El Gran Sábado Santo

En el Gran Sábado Santo celebramos la sepultura del divino Cuerpo de nuestro Señor y Salvador Jesucristo y su descenso al Hades, con el cual redimió nuestra naturaleza de la corrupción llevándola a la vida eterna.

Los enemigos de Cristo, los sumos sacerdotes y los fariseos, fueron a Pilatos pidiendo que se sellara el Sepulcro hasta pasado el tercer día; para que los discípulos no vinieran en la noche a robar el Divino Cuerpo y después predicar al pueblo la verdad de la Resurrección, de la cual había predicho

Por Tu inefable condescendencia, oh Cristo Dios nuestro, ten misericordia de nosotros. Amén

Condaquio

¡El que cerró el abismo se contempla envuelto en lino y embalsamado con mirra! ¡El inmortal es colocado en un sepulcro como muerto! Las mujeres que vinieron a embalsamarlo, llorando amargamente, exclamaron: “¡Este es el Sábado bendito en el cual Cristo descansa para resucitar al tercer día!”

 

Hieromártir Antipas, obispo de Pérgamo

 

El Hieromártir Antipas, discípulo del santo apóstol Juan el Teólogo (26 de septiembre), fue obispo de la Iglesia de Pérgamo durante el reinado del emperador Nerón (54-68).

En esa época, todo aquel que no ofreciera sacrificios a los ídolos vivía bajo la amenaza del exilio o de la ejecución por orden del emperador. En la isla de Patmos (en el mar Egeo) fue encarcelado el santo apóstol Juan el Teólogo, a quien el Señor reveló el futuro juicio del mundo y de la Santa Iglesia.

Con su ejemplo personal, su fe firme y su constante predicación sobre Cristo, san Antipas comenzó a apartar a la gente de Pérgamo de ofrecer sacrificios a los ídolos. Los sacerdotes paganos reprocharon al obispo que alejara al pueblo de sus dioses ancestrales y le exigieron que dejara de predicar sobre Cristo y que en su lugar ofreciera sacrificios a los ídolos.

San Antipas respondió con calma que no estaba dispuesto a servir a los demonios que huían de él, un simple mortal. Dijo que adoraba al Señor Todopoderoso y que continuaría adorando al Creador de todo, con su Hijo Unigénito y el Espíritu Santo. Los sacerdotes paganos replicaron que sus dioses existían desde la antigüedad, mientras que Cristo no existía desde la antigüedad, sino que fue crucificado bajo Poncio Pilato como un criminal. El santo respondió que los dioses paganos eran obra de manos humanas y que todo lo que se decía sobre ellos estaba lleno de iniquidades y vicios. Confesó firmemente su fe en el Hijo de Dios, encarnado en la Santísima Virgen.

Los sacerdotes paganos, enfurecidos, arrastraron al mártir Antipas hasta el templo de Artemisa y lo arrojaron a un toro de cobre al rojo vivo, donde normalmente se ofrecían los sacrificios a los ídolos. En el horno al rojo vivo, el mártir oró en voz alta a Dios, implorándole que recibiera su alma y fortaleciera la fe de los cristianos. Se dirigió al Señor en paz, como si fuera a dormir (+ ca. 68).

Por la noche, los cristianos recogieron el cuerpo del mártir Antipas, que no había sido tocado por el fuego, y lo enterraron en Pérgamo. La tumba del mártir se convirtió en una fuente de milagros y de curaciones de diversas enfermedades.

Tono 4, del común de Hieromártires

Al volverte sucesor de los apóstoles * y partícipe en sus modos de ser, * encontraste en la práctica * el ascenso a la contemplación, oh inspirado por Dios. * Por eso, seguiste la palabra de la verdad * y combatiste hasta la sangre por la fe. * Antipas, obispo mártir, intercede ante Cristo Dios * para que salve nuestras almas.

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