Mártires Agapio, Pauplio, Timolao, Romulo, dos llamados Dionisio y dos llamados Alejandro en Cesarea de Palestina

Estos santos mártires, combatieron piadosamente durante el reinado de Dioclesiano (284-305) y Urbano era gobernador de Cesarea en Palestina.

Cuando Urbano ordenó que junto con un festival pagano, ciertos cristianos condenados fueron lanzados públicamente a las bestias salvajes, Timolao, un nativo de Ponto, Dionisio de Trípolis en Fenicia, Rómulo de Diospolis, Plesio (o Paisio) y Alejandro de Egipto, y otro Alejandro de Gaza, se ataron las manos y se presentaron a Urbano cuando el festival estaba por comenzar, profesando su fe en Cristo; fueron inmediatamente encarcelados. Pocos días después, Agapios y Dionisio también se presentaron. Todos fueron decapitados juntos en Cesarea.

Tropario, tono 1

Vamos todos a suplicar a los santos mártires de Cristo el Señor, porque ellos suplican por la salvación de nuestras almas con fe y anhelo; por lo tanto, acerquémonos a ellos, porque desbordan con la gracia divina de las curaciones, y ahuyentan como guardianes de la fe, a las huestes de demonios aterrorizados.

Nuestro venerable padre Benedicto (Benito) de Nursia, abad.

Este santo cuyo nombre significa Bendito, nació en la región de Nursia en Italia en el año 480, de padres ricos y distinguidos. No perseveró demasiado en la escuela, porque notaba que la educación de los libros podía hacerle perder “el gran entendimiento del alma”.  Salió de la escuela y se fue a un monasterio donde el monje Román lo tonsuró. Después se retiró a un monte empinado, donde en una cueva pasó más de tres años en grandes trabajos espirituales. Román le llevaba pan y lo subía a la empinada pared del peñasco con una cuerda hasta la entrada de la cueva.  Cuando se hizo conocido en la cercanía, para evitar la alabanza de la gente, se alejó de esa cueva. Era muy riguroso consigo mismo.  Una vez cuando una impura furia de pasión corporal le atacó, él se desnudó y comenzó a rodar sobre una ortiga y espinas, hasta rechazar todo pensamiento de mujer.

Dios lo dotó con muchos dones espirituales: clarividencia, curación, expulsión de los malos espíritus, la resurrección de los muertos; se aparecía a otros en la distancia, tanto en sueños como en visiones.  Una vez percibió que el vaso de vino que le habían servido tenía veneno, él hizo la señal de la cruz sobre el vaso y el vaso se reventó.

Fundó doce monasterios, donde en cada uno al principio había doce monjes. Después compiló la específica regla que será conocida como “Benedictina” que aun se conserva en la iglesia romana.

Seis días antes de su muerte y percibiendo que su fin se acercaba, ordenó que se abriera la tumba que había sido previamente preparada; reunió a todos los monjes, les dio consejos y luego entregó su alma al Señor, a quien fielmente había servido en pobreza y pureza.

Su hermana Escolástica vivía en un monasterio de mujeres, e imitando a su hermano, ella misma también vivió en ascetismo y alcanzó una gran perfección espiritual.  Cuando san Benedicto entregó su alma, dos monjes, uno de viaje y otro en alguna lejana celda estando en oración, vieron simultáneamente la misma visión: un camino desde la tierra al cielo cubierto con preciosas telas e iluminado por ambos lados con hileras de gente; en la cima de ese camino estaba un hombre de indescriptible belleza y luz, que les dijo que ese camino estaba preparado para Benedicto, el amado de Dios.  Por esta visión, esos dos hermanos comprendieron que su buen abad había partido de este mundo.  Murió pacíficamente en el 543 y pasó al eterno reino de su Rey Cristo.

Tropario tono 8, del común de Justos

En ti fue conservada la imagen de Dios fielmente, oh Padre Benedicto, * pues tomando la cruz seguiste a Cristo * y, practicando, enseñaste a despreocuparse de la carne, * que es efímera, * y a cuidar, en cambio, el alma inmortal. * Por eso hoy tu espíritu se regocija junto con los ángeles.

Traslado de las reliquias de san Nicéforo

La fiesta de san Nicéforo el Confesor, Patriarca de Constantinopla, se celebra el 2 de junio. La traslación de sus santas reliquias, que celebramos hoy, tuvo lugar en el año 846 cuando san Metodio (14 de junio) era Patriarca Ecuménico.

Tropario tono 4, de común de Santos Jerarcas

La verdad de tus obras * te ha mostrado a tu rebaño * cual regla de fe, icono de mansedumbre * y maestro de abstinencia. * Así que alcanzaste, por la humildad, alturas * y por la pobreza, riquezas. * ¡Oh santo padre Nicéforo, intercede ante Cristo Dios, * para que salve nuestras almas!

San Gregorio Magno, Papa de Roma; San Teófano el Confesor

San Gregorio nació en Roma de padres nobles y ricos alrededor del año 540. Mientras el Santo aún era joven, su padre murió. Sin embargo, su madre, Silvia, se ocupó de que su hijo recibiera una buena educación tanto en el aprendizaje secular como espiritual. Se convirtió en Prefecto de Roma y buscó agradar a Dios incluso en el mundo; luego, adoptó la vida monástica; Fue nombrado Archidiácono de Roma, y en 579, Apocrisiario (representante o legado papal) en Constantinopla, donde vivió durante casi siete años. Regresó a Roma en 585 y fue elegido Papa en 590. Es conocido especialmente por sus escritos y su gran caridad y entrega, y también porque, por iniciativa suya, comenzó el trabajo misionero entre el pueblo anglosajón. También se le atribuye la introducción en Roma del canto eclesiástico que toma de él el nombre de canto gregoriano; el canto que había escuchado en Constantinopla lo había impresionado profundamente e importó muchos elementos al canto eclesiástico de Roma. Se desempeñó como obispo de esa ciudad desde el 590 al 604.

A san Gregorio, también se atribuye la composición de la Divina Liturgia de los Dones Presantificados que se conserva y celebra únicamente en la Iglesia Ortodoxa durante la Gran Cuaresma y primeros días de la Gran Semana Santa.

Tropario tono 4, del común de Santos Jerarcas

La verdad de tus obras * te ha mostrado a tu rebaño * cual regla de fe, icono de mansedumbre * y maestro de abstinencia. * Así que alcanzaste, por la humildad, alturas * y por la pobreza, riquezas. * ¡Oh santo padre Gregorio Magno, intercede ante Cristo Dios, * para que salve nuestras almas!

San Teófano el Confesor del Monte Sigriane

 

Nació en el 760 de padres ilustres, y aceptando su decisión se casó y se convirtió en miembro de la guardia ceremonial del Emperador.

Más adelante con el consentimiento de su esposa, abandonó el mundo y abrazó la vida monástica, habitando distintos monasterios fundados por él mismo

Murió el 12 de marzo del 815 en la isla de Samotracia a donde a causa de su confesión pública de la Fe Ortodoxa, había sido exiliado por el Emperador iconoclasta León el Armenio.

Tropario, tono 8

Oh guía de la recta fe, * maestro de la devoción y dignidad, * astro del universo, belleza de los anacoretas * inspirada por Dios, Teófano, * que has iluminado a todos con tus enseñanzas, oh lira del Espíritu: * ¡Intercede ante Cristo Dios, * para que salve nuestras almas!

San Sofronio, Patriarca de Constantinopla

San Sofronio nació en Damasco, de nobles padres. Luego de adquirir sabiduría secular, no quedó satisfecho, sino que salió a buscar la sabiduría espiritual. En el monasterio de san Teodosio el Cenobiarca, se encontró con el monje Juan Mosco, a quien tomó como su maestro y junto con él partió a visitar los monasterios y a los ascetas de Egipto. Su meta era cada día aprender más de la sabiduría espiritual. Todo lo que aprendían, lo escribían y después lo publicaron en dos libros con el nombre de “El Prado”. Después se fueron a Roma donde Mosco murió, dejando testamento a Sofronio para que trasladase su cuerpo al Sinaí o al monasterio de san Teodosio.  Sofronio cumplió el deseo de su maestro y trasladó su cuerpo al monasterio y después se detuvo en Jerusalén, que en ese tiempo había sido liberado de los persas.  Estuvo presente en Jerusalén durante el retorno desde Persia, de la Honorable y Vivificadora Cruz, que el emperador Heraclio llevaba sobre sus espaldas a la Santa Ciudad.

El anciano patriarca Zacarías, vuelto también de la cautividad, no vivió mucho tiempo más.  Y cuando partió al otro mundo, le sucedió primero Modesto, y después de aquel (reposó en 634), el bienaventurado Sofronio. Con especial sabiduría y celo, dirigió la iglesia durante diez años.  Se levantó en defensa de la Ortodoxia frente a la herejía monotelita, la cual él mismo condenó en el Concilio de Jerusalén, antes de que fuera condenada en el VI Concilio Ecuménico.  Escribió la santa vida de santa María de Egipto, compuso el oficio de la Gran Bendición de las aguas, e introdujo varios servicios divinos, algunos nuevos himnos y cantos espirituales.  Cuando el califa árabe Omar conquistó Jerusalén, le pidió perdonar la vida de los cristianos, lo cual Omar prometió falsamente.  Cuando Omar pronto empezó a robar y torturar a los cristianos en Jerusalén, Sofronio, con muchos lamentos rogaba a Dios para que le llevara de entre los vivos, para no tener que ver la profanación de los santos lugares.  Dios oyó su oración y lo tomó consigo a sus Cortes Celestiales en el 644.

Tropario tono 4, del común de Santos Jerarcas

La verdad de tus obras * te ha mostrado a tu rebaño * cual regla de fe, icono de mansedumbre * y maestro de abstinencia. * Así que alcanzaste, por la humildad, alturas * y por la pobreza, riquezas. * ¡Oh santo padre Sofronio, intercede ante Cristo Dios, * para que salve nuestras almas!

San Codrato y Compañeros Mártires

Bajo los emperadores, Decio y Valeriano, Jasón, prefecto de Grecia, recibió la orden de poner en ejecución los crueles edictos persecutorios. San Codrato se presentó ante Jasón, quien se esforzó, al comienzo de convencerlo de hacer sacrificios a los dioses, para escapar a los castigos. El siervo de Dios, que se había presentado con algunos de sus compañeros y discípulos, contestó que prefería la salvación eterna, que la vida temporal. En vez de defenderse, le contó en resumen la Biblia, desde la creación hasta la Resurrección de Nuestro Señor Jesucristo. Jasón rechazó desdeñosamente, la idea de que Dios hubiese podido hacerse hombre y padecer por nosotros.

Después de tratar de convencer a Codrato, se dio cuenta que nada le daba resultado y lo mandó a azotar. En seguida, trató de convencer a Cipriano, que era casi un niño, diciéndole que era muy chico todavía, pero Codrato les gritaba exhortando a sus compañeros, que permanecieran firmes en su fe cristiana.

Todos los mártires fueron sometidos a horribles torturas, y finalmente fueron arrojados a las fieras, pero éstas no les hicieron daño alguno. Entonces fueron llevados afuera de la ciudad y decapitados. Esto sucedió en el año 258. Los nombres de los otros mártires eran: Dionisio, Anecto, Pablo y Crescente.

Tropario tono 4, del común de Santos Mártires

Tus mártires, oh Señor, * han obtenido de ti * coronas de incorrupción * en su lucha, Dios nuestro. * Al tener, pues, tu fuerza, * han vencido a tiranos * y aplastado de los demonios * su abatida insolencia. * Por sus intercesiones, oh Cristo Dios, * salva nuestras almas.

Domingo del triunfo de la ortodoxia; los cuarenta santos mártires de Sebaste

En este día que es el Primer Domingo de la Cuaresma, celebramos la restitución de los Santos Venerables Íconos, que tuvo lugar en tiempo de los siempre conmemorables Reyes de Constantinopla, Miguel y su madre Teodora, en época del Santo Confesor Patriarca Metodio.

+ Cuando veo los íconos que habían sido quitados en forma abominable;

+ Siendo venerados debidamente, me regocijo jubilosamente.

Oh Cristo, Imagen Inalterable del Padre, por la intercesión de Tus Santos Confesores, ten piedad de nosotros y sálvanos. Amén.

Tropario, tono 2

Nos prosternamos ante tu purísima imagen, oh Bondadoso, suplicándote el perdón de nuestras faltas, oh Cristo Dios; porque, por tu propia voluntad, aceptaste ser elevado en el cuerpo sobre la Cruz para salvar de la esclavitud del adversario a los que Tú creaste. Por lo tanto, agradecidos, exclamamos: “Has llenado todo de alegría, oh Salvador, al venir para salvar al mundo”.

Los cuarenta Santos Mártires de Sebaste

 

Estos santos mártires, aunque provenían de distintas ciudades, todos eran soldados del ejército romano, y creían firmemente en el Señor Jesucristo. Cuando empezó la persecución de los cristianos en tiempos de Licinio, todos fueron llevados a juicio ante el comandante y éste los amenazó con quitarles la honorable posición de soldados. Pero uno de ellos, san Cándido, respondió: “No solamente la honra de soldado, sino hasta nuestros cuerpos toma de nosotros; nada es más querido y más honorable para nosotros, que Jesucristo Dios nuestro”. Después de esto, el comandante mandó a sus sirvientes a que lincharan con piedras a los santos mártires. Pero cuando lanzaban las piedras a los cristianos, éstas se volvían y caían sobre ellos hiriéndolos gravemente, al grado que una de ellas cayó sobre la cara del comandante y le destrozó los dientes.

Los torturadores, furiosos como fieras, ataron a los santos mártires y los arrojaron al lago, apostando una guardia en todo el perímetro para que ninguno pudiera salir.  Había una terrible helada y el lago se congelaba alrededor de los cuerpos de los mártires. Para que las penas fueran más fuertes, los torturadores calentaron e iluminaron un baño a orillas del lago, a la vista de los congelados sufrientes, para hacer caer a alguno de ellos en desilusión y que renegaran de Cristo aceptando los ídolos romanos. De hecho, uno cayó en desilusión, salió del agua y entró al baño. Durante la noche una extraña luz descendió del cielo, que calentó el agua del lago y los cuerpos de los mártires; y junto con la luz descendieron 39 coronas sobre sus cabezas.  Esto fue visto por uno de los guardias apostados en la orilla, el cual se desvistió, confesó el nombre del Señor Jesucristo y entró al lago para llegar a ser digno de la corona número cuarenta en lugar del traidor. Y efectivamente, sobre él descendió esa última corona.  Al día siguiente, toda la ciudad se sorprendió al ver a los mártires vivos. Entonces los maliciosos jueces ordenaron que les fracturaran las piernas y que después echaran sus cuerpos de vuelta en el agua para que los cristianos no los tomaran.  Al tercer día, los mártires aparecieron al obispo local Pedro y le dijeron que tomara del agua sus reliquias.  Salió el obispo en la noche oscura con sus clérigos y vieron las reliquias de los mártires brillando en el agua. Los tomaron y los enterraron honorablemente.

Las almas de estos mártires fueron hasta el Señor Jesús, martirizado por nosotros y resucitado en gloria. Sufrieron honorablemente y con gloria imperecedera fueron coronados en al año 320.

Tropario tono 1, del común de Varios Mártires

Oh Señor, por los sufrimientos de los santos * que han padecido por ti, * ten compasión de nosotros * y sana las dolencias de los que te suplicamos, * oh Tú que amas a la humanidad.

San Teofilacto, obispo de Nicomedia

Teofilacto era de oriente, aunque se desconoce su ciudad natal. En Constantinopla se convirtió en un amigo cercano de Tarasio, quien luego se convirtió en Patriarca de Constantinopla (25 de febrero) y Teofilacto fue nombrado Obispo de Nicomedia.

Después de la muerte de San Tarasio, su sucesor Nicéforo (2 de junio) convocó a varios obispos para ayudarlo a combatir la iconoclasia del emperador León el Armenio, que reinó del 813 al 820. Entre ellos estaba Eutimio, obispo de Sardis (26 de diciembre), que había asistido al Séptimo Concilio Ecuménico en 787; fue exiliado tres veces por el bien de los íconos sagrados y por desafiar la orden del emperador Teófilo de renunciar a la veneración de los íconos fue azotado de pies a cabeza hasta que todo su cuerpo fue una gran herida, de la cual murió ocho días después, alrededor del año 830; José de Tesalónica (14 de julio); Miguel de Sinnada (23 de mayo); Emiliano, obispo de Cizico (8 de agosto); y San Teofilacto, quien reprendió audazmente a León en su cara, diciéndole que, debido a que despreciaba el sufrimiento de Dios, la destrucción total estaba a punto de alcanzarlo, y no habría nadie para liberarlo. Por esto, Teofilacto fue exiliado a la fortaleza de Estróbilo en Karia de Asia Menor, donde, después de 30 años de encarcelamiento y dificultades, entregó su alma sagrada alrededor del año 845. León el Armenio, según la profecía del Santo, fue asesinado en la víspera de la Natividad de nuestro Señor, en 820.

Tropario, tono 6

Viviste una vida escondida en Dios, Oh, renombrado Teofilacto, pero Cristo te reveló a todos como una luz brillante puesta sobre el candelabro espiritual, y puso en tus manos las tablas de las doctrinas del Espíritu por las que somos iluminados.

Hieromártires de Quersón: Basilio, Efraín, Capito, Eugenio, Eterio, Elpidio y Agatodoro

Estos santos obispos fueron enviados a Quersón en el Mar Negro por Hermón, obispo de Jerusalén, en los días de Diocleciano, alrededor del año 300, para predicar el Evangelio.

Efraín y Basilio fueron enviados primero. Basilio dio vida al hijo muerto de un gobernante local, por lo que muchos fueron bautizados. Los que permanecieron en su incredulidad, sin embargo, lo arrastraron por las calles hasta que murió. Efraín, negándose a ofrecer sacrificios a los ídolos, fue decapitado. Después de ellos, Eugenio, Agatodoro, Capito y Elpidio fueron enviados por el obispo de Jerusalén como heraldos de la fe, pero también fueron asesinados por los impíos. Por último, el obispo de Jerusalén envió a Eterio; fue ahogado durante el reinado de san Constantino el Grande.

Tropario, tono 5

Nos has dado los milagros de tus santos mártires * cual muro inamovible, oh Cristo Dios: * por sus plegarias, disipa las tramas de los adversarios * y resguarda las defensas de la Iglesia, * pues eres bondadoso y amas a la humanidad.

Los 42 santos mártires de Amorion en Frigia:

Estos mártires, hombres de alto rango en el ejército romano (bizantino), fueron tomados cautivos cuando la ciudad de Amorion en Frigia cayó ante los musulmanes en 838, durante el reinado de Teófilo el iconoclasta. Entre ellos estaban Aecio y Meliseno, los generales; Teodoro, el jefe del guardaespaldas ceremonial imperial; Crateros, el eunuco; Calixto, Constantino, Basoes y Teófilo, que eran oficiales militares; y otros que ocuparon cargos importantes.

Debido a su experiencia en la guerra y su virtud, los musulmanes no los mataron, sino que intentaron por todos los medios convertirlos al Islam y hacer que pelearan en sus propias campañas. Mantuvieron a los santos Mártires encerrados en un oscuro calabozo en la ciudad de Samarra en Siria, amenazándolos, haciendo promesas de rango glorioso y riquezas magníficas, manteniéndolos en hambre, opresión y oscuridad, no por unas pocas semanas, o unos pocos meses, sino durante siete años completos. Finalmente, incapaces de romper el coraje y la fe de sus cautivos, los decapitaron en el año 845.

Tropario tono 4, del común de Santos Mártires

Tus mártires, oh Señor, * han obtenido de ti * coronas de incorrupción * en su lucha, Dios nuestro. * Al tener, pues, tu fuerza, * han vencido a tiranos * y aplastado de los demonios * su abatida insolencia. * Por sus intercesiones, oh Cristo Dios, * salva nuestras almas.

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