Venid, aclamemos a José, divinamente inspirado, / instrumento de doce cuerdas de la Palabra, / arpa armoniosa de la gracia y laúd de las virtudes celestiales, / que alabó y ensalzó a la asamblea de los santos. / Y ahora es glorificado con ellos.

San Tito el Milagroso

Poco se sabe de la vida de este santo, excepto que abrazó la vida monástica desde muy joven, llegando a ser abad de un monasterio.

Desde su juventud, mostró celo por la vida monástica. Trabajó en el ascetismo en el siglo IX en el Monasterio de Studion, cerca de Constantinopla. Por su ayuno y su disposición mansa, se ganó el amor de los hermanos, y a petición de ellos fue ordenado como Hieromonje.

Su alma estaba llena de un ferviente amor por Dios y por su prójimo, y debido a la pureza de su alma y su vida virtuosa, Dios lo recompensó con el don de hacer milagros. Así, se convirtió en el Padre Espiritual de muchos laicos y monjes que se beneficiaron de sus consejos.

San Tito defendió la veneración ortodoxa de los Santos Iconos durante la persecución iconoclasta, permaneciendo firme en la Fe hasta el final de su vida, luego partió hacia el Señor.

Tropario, tono 8 del común de Santos Justos

En ti fue conservada la imagen de Dios fielmente, oh justo Padre Tito, * pues tomando la cruz seguiste a Cristo * y, practicando, enseñaste a despreocuparse de la carne, * que es efímera, * y a cuidar, en cambio, el alma inmortal. * Por eso hoy tu espíritu se regocija junto con los ángeles.

Santa María de Egipto

Según san Sofronio Patriarca de Jerusalén que escribió la vida de la santa, María nació en Egipto, en el siglo IV. A los doce años se escapó de su casa paterna, movida por un desmedido deseo de libertad, estableciéndose en Alejandría. Durante los diecisiete años siguientes, vivió con desenfreno, llevándola a escandalizar y corromper a numerosas personas.

Por su afán de aventuras, se unió a un grupo de peregrinos que iban de Egipto a Jerusalén para Adorar la Santa Cruz. Consiguió el dinero para su viaje ofreciendo su cuerpo a otros peregrinos y, por un corto período de tiempo, continuó su habitual estilo de vida en Jerusalén.

El día de la Exaltación de la Cruz, quiso entrar en la iglesia del Santo Sepulcro, pero una mano invisible se lo impidió. Por tres veces intentó acceder, pero esa fuerza la detenía en el pórtico del templo. Entonces una voz le dijo: “Tú no eres digna de entrar en ese sitio sagrado, porque vives esclavizada por el pecado”. Santa María comenzó a llorar, lamentarse y a suspirar desde las profundidades de su corazón; y entonces se produjo el gran milagro que le hizo arrepentirse de sus faltas. Levantando los ojos vio cerda de la entrada la imagen de la Madre de Dios que parecía mirarla con gran bondad, compasión y amor que siempre había buscado; llena de una inmensa emoción, se arrodilló y le dijo: “Madre, si me es permitido entrar en el templo santo, yo te prometo que dejaré esta vida de pecado y me dedicaré a una vida de oración y penitencia”. Intentó entrar de nuevo en la iglesia, y esta vez le fue permitido. Después de venerar la reliquia de la Cruz, lloró amargamente por sus pecados durante muchas horas. Regresó para dar las gracias a la Virgen Santísima y escuchó una voz que le dijo: “Si cruzas el Jordán, encontrarás en el desierto el descanso más glorioso”

Sin pensarlo acudió a la ribera del río Jordán y en el monasterio de san Juan Bautista, recibió la comunión. Con tres monedas que antes había recibido, compró tres panes y a la mañana siguiente cruzó el Jordán y se retiró al desierto para vivir en el desierto rezando, meditando y haciendo penitencia, sin relacionarse con ningún ser humano durante cuarenta y siete años.

Un santo Sacerdote llamado Zósimo, después de haber pasado muchos años de monje en Palestina, vino al desierto junto al Jordán. Un día vio una figura humana; se le acercó y al pedirle que se identificara le dijo: “Soy una mujer que he venido al desierto a hacer penitencia por mis pecados”. Después de relatarle su historia, pidió al Padre que le trajera la santa Eucaristía. Después de recibir la Comunión el Jueves Santo, la penitente le pidió que el año siguiente regresara al mismo lugar donde se habían encontrado trayéndole el Cuerpo del Señor.

Al año siguiente, Zósimo fue nuevamente a la cita, pero encontró muerta a María envuelta en una manta. Zósimo tomó el cuerpo de la santa y se dispuso a darle sepultura, pero no teniendo ningún utensilio para cavar, se llevó una sorpresa al ver que llegaba un león, y con sus garras abría una sepultura en la arena. El monje cubrió con tierra el cuerpo de María y regresó a su monasterio donde contó la historia a los otros monjes. Y muy pronto junto a aquella tumba, empezaron a obrarse milagros y prodigios extendiendo la fama de la santa Penitente.

Su memoria se celebra este día 1 de abril y el quinto domingo de la Gran Cuaresma.

Tropario, tono 8

En ti fue conservada la imagen de Dios fielmente, oh justa María, * pues tomando la cruz seguiste a Cristo * y, practicando, enseñaste a despreocuparse de la carne, * que es efímera, * y a cuidar, en cambio, el alma inmortal. * Por eso hoy tu espíritu se regocija junto con los ángeles.

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