San Justino el Filósofo

Justino nació de padres griegos en el poblado samaritano de Siquem, llamado Nablo, ciento cinco años después de Cristo. Buscó celosamente la sabiduría entre los filósofos, al principio con los estoicos y luego con los peripatéticos, los pitagóricos, y finalmente con los platónicos. Aunque la filosofía de Platón no le satisfacía, aun así se adhirió a ella, no hallando otra cosa que le atrajese más.
Por la providencia de Dios, un venerable anciano se encontró con Justino y le confundió con respecto a la filosofía platónica y le persuadió de que el ser humano no puede conocer la verdad acerca de Dios a no ser que Dios se la revele, y que Dios reveló la verdad acerca de sí mismo en los libros de las Sagradas Escrituras. Justino comenzó a leer las Escrituras y se convirtió en un cristiano profundamente convencido. Sin embargo, no quería ser bautizado ni ser llamado cristiano hasta no estar personalmente convencido de la falsedad de todas las acusaciones que los paganos levantaban contra los cristianos.
Llegando a Roma con su toga de filósofo, rápidamente ganó mucho respeto allí, además de discípulos. Estuvo presente en el martirio de san Tolomeo y san Luciano. Siendo testigo de la tortura de cristianos inocentes, Justino escribió una apología de los cristianos y de las enseñanzas cristianas, la cual presentó al emperador Antonino y al Senado. El Emperador leyó la apología cuidadosamente, y ordenó que cesara la persecución de cristianos. Justino tomo una copia del decreto del Emperador y viajó con él a Asia, donde salvó a muchos cristianos perseguidos con la ayuda de este decreto. Después de esto regresó a Roma. Cuando una nueva persecución comenzó bajo el emperador Marco Aurelio, Justino escribió otra apología y la envió al Emperador.
Un cierto Crescencio, un filósofo cínico de mala reputación, lo acusó de ser cristiano por envidia, ya que Justino siempre lo vencía en todos los debates; así Justino se halló en prisión. Deseando la muerte de Justino y temiendo que este se justificase de algún modo en la corte, Crescencio tomo una oportunidad y de algún modo envenenó a Justino en la prisión. Así terminó la vida terrenal de este gran defensor de la fe cristiana, que tomó habitación en la eternidad bienaventurada en el 166 d. C.
Tropario tono 4
Resplandeciste con la filosofía, * te revelaste cual exégeta fino * de la ciencia divina sin miedo a combatir * a los adversarios malos, confesando, oh sabio,* junto con los mártires, la verdad por la lucha. * Con ellos ruega siempre al Señor, * Justino mártir, que salve nuestras almas
El nuevo confesor Justino Popovich

Justin Popovich [que significa hijo de un sacerdote] nació en la festividad de la Anunciación de 1894, en Serbia, en una familia de sacerdotes. Perteneció a la séptima generación de sacerdotes por parte de su padre. Comenzó a leer las Escrituras desde muy joven y, de adulto, llevaba consigo un Nuevo Testamento, leyendo tres capítulos cada día. Estudió en el Seminario de San Sava en Belgrado.
En 1914, completó el programa de seminario de nueve años. Deseaba convertirse en monje, pero pospuso su ingreso en las filas monásticas debido al estallido de la Primera Guerra Mundial y a la mala salud de sus padres. Pasó los años de la guerra cuidando de sus padres y sirviendo como enfermero.
En 1915 fue tonsurado monje con el nombre de Justin, en honor a San Justino el Filósofo. Poco después, viajó a Petrogrado, Rusia, para estudiar en el seminario. Allí adquirió un profundo conocimiento directo de la tradición ascética rusa y un amor permanente por la espiritualidad rusa, especialmente la del pueblo sencillo. Justin asistió a la Universidad de Oxford de 1916 a 1919, donde escribió una tesis doctoral.
Tras un breve regreso a Belgrado, ingresó en la Escuela de Teología Ortodoxa Griega de Atenas. Al igual que en Rusia, dedicó su tiempo allí no solo a estudiar, sino a empaparse de la espiritualidad ortodoxa del pueblo griego. Fue ordenado diaconado durante su estancia en Grecia, y luego sacerdote tras regresar a Belgrado en 1922.
La predicación, los escritos y el consejo espiritual del padre Justin se hicieron conocidos en todo su país. En 1931 fue enviado a Checoslovaquia para ayudar a reorganizar la Iglesia allí. Consciente de la urgente necesidad del pueblo de una exposición clara de la fe en su propio idioma, comenzó en 1932 su obra en tres volúmenes, Dogmas de la Iglesia Ortodoxa. El primer volumen tuvo tan buena acogida que el padre Justino fue nombrado profesor de Dogmática en el Seminario de San Sava, donde permaneció hasta el final de la Segunda Guerra Mundial, completando los Dogmas y otros libros. El nuevo régimen comunista ateo lo expulsó del sistema universitario, y desde entonces residió en varios monasterios serbios.
En 1948 ingresó en el Monasterio de Chelije, donde permaneció hasta su fallecimiento en 1979. Se convirtió en Archimandrita y líder espiritual del Monasterio. Fue durante este período que se convirtió en una gran figura de la ortodoxia: fieles devotos de toda Yugoslavia, de Grecia y de todo el mundo viajaban a Chelije para escuchar la predicación de san Justino y buscar su consejo.
San Justino falleció en paz en 1979 a la edad de 85 años, en la festividad de la Anunciación, fecha de su nacimiento. Desde su reposo, se han presenciado numerosos milagros en su tumba: curaciones, destellos de luz sobrenatural provenientes de su tumba y conversiones de incrédulos gracias a sus oraciones. Sus numerosos escritos son cada vez más reconocidos como una fuente de pura enseñanza ortodoxa en medio de nuestros tiempos oscuros.
Fue glorificado por el Santo Sínodo del Patriarcado de Serbia el 2 de mayo de 2010.
Tropario, tono 8
Oh perla de la ortodoxia, exquisita y fina, * depositada en los corazones de los fieles, como tesoro valiosísimo, * te has mostrado en tu vida y tus virtudes cual un libro vivo del Espíritu. * Justino, en Dios, sabio, intercede sin cesar por la salvación de los que te honran.

