Boletín del 20/05/2018

La Divina Ascensión

y Domingo de los Santos Padres

del Primer Concilio

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Oh Cristo, mientras los discípulos te miraban
subir al Padre para sentarte a su lado,
los ángeles se apresuraban clamando:
“Levantad las puertas, levantadlas, 
pues el Rey ascendió a la Gloria de su Luz substancial.”
                                                                                                  Exapostelario

Himnos de la Liturgia

Tropario de la Resurrección

Tono 6

audio27Los poderes celestiales aparecieron sobre tu sepulcro;
y los guardias quedaron como muertos;
María se plantó en el sepulcro buscando Tu Cuerpo Purísimo;
sometiste al hades sin ser  tentado por él;
y encontraste a la Virgen otorgándole la vida.
¡Oh Resucitado de entre los muertos, Señor, gloria a Ti!

Tropario de la Divina Ascensión

Tono 4

audio27Ascendiste con gloria, oh Cristo Dios nuestro,
y alegraste a tus discípulos con la promesa del Espíritu Santo
confirmándoles con tu bendición que eres el Hijo de Dios, el Salvador del mundo.

Tropario de los Santos Padres del Primer Concilio

 Tono 8

audio27¡Glorificado eres Tú oh Cristo Dios nuestro,
que cimentaste a los santos padres en la tierra como astros,
por los cuales nos dirigiste a la verdadera fe! ¡oh Misericordioso, gloria a ti!

Condaquio de la Divina Ascensión

Tono 6

Cuando concluiste el plan de nuestra
Redención uniendo a los terrenales con los celestiales,
ascendiste glorioso a Tu lugar, oh Cristo nuestro Dios,
aunque no Te habías desprendido de él,
pues permaneciste siempre firme en él,
y clamando a los que amas: «
Yo estoy con vosotros y nadie estará en contra».

Lecturas Bíblicas

Hechos de los Apóstoles (20: 16-17, 28-36)

En aquellos días: Pablo había resuelto pasar de largo por Efeso, para no perder tiempo en Asia. Se daba prisa, porque quería estar, si le era posible, el día de Pentecostés en Jerusalén. Entonces desde Mileto envió a llamar a los presbíteros de la Iglesia de Efeso. Cuando llegaron donde él, les dijo:

«Tengan cuidado de ustedes y de toda la grey, en medio de la cual les ha puesto el Espíritu Santo como vigilantes para pastorear la Iglesia de Dios, que Él se adquirió con su propia sangre.

Yo sé que, después de mi partida, se introducirán entre ustedes lobos crueles que no tendrán clemencia del rebaño; y también que de entre ustedes mismos se levantarán hombresque hablarán cosas perversas, para arrastrar a los discípulos detrás de sí. Por tanto, vigilen y acuérdense que durante tres años no he cesado de amonestarles día y noche con lágrimas a cada uno de ustedes.

Ahora, hermanos, les encomiendo a Dios y a la Palabra de su Gracia, que tiene poder para edificarlos y darles la herencia con todos los santificados.

Yo de nadie codicié plata, oro o vestido. Ustedes saben que estas manos proveyeron a mis necesidades y a las de mis compañeros. En todo les he enseñado que es así, trabajando, como se debe socorrer a lo débiles y que hay que tener presentes las palabras del Señor Jesús, que dijo: Mayor felicidad hay en dar que en recibir.»

Dicho esto, se puso de rodillas y oró con todos ellos.

Evangelio según San Juan (17: 1-13)

En aquel tiempo, Jesús alzó los ojos al cielo y dijo: «¡Padre!, ha llegado la hora; glorifica a tu Hijo, para que tu Hijo te glorifique a Ti. Y según le has dado potestad sobre toda carne, dé también vida eterna a todos los que le diste. Y ésta es la vida eterna: que te conozcan a Ti, el único Dios verdadero, y a Jesucristo, a quien has enviado. Yo te he glorificado en la tierra, y he llevado a cabo la obra que me encomendaste. Ahora glorifícame, ¡oh Padre!, junto a Ti, con la gloria que tenía a tu lado antes que fuese el mundo. He manifestado tu Nombre a los hombres que del mundo me has dado. Tuyos eran, y me los has dado, y han guardado tu palabra. Ahora han conocido que todo lo que me has dado, viene de Ti, porque las palabras que me diste, les he dado; y ellos las han recibido y han conocido verdaderamente que vengo de Ti, y han creído que Tú me enviaste. Yo ruego por ellos, no ruego por el mundo, sino por los que me has dado, porque tuyos son, y todo lo mío es tuyo, y todo lo tuyo es mío; y he sido glorificado en ellos. Yo ya no estoy en el mundo, pero ellos sí están en el mundo; yo voy a Ti. ¡Oh Padre Santo!, guarda en tu Nombre a los que me has dado, para que sean uno, así como Nosotros. Cuando estaba con ellos en el mundo, yo los guardaba en tu Nombre; a los que me has dado, yo los guardaba, y ninguno de ellos se ha perdido, salvo el hijo de la perdición, para que la Escritura se cumpliese. Pero ahora voy a Ti, y digo esto en el mundo, para que tengan en sí mismos mi alegría en su plenitud.»

Mensaje Pastoral

Concilio: camino real

First Ecumenical CouncilCon la asistencia de unos 318 obispos del orbe, se celebró en Nicea, en el año 325 d.C., el 1er. Concilio Ecuménico de la Iglesia, convocado ciertamente por el emperador Constantino el Grande y presidido, al parecer, por Eustacio, obispo de Antioquía. Destaca la presencia de un grupo numeroso de padres que, por su fe, dieron un ejemplo de vida en Cristo, como los santos Nicolás, obispo de Mira, Espiridión, obispo de Trimitos, Macario, obispo de Jerusalén, y el diácono Atanasio (posteriormente obispo de Alejandría).

En el primer tercio del siglo IV, el pueblo cristiano se encontró dividido y confundido por el discurso de un diácono libio, Arrio, que rechazaba la divinidad de Cristo y enseñaba que el Verbo de Dios era criatura y, por lo tanto, no era ni eterno ni de la misma naturaleza del Padre. Y apuntaba que sólo en forma alegórica se le podía decir «Hijo», «Sabiduría» y  «Poder» de Dios.

El Concilio reunido en la plaza central del palacio imperial de Nicea se enteró de la enseñaza de Arrio y la condenó rotundamente como herética, confirmando la fe establecida en el Evangelio y que la Iglesia sostiene hasta nuestros días: Cristo es «verdadero Dios de Dios verdadero». Con ello, los Padres del Concilio no inventaban un dogma nuevo sino que se mantenían firmes en la doctrina de los santos Apóstoles: «Nosotros estamos en el Verdadero, en su Hijo Jesucristo. Éste es el Dios verdadero y la Vida eterna», dice Juan, el discípulo amado (1Jn 5:20); palabras claras que no aceptan alegoría alguna. Sobre esta base, el concilio formuló su fe en el Padre y el Hijo dictando la parte primera del Credo, el Símbolo de Nicea.

Nuestra Iglesia Ortodoxa enfatiza que los dogmas no son definiciones nuevas o descubrimientos posteriores a la Biblia sino fórmulas y expresiones de la misma fe anunciada «de una vez y para siempre» (Jds: 3). (Es interesante observar que las frases del Credo en su totalidad son bíblicas, excepto la expresión «consubstancial al Padre», que costó mucho trabajo hasta que los Padres la incorporaron en el Símbolo de Fe al corroborar que su sentido equivale precisamente a las palabras de Jesucristo: «Yo y el Padre somos uno.» [Jn 10:30]).

El concilio entonces no es la reunión de unos obispos o teólogos con el afán de tomar ciertas decisiones sino la expresión de la unidad en la fe, la incorporación de las diferentes iglesias locales en el mismo Camino. En sí, la palabra griega σύνοδος (sínodo), traducida como concilio, es compuesta de dos partes que le dan el sentido de «con el camino». Los cristianos en los Hechos de los Apóstoles, se identificaban con el calificativo «seguidores del Camino» (Hch 9:2, 16:17; 19:23; 24:14). Y la autenticidad de los Concilios se debe a la congruencia de su enseñanza con la vida evangélica, con este Camino original.

¿Cómo nosotros, los cristianos de hoy, podemos mantenernos en el Camino? Al igual que los primeros seguidores, que «acudían asiduamente a la enseñanza de los apóstoles, a la comunión, a la fracción del pan y a las oraciones» (Hch 2:42).

El interés espiritual y el conocimiento religioso a menudo se desvían, cuando son efectuados individualmente, y concluyen en «ciencia que hincha» (recuérdese que Arrio era un filósofo y muy buen conocedor de las Escrituras); pero quien se mantiene dentro del Concilio y se alimenta de la leche de la vida eclesiástica, crece en «el amor que edifica» (1Cor 8:1).

Hoy, día en que conmemoramos a los Padres del 1er. Concilio Ecuménico, no nada más recordamos sus palabras y categorías dogmáticas sino que también convivimos con ellos en la Reunión Eucarística, asimilamos el Espíritu en el que han vivido y anhelamos la dicha que gozan; ello produce en nosotros una luz de conversión que constantemente corrige nuestro vivir y alumbra nuestra marcha en el camino real.

Nuestra Fe y Tradición

Los Santos Padres de la Iglesia

PadresdelaIglesia01Existen en la Iglesia algunos santos que fueron teólogos y maestros espirituales. Ellos defendieron y explicaron las doctrinas de la Fe Cristiana. Estos santos se llaman los Santos Padres de la Iglesia y sus enseñanzas se llaman las enseñanzas patrísticas. (La palabra patrística viene de la palabra griega que quiere decir “padre”.)

 Algunos de los Santos Padres se llaman Apologetas, porque defendieron las enseñanzas cristianas contra aquellas personas que desde fuera de la Iglesia atacaban o ridiculizaban la Fe. Sus escritos se llaman “apologías”, que quiere decir “respuestas” o “defensas”.

 No todos los Santos Padres fueron defensores contra el error o herejía. Algunos fueron ardientes predicadores, y fueron maestros importantes de la fe cristiana, desarrollando y explicando su significado de una manera más profunda y más completa. Otros fueron maestros de la vida espiritual, dando instrucción a los fieles acerca del significado y método de la comunión con Dios mediante la oración y la vida en Cristo. Aquellos otros Padres que se concentraban en la lucha de la vida espiritual se llaman los padres ascetas. El ascetismo se refiere al ejercicio y preparación de los “atletas espirituales”. Los padres que se concentraban en cómo lograr la comunión espiritual con Dios se llaman los Padres místicos. Se define el misticismo como la unión verdadera, experiencial,  con lo Divino.

 Todos los Santos Padres, sean teólogos, pastores, ascetas o místicos, entregaron sus enseñanzas a partir de la experiencia de su propia vivencia en Cristo. Ellos defendieron, describieron y explicaron las doctrinas teológicas y los caminos de la vida espiritual de su propio conocimiento vivo de estas realidades. Unieron el brillo del intelecto con la pureza del corazón y la vida excepcionalmente virtuosa. Por esto son considerados Padres Santos de la Iglesia.

 El Icono de la Divina Ascensión

ascensionCristo, después de su Resurrección se manifestó varias veces a los discípulos, a las Mirróforas, a más de quinientas personas como nos cuenta San Pablo, y a muchos otros confirmando su Resurrección. Cuarenta días después, ascendió a los cielos. Este acontecimiento, que festejamos el Jueves pasado, nos lo conservó San Lucas en su Evangelio: “mientras los bendecía, se separó de ellos y fue llevado al cielo.” (Lc.24, 51).

El icono de la Ascensión nos dibuja este pasaje evangélico: Cristo asciende al cielo rodeado de un halo de Luz que expresa su divina Gloria, pero la vestimenta que lleva puesta parece igual a la de los apóstoles. Esto es para expresar que, con su ascensión ha elevado con Él a la naturaleza humana. La Ascensión del Señor no es un traslado de lugar (de la tierra al cielo) sino que significa la salida del espacio de lo creado y el ingreso en el de lo divino, lo eterno. Cristo, elevó nuestra naturaleza humana a donde nunca había estado.

La Virgen en el medio del icono eleva sus manos orando en silencio; ella representa a la Iglesia, ya que su seno era el lugar de  reunión entre lo humano y lo divino, así como la Iglesia lo es.

Los dos ángeles vestidos de blanco dicen a los apóstoles: “¿Qué hacéis ahí mirando al cielo? Éste que os ha sido llevado, este mismo Jesús, vendrá así tal como le habéis visto subir al cielo.” (Hch.1, 11)

Los apóstolos, con su vital movimiento, expresan el gozo de recibir la bendición del Hijo de Dios; tristes por ser separados de Él, pero optimistas por la promesa del Espíritu Santo que haría perpetua la Presencia de Jesús en sus corazones. Algunos de ellos miran hacia la Ascensión pero otros contemplan a la Virgen: ¿cómo en tu seno, el Rey de la Gloria hizo su morada?

El icono de la Ascensión es ilustración de la Iglesia cuya Cabeza es nuestro Señor Jesucristo, cuya imagen es la Virgen, y pilares son los Apóstoles.

Vida de Santos

18 de junio

Santo Mártir Leoncio y con él Hipacio y Teódulo.

Los santos mártires Leoncio, Hipacio, y Teódulo, durante el imperio de Vespasiano (año 70-79) padecieron en la ciudad de Trípoli, en18_1 Fenicia. San Leoncio era griego de nacimiento, y militar de alto grado del ejercito romano, inteligente y listo por naturaleza, conocedor de sabiduría literaria, virtuoso, compasivo con los pobres, y hospitalario. Denunciaron al gobernador que Leoncio, pedía a la gente que no veneren ni ofrezcan sacrificios a los dioses paganos. El gobernante mando al Tribuno Hipacio con una escuadrilla de soldados para que detengan a Leoncio. Hipacio por el camino se enfermó y se encontró ante la muerte. Entonces se le apareció un Angel y le dijo “Si quieres sanarte, ruega tres veces al cielo junto con tus soldados “¡Dios, al que venera Leoncio, ayúdame!” Todos así lo hicieron, y el tribuno se sanó. En la ciudad, Hipacio y el soldado Teódulo, encontraron una persona que los invitó a su casa. Este era el mismo Leoncio, él, los educó en la fe cristiana, y los bautizó. Más tarde el gobernador se presentó en la ciudad. Al enterarse de lo sucedido, entregó al martirio a Leoncio, a Hipacio y a Teódulo. A los santos Hipacio y Teódulo les cortaron la cabeza, San Leoncio falleció mientras lo apaleaban. Los cristianos dieron santa sepultura a los mártires cerca del puerto de Trípoli.

Frases Bíblicas

  • He aquí, yo enviaré sobre vosotros la promesa de mi Padre; pero vosotros, permaneced en la ciudad hasta que seáis investidos con poder de lo alto. (Lc 24: 49)
  • … pero recibiréis poder cuando el Espíritu Santo venga sobre vosotros; y me seréis testigos en Jerusalén, en toda Judea y Samaria, y hasta los confines de la tierra. (Hch 1: 8)
  • Varones galileos, ¿por qué estáis mirando al cielo? Este mismo Jesús, que ha sido tomado de vosotros al cielo, vendrá de la misma manera, tal como le habéis visto ir al cielo. (Hch 1: 11)

 

Boletín del 13 /05/2018

Domingo de la curación del ciego

CURACIÓN-DEL-CIEGO-DE-NACIMIENTO

 

“Oh Señor, ilumina mis ojos espirituales
oscurecidos con las tinieblas del pecado;
úntalos con la humildad, oh Misericordioso,
y lávalos con las lágrimas del arrepentimiento.”
                                                                         Exapostelario

 

Himnos de la Liturgia

Tropario de la Resurrección

Tono 5

audio27Al coeterno Verbo, con el Padre y el Espíritu,
Al Nacido de la Virgen para nuestra salvación,
alabemos, oh fieles, y prosternémonos. 
Porque se complació en ser elevado en el cuerpo sobre la Cruz
y soportar la muerte, y levantar a los muertos por su Resurrección gloriosa.

Condaquio de Pascua

Tono 8

audio27Cuando descendiste al Sepulcro, oh Inmortal,
destruiste el poder del hades; y al resucitar vencedor, 
oh Cristo Dios, dijiste a las mujeres Mirróforas: 
“¡Regocíjense!” y a tus discípulos otorgaste la paz,
¡Oh Tú que concedes a los caídos la resurrección!

Lecturas Bíblicas

Hechos de los Apóstoles  (16: 16-34)

En aquellos días: sucedió que mientras íbamos a la oración, nos vino al encuentro una muchacha esclava poseída de un espíritu adivino, que pronunciando oráculos producía mucho dinero a sus amos. Nos seguía a Pablo y a nosotros gritando: «Estos hombres son siervos del Dios Altísimo, que les anuncian un camino de salvación.» Venía haciendo esto durante muchos días. Cansado Pablo, se volvió y dijo al espíritu: «En nombre de Jesucristo te mando que salgas de ella.» Y en el mismo instante salió.

Al ver sus amos que se les había ido su esperanza de ganancia, prendieron a Pablo y a Silas y los arrastraron hasta el ágora, ante los magistrados; los presentaron a los pretores y dijeron: «Estos hombres alborotan nuestra ciudad; son judíos y predican unas costumbres que nosotros, por ser romanos, no podemos aceptar ni practicar.» La gente se amotinó contra ellos; los pretores les hicieron arrancar los vestidos y mandaron azotarles con varas. Después de haberles dado muchos azotes, los echaron a la cárcel y mandaron al carcelero que los guardase con todo cuidado. Éste, al recibir tal orden, los metió en el calabozo interior y sujetó sus pies en el cepo.

Hacia la media noche Pablo y Silas estaban en oración cantando himnos a Dios; los presos les escuchaban. De repente se produjo un terremoto tan fuerte que los mismos cimientos de la cárcel se conmovieron. Al momento quedaron abiertas todas las puertas y se soltaron las cadenas de todos. Despertó el carcelero y al ver las puertas de la cárcel abiertas,sacó la espada e iba a matarse, creyendo que los presos habían huido. Pero Pablo le gritó: «No te hagas ningún mal, que estamos todos aquí.»

El carcelero pidió luz, entró de un salto y tembloroso se arrojó a los pies de Pablo y Silas, los sacó fuera y les dijo: «Señores, ¿qué tengo que hacer para salvarme?» Le respondieron: «Ten fe en el Señor Jesús y te salvarás tú y tu casa.» Y le anunciaron la Palabra del Señor a él y a todos los de su casa. En aquella misma hora de la noche el carcelero los tomó consigo y les lavó las heridas; inmediatamente recibió el bautismo él y todos los suyos. Les hizo entonces subir a su casa, les preparó la mesa y se alegró con toda su familia por haber creído en Dios.

Evangelio según San Juan (9: 1-38)

En aquel tiempo, Jesús al pasar, vio a un hombre ciego de nacimiento; sus discípulos le preguntaron: «Maestro, ¿quién pecó, éste o sus padres?» Jesús respondió: «Ni él pecó ni sus padres, sino para que las obras de Dios se manifiesten en él. Conviene que Yo haga las obras del que me ha enviado mientras es de día; viene la noche cuando nadie puede trabajar. Mientras estoy en el mundo, Yo soy la Luz del mundo.» Dicho esto, escupió en la tierra e hizo lodo con la saliva, y untó con el lodo los ojos del ciego, y le dijo: «Vete y lávate en la piscina de Siloé» (palabra que significa “el enviado”). Él fue y se lavó allí, y cuando volvió veía claramente.

Sus vecinos y los que antes solían verlo pedir limosna decían: «¿No es éste el que se sentaba aquí y pedía limosna?» Unos decían: «Es él», otros en cambio: «No, es uno que se le parece.» Pero él afirmaba: «Sí, soy yo.» Le preguntaban, pues: «¿Cómo se te han abierto los ojos?» Contestó: «Aquel hombre que se llama Jesús hizo un poquito de lodo, me untó los ojos, y me dijo: “Vete a la piscina de  Siloé y lávate allí.” Fui, me lavé, y ahora veo.» Le preguntaron: «¿Dónde está ése?» Respondió: «No lo sé.» Lo llevaron, pues, ante los fariseos al que había sido ciego. Pero es de advertir que ese día en que Jesús hizo el lodo y le abrió los ojos al ciego era sábado. Nuevamente, pues, los fariseos le preguntaban también cómo había recobrado la vista. El les respondió: «Puso lodo sobre mis ojos, me lavé, y veo.» Sobre lo que decían algunos de los fariseos: «No viene de Dios este hombre, pues no guarda el sábado.» Otros decían: «¿Cómo un hombre pecador puede realizar tales señales?» Y había desacuerdo entre ellos. Entonces volvieron a decirle al ciego: «Y tú ¿qué dices del que te ha abierto los ojos?» Respondió: «Que es un profeta.» Pero, por lo mismo, no creyeron los judíos que hubiese sido ciego, hasta que llamaron a sus padres y les preguntaron: «¿Es éste su hijo, de quien dicen que nació ciego? ¿Cómo es que ahora ve?» Sus padres les respondieron: «Sabemos que éste es hijo nuestro, y que nació ciego, pero cómo ahora ve, no lo sabemos, ni tampoco sabemos quién le ha abierto los ojos; pregúntenle a él, edad tiene y puede responder por sí mismo.»

Esto dijeron sus padres por miedo a los judíos, porque los judíos se habían puesto de acuerdo en echar de la sinagoga a cualquiera que reconociese a Jesús por el Cristo. Por eso dijeron: «Edad tiene: pregúntenle.» Llamaron, pues, otra vez al hombre que había sido ciego, y le dijeron: «¡Da gloria a Dios! Nosotros sabemos que ese hombre es un pecador.» Él respondió: «Si es pecador, yo no lo sé; sólo sé que yo antes era ciego y ahora veo.»

Le replicaron: «¿Qué hizo él contigo? ¿Cómo te abrió los ojos?» Les respondió: «Ya se lo he dicho y no me han oído, ¿por qué quieren oírlo otra vez? ¿Acaso será que también ustedes quieren hacerse discípulos suyos?» Entonces comenzaron a insultarlo. Y le dijeron: «Tú eres discípulo de ése; nosotros somos discípulos de Moisés. Nosotros sabemos que a Moisés le habló Dios, mas éste no sabemos de dónde es.»

Respondió aquel hombre y les dijo: «Aquí está lo extraño: me ha abierto los ojos y ustedes no saben de donde viene… Sabemos que Dios no escucha a los pecadores, sino que al que teme a Dios y hace su voluntad, a éste le escucha. Desde que el mundo es mundo no se ha oído jamás que alguien haya abierto los ojos de un ciego de nacimiento. Si este hombre no fuese de Dios, no podría hacer nada de lo que hace.» Le respondieron: «Saliste del vientre de tu madre envuelto en pecado, ¿y nos das lecciones?» Y lo echaron fuera. Oyó Jesús que lo habían echado fuera, y encontrándolo, le dijo: «¿Crees en el Hijo de Dios?» Respondió él y dijo: «¿Y quién es, Señor, para que crea en Él?» Le dijo Jesús: «Lo has visto; es el mismo que está hablando contigo.» Él entonces dijo: «Creo, Señor.» Y se postró ante Él.

Mensaje Pastoral

Luz que ilumina a todos

Al pasaje evangélico de hoy, lo podemos llamar «de la Luz». En general, el Evangelio según san Juan sugiere la Luz como sinónimo de la Vida. En este sentido, Cristo dijo: «Yo soy la Luz de mundo», y cuando los fariseos se indignaron de su comentario (Jn 8:12-13), lo mostró con la acción que no deja duda alguna:

Escupió en la tierra e hizo lodo con la saliva, y untó con el lodo los ojos del ciego», acción que trae a la memoria el relato bíblico sobre lablind Creación del hombre. Así como Dios con su aliento dio vida al polvo de la tierra y de la nada trajo al hombre a la existencia, de la misma manera Cristo, al ciego cuyos ojos jamás habían conocido la luz (ciego de nacimiento), se la otorgó en abundancia. (La señal era tan maravillosa que dio lugar al comentario de los presentes en el pésame de Lázaro: «Éste, que abrió los ojos del ciego, ¿no podía haber hecho que Lázaro no muriera?» [Jn 11:37]). Cristo no le devuelve al ciego una capacidad que había perdido previamente sino que le otorga lo que le era inexistente.

«Vete y lávate en la piscina de Siloé», le dijo el Señor; él fue y se lavó allí, y cuando volvió veía claramente. En este recorrido de ir y venir, sin lugar a duda, mucha gente lo vio y así la obra del Señor fue predicada y verificada. Pero ante la veracidad de este milagro –ya que el ciego era conocido por todos por ser un limosnero– hubo varias reacciones:

•             Fariseísmo: reglas que cercan a Dios y no le permiten penetrar en la oscuridad de uno mismo; leyes que determinan al hombre y a Dios sus derechos y deberes; círculos viciosos de planteamientos y cerrazón que rechazan la intervención de Dios en su creación; y vanidad mezquina que deduce lo siguiente: «Nosotros sabemos que ese hombre (Jesús) es un pecador.»

•             Apatía: padres del ciego que resultaron los verdaderos ciegos. Su apatía, ingratitud y miedo a que sean echados fuera del concepto común les impidió participar de la luz del milagro. Prefirieron la seguridad de la tibieza a la aventura de estar en la verdad. Se retiraron del gozo con cobardía acudiendo a la apatía enfermiza: «Edad tiene: pregúntenle.»

•             Agradecimiento: una reacción profunda que implica sinceridad y valentía. El ciego iletrado tuvo que enfrentar a los fariseos que se le amontonaron; refutó, con lo que había vivido, sus argumentos y leyes: «Yo les daré una elocuencia y una sabiduría a la que no podrán resistir ni contradecir todos sus adversarios» (Lc 21: 15). Esta gratitud implica también sacrificio (lo echaron fuera), pero paulatinamente lleva al agradecido al conocimiento de Cristo, Luz verdadera: Curador, hombre de Dios, Profeta y, sobre todo, Hijo de Dios y Dios (y se postró ante Él).

La Luz de Cristo ilumina a todos: ¿Cómo reaccionas, oh alma?

Nuestra Fe y Tradición

El Icono Ortodoxo, oración en colores

 TheotokosandChild[1]El arte eclesiástico, en el oriente, se ha desarrollado dentro de la matriz de la vida sacramental y espiritual en Cristo, y siempre ha aspirado, en sus diferentes ramas, ofrecer lo mismo: “Lo que hemos visto y oído –dice san Juan, el Evangelista,- os lo anunciamos.” (1Jn.1, 3). Por eso, la memoria cristiana ha conservado el término griego ικών, icono, para distinguir las santas imágenes, de las del mundo.

Si la pintura naturalista pretende transmitir las cosas tal como nuestros sentidos las perciben, el icono que usamos en nuestro culto procura ilustrar el mundo transfigurado en Cristo, es la imagen del hombre “espiritual y celestial” y no del “carnal y terrenal” (1Cor.15). El icono ofrece una belleza religiosa que supera las reglas de la visión: pues el origen de la luz no es un centro supuesto por el pintor, sino que la luz (color dorado) llena todo el espacio del icono y penetra en los rostros y vestimentas anunciando la Presencia de Dios: “ni la misma tiniebla es tenebrosa para Ti, y la noche es luminosa como el día” (Sal.139, 12); aquí se ausenta la luz natural con sus reflexiones: no hay sombra ya que la divina luz anula toda oscuridad.

El icono no es un retrato personal que nos comunique la facha de algún santo o del mismo Cristo, sino es la descripción de la gloria, de la que somos convocados a participar. Eso justifica la similitud entre los santos en el arte bizantino: los ojos grandes, con una mirada fija y penetrante, nunca cerrados, “sueño a mis ojos no he de conceder ni quietud a mis párpados, hasta encontrar un lugar para el Señor” (Sal.132, 4-5); los labios callados: “la boca silenciosa comunica los misterios de Dios” (San Isaac el Sirio); los oídos pequeños, ya que los sentidos mueren para el mundo a fin de entrar en la verdadera oración; y los mechones forman olas harmoniosas que rodean el rostro con un marco solemne que profundiza su firmeza y sublimidad. La ternura e inocencia del rostro se acompañan con la seriedad y prudencia.

Ante el realismo del arte medieval, la feligresía esperaba que la leche bendita emanase del seno de la figura de la Virgen, o la bendición milagrosa de la mano de Cristo, mientras el icono ortodoxo, reemplaza la tercera dimensión con una de luz que hace penetrar al orante en la gloria celestial: “Al pararnos en el templo de tu santidad, creemos que estamos parados en el cielo…”

Vida de Santos

San Cirilo Patriarca de Alejandría

9 de junio

Cirilo era de noble nacimiento y familiar cercano de Teófilo, patriarca de Alejandría, después de la muerte del cual fue consagradoSanCiriloDeAlejandría Patriarca. Durante su vida lucho tres feroces batallas: contra los herejes novacianos, contra el hereje Nestorio y contra los judíos de Alejandría. Los novacianos tuvieron su origen en Roma y tomaron su nombre del presbítero hereje Novaciano. Estos se gloriaban de sus virtudes, andaban en público vestidos de blanco, prohibían las segundas nupcias, sostenían que no podía orarse por aquellos que habían cometido pecado mortal, y que no podía recibirse en la Iglesia a aquellos que, en otro tiempo, habían apostatado de ella, sin importar cuán profundamente se arrepintiesen. Cirilo los venció y los echó de Alejandría junto con su obispo. La lucha con los judíos fue más difícil y sangrienta. Los judíos tuvieron gran influencia en Alejandría desde que Alejandro Magno fundó esa ciudad. Su odio contra los cristianos era vicioso y desaforado. Asesinaban cristianos mediante traición, envenenamiento y crucifixión. Tras una larga y difícil lucha, Cirilo logró que el emperador Teodosio el Joven los expulsara de Alejandría. Su lucha contra Nestorio, patriarca de Constantinopla, fue resuelta por el Tercer Concilio Ecuménico en Éfeso (431 d. C.). Cirilo mismo presidió este Concilio y, al mismo tiempo, representó al Papa Celestino de Roma a petición suya, pues este no pudo asistir al Concilio a causa de su avanzada edad. Nestorio fue condenado, anatematizado, y fue exiliado por el Emperador a la frontera oriental del Imperio. Después del final de esta lucha, Cirilo vivió en paz y cuidó celosamente del rebaño de Cristo. Se presentó a sí mismo al Señor en el año 444 d. C. Se dice que fue él quien escribió la oración «Alégrate, oh Virgen Madre de Dios».

Sentencias de los Padres del Desierto

  • Se decía del abad Agatón que durante tres años se había metido una piedra en la boca, hasta que consiguió guardar silencio.
  • Decía también: «Que tu boca no pronuncie palabras malas, pues la viña no tiene espinas».
  • El abad Sisoés decía: «Nuestra verdadera vocación es dominar la lengua»

Boletín del 06/05/2018

Domingo de la Samaritana

Icono-Samaritana-Lexorandi

Oh Salvador Todopoderoso que hiciste brotar
agua  a los hebreos de una roca muda: 
al llegar a la tierra de Samaría  hablaste con una mujer
pidiéndole agua,  así la atrajiste hacia la fe en Ti,
y ahora ha alcanzado la vida eterna en los cielos.
                                                                                                  Exapostelario

Himnos de la Liturgia

Tropario de la Resurrección.

Tono 4

audio27Las discípulas del Señor aprendieron del Ángel
el alegre anuncio de la Resurrección, 
y la sentencia ancestral rechazaron
y  se dirigieron con orgullo a los apóstoles diciendo: 
¡Fue aprisionada la muerte, Resucitó Cristo Dios 
y concedió al mundo la gran misericordia!

Tropario Mediada la Fiesta.

Tono 8

Mediada la Fiesta, riega mi alma sedienta 
con las aguas de la devoción, Tú que exclamaste a todos:
“Si alguno tiene sed, venga a mí y beba.”
¡Oh Fuente de la Vida, Señor, Gloria a Ti!

Condaquio de Pascua.

Tono 8

audio27Cuando descendiste al Sepulcro,  oh Inmortal,
destruiste el poder del hades;  y al resucitar vencedor,
oh Cristo Dios,  dijiste a las mujeres Mirróforas: 
“¡Regocíjense!” y a tus discípulos otorgaste la paz, 
¡Oh Tú que concedes a los caídos la resurrección!

Lecturas Bíblicas

Hechos de los Apóstoles (11: 19-30)

En aquellos días: los apóstoles que se habían dispersado cuando la tribulación originada a la muerte de Esteban, llegaron en su recorrido hasta Fenicia, Chipre y Antioquía, sin predicar la Palabra a nadie más que a los judíos. Pero había entre ellos algunos chipriotas y cirenenses que, venidos a Antioquía, hablaban también a los griegos y les anunciaban la Buena Nueva del Señor Jesús. La mano del Señor estaba con ellos, y un crecido número creyó y se convirtió al Señor.

La noticia de esto llegó a oídos de la Iglesia de Jerusalén y enviaron a Bernabé a Antioquía. Cuando llegó y vio la gracia de Dios se alegró y exhortaba a todos a permanecer, con corazón firme, unidos al Señor, porque era un hombre bueno, lleno de Espíritu Santo y de fe. Y una considerable multitud se agregó al Señor.

Partió para Tarso en busca de Saulo, y en cuanto le encontró, le llevó a Antioquía. Estuvieron juntos durante un año entero en la Iglesia y adoctrinaron a una gran muchedumbre. En Antioquía fue donde, por primera vez, los discípulos recibieron el nombre de «cristianos».

Por aquellos días bajaron unos profetas de Jerusalén a Antioquía. Uno de ellos, llamado Ágabo, movido por el Espíritu, se levantó y profetizó que vendría una gran hambre sobre toda la tierra, la que hubo en tiempo de Claudio. Entonces los discípulos determinaron enviar algunos recursos, según las posibilidades de cada uno, para los hermanos que vivían en Judea. Así lo hicieron y se los enviaron a los presbíteros por medio de Bernabé y de Saulo.

Evangelio según San Juan (4: 5-42)

En aquel tiempo, llegó Jesús a una ciudad de Samaria llamada Sicar, vecina a la tierra que Jacob dio a su hijo José; allí se encuentra el pozo de Jacob. Jesús, cansado del camino, se sentó junto al pozo. Era como la hora sexta. Vino entonces una mujer samaritana a sacar agua. Le dijo Jesús: «Dame de beber» (Pues sus discípulos habían ido a la ciudad a comprar comida). Pero la mujer samaritana le respondió: «¿Cómo Tú, siendo judío, me pides de beber a mí, que soy una mujer samaritana?» (Porque los judíos no se tratan con los samaritanos). Jesús le respondió: «Si conocieras el don de Dios y quién es el que te pide de beber, tú misma le pedirías agua viva y Él te la daría.» Respondió la mujer: «Señor, no tienes con qué sacarla, y además el pozo es muy hondo. ¿Dónde tienes, pues, esa agua viva? ¿Acaso eres tú más que nuestro padre Jacob que nos dio este pozo, del cual bebió él, sus hijos y sus ganados?» Respondió Jesús: «Cualquiera que beba de esa agua, volverá a tener sed; en cambio, el que beba del agua que yo le dé no volverá a tener sed: el agua que yo le dé se convertirá en él en manantial de agua que emanará para vida eterna.» La mujer le dijo: «Señor, dame de esa agua y así ya no sufriré la sed, ni tendré que volver aquí a sacar agua.» Pero Jesús le dijo: «Anda, busca a tu marido y vuelve con él acá.» Respondió la mujer: «No tengo marido.» Le dijo Jesús: «Bien has dicho que no tienes marido, porque has tenido cinco maridos, y el que ahora tienes, no es tu marido. En eso has dicho la verdad.» Le dijo la mujer: «Señor, veo que eres profeta. Nuestros padres adoraron a Dios en este monte, y ustedes los judíos dicen que el sitio donde hay que adorar está en Jerusalén.» Respondió Jesús: «Créeme mujer que llegará el tiempo en que ni en ese monte, ni en Jerusalén adorarán al Padre. Ustedes los samaritanos adoran lo que no conocen, pero nosotros adoramos lo que conocemos, porque la salvación viene de los judíos. Pero ya llega la hora (ya estamos en ella) en que los verdaderos adoradores adorarán al Padre en espíritu y en verdad, porque así quiere el Padre que sean los que lo adoran. Dios es espíritu, y los que lo adoran deben adorarlo en espíritu y en verdad.» La mujer le dijo: «Yo sé que el Mesías (el llamado “Cristo”) está por venir; cuando venga, Él nos revelará todo.» Jesús le dijo: «Yo Soy, el que te está hablando.» En esto llegaron sus discípulos y se extrañaron que hablase con una mujer, pero nadie le dijo «¿qué quieres?», o «¿por qué hablas con ella?» La mujer, dejando allí su cántaro, corrió a la ciudad y dijo a la gente: «Vengan a ver a un hombre que me ha dicho todo cuanto yo he hecho. ¿No será el Cristo?» Salieron, pues, de la ciudad y fueron a verlo.

Entretanto, los discípulos le insistían: «Maestro, come.» Jesús les dijo: «Yo tengo para comer un alimento que ustedes no conocen.» Se decían los discípulos unos a otros: «¿Le habrán traído de comer?» Pero Jesús les dijo: «Mi comida es hacer la voluntad del que me ha enviado, y dar cumplimiento a su obra. ¿No dicen ustedes: “Dentro de cuatro meses será tiempo de siega”? Pues bien ahora yo les digo: Levanten la vista y miren los campos, y vean que ya están blanqueados para la siega. Ya el segador cobra su paga y recoge fruto para la vida eterna, y con esto el sembrador también participa en la alegría del segador. En esta ocasión, se vale aquel refrán: uno es el que siembra, y otro es el que cosecha. Yo los he enviado a ustedes a cosechar donde no se habían fatigado; otros se fatigaron y ustedes se aprovechan de su fatiga.»

Muchos samaritanos de aquella ciudad creyeron en Él por las palabras de la mujer, que aseguraba: «Me ha revelado todo cuanto yo hice.» Y cuando llegaron a Él los samaritanos, le rogaron que se quedase allí. En efecto, se detuvo dos días en aquella ciudad, con lo que fueron muchos más los que creyeron en Él por haber oído sus palabras; y decían a la mujer: «Creemos ya no por lo que tú has dicho, sino nosotros mismos lo hemos oído y hemos conocido que Éste es verdaderamente el Salvador del mundo.»

Mensaje Pastoral

Desde el pozo hasta  el martirio.

La lectura evangélica de este día enseña una experiencia más sobre el encuentro con el Señor, encuentro que místicamente transforma laJesucristo-y-la-Samaritana vida. La famosa samaritana ascendió en el conocimiento de Jesús gradualmente hasta que llegó a proclamarlo el Señor de su vida.

Cuando esta mujer estaba junto al pozo y buscaba agua para beber, encontró a Jesús. Allá, rodeada con todas sus preocupaciones mundanas, no podía ver en Jesús más que un judío, un hombre común, por lo que le dijo: «¿Cómo tú, siendo judío, me pides de beber a mí que soy una mujer samaritana?» Pues, para ella, Cristo no es más que un hombre extraño que pertenece a una raza enemiga.

Jesús le habló del «agua viva»: quien beba de ella «no volverá a tener sed». Este discurso la llevó a reflexionar sobre la religión y por ello dijo: «¿Acaso eres tú más que nuestro padre Jacob que nos dio este pozo, del cual bebió él, sus hijos y sus ganados?»

A partir de este diálogo «religioso», el Señor despierta en ella la conciencia y el auto examen preguntándole acerca de su marido y de su vida privada en lugar de seguir con cuestionamientos de índole religioso. Cuando sus palabras tocaron la vida y lo moral, Jesús pasa a ser, para ella, un profeta. Los profetas siempre han exigido congruencia entre la religiosidad y el comportamiento, «porque yo quiero misericordia, no sacrificio, dice el Señor» (Os 6:6).

A través de esta puerta vital –la penitencia y el auto conocimiento–, el Señor la introdujo en el tema de la adoración en Espíritu, lejos de las reglas. Le habló de la religión, no como deberes y leyes sino como un amor voluntario y experiencia de la Verdad: «Dios es espíritu, y los que lo adoran deben adorarlo en espíritu y en verdad.» La profundidad de las palabras de Jesús trajo a la memoria de la samaritana las profecías sobre el Mesías: «Yo sé que el Mesías está por venir», y Jesús le dijo: «Yo Soy, el que te está hablando.» Pasa a ser para ella el Cristo esperado, el Salvador del mundo.

Mientras se preocupaba por sus necesidades materiales, lo veía como un hombre común; cuando comenzó a transitar por el mundo de la religión, lo consideró como religioso; cuando entró en sí misma experimentando la penitencia y confesando su realidad, lo admiró como un profeta; finalmente cuando llegó a la adoración en Espíritu y en verdad, a la libertad de la fe, comprendió que era el Mesías. Y lo más grandioso es que en cuanto asimiló que Jesús era el Salvador, se convirtió en una discípula de Él y apóstol: dejó su cántaro, más bien, su vida bajo los pies del Señor y corrió a anunciar a sus compatriotas: «Vengan a ver», y a ofrecer su testimonio, a saber, su martirio. Ella es santa Fotina (iluminada), mártir en Cristo que la Iglesia conmemora el día 26 de febrero. Sus intercesiones sean con nosotros. Amén.

Nuestra Fe y Tradición.

Costumbres Pascuales

157001808En la temporada pascual (desde el día de la Resurrección hasta la fiesta de la Ascensión del Señor) los creyentes suelen intercambiar el saludo “Cristo ha resucitado” “en verdad ha resucitado”. Es una expresión de nuestra alegría y de nuestra participación en la misma fe.

Los ornamentos de los sacerdotes y las cubiertas del altar son  blancos; así, también, algunos de los fieles suelen vestirse de blanco, símbolo de la iluminación que la Iglesia nos otorga por el bautismo que es participación en la muerte del Señor y en su Resurrección.

El Epitafio (el icono de la sepultura del Señor después del descenso de la Cruz, con el cual hicimos la procesión funeraria en el Viernes Santo) se coloca en el altar toda la temporada pascual, y sobre él, se celebra la Divina Liturgia, pues la vida, del sepulcro surgido.

Toda la temporada pascual, en la iglesia y en la casa, leemos el Libro “Los Hechos de los Apóstoles.” Pues, al leerlo nos introducimos en las alegres atmósferas pascuales que dominaban en la primera Iglesia donde los Apóstoles, con mucho valor y confianza, predicaban la muerte del Señor y su Resurrección al tercer día.

Sentencias de los Padres de Desierto.

  • Dijo también: «Anunciaron a un monje la muerte de su padre, y el monje dijo al mensajero: “Deja de blasfemar; mi padre es inmortal”»
  • El abad Pastor dijo: «La guarda del corazón, el examen de si mismo y el discernimiento, son las tres virtudes que guían al alma».
  • Un hermano preguntó a un anciano: «Padre ¿cómo viene al hombre el temor de Dios?». Y respondió el anciano: «Si el hombre practica la humildad y la pobreza y no juzga a los demás, se apoderará de él el temor de Dios»

Boletín del 29/04/2018

Domingo del Paralítico

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El Señor misericordioso, Amante de la humanidad,
se detuvo en la Piscina de Betesda para  curar las enfermedades,
y encontró a un hombre paralítico desde muchos años atrás,
y le dijo: “Levántate, carga tu camilla, y anda por rectos caminos.
                                                                                                             Exapostelario

Himnos de la Liturgia

Tropario de la Resurrección

Tono 3

audio27Que se alegren los celestiales,
y que se regocijen los terrenales;
Porque el Señor desplegó la fuerza de su brazo,
pisoteando la muerte con su muerte.
Y Siendo el primogénito de entre los muertos,
nos salvó de las entrañas del Hades
y concedió al mundo la gran misericordia.

Condaquio de Pascua

Tono 8

audio27Cuando descendiste al Sepulcro, oh Inmortal,
destruiste el poder del hades; y al resucitar vencedor,
oh Cristo Dios, dijiste a las mujeres Mirróforas:
“¡Regocíjense!” y a tus discípulos otorgaste la paz,
¡Oh Tú que concedes a los caídos la resurrección!

Lecturas Bíblicas

Hechos de los Apóstoles  (9: 32-42)

En aquellos días: Pedro, que andaba recorriendo todos los lugares, bajó también a visitar a los santos que habitaban en Lida. Encontró allí a un hombre llamado Eneas, tendido en una camilla desde hacía ocho años, pues estaba paralítico. Pedro le dijo: «Eneas, Jesucristo te cura; levántate y arregla tu lecho». Y al instante se levantó. Todos los habitantes de Lida y Sarón lo vieron, y se convirtieron al Señor.

Había en Joppe una discípula llamada Tabitá, que quiere decir Gacela. Era rica en buenas obras y en limosnas que hacía. Por aquellos días enfermó y murió. La lavaron y la pusieron en la estancia superior. Lida está cerca de Joppe, y los discípulos, al enterarse que Pedro estaba allí, enviaron dos hombres con este ruego: «No tardes en venir a nosotros».

Pedro partió inmediatamente con ellos. Así que llegó le hicieron subir a la estancia superior y se le presentaron todas las viudas llorando y mostrando las túnicas y los mantos que Dorcás hacía mientras estuvo con ellas. Pedro hizo salir a todos, se puso de rodillas y oró; después se volvió al cadáver y dijo: «Tabitá, levántate.» Ella abrió sus ojos y al ver a Pedro se incorporó. Pedro le dio la mano y la levantó. Llamó a los santos y a las viudas y se la presentó viva. Esto se supo por todo Joppe y muchos creyeron en el Señor.

Evangelio según San Juan ( 5: 1-15)

En aquel tiempo, subió Jesús a Jerusalén. Hay en Jerusalén una piscina, cerca de la puerta de las ovejas, llamada en hebreo betesda, la cual tiene cinco pórticos. En ellos, yacía una gran multitud de enfermos, ciegos, cojos y paralíticos aguardando el movimiento de las aguas, pues un ángel del Señor bajaba de tiempo en tiempo a la piscina, y agitaba el agua; y el primero que después de movida el agua entraba en la piscina, quedaba sano de cualquier enfermedad que tuviese. Estaba allí un hombre que hacía treinta y ocho años que se hallaba enfermo. Jesús, al verlo tendido y al enterarse de que llevaba ya mucho tiempo, le dijo: «¿Quieres recobrar la salud?» El enfermo respondió: «Señor, no tengo a nadie que me meta en la piscina cuando se agita el agua, por lo cual mientras yo voy, ya se ha metido otro.» Le dijo Jesús: «Levántate, toma tu camilla y anda.» De repente se halló sano este hombre, tomó su camilla y se puso a andar. Era aquél un día sábado; por eso le decían los judíos al que había sido curado: «Es sábado y es ilícito llevar a cuestas la camilla.» Les respondió: «El que me ha devuelto la salud me ha dicho: “Toma tu camilla y anda”.» Le preguntaron entonces: «¿Quién es ese hombre que te ha dicho: “Toma tu camilla y anda”?» Pero el curado no sabía quién era, pues Jesús había desaparecido porque había mucha gente en aquel lugar. Más tarde, Jesús lo encontró en el templo y le dijo: «Mira que has quedado curado; no peques más, para que no te suceda algo peor.» El hombre fue a decir a los judíos que era Jesús quien le había curado.

Mensaje Pastoral

El paralítico de Betesda

«¿Quieres recobrar la salud?», pregunta Jesús al paralítico que llevaba 38 años enfermo, y éste contesta: «Señor, no tengo a nadie que me el-paralitico-de-betesdameta en la piscina cuando se agita el agua.» Aun con todos estos años de inmovilización y de padecimiento, perseveraba en la orilla de la piscina, más bien, en la costa de la esperanza en Dios. Responde la pregunta –que a otro, muy probablemente, le hubiera ofendido– con una paciencia y mansedumbre admirables, sin reclamar ni blasfemar o desesperarse: «Señor, no tengo a nadie.» Y Cristo, alabando su gran paciencia, le curó; ni siquiera le preguntó, como en otras ocasiones, si tenía fe, porque ella estaba manifiesta en su perseverancia y respuesta humilde estando en plena desgracia. «¡Con vuestra paciencia salvarán vuestra vida!» (Lc  21:19).

………………

«Es sábado y es ilícito llevar a cuestas la camilla», contradijeron los fariseos al ya curado de su parálisis. Es la figura de la religión cuando se transforma en leyes muertas, mientras las normas religiosas deberían ser un medio que atrae la Gracia de Dios en nuestra vida: «La letra mata, mas el Espíritu vivifica», dice san Pablo (2Cor 3:6). La religión no se limita a obligaciones que se tengan para cumplir sino que es una vida regida por la presencia activa de Dios, una experiencia no expuesta a ninguna discusión o incertidumbre: «El que me ha devuelto la salud me ha dicho: “Toma tu camilla y anda”.» A los entonces amigos del Señor les agradaría usar, en lugar de «deberes», otra palabra derivada, análoga y graciosamente: «quereres».

………………

«Más tarde, Jesús lo encontró en el Templo.» El curado de su parálisis, agradecido, se dirigió hacia el Templo para dar gracias y para ofrecer a Dios sus primeros pasos, las primicias, como si exclamara: «Lo tuyo de lo tuyo, te ofrezco por todo y para todo.» Y en medio de esta ofrenda de conversión, «Jesús lo encontró».

Cuando el paralítico estaba en discusiones inútiles con los fariseos acerca de su curación que si había sido de Dios o no, buscó a Jesús y no le encontró, «había desaparecido porque había mucha gente en aquel lugar»; en cambio, ahora en el Templo, bien nos describe el evangelista Juan, que «Jesús lo encontró».

En las plazas de la vida hay mucha gente, mucho murmullo, discusión y preocupación que le hacen al hombre olvidar la confesión al Señor. El paralítico tuvo la iniciativa de salir de todo este ruido para entrar en los atrios de la Casa de Dios, donde «Jesús lo encontró».

Dispongamos en nuestra vida de atrios y consagremos templos en los cuales agrada al Señor encontrar a la oveja perdida.

Nuestra Fe y Tradición

 La Unidad de la Iglesia

sinodo1La unidad de la Iglesia, no sólo la de Antioquía entre sus miles de parroquias y diócesis en todo el mundo, sino la de todos los Patriarcados, está basada en dos pilares fundamentales :El primero es que tiene una cabeza que es Cristo Resucitado (Efesios 1,22), siendo la Iglesia Su Cuerpo Místico. El otro es la unidad doctrinaria de la fe y la comunión de la Gracia, del mismo Cáliz y los mismos Sacramentos, existiendo entre ellos un permanente lazo de oración.

Nuestra fe común tiene como fuente, las Sagradas Escrituras y la Santa Tradición. Fue comentada por los Santos Padres Teólogos de la Iglesia, como San Basilio el Grande, San Juan Crisóstomo, San Gregorio el Teólogo, San Gregorio Nazianceno, San Ignacio de Antioquía, San Juan Damasceno, San Agustín, San Gregorio Palamás, y otros., y por las enseñanzas explicitadas y proclamadas en los Siete Concilios Ecuménicos de toda la cristiandad, considerados como la más alta autoridad. Estos Concilios fueron  celebrados en Nicea, Constantinopla, Efeso, Calcedonia, etc., desde el Siglo IV al Siglo VIII. En los dos primeros, Nicea año 325 y Constantinopla año 381, se estableció el Credo de nuestra fe, que cada domingo confesamos en voz alta durante la Divina Liturgia y en otros oficios.

Los Siete Concilios Ecuménicos afirmaron la pureza de la fe y la recta doctrina frente a las herejías, la veneración debida a las Sagradas Imágenes o Íconos, y la disciplina eclesiástica.

Asimismo afirmamos que la plenitud de la Iglesia es asistida por el Espíritu Santo, por lo cual la Iglesia es infalible.

Sentencias de los Padres del Desierto.

  • Decía un anciano: «El que admite en su alma deseos perniciosos, es como el que oculta el fuego entre las pajas».
  • Dijo el abad Pastor: «En el Evangelio está escrito: “El que no tenga espada que venda  su manto y compre una” (Lc. 22,36). Esto significa: “El que tenga paz que la deje y se prepare  para la lucha”». Se refería a la lucha contra el diablo.
  • Decían del abad Hor: «Nunca ha mentido, jamás hizo ningún juramento, nunca maldijo a nadie, jamás habló a nadie si no era necesario».

Boletín del 22/04/2018

Domingo de las Mirróforas

miroforas

Mujeres, escuchen la voz de la alegría,
que dice: “¡Pisoteando al Hades tirano, 
he levantado de la corrupción al mundo!”
Apresúrense y avisen a mis amados la Buena Nueva,
pues deseo que mi creación sea iluminada con la alegría
emanada de donde antes surgía la tristeza.
                                                                             Exapostelario

Himnos de la liturgia

Tropario de la Resurrección

Tono 2

audio27Cuando descendiste a la muerte, oh Vida Inmortal,
mataste al Hades con el rayo de tu  divinidad, 
y cuando levantaste a los muertos del fondo de la tierra, 
todos los poderes Celestiales clamaron: 
¡Oh Dador de vida, Cristo Dios, gloria a Ti!

Tropario de las Mujeres Mirróforas

Tono 2

El virtuoso José, al bajar tu Purísimo Cuerpo del  Madero,
lo envolvió en un sudario limpio, lo embalsamó con aromas
y lo colocó en un  sepulcro nuevo;  pero tú resucitaste al tercer día,
oh Señor,  otorgando al mundo la gran misericordia.

Condaquio de Pascua

Tono 8

audio27Cuando descendiste al Sepulcro, oh Inmortal,
destruiste el poder del hades; y al resucitar vencedor,
oh Cristo Dios, dijiste a las mujeres Mirróforas:
“¡Regocíjense!” y a tus discípulos otorgaste la paz,
¡Oh Tú que concedes a los caídos la resurrección!

Lecturas Bíblicas

Hechos de los Apóstoles (6: 1-7)

En aquellos días: al multiplicarse los discípulos, hubo quejas de los helenistas contra los hebreos, porque sus viudas eran desatendidas en la asistencia cotidiana. Los Doce convocaron la asamblea de los discípulos y dijeron: «No parece bien que nosotros abandonemos la Palabra de Dios por servir a las mesas. Por tanto, hermanos, busquen de entre ustedes a siete hombres, de buena fama, llenos del Espíritu Santo y de sabiduría, y los pondremos al frente de este cargo; mientras que nosotros nos dedicaremos a la oración y al ministerio de la Palabra.» Pareció bien la propuesta a toda la asamblea y escogieron a Esteban, hombre lleno de fe y del Espíritu Santo, a Felipe, a Prócoro, a Nicanor, a Timón, a Pármenas y a Nicolás, prosélito de Antioquía; los presentaron a los apóstoles y, habiendo hecho oración, les impusieron las manos.

La Palabra de Dios iba creciendo; en Jerusalén se multiplicó considerablemente el número de los discípulos, y muchos de los sacerdotes iban sometiéndose a la fe.

 Evangelio según San Marcos (15: 43 – 16:8)

En aquel tiempo, vino José de Arimatea, miembro respetable del Sanedrín que esperaba también el Reino de Dios, y entró audazmente donde Pilato y pidió el cuerpo de Jesús. Se extraño Pilato de que hubiese muerto tan pronto, e hizo llamar al centurión; le preguntó si había muerto hacía tiempo. Enterado por el centurión, concedió el cuerpo a José, quien compró una sábana, bajó a Jesús de la cruz, lo envolvió en la sábana, y lo puso en un sepulcro que estaba excavado en roca, e hizo rodar una gran piedra contra la entrada del sepulcro. María Magdalena y María, madre de José, observaban dónde quedaba puesto. Pasado el sábado, María Magdalena, María la madre de Santiago, y Salomé, compraron aromas para ir a embalsamarlo; y muy de madrugada el primer día de la semana, llegaron al sepulcro, apenas salido el sol. Y se decían unas a otras: «¿Quién nos rodará la piedra de la entrada del sepulcro?» Y levantando los ojos ven que la piedra, que era muy grande, había sido retirada. Y cuando entraron en el sepulcro, vieron a un joven sentado en el lado derecho, vestido con una túnica blanca, y se sorprendieron. Él les dijo: «No se asusten; ustedes buscan a Jesús de Nazaret, el crucificado: ha resucitado, no está aquí. Éste es el lugar donde lo pusieron. Pero vayan y digan a sus discípulos, y a Pedro, que va delante de ustedes a Galilea; allí lo verán, como les dijo.» Ellas, saliendo del sepulcro, huyeron, pues el temblor y el asombro se habían apoderado de ellas, y no dijeron nada a nadie, porque tenían miedo.

Mensaje Pastoral

La valentía: indicio de amor

Todos queremos a alguien; pero pocos nos atrevemos a amar al prójimo más que a nosotros mismos. De tal modo era el amor en Cristo demaria-magdalena las mujeres mirróforas, que madrugaron el primer día de la semana, apenas «pasado el sábado», y emprendieron el camino hacia el Sepulcro para embalsamar al Señor a Quien sirvieron y quisieron, sin miedo a quienes lo juzgaron y pusieron sobre su Sepultura una piedra «muy grande», y a los guardias.

¿Quién muestra valor como el de las Mirróforas o como José de Arimatea, el cual «tuvo la valentía de entrar donde Pilatos y pedirle el cuerpo de Jesús»? ¿Quién, amando, se atreve a enfrentar a los poderosos de este siglo y a servir y acoger a los marginados? Es más común encontrar un cariño aparente y pasivo que abandona ante la cruz, que el amor verdadero y audaz que asiste al amado, más aún, en los momentos de la debilidad como la muerte y el sepulcro. Sin este amor valiente, jamás se podría cambiar cualquier realidad dolorosa del tiempo presente. ¿Cómo la cristiandad conquistó el mundo romano, pagano y subyugador, si no con la audacia de las mirróforas? El libro de los Hechos de los apóstoles nos habla de las multitudes que cada vez se incorporaban al Camino, no a través de la espada ni del poderío: pescadores echaron la red en la palabra del Señor, se abandonaron en las manos del Todopoderoso, y así transformaron el rostro de la humanidad.

En nuestra era, se han puesto sellos de autenticidad sobre principios corruptos e ideales falsos, a tal grado que se ha considerado natural lo que ninguna conciencia sincera acepta: aborto, familias destrozadas, decadencia moral (y todo en el nombre de la libertad)… Pero, ¿quién tiene el amor que se atreve a «rodar la piedra» para saltar hacia la vida sin advertir estos sellos irreales?

Nuestras comunidades, inclusive las cristianas, admiten la fe superficial: ciertas apariencias confesionales o sociales que se agrupan alrededor de fiestas y tradiciones, y reducen la religión a estas prácticas; para ellas, todo lo que esté más allá de estas fronteras es exageración, pérdida de tiempo e ignorancia. ¿Quién tiene el amor que se atreve a enfrentar, en su interior y ambiente, el dominio de lo social vacío y el terrorismo de la vida light para pedir el cuerpo de Jesús, que aparenta estar muerto pero, en realidad, es la Vida?

La valentía examina la credibilidad del amor y de la fe: valentía de iniciativa, valentía de sacrificio, de paciencia y de perdón. Hay amor que busca el propio interés y otro que accede a la aventura del sacrificio. El primero se conforma con lo disponible que satisface, mientras el segundo no retrocede ante una realidad impuesta y muestra viable lo que parecería imposible: «Todo lo puedo en Aquél que me conforta» (Flp 4:13).

Un cariño apático jamás buscará vida en el Sepulcro y, en consecuencia, nunca le será anunciada la Resurrección como a las discípulas; porque el amor con valentía es digno de recibir la Buena Noticia de la Resurrección, y gustará del gozo del Día del Señor que no conoce ocaso.

Nuestra Fe y Tradición

El Nuevo Testamento

5El corazón del Nuevo Testamento está conformado por los cuatro Evangelios: el de Mateo, de Marcos, de Lucas y de Juan, quienes se llaman los Evangelistas, que quiere decir los que escribieron los Evangelios. La palabra Evangelio proviene del Griego, -Evangelion- y, como ya hemos visto, significa “Buena Nueva”.

El Nuevo Testamento contiene también el Libro de los Hechos de los Apóstoles, escrito por San Lucas. Además encontramos catorce Epístolas (que simplemente significa “cartas”) atribuidas al Apóstol San Pablo. No obstante, es posible que algunas, como la Epístola a los Hebreos, no fueran escritas directamente por él. También se encuentran en el Nuevo Testamento tres epístolas  escritas por el Apóstol Juan; dos por el Apóstol Pedro; una atribuida al Apóstol Santiago y otra al Apóstol Tadeo (Judas). Finalmente se encuentra el Libros de la Revelación, que también se conoce como el Apocalipsis, atribuido a San Juan.

Para el Cristiano Ortodoxo, la Biblia es la principal fuente escrita de la Doctrina Divina, ya que Dios Mismo inspiró su escritura por su Santo Espíritu. (Véase II Timoteo 3, 16 y II Pedro 1, 20.) Esta es la doctrina de la inspiración de la Biblia; es decir, que hombres inspirados por Dios escribieron las palabras que son verdaderamente sus propios palabras humanas (¡toda palabra es humana!), pero que sin embargo se puedan llamar, en su conjunto, la Palabra de Dios. Así la Biblia es la Palabra de Dios en forma escrita pues contiene no solamente los pensamientos y experiencias de los hombres, sino la Revelación de Dios Mismo.

El corazón de la Biblia, Palabra de Dios escrita a la manera de los hombres, es la persona del Verbo Viviente de Dios bajo el aspecto de hombre, Jesucristo. Todas las partes de la Biblia se interpretan en la Iglesia Ortodoxa a la luz de Cristo, pues todo lo que está en la Biblia conduce a Cristo y habla acerca de Él. (Lucas 24, 44) Se simboliza esto en la Iglesia Ortodoxa por el hecho de que es solamente el Libro de los Cuatro Evangelios el que se encuentra entronizado en el Altar, y no la Biblia entera. Esto es así porque todo lo que está en la Biblia se cumple en Cristo.

Sentencias de los Padres del Desierto

  • Dijo un anciano: «No empieces a hacer nada sin que antes hayas examinado tu  conciencia, para saber si lo que vas a hacer es según Dios».
  • Decía un anciano: «De todas las virtudes la más excelente es la discreción».
  • Dijo un anciano: «No te dejes enredar por las preocupaciones».

 

Boletín del 15/04/2018

Domingo Nuevo

Domingo de Santo Tomás

Santo-Tomas-31

La primavera exhala su perfume y la nueva creación se regocija; 
los cerrojos de las puertas, hoy, se quitan junto con la desconfianza,
y el querido Tomás exclama:  “Tú eres Señor mío y Dios mío.”
                                                                                                           Exapostelario

 

Himnos de la Liturgia

Tropario Del Domingo del Apóstol Tomás

Tono 7

Oh Cristo nuestro Dios, estando sellado el sepulcro,
de él saliste esplendoroso, oh Vida.
Y mientras las puertas estaban cerradas,
viniste a los discípulos, oh Resurrección de todos, 
y por ellos, nos renovaste a nosotros
con recto Espíritu según tu gran misericordia.

Condaquio de Pascua

Tono 8

audio27Cuando descendiste al Sepulcro, oh Inmortal, 
destruiste el poder del hades; y al resucitar  vencedor, 
oh Cristo Dios, dijiste a las mujeres Mirróforas:
“¡Regocíjense!” y a tus discípulos otorgaste la paz,
¡Oh Tú que concedes a los caídos la resurrección!

Lecturas Bíblicas

Hechos de los Apóstoles  (5: 12-20)

En aquellos días: por mano de los apóstoles se realizaban muchas señales y prodigios en el pueblo…

Solían estar todos con un mismo espíritu en el pórtico de Salomón, pero nadie de los otros se atrevía a juntarse a ellos, aunque el pueblo hablaba de ellos con elogio. Se aumentaba más y más el número de los que creían en el Señor, una multitud así de hombres como de mujeres.

…hasta tal punto que incluso sacaban los enfermos a las plazas y los colocaban en lechos y camillas, para que al pasar Pedro, siquiera su sombra cubriese a alguno de ellos. También acudía la multitud de las ciudades vecinas a Jerusalén trayendo enfermos y atormentados por espíritus inmundos; y todos eran curados.

Entonces se levantó el sumo sacerdote, y todos los suyos, los de la secta de los saduceos, y llenos de envidia, echaron mano a los apóstoles y les metieron en la cárcel pública. Pero el Ángel del Señor, por la noche, abrió las puertas de la prisión, les sacó y les dijo: «Vayan, preséntense en el Templo y digan al pueblo todo lo referente a esta Vida».

 Evangelio según San Juan (20: 19-31)

Cuando llegó la noche de aquel mismo día, el primero de la semana, y estando cerradas las puertas de la casa donde se hallaban reunidos los discípulos por miedo a los judíos, se presentó Jesús en medio de ellos y les dijo: «¡La paz sea con ustedes!» Dicho esto, les mostró las manos y el costado. Los discípulos se llenaron de gozo al ver al Señor, el cual les repitió: «¡La paz sea con ustedes! Como el Padre me envió, así los envío también a ustedes.» Dichas estas palabras, sopló sobre ellos y les dijo: «Reciban el Espíritu Santo: a quienes perdonen sus pecados, les serán liberados, y a quienes se los retengan, les serán retenidos.» Tomás, uno de los doce, llamado el mellizo, no estaba con ellos cuando vino Jesús. Le dijeron después los otros discípulos: «Hemos visto al Señor.» Mas él les respondió: «Si no veo en sus manos la señal de los clavos, y no meto mi dedo en el agujero de los clavos, y mi mano en la llaga de su costado, no lo creeré.» Ocho días después, estaban otra vez los discípulos reunidos y Tomás con ellos; vino Jesús estando cerradas las puertas, y se puso en medio y dijo: «¡La paz sea con ustedes!» Luego dijo a Tomás: «Acerca aquí tu dedo y examina mis manos, luego trae tu mano y métela en mi costado, y no seas incrédulo, sino creyente.» Tomás exclamó: «¡Señor mío y Dios mío!» Jesús replicó: «Porque me has visto has creído. Bienaventurados aquellos que sin haberme visto han creído.» Muchas otras señales hizo también Jesús en presencia de sus discípulos, que no están escritas en este libro. Pero éstas se han escrito para que crean que Jesús es el Cristo, el Hijo de Dios; y para que, creyendo, tengan vida en su Nombre.

Mensaje Pastoral

Creer para ver

apdejesusenelcenaculo«Bienaventurados aquellos que sin haberme visto han creído.» Lo dijo el Señor a Tomás amonestándole por su desconfianza. Y san Pablo en la carta a los Hebreos notifica: «La fe es garantía de lo que se espera; la prueba de las realidades que no se ven» (Heb 11:1). Una de las inquietudes que pudieran turbar nuestra fe –más aún, en medio de la apatía del mundo que nos rodea– es el porqué creer. ¿Por qué creer lo que dijo Tomás y lo que dijo san Juan Evangelista sobre la Resurrección? ¿Por qué no creer a los soldados que, desde un principio, dijeron que «sus discípulos vinieron de noche y le robaron mientras nosotros dormíamos» (Mt 28:13)? A cada rato y en diferentes formas se nos plantea este cuestionamiento, por lo que debemos estar «dispuestos a dar respuesta a todo el que os pide razón de vuestra esperanza» (1Pe 3:15).

En realidad, la base de la prédica cristiana es el martirio; hasta lógico y razonable es creer a Tomás y a los demás discípulos, quienes ofrecieron su vida por precio del testimonio que quisieron dar, una muerte constante: «por Ti, somos entregados a muerte todo el día» (Rom 8:36). Nadie muere por una mentira; con mucho más razón, si este martirio se ha perpetuado de generación en generación. Los apóstoles dieron testimonio de «lo que hemos oído, lo que hemos visto con nuestros ojos, lo que contemplamos y tocaron nuestras manos» (1Jn 1:1), mientras los guardas del Sepulcro dieron suposiciones de lo que no habían visto: «mientras dormíamos», decían.

En el fondo, la disputa sobre la Resurrección de Jesús no se ha detenido con lo de Tomás y los soldados; pues, de un lado, la experiencia de «acerca aquí tu dedo y examina» no ha cesado en la Iglesia, y los santos en todo tiempo son también testigos oculares; la Resurrección no es una anécdota sino una realidad presente en la Iglesia. Y del otro lado, las ideologías, los medios de comunicación y los iluminados tratan, día tras día, con más agresividad y una sonrisa ficticia (lobos rapaces con disfraces de ovejas), alumbrar nuestra ignorancia con sus suposiciones: una película por aquí, otro documental por allá, gnosticismo, evangelios apócrifos, etc., atestiguando lo que no han visto y encapsulándose lejos de la alegría de la esperanza, lejos de la bienaventuranza de los que «sin haberme visto han creído». Durante los veintes del siglo pasado, en la Unión Soviética, luego de que el Régimen Bolchevique fundara el Comité Los que no tienen dios, uno de sus miembros daba una conferencia atea. Después de exponer sus pruebas definitivas y contundentes de que Dios no existe, pidió a la audiencia plantear sus dudas o comentarios. Un sacerdote, vestido de civil, se puso de pie y nada más dijo: «¡Cristo ha resucitado!»; una voz unánime del pueblo contestó: «¡En verdad ha resucitado!»

¡Cristo ha resucitado! Quienes lo han creído lo han visto.

¡Cristo ha resucitado! Y las puertas del Hades no podrán contra su Iglesia.

¡Cristo ha resucitado! Venid tomemos del nuevo fruto de la Vid, de las primicias del Reino.

¡En verdad ha resucitado el Señor!

Nuestra Fe y Tradición

La Resurrección

Según la doctrina Ortodoxa no existe ninguna competencia de “vidas” entre Dios y Jesús, y ninguna competencia de “poderes”. El poder de75 Dios y poder de Jesús, la vida de Dios y la vida de Jesús, son uno y el mismo poder y vida. Decir que Dios ha resucitado a Cristo, y que Cristo ha sido resucitado por su propio poder, es esencialmente lo mismo. “Porque como el Padre tiene vida en sí mismo”, dice Cristo, “así también ha dado al Hijo el tener vida en si mismo”. (Juan 5, 26). “Yo y el Padre uno somos”. (Juan 10, 30). El énfasis que encontramos en las Escrituras en que Dios ha resucitado a Cristo, nos muestra una vez mas que Cristo ha entregado su vida y la ha ofrecido plenamente, que Él la ha ofrecido por completo y sin reserva a Dios – Quien entonces la devuelve en su resurrección de entre los muertos.

 La Iglesia Ortodoxa cree en la real muerte de Cristo y en su real resurrección. Resurrección, sin embargo, no simplemente quiere decir la “resucitación” corporal. Ni el Evangelio ni la Iglesia enseña que Jesús yacía muerto y luego fue revivido biológicamente y entonces caminaba y se movía de la misma forma en que lo hizo antes de ser muerto. Dicho de otra manera, el Evangelio no dice que el Ángel movió la piedra para dejar salir a Jesús. El Ángel corre la piedra para mostrar que Jesús ya no estaba ahí. (Marcos 16; Mateo 28).

 En su Resurrección, Jesús está en una forma nueva y gloriosa. Aparece de repente en diferentes lugares. Es difícil reconocerlo. (Lucas 24, 16; Juan 20, 14). Come y bebe para mostrar que no es un fantasma. (Lucas 24, 30, 39). Se deja tocar. (Juan 20, 27; 21, 9). Y sin embargo aparece en medio de sus discípulos, “estando las puertas cerradas”, (Juan 20, 19,26). Después “desaparece de su vista”. (Lucas 24, 31). Ciertamente Cristo resucitó, pero su humanidad resucitada desborda de vida y divinidad. Es la humanidad en su nueva forma, la  de la vida eterna del Reino de Dios.

Vida de Santos 

San Tomás el Apóstol

Saint_Thomas_HandMadeIconV2__photoEra uno de los doce discípulos del Señor perteneciente a una familia de pescadores. Luego de la resurrección de Cristo, y en su primera aparición a los discípulos Tomas no estuvo presente y desconfiaba de que fuera verdad esta aparición; en él Evangelio de San Juan dice: “Tomás, al que apodaban el Gemelo, y que era uno de los doce, no estaba con los discípulos cuando llegó Jesús. Así que los otros discípulos le dijeron: –¡Hemos visto al Señor! –Mientras no vea yo la marca de los clavos en sus manos, y meta mi dedo en las marcas y mi mano en su costado, no lo creeré –repuso Tomás. Una semana más tarde estaban los discípulos de nuevo en la casa, y Tomás estaba con ellos. Aunque las puertas estaban cerradas, Jesús entró y, poniéndose en medio de ellos, los saludó. –¡La paz sea con ustedes! Luego le dijo a Tomás: –Pon tu dedo aquí y mira mis manos. Acerca tu mano y ponla en mi costado. Y no seas incrédulo, sino hombre de fe. -¡Señor mío y Dios mío! –exclamó Tomás. –Porque me has visto, has creído –le dijo Jesús–; dichosos los que no han visto y sin embargo creen”(Juan 20:24-29). La tradición nos dice que él Santo luego de la iluminación del Espíritu Santo fue a Persia Midia e India, a enseñar el Evangelio, en esta última zona fue martirizado y acecinado con unas lanzas.

Frases del Resucitado

¿Por qué están turbados, y por qué surgen dudas en sus corazones? (Lc 24: 38) …y no seas incrédulo, sino creyente. (Jn 20: 27) Dichosos los que no vieron, y sin embargo creyeron. (Jn 20: 29)

Boletín de Pascua

Pascua de Resurrección

resurreccion

Himnos de la Liturgia

Tropario de Pascua

Tono 5

audio27Cristo Resucitó de entre los muertos,
pisoteando la muerte con su muerte,
y otorgando la vida a los que yacían en los sepulcros.

Condaquio de Pascua

Tono 8

audio27Cuando descendiste al Sepulcro, oh Inmortal,
destruiste el poder del hades; y al resucitar vencedor,
oh Cristo Dios, dijiste a las mujeres Mirróforas: 
“¡Regocíjense!” y a tus discípulos otorgaste la paz, 
¡Oh Tú que concedes a los caídos la resurrección!

Lecturas Bíblicas

Libro de los Hechos de los Apóstoles (1: 1-8)

El primer libro lo escribí, Teófilo, sobre todo lo que Jesús hizo y enseñó desde un principio hasta el día en que, después de haber dado instrucciones por medio del Espíritu Santo a los apóstoles que había elegido, fue llevado al cielo. A esos mismos, después de su pasión, se les presentó dándoles muchas pruebas de que vivía, apareciéndoseles durante cuarenta días y hablándoles acerca de lo referente al Reino de Dios. Mientras estaba comiendo con ellos, les mandó que no se ausentasen de Jerusalén, sino que aguardasen la Promesadel Padre, «que oyeron de mí: Que Juan bautizó con agua, pero ustedes serán bautizados en el Espíritu Santo dentro de pocos días.»

Los que estaban reunidos le preguntaron: «Señor, ¿es en este momento cuando vas a restablecer el Reino de Israel?» Él les contestó: «A ustedes no les toca conocer el tiempo y el momento que ha fijado el Padre con su autoridad, sino que recibirán la fuerza del Espíritu Santo, que vendrá sobre ustedes, y serán mis testigos en Jerusalén, en toda Judea y en Samaria, y hasta los confines de la tierra.»

Evangelio según San Juan (1: 1-17)

En el principio existía el Verbo y el Verbo estaba con Dios, y el Verbo era Dios. Él estaba en el principio con Dios. Por Él fueron hechas todas las cosas, y sin Él no se ha hecho cosa alguna de cuantas han sido hechas. En Él estaba la vida, y la vida era la luz de los hombres. Y la luz resplandece en medio de las tinieblas, y las tinieblas no pudieron retenerla. Hubo un hombre enviado por Dios que se llamaba Juan. Éste vino como testigo para dar testimonio de la luz, a fin de que por medio de él todos creyeran. No era él la luz, sino quien daría testimonio de la luz. El Verbo era la luz verdadera que alumbra a todo hombre que viene al mundo. En el mundo estaba, y el mundo fue por Él hecho, pero el mundo no lo conoció. Vino a su propia casa, y los suyos no lo recibieron. Pero a todos los que lo recibieron, que son los que creen en su Nombre, les dio poder de llegar a ser hijos de Dios. Los cuales no nacieron de sangre, ni de deseo de carne, ni de voluntad de hombre, sino que de Dios nacieron. Y el Verbo se hizo carne y habitó entre nosotros; y nosotros hemos visto su gloria, gloria que tiene del Padre como el Unigénito, lleno de gracia y de verdad. De Él da testimonio Juan, y clama diciendo: «He aquí Aquél de quien yo les decía: el que viene detrás de mí, se ha puesto delante de mí, por cuanto era antes que yo.» Así pues de la plenitud de Él hemos participado todos nosotros y recibido gracia sobre gracia. Porque la Ley fue dada por Moisés; mas la Gracia y la Verdad fueron traídas por Jesucristo.

Mensaje Pastoral

¿Quién nos rodará la piedra?

sepulcroCuando las mujeres estaban en camino hacia el sepulcro para embalsamar el cuerpo del Señor, se preguntaban entre sí: «¿Quién nos rodará la piedra de la entrada del sepulcro?» (Mc 16:3); pero Él había resucitado y había salido. La Vida supera las limitaciones de la corruptibilidad.

En realidad, los obstáculos verdaderos ante la Resurrección son los muros constituidos por el hombre, muros que Dios no mueve sino que aguarda a que nosotros lo hagamos por propia voluntad, porque el amor divino implica libertad.

El primer muro consiste en reducir la Resurrección a unos cultos, es decir, que celebremos la Resurrección en servicios y cánticos sin que estos ritos reintegren algo en nuestro interior, en nuestro modo de vivir. Cuando san Pablo se convirtió, «cayeron de sus ojos unas como escamas» (Hch 9:18); y la adoración litúrgica ha de tener tal función: destruir el muro de la frialdad acumulada por circunstancias, negligencia, olvido o pecados. Sin esta conversión, la Vida quedará dormida en mi propio sepulcro.

El segundo muro está en que minimizamos la Resurrección a unas rutinas o tradiciones; cambiamos en la vida lo superficial: ropa, comida, relaciones, etc., y de esta manera, probamos de la fiesta sus costumbres, las cuales, supuestamente, son colores que expresan la novedad de la vida; pero he aquí que estas expresiones huelen a muerte cuando las vaciamos de su esencia. Las costumbres han de reflejar en la vida cotidiana la luz del Resucitado. Tal reflejo se manifiesta en la comunidad con visitas familiares, eventos sociales y gestos cariñosos, y nuestra ropa expresa la blancura y la novedad bautismales. Toda costumbre será bendita siempre y cuando forme una expresión de la nueva Vida en Cristo.

El tercer muro es reducir la fiesta a un recuerdo de un acontecimiento histórico, es decir, festejar la Resurrección que tuvo lugar hace casi 2000 años como si estuviéramos recordando a un héroe o una revolución. En el Tropario de Pascua cantamos: «Cristo resucitó de entre los muertos pisoteando la muerte con su muerte y otorgando la vida a los que yacían en los sepulcros.» El gerundio del texto original en griego, traducido como «pisoteando» y «otorgando», no se refiere a un momento del pasado sino, más bien, a una acción cuya vigencia continúa hasta el presente: «He aquí que yo estoy con ustedes todos los días hasta el fin del mundo», dijo el Señor a sus discípulos después de la Resurrección (Mt 28:20). La Resurrección de Cristo es un acontecimiento ontológico que supera los límites del tiempo y del espacio, descargay sumerge nuestra vida –aquí y ahora– en la presencia del Resucitado.

«¿Quién nos rodará la piedra de la entrada del sepulcro?» Nosotros mismos somos quienes tenemos que retirar la piedra de la insensibilidad en la adoración para obtener de ella vida, en lugar de enterrar la vida en costumbres; tenemos que destruir la superficialidad de las fiestas y el muro del tiempo para hacer de lo que sucedió en el pasado el criterio principal de nuestra vida y un hecho de cada momento; porque «si no resucitó Cristo, vacía es nuestra predicación, vacía también vuestra fe» (1Cor 15:14).

¡Cristo ha resucitado!, y la Vida ha surgido del sepulcro.

¡Cristo ha resucitado!, y nosotros hemos sido revivificados.

¡En verdad ha resucitado el Señor!

Nuestra Fe y Tradición

Huevo de Pascua

Existe una antigua tradición cristiana de pintar huevos de Pascua. Estos huevos simbolizan la nueva vida y a Cristo emergiendo de laHoly Dormition Orthodox Church, Cumberland, RI, USA tumba, de hecho, los cristianos ortodoxos acompañan esta tradición con la consigna: «¡Cristo ha resucitado!».

Una tradición ortodoxa relata que tras la Ascensión, María Magdalena fue a Roma a predicar el evangelio. En presencia del emperador romano Tiberio, y sosteniendo un huevo de gallina, exclamó:«¡Cristo ha resucitado!». El emperador se rio y le dijo que eso era tan probable como que el huevo se volviera rojo. Antes de que acabara de hablar el huevo se había vuelto rojo.

El rito de bendecir los huevos es de las costumbres muy cercanas al corazón del pueblo ortodoxo; la salida del pollito del huevo es una imagen que simboliza la salida esplendorosa de la Vida, desde las obscuras profundidades del sepulcro “la luz brilla en las tinieblas, y las tinieblas no la vencieron.” (Jn.1,5). Así como el mismo pollito con su pico rompe la cáscara cuando se cumplen sus días para salir a la existencia, así Cristo, salió resplandeciente al tercer día por su propio Divino Poder. Respeto a la coloración de los huevos, inicialmente se usaba el color rojo que simboliza la sangre derramada de Cristo. posteriormente se difundió el uso de muchos colores, primero por expresar la alegría y segundo porque la Pascua cae en la primavera donde las flores brillan con sus colores.

¡Cristo ha resucitado!

Después de la Resurrección el Señor se presentó con dos de los discípulos que iban a Emaús (Lc. 24, 13-32), y cuando lo reconocieron “en la fracción del pan”, regresaron a Jerusalén para anunciar que “Cristo ha resucitado”, los doce apóstoles los recibieron diciéndoles: “En verdad ha resucitado el Señor y se ha manifestado a Simón.” Este anuncio y certeza son el corazón del Evangelio y el eje central de la predicación. Esta comprensión, que la Tradición eclesiástica ha guardado, es la que lleva a los fieles a saludarse durante la temporada pascual (hasta la ascensión del Señor) con el saludo propio “Cristo ha resucitado” (en árabe “Al-Masih Kam”), al que se contesta “en verdad ha resucitado” (“Hakkan Kam”).

El Sepulcro Vacío

Los primeros testigos de la realidad del sepulcro vacío –según los cuatro evangelios– son María Magdalena y las otras mujeres; Juanimages menciona solamente a Magdalena, pero esto no descarta la posibilidad de que las otras mujeres se hallaran con ella; y ratifica a esta posibilidad el uso de plural en las palabras de Magdalena: “No sabemos donde lo pusieron” (Jn 20: 2). Aunque los evangelios eran redactados en un contexto que no validaba el testimonio de la mujer, sin embargo, los cuatro evangelistas registraron los nombres de estas mujeres y documentaron su testimonio, a tal grado que su importancia superó la de la llegada de Pedro y Juan al sepulcro vacío. Pues si su testimonio no hubiera sido sincero y auténtico, los evangelistas no lo hubieran subrayado de tal manera.

En el evangelio según san Marcos, el Ángel anuncia a las mujeres que el hecho de la Resurrección se ha consumado: “Ha resucitado”; pero no hay, absolutamente ninguna referencia al momento de la Resurrección. En el evangelio según san Mateo, el Ángel baja del cielo y retira la piedra, no para que ayude a Cristo a salir de su sepulcro, sino para que facilite a las mujeres el acceso al sepulcro vacío ya, a fin de que ellas verifiquen que el Salvador “ha resucitado” (Mt 28: 2). Esto es lo que el icono bizantino ilustra: jamás expone el acontecimiento de la salida de Cristo del sepulcro –como sí ha prevalecido en el Occidente–, sino que conserva dos ilustraciones tradicionales de la Resurrección:

El icono del descenso al Hades: un testimonio teológico de lo sucedido.

El icono del Sepulcro vacío: un testimonio histórico de lo sucedido.

Frases del Resucitado

  • Vosotros sois testigos de estas cosas. Y he aquí, yo enviaré sobre vosotros la promesa de mi Padre; pero vosotros. (Lc 24:48-49)
  • Toda autoridad me ha sido dada en el cielo y en la tierra. (Mt 28:18)
  • Id por todo el mundo y predicad el evangelio a toda criatura. (Mc 16:15)

 

Boletín del 01/04/2018

Domingo de Ramos

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Hoy la Gracia del Espíritu Santo nos ha reunido. 
Y todos, juntos, elevamos Tu Cruz diciendo:
“Hosanna en las Alturas, Bendito Él que viene en el Nombre del Señor”.
                                                                                                                       Exapostelario

Himnos de la Liturgia

Troparios de Domingo de Ramos

Tono 1

audio27Oh Cristo nuestro Dios, cuando resucitaste a Lázaro
de entre los muertos antes de tu Pasión,
confirmaste la resurrección universal. Por lo tanto,
nosotros, como los niños, llevamos los símbolos de la victoria
y del triunfo clamando a ti, oh vencedor de la muerte:
¡hosanna en las alturas! ¡bendito el que viene en el nombre del Señor!
 

Condaquio de Domingo de Ramos

Tono 6

¡Oh Cristo Dios, sentado en los cielos en el Trono,
y en la tierra sobre un pollino!,  acepta las alabanzas de los ángeles
y el cántico de los niños que te exclaman: 
“¡Bendito eres Tú, que vienes a renovar la vocación de Adán!”

Lecturas Bíblicas

Carta del Apóstol San Pablo a los Filipenses  (4: 4-9)

Hermanos: Estén siempre alegres en el Señor; se lo repito: ¡Estén alegres! Que su bondad sea conocida de todos los hombres. El Señor está cerca. No se inquieten por cosa alguna; antes bien, en toda ocasión, presenten a Dios sus peticiones, mediante la oración y la súplica, acompañadas de la acción de gracias. Y la paz de Dios, que supera todo entendimiento, custodiará sus corazones y sus pensamientos en Cristo Jesús.

Por lo demás, hermanos, todo cuanto hay de verdadero, de noble, de justo, de puro, de amable, de honorable, todo cuanto sea virtud y cosa digna de elogio, en esto piensen. Todo cuanto han aprendido y recibido y oído y visto en mí, pónganlo por obra y el Dios de la paz estará con ustedes.

Evangelio según San Juan (12: 1-18)

Seis días antes de la Pascua, vino Jesús a Betania donde estaba Lázaro, a quien Jesús había resucitado de entre los muertos. Le dieron allí una cena. Marta servía y Lázaro era uno de los que estaba con Él a la mesa. Entonces María, tomando una libra de perfume de nardo puro, muy caro, ungió los pies de Jesús y los secó con sus cabellos. La casa se llenó de olor de perfume. Dijo Judas Iscariote, uno de los discípulos, el que lo había de entregar: «¿Por qué no se ha vendido este perfume por trescientos denarios y se ha dado a los pobres?» Decía esto no porque le preocuparan los pobres, sino porque era ladrón; y como tenía la bolsa, se llevaba lo que echaban en ella. Dijo Jesús: «Déjala, para el día de mi sepultura ha guardado esto. Porque pobres siempre tendrán con ustedes, pero a Mí no siempre me tendrán.» Gran número de judíos supo que Jesús estaba allí y fueron, no sólo por Jesús, sino también para ver a Lázaro, a quien había resucitado de entre los muertos. Los sumos sacerdotes decidieron dar muerte también a Lázaro, porque a causa de él muchos judíos se les iban y creían en Jesús. Al día siguiente, al enterarse la numerosa muchedumbre -que había llegado para la fiesta- de que Jesús se dirigía a Jerusalén, tomaron ramas de palmera y salieron a su encuentro gritando: «¡Hosanna! ¡Bendito el que viene en el Nombre del Señor, el Rey de Israel!» Jesús, habiendo encontrado un borriquillo, se montó en él, según está escrito: No temas hija de Sión; he aquí que tu Rey viene montado en un pollino de asna. Esto no lo comprendieron sus discípulos de momento; pero cuando Jesús fue glorificado, se acordaron de que esto estaba escrito sobre Él, y que era lo que le habían hecho. La gente que estaba con Él cuando llamó a Lázaro de la tumba y lo resucitó de entre los muertos, daba testimonio. Por eso también salió la gente a su encuentro, porque había oído que Él había realizado aquella señal.

Mensaje Pastoral

El Rey de la gloria

12DgoRamos (1)Seis días antes de la Pascua, Jesús entró con sus discípulos a Jerusalén. Los habitantes de la ciudad y los visitantes que llegaron para celebrar la Pascua salieron a su encuentro; muchos de ellos querían ver al que resucitó a Lázaro, muerto de cuatro días, pensando y planeando que éste había de ser el «Rey de los Judíos» que iba a librarlos del yugo de los romanos, y le decían «¡Hosanna! (expresión hebrea que significa “da salvación”). Bendito el que viene en el nombre del Señor, el Rey de Israel.» Pilatos, el gobernante de la región, estaba en Jerusalén, en una medida rutinaria para aportar más control en la ciudad de los judíos durante la temporada festiva; y se enteró de la recepción real que Jesús tuvo. Por eso, en un momento dado, colocó en la Cruz la inscripción «el Rey de los Judíos».

Los Evangelios no relatan mucho sobre lo acontecido durante los cuatro días que Jesús pasó en Jerusalén después de la Entrada triunfal y antes de la Última Cena. Pero parece que Cristo en ellos intensificó su enseñanza sobre el juicio: la parábola de las diez vírgenes, la del juez que separa las ovejas de los cabritos conforme a las obras, la expulsión de los comerciantes del templo –«mi casa será casa de oración. ¡Pero ustedes la han hecho una cueva de bandidos!» (Mt 21:13)–, además de haber entrado sobre un asno, señal de humildad y de mansedumbre inesperadas –«Mi Reino no es de este mundo» (Jn 18:36)–. Todo ello provocó que esta fe superficial e interesada de la gente en Jerusalén se transformase tan pronto en blasfemia: «¡Crucifícalo!» ¡Cuélgalo lejos de nuestra vida! (fuera de la ciudad). Y alzaban la voz para tapar cualquier memoria bondadosa de Él, para callar cualquier gemido verídico de la conciencia.

Domingo de Ramos, un día en que la feligresía –aun la que no es asidua en su práctica eclesiástica– acude con intensidad a la Iglesia y trae a los niños, como si la celebración perteneciera exclusivamente a la niñez. En realidad sí, la fiesta es un llamado a imitarlos, como dice el Tropario: «Nosotros, como los niños, llevamos los símbolos de la victoria y del triunfo». El niño no impone condiciones de vigencia a la paternidad de su padre; antes bien, reconoce a su papá tal como es, se tira en sus brazos y le ofrece el respeto y el cariño correspondientes. Con esta entrega, el cristiano levanta los Ramos de la virtud y de la lucha que ha ofrecido a lo largo de la Cuaresma y de toda su vida para recibir a Dios, no como su mente limitada se lo podría plantear (poder, autoridad, descanso, placer) sino tal como es Él: «He aquí que viene a ti tu Rey: justo él y victorioso,  humilde  y  montado  en  un  asno»  (Zac 9:9). Y a lo largo de los días de la Semana Santa va contemplando más y más a este Amado del alma, el Novio, que «no tenía apariencia ni presencia […], no tenía aspecto que pudiésemos estimar […], fue oprimido y se humilló y no abrió la boca», y quien «nuestras dolencias llevó y nuestros dolores soportó […], herido por nuestras rebeldías […], por sus llagas hemos sido curados» (Is 53). No le causaría tropiezo el ver al Señor sobre la Cruz; más bien, con la mirada contrita del ladrón, lee la inscripción, no la de la burla sino la del triunfo «el Rey de la gloria»; y en medio del murmullo que anuncia «la muerte de Dios», saca un suspiro esperanzador: «¡Acuérdate de mí, Señor, en tu Reino!», probando de antemano el día tercero.

Nuestra Fe y Tradición

La Semana Santa

Es la semana de la profunda vigilia donde el alma anhela al Novio Jesús; “He aquí que el Novio viene a medianoche…” cantamos en loslentIcon primeros tres días de la Semana. Viene y entra en la oscuridad de tu alma a fin de que ella pueda recibir la Luz Pascual. lo recordamos como “el Novio” para cuyo encuentro tendremos que adornar “nuestra cámara nupcial.”

Será conveniente que, aparte de los servicios, dediquemos tiempo, según se pueda, para leer en los Evangelios, para alimentar nuestra contrición, así que, ungidos el miércoles con el Santo Óleo “para la curación del cuerpo y del alma”, podamos participar en la Cena Mística del Jueves Santo (en la mañana). En la noche del día mencionado y con las doce lecturas evangélicas que la Iglesia nos lee, penetremos en la Pasión de Cristo y nos suavicen el corazón las palabras del Señor sobre su voluntaria entrega, sobre la promesa del paráclito, y sobre la Iglesia surgida de su herido Costado.

Gran bendición nos otorga la participación en “las horas reales” de la mañana del Viernes: Salmos, profecías, evangelios, epístolas y cantos que se refieren a la Pasión; aquí comprendemos la Cruz como la fuerza de Dios y su sabiduría. El corazón de nuestras lecturas es lo que había predicho el profeta Isaías: “No hay parecer en él, ni hermosura; lo vimos, pero no tenía atractivo como para que lo deseáramos. Fue despreciado y desechado por los hombres… él llevó nuestras enfermedades y sufrió nuestros dolores… fue herido por nuestras transgresiones…” Al terminar el Servicio ponemos el Epitafio (el icono del Entierro Divino) en el medio de la Iglesia, besándolo, y regresamos en la tarde para cantar adecuadamente ante el misterio “!Al Dador de vida, le contuvo el sepulcro…!”; con la procesión del Epitafio contemplamos “la Providencia cumplida con la Muerte.”

En el Sábado de la Luz los catecúmenos recibían el Bautismo, donde se muere por el pecado y se surge para una vida nueva. En esta Liturgia, por ya no soportar más que el Señor permanece en el sepulcro, le exclamamos: “Levántate, oh Señor, Juzga la tierra,” mientras los sacerdotes echan, a los fieles, el laurel anunciando que nuestro Salvador ha vencido y que, por su Cruz, ya somos vencedores.

 La Semana es santa no por sí sino por consagrarla al Santo Acontecimiento; “venid, hermanos, acompañémoslo con conciencia pura, crucifiquémonos con Él por los deseos de la vida…” Para que, concluyéndose la Semana, podamos clamar desde el fondo del ser: “Cristo ha resucitado.”

El Sábado de Lázaro

200px-'The_Raising_of_Lazarus',_tempera_and_gold_on_panel_by_Duccio_di_Buoninsegna,_1310–11,_Kimbell_Art_MuseumLa semana después del Domingo de María de Egipto se llama la Semana de los Ramos, o de las Palmas. En los oficios del día martes de esta semana, la Iglesia recuerda que Lázaro, el amigo de Jesús, ha muerto y que el Señor lo resucitará de entre los muertos. (Juan 11) A medida que los días progresan hasta llegar al sábado, la Iglesia, en sus diversos himnos y oraciones, sigue a Cristo en su camino hacia Betania, al sepulcro de Lázaro. El día viernes en la tarde, en la víspera de la celebración de la resurrección de Lázaro, concluyen los cuarenta días del “Santo Ayuno” de la Gran Cuaresma:

El Sábado de Lázaro es una celebración pascual. En este día, la Iglesia glorifica a Cristo como “la Resurrección y la Vida” quien, resucitando a Lázaro, ha confirmado la resurrección universal de toda la humanidad aun antes de Su propia Pasión, Muerte y Resurrección.

Himno de la resurrección de Lázaro

 
 Regocíjate, Betania,  /   hacia ti hoy vino Dios,
Quien al muerto vivifica. /  ¡Cómo no, si la Vida es Él!
 
Marta Lo ha recibido  /   con lamentos y dolor:
«¡Ay de mí, Jesús amigo, /   me derriba un gran pesar!»
 
Exclamó: «¡Rabí, oh Cristo /  compasivo, ayúdame!
Al perder a mi hermano, /  se rompió mi corazón.»
 
«Cesa el llanto —Él le dijo—  /     y de lado  déjalo,
ten presente que el hermano /    a la vida va a volver.»
 
Se acercó, pues, al sepulcro   /    el Amigo Redentor
 y llamó al sepultado:  /    «¡Sal afuera, oh Lázaro!»
 
Marta y María, vengan  /   a mirar la gran acción:
Revivió hoy su hermano,  /    den las gracias a Jesús.
 
Ante Ti, Oh Dios de todo, /  nos postramos con fervor;
muertos somos del pecado, /  resurgimos en Ti, oh Jesús
 

Sentencias de l0s Padres del  Desierto 

  • Contaban del abad Isidoro, presbítero de Scitia, que si alguno tenía un hermano enfermo, débil o insolente, y quería expulsarlo, él decía: «Tráemelo a mí». Y con su paciencia,  curaba el alma de aquel hermano.
  • Decía el abad Pastor: «Cualesquiera que sean tus penas, callando las superarás».
  • Preguntó un hermano al abad Pastor: «¿Qué significa ese pasaje de la Escritura: “No os preocupéis del mañana”». (Mt 6,34). El anciano le dijo: «Esto se refiere al hombre que aquí  abajo padece tentación y desfallece, para que no piense cuánto tiempo durará este estado,  sino que lo de hoy, y lo de cada día, lo haga con generosidad y mire confiadamente el futuro».

Boletín del 25/03/2018

Quinto Domingo de Cuaresma 

 Fiesta de la Anunciación

Alégrate, oh Honorable Madre de Dios,
Liberación de Adán de la maldición;
 Alégrate, Zarza Viva; alégrate, oh Lámpara,
oh Trono, Escala y Puerta; alégrate Carro divino;
alégrate Nube ligera, Santuario y
Recipiente todo dorado; alégrate Monte,
Tienda y Mesa; alégrate rescate de Eva.
                                                                          Exapostolario

Himnos de la Liturgia

Tropario de la Resurrección

Tono 1

audioCuando la piedra fue sellada por los judíos
 y tu purísimo cuerpo fue custodiado por los guardias,
resucitaste al tercer día, oh Salvador,
concediendo al mundo la vida.
Por lo tanto, los poderes celestiales clamaron a Ti:
 Oh Dador de Vida, Gloria a tu Resurrección,
 oh Cristo, gloria a tu Reino, gloria a tu plan de salvación,
oh Único, Amante de la humanidad.

Tropario de la Anunciación

Tono 4

Hoy es el principio de nuestra Salvación,
la revelación del Misterio sempiterno:
El Hijo de Dios se hace Hijo de la Virgen,
y Gabriel anuncia la Gracia; por lo que,
nosotros también con él, clamemos a la Madre de Dios:
« ¡Alégrate, oh Llena de gracia, el Señor está contigo!»

Condaquio de Cuaresma

 Tono 8

A ti, María, te cantamos como victoriosa;
tu pueblo ofrece alabanzas de agradecimiento,
pues de los apuros, Theotokos, nos has salvado.
Tú, que tienes invencible y excelsa fuerza,
de los múltiples peligros libéranos.
Para que exclamemos a ti: ¡Alégrate oh Novia, sin novio!

 Lecturas Bíblicas

Carta del Apóstol San Pablo a los Hebreos  (2: 11-18)

Hermanos: Tanto el santificador como los santificados tienen todos el mismo origen. Por eso no se avergüenza de llamarles hermanos cuando dice: Anunciaré tu nombre a mis hermanos; en medio de la asamblea te cantaré himnos. Y también: Pondré en él mi confianza. Y nuevamente: Henos aquí, a mí y a los hijos que Dios me dio.

Por tanto, así como los hijos participan de la sangre y de la carne, así también participó Él de las mismas, para aniquilar mediante la muerte al que tiene el imperio de la muerte, es decir, al Diablo, y libertar a cuantos, por temor a la muerte, estaban de por vida sometidos a esclavitud. Porque, ciertamente, no se ocupa de los ángeles, sino de la descendencia de Abraham. Por eso tuvo que asemejarse en todo a sus hermanos, para ser Sumo Sacerdote misericordioso y fiel en lo que toca a Dios, en orden a expirar los pecados del pueblo. Pues, habiendo sido probado en el sufrimiento, puede ayudar a los que se ven probados.

 Santo Evangelio según San Lucas (1:24-38)

En aquel tiempo, concibió Isabel, mujer de Zacarías; y se mantuvo oculta durante cinco meses diciendo: «Esto es lo que ha hecho por mí el Señor en los días en que se dignó quitar mi oprobio entre los hombres.» Al sexto mes, fue enviado por Dios el ángel Gabriel a una ciudad de Galilea, llamada Nazaret, a una virgen desposada con un hombre llamado José, de la casa de David; el nombre de la virgen era María. Y entrando, le dijo: «Alégrate, oh Llena de gracia, el Señor está contigo.» Ella se conturbó por estas palabras, y discurría qué significaría aquel saludo. El Ángel le dijo: «No temas, María, porque has hallado gracia delante de Dios; vas a concebir en el seno y vas a dar a luz un hijo, a quien pondrás por nombre Jesús. Él será grande y será llamado Hijo del Altísimo, y el Señor Dios le dará el trono de David, su padre; reinará sobre la casa de Jacob por los siglos y su reino no tendrá fin.» María respondió al Ángel: «¿Cómo será esto, puesto que no conozco varón?» El Ángel le respondió: «El Espíritu vendrá sobre ti y el poder del Altísimo te cubrirá con su sombra; por eso el Santo que ha de nacer de ti será llamado Hijo de Dios. Mira, también Isabel, tu pariente, ha concebido un hijo en su vejez, y éste es ya el sexto mes de aquélla que llamaba estéril, porque ninguna cosa es imposible para Dios.» Dijo María: «He aquí la esclava del Señor; hágase en mí según tu palabra.» Y el Ángel dejándola se fue.

 Nuestra Fe y Tradición

la veneración a la Madre de Dios

La Iglesia Ortodoxa honra y venera a la Virgen María como “más honorable que los querubines e incomparablemente más gloriosa que los serafines.” En todos los servicios se menciona su nombre, y se pide su intercesión ante el trono de Dios. Se le da los títulos de Theotokos  “Madre de Dios”. Ella tiene un papel definitivo en la teología cristiana y de ningún modo se la puede considerar como un instrumento que, una vez utilizada, fuera desechado y olvidado.

La Santísima Virgen no es corodentora ni mediatriz sino intercesora y protectora de los fieles. El contenido de la oración dirigida a ella es una petición por su intercesión. El concepto ortodoxo de la Iglesia explica la invocación de la Theotokos y de todos los Santos. La Iglesia militante en la tierra y la Iglesia victoriosa en 108 cielos están íntimamente ligadas por amor. Sí conviene que un pecador pida que otro pecador que rece por él, ¿no será aún más conveniente pedir a los santos del cielo ya glorificados cerca del trono de Dios que rueguen por nosotros? Seguramente ellos saben algo de lo que pasa aquí en la tierra. Si no, ¿cómo es que hay gozo delante de los Ángeles de Dios por un pecador que se arrepiente? (Lucas 15:10) Los santos del cielo “son iguales a los ángeles” (Lucas 20:36), a quienes utiliza Dios para el cumplimiento de sus propósitos. (Hechos 12:7).

Hay suficiente evidencia escritural para confirmar la veneración e invocación ortodoxas de la Santísima Virgen y de los Santos. Aunque no la hubiera, las otras fuentes igualmente válidas de la Tradición ofrecen abundante evidencia de su rectitud e importancia.

Vida de Santos

La Anunciación de la Santísima Virgen María.

25 de marzo

Esta gran fiesta tomó su nombre de la buena nueva anunciada por el arcángel Gabriel a la Santísima Virgen María, referente a la Encarnación del Hijo de Dios. Era el propósito divino dar al mundo un Salvador, al pecador una víctima de propiciación, al virtuoso un modelo, a esta doncella —que debía permanecer virgen— un Hijo, y al Hijo de Dios una nueva naturaleza, una naturaleza humana capaz de sufrir el dolor y la muerte, a fin de que El pudiera satisfacer la justicia de Dios por nuestras transgresiones. El Espíritu Santo, que para la Virgen estaba en el lugar del esposo, no se contentó con hacer que su cuerpo fuera capaz de dar la vida al Dios Hombre, sino que enriqueció su alma con la plenitud de la gracia, de suerte que pudiera haber una especie de proporción entre la causa y el efecto y, para que ella pudiera ser la criatura más cualificada para cooperar en este misterio de santidad; por lo tanto, el ángel se dirigió a ella, diciéndole: “Dios te salve María, llena eres de gracia.” Si María no hubiese estado profundamente arraigada en la humildad, esta forma de salutación y el significado del gran designio para el que se pedía su cooperación, fácilmente la habrían envanecido, pero en su humildad, Ella sabía que la gloria de cualquier gracia que poseyera pertenecía a Dios. Su modestia había sugerido una duda, pero una vez que ésta fue disipada, sin más investigación, dio su asentimiento para esa su misión celestial. “He aquí la sierva del Señor, hágase en Mí según Su palabra.” El mundo no iba a tener un Salvador hasta que Ella hubiese dado su consentimiento a la propuesta del ángel. Lo dio y he aquí el poder y la eficacia de su ¡Fiat! En ese momento, el misterio de amor y misericordia prometido al género humano miles de años atrás, predicho por tantos profetas, deseado por tantos santos, se realizó sobre la tierra. En ese instante, el Verbo de Dios quedó para siempre unido a la raza humana: el alma de Jesucristo, producida de la nada, empezó a gozar de Dios y a conocer todas las cosas, pasadas, presentes y futuras; en ese momento Dios comenzó a tener un adorador infinito y el mundo un mediador omnipotente y, para la realización de este gran misterio, solamente María es escogida para cooperar con su libre consentimiento.

Frases Bíblicas

  •  He aquí que una doncella está encinta y va a dar a luz un hijo, y le pondrá por nombre Emmanuel. (Isaías 7:14)
  • El ángel le dijo: «No temas, María, porque has hallado gracia delante de Dios; vas a concebir en el seno y vas a dar a luz un hijo, a quien pondrás por nombre Jesús. (Lucas 1:30-31)
  •  «He aquí la esclava del Señor; hágase en mí según tu palabra.» (Lucas 1:38)
  • «Desde ahora todas las generaciones me llamarán bienaventurada, porque ha hecho en mi favor maravillas el Poderoso, santo es su Nombre.» (Lucas 1:49)

 

Boletín del 18/03/2018

4º Domingo de Cuaresma

Domingo de San Juan Clímaco

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Oh Justo, te apartaste del reprobable gozo mundano
y apagaste la carne con el ayuno,
renovando el impulso del alma
y enriqueciéndola con la gloria celestial.
 Por eso, intercede sin cesar por nosotros,
oh Juan de eterna memoria.
                                                                                         Exapostelario

Himnos de la Liturgia

Tropario de la Resurrección

Tono 8

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Descendiste de las alturas, oh Piadoso,
y aceptaste el entierro de tres días
para librarnos de los sufrimientos.
Vida y Resurrección nuestra, oh Señor, gloria a ti.
 

Tropario de San Juan Clímaco

Tono 8

Con la efusión de tus lágrimas regaste el desierto estéril;
y por los profundos suspiros, tus fatigas dieron frutos cien veces más,
volviéndote un astro del universo, brillante con los milagros,
oh nuestro justo padre Juan;
intercede ante Cristo Dios para que salve nuestras almas.

 Condaquio de la Cuaresma

Tono 8

audio27A ti, María, te cantamos como victoriosa;
tu pueblo ofrece alabanzas de agradecimiento,
pues de los apuros, Theotokos, nos has salvado.
Tú, que tienes invencible y excelsa fuerza,
de los múltiples peligros libéranos.
Para que exclamemos a ti: ¡Alégrate oh Novia y Virgen!

 Lecturas Bíblicas

Carta del Apóstol San Pablo a los Hebreos (6: 13-20)

Hermanos: Cuando Dios hizo la Promesa a Abraham, no teniendo a otro mayor por quien jurar, juró por Sí mismo diciendo: Te bendeciré y te acrecentaré en gran manera. Y así (Abraham) aguardando con paciencia, alcanzó la Promesa. Pues los hombres juran por uno superior, y para ellos el juramento es la garantía que pone fin a todo litigio. Por eso Dios, queriendo mostrar más plenamente a los herederos de la Promesa la inmutabilidad de su decisión, interpuso el juramento; para que, mediante dos cosas inmutables en las cuales es imposible que Dios no cumpla, tengamos un consuelo poderoso, los que buscamos el refugio al asirnos a la esperanza propuesta, la cual tenemos como ancla del alma, segura y firme, que penetra hasta más allá del velo,adonde entró como precursor de nosotros Jesús, hecho Sumo Sacerdote para siempre, a semejanza de Melquisedec.

 Evangelio según San Marcos (9: 17-31)

En aquel tiempo, uno de entre la gente se acercó a Jesús y le dijo: «Maestro, te he traído a mi hijo que tiene un espíritu mudo y, dondequiera que se apodera de él, lo derriba, le hace echar espumarajos, rechinar los dientes y lo deja rígido. He dicho a tus discípulos que lo expulsaran, pero no han podido.» Él le respondió y dijo: «¡Oh generación incrédula! ¿Hasta cuándo estaré con ustedes? ¿Hasta cuándo habré de soportarlos? ¡Tráiganmelo!» Y se lo trajeron. Apenas el espíritu vio a Jesús, agitó violentamente al muchacho y, cayendo en tierra, se revolcaba echando espumarajos. Entonces Él preguntó a su padre: «¿Cuánto tiempo hace que le viene sucediendo esto?» Le dijo: «Desde niño. Y muchas veces lo ha arrojado al fuego y al agua para acabar con él; pero, si algo puedes, compadécete de nosotros y ayúdanos.» Jesús le dijo: «Si puedes creer, todo es posible para quien cree.» Al instante, gritó el padre del muchacho: «¡Creo, ayuda a mi poca fe!» Viendo Jesús que se agolpaba la gente, increpó al espíritu inmundo diciéndole: «Espíritu sordo y mudo, Yo te lo mando: sal de él y no entres más en él.» Y el espíritu salió dando gritos y agitándolo con violencia. El muchacho quedó como muerto, hasta el punto de que muchos decían que había muerto. Pero Jesús, tomándolo de la mano, lo levantó y él se puso de pie.

Cuando Jesús entró en casa, le preguntaban en privado sus discípulos: «¿Por qué nosotros no pudimos expulsarlo?» Les dijo: «Esta clase con nada puede ser arrojada sino con oración y ayuno.»

Mensaje Pastoral

 El poder de la fe

«Mi hijo tiene un espíritu mudo y, dondequiera que se apodera de él, lo derriba, le hace echar espumarajos, rechinar los dientes y lo dejajesus_discipulos3 rígido.» Ante esta creación sufriente, Jesús mostró su compasión y voluntad de que «todos se salven y hacia el conocimiento de la verdad se adelanten» (1Tim 2: 4).

En los tres evangelios sinópticos (según san Mateo, Marcos y Lucas), la curación de este epiléptico sigue al suceso de la Transfiguración cuando Cristo se manifestó en su gloria ante los tres discípulos: Pedro, Juan y Santiago. Ellos quisieron quedarse más tiempo –o todo el tiempo– sobre el monte de Tabor: «Maestro, bueno es estarnos aquí. Vamos a hacer tres tiendas, una para Ti, otra para Moisés y otra para Elías» (Mc 9: 5). Pero el Señor ignoró su propuesta y decidió bajar del monte de la Transfiguración con ellos para encontrarse con el hombre y sus angustias. La Gloria de Cristo, que se manifestó entre los discípulos –y por ellos sobre toda la Iglesia–, no es una ilusión pasiva y apática que satisface los sentimientos y emociones del hombre sino una Luz activa que enfrenta al mundo: enfrenta al dolor y lo transforma en consuelo y curación, enfrenta a la tristeza y la convierte en esperanza, enfrenta a la pasión y la transmuta en amor a Dios y al prójimo.

Sin embargo, los discípulos en aquel momento no podían atender la petición del padre para curar a su hijo: «He dicho a tus discípulos que lo expulsaran, pero no han podido.» Cristo atribuyó la impotencia a la falta de fe (de los discípulos y del padre), porque «si puedes creer, todo es posible para quien cree», como dijo al padre. Éste le respondió a Jesús con sensatez: «Creo Señor…», porque él seguramente se había enterado de todo lo que Jesús efectuaba; «ayuda mi poca fe», pues la magnitud de la enfermedad de su hijo (desde niño) limitaba su fe, por lo que, con un tono penitencial, clamó: «Creo, ayuda mi poca fe.»

El cristiano, ante la magnitud de la corrupción en el mundo presente, ante la tristeza de sus dolores, ante la fuerza de sus propios vicios y debilidades, se siente impotente como los discípulos y el padre de la lectura evangélica y, tocando las puertas de la esperanza, saca un clamor humilde y sincero: «Creo, Señor, ayuda mi poca fe.» Y el Señor le contesta: «Esta clase (el demonio de la incredulidad) con nada puede ser arrojada sino con oración y ayuno.»

En el desierto de la Cuaresma, precisamente con oración y ayuno, subimos al monte de la Transfiguración, donde la Luz de Cristo, día a día, purifica nuestro corazón, mente y cuerpo; y en cuanto alcancemos el glorioso día de la Resurrección, nuestro «ayuda mi poca fe» será transformado en «todo lo puedo en Cristo que me fortifica.» (Flp 4: 13).

Nuestra Fe y Tradición

 la Cuerda de Oración (Komboskini o Chotki)

OrthRosaryChotki1La razón principal para la cual se utiliza el Komboskini, es para ayudarnos en nuestras oraciones a Dios. Las mejores horas para la oración, son en la noche antes de dormirnos o temprano en las mañanas antes de salir a trabajar alguien podría decir que aún sin el Komboskini podemos elevar nuestras oraciones y es cierto. Pero muchas veces, tenemos tantas preocupaciones y problemas, que hasta olvidamos darnos tiempo para la oración. Es entonces cuando el Komboskini de muñeca o de bolsillo nos pueden ayudar, mientras caminamos, vamos en bus o metro, esperamos que nos atiendan o en los momentos de oración en nuestra casa. Llevando la cuerda de oración en su mano, el monje recuerda su tarea principal continuamente: orar incesantemente, algo que el Apóstol Pablo no sólo requirió de los monjes, sino de todo cristiano en general (ITes. 5:17). Esto explica porqué a un monje recientemente tonsurado, se le confía inmediatamente por el abad el cordón de oración con las siguientes palabras: “Acepta, hermano ……, la espada espiritual que es la palabra de Dios en el Jesús eterno, ora por que debes tener el nombre del Señor en tu alma, tus pensamientos, y tu corazón, y di siempre: “Señor Jesucristo, Hijo de Dios, ten misericordia de mí, que soy pecador.”  Todos aquéllos que buscan su salvación están invitados a este recuerdo incesante del nombre salvador de Jesús, tanto las personas comunes, como los monjes o monjas.

Vida de Santos

San Juan Clímaco

Memoria en la 4ta semana de cuaresma  (30 de Marzo)

0330-SAN-JUAN-CLIMACOA partir del siglo VI, el célebre monasterio de Santa Catalina, fundado por Justiniano en el monte Sinaí, se convierte en el más importante centro de difusión e irradiación de espiritualidad.

Uno de los hombres más notables entre los grandes doctores sinaítas fue indudablemente Juan, abad del monasterio de Santa Catalina, de cuya vida, a pesar de haber sido uno de los ascetas orientales de mayor renombre, no se tiene mayores datos.  En cuanto a sus primeros años, la carencia de noticias es total, sólo podemos deducir que recibió una sólida formación intelectual.

A los dieciséis años ingresa en el Monasterio de Santa Catalina y se somete a la dirección de un cierto abad Martyrius, quien le conferirá la tonsura monástica a la edad de veinte años.

Tras la muerte de su padre espiritual, Juan, que en aquel entonces tendría alrededor de treinta y cinco años, decide entregarse a la vida solitaria.  Pasado un tiempo se le acercaría su primer discípulo, un monje llamado Moisés, y más tarde, atraídos por la aureola que había comenzado a desarrollarse a su alrededor, acuden los monjes en gran cantidad procurando su consejo.

Finalmente, fue elegido abad del Monasterio de Santa Catalina del Monte Sinaí.  Se supone que durante esta época redactó, a petición del abad Juan de Raitu, su Santa Escala, a la que le debe su nombre de “Clímaco”. Llegado a una edad muy avanzada retorna a la vida solitaria hasta su muerte.

San Juan Clímaco nos ha dejado una “Escala” compuesta por treinta escalones, número de la edad de Cristo cuando comenzó su predicación, ya que el objeto de “la Escala”, como dice el mismo Clímaco, es “llegar a la madurez de la plenitud de Cristo.” Son escalones de virtudes que cada cristiano tiene que subir mirando siempre al escalón treinta, donde mora el Amor que es el mismo Cristo quien bendice nuestro ascenso.

Sentencias de los Padres del Desierto

  • San Juan Clímaco:  Dios da la oración a quien reza.
  •  Decía el abad Evagrio: «Si estás desanimado, ora. Ora con temor y temblor, con ardor, sobriedad y vigilancia. Así es preciso orar, especialmente a causa de nuestros enemigos  invisibles, que son malos y se aplican a todo mal, pues sobre todo en este punto de la oración se esfuerzan en ponernos dificultades».
  • Decía la abadesa Sinclética: «Nuestro enemigo es vencido más fácilmente por aquellos  que nada poseen. Porque a éstos no tiene por donde atacarles. Muchos, por el contrario,  fueron vencidos ante la angustia y la tentación que los apartaba de Dios, al serles arrebatados  el dinero y demás posesiones».
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