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En Antioquía fue donde, por primera vez, los discípulos recibieron el nombre de "cristianos" (Hechos 11, 26)

Boletín del 28/10/2018

7° Domingo de San Lucas 

 

Himnos de la Liturgia

Tropario de la Resurrección

Tono 5

Al coeterno Verbo, con el Padre y el Espíritu,
Al Nacido de la Virgen para nuestra salvación,
alabemos, oh fieles, y prosternémonos.
Porque se complació en ser elevado en el cuerpo sobre la Cruz y soportar la muerte,
y levantar a los muertos por su Resurrección gloriosa

 

Condaquio

Tono 4

Oh Protectora de los cristianos indesairable;
Mediadora, ante el Creador, irrechazable:
no desprecies las súplicas de nosotros, pecadores,
sino acude a auxiliarnos, como bondadosa,
a los que te invocamos con fe.  Sé presta en intervenir
y apresúrate con la súplica, oh Madre de Dios,
que siempre proteges a los que te honran.
 

 Carta del Apóstol San Pablo a los Gálatas (1: 11-19)

Hermanos: Les hago saber que el Evangelio anunciado por mí, no es de orden humano, pues yo no lo recibí ni aprendí de hombre alguno, sino por revelación de Jesucristo. Pues ya están enterados de mi conducta anterior en el Judaísmo, cuán encarnizadamente perseguía a la Iglesia de Dios y la devastaba, y cómo sobrepasaba en el Judaísmo a muchos de mis compatriotas contemporáneos, superándoles en el celo por las tradiciones de mis padres.

Mas, cuando Aquél que me separó desde el seno de mi madre y me llamó por su Gracia, tuvo a bien revelar en mí a su Hijo, para que lo anunciase entre los gentiles, al punto, sin pedir consejo ni a la carne ni a la sangre, sin subir a Jerusalén donde los apóstoles anteriores a mí, me fui a Arabia, de donde nuevamente volví a Damasco. Luego, de allí a tres años, subí a Jerusalén para conocer a Cefas y permanecí quince días en su compañía. Y no vi a ningún otro apóstol más que a Santiago, el hermano del Señor.

Evangelio según San Lucas (8: 41-56)

En aquel tiempo, llegó un hombre, llamado Jairo, que era jefe de la sinagoga, y cayendo a los pies de Jesús, le suplicaba que entrase en su casa, porque tenía una sola hija, de unos  doce años, que estaba muriéndose. Mientras iba, las gentes lo oprimían.  Entonces, una mujer que padecía flujo de sangre desde hacía doce años, y que no había podido ser curada por nadie, se acercó por detrás y tocó la orla de su manto, y al punto se le paró el flujo de sangre. Jesús dijo: «¿Quién me ha tocado?» Como todos negaron, dijo Pedro:  «Maestro, las gentes se aprietan y te oprimen, y dices: “¿Quién me ha tocado?”» Pero Jesús respondió:  «Alguien me ha tocado, porque he  percibido que una fuerza ha salido de  Mí.» Viéndose descubierta la mujer,  se acercó temblorosa, y postrándose  ante Él, contó delante de todo el  pueblo por qué razón le había  tocado, y cómo al punto había sido  curada. Él le dijo: «Hija, tu fe te ha  salvado, vete en paz.» Estaba  todavía hablando, cuando uno de  casa del jefe de la sinagoga llega  diciendo: «Tu hija está muerta. No molestes al Maestro.» Jesús, que lo  oyó, le dijo: «No temas; solamente  ten fe y se salvará.» Al llegar a la  casa, no permitió entrar con Él más  que a Pedro, Juan y Santiago, al  padre y a la madre de la niña. Todos  la lloraban y se lamentaban, pero Él  dijo: «No lloren, no ha muerto; está  dormida.» Y se burlaban de Él, pues  sabían que estaba muerta. Él,  tomándola de la mano, dijo en voz  alta: «Niña levántate.» Retornó el espíritu a ella, y al punto se levantó, y  Él mandó que le dieran a ella de  comer. Sus padres quedaron  estupefactos, y Él les ordenó que a  nadie dijeran lo que había pasado.

Mensaje Pastoral

Fe espera y Gracia corresponde

No es casualidad que san Lucas evangelista conecta estos dos milagros: la curación de la mujer que padecía flujo de sangre desde hacía doce años, y la resurrección de la hija del jefe de la sinagoga que tenía también doce años. La enfermedad de la mujer duró lo mismo que la edad de la niña fallecida. La edad del sufrimiento es la misma la de la muerte; y el dolor es parte de la mortalidad del hombre. Ante esta tragedia un filósofo concluyó con amargura que el nacimiento es el primer paso hacia la muerte y la vida es una muerte que madura a diario hasta su plenitud. ¿Acaso la lectura evangélica de hoy nos habla de esta tragedia? Sin lugar a dudas, esta realidad es una verdad del vivir que cualquier razón comprende perfectamente, y en el mejor de los casos, el hombre para escaparse de la melancolía del vivir trata de consolarse con entretenimiento de manera que el tiempo pase con el dolor menos posible.

La presencia de Cristo en la lectura evangélica de hoy y en todo el Evangelio revuelve esta verdad, porque ella no se dirige a la razón que “analiza, aprende y concluye” sino a la fe que espera y recibe la Gracia. La mujer con flujo de sangre creyó más allá de su razonamiento porque, ¿cómo ella que desde hacía doce años desangrando pudiera esperar curación, al tocar “la orla de su manto” de un hombre pasajero? Es la fe. He aquí también un hombre razonable que le dice al jefe de la sinagoga: “Tu hija está muerta, no molestes al Maestro”, mas Cristo le da el antídoto de la fe: “No temas; solamente ten fe y se salvará”. Y así fue.

Es cierto que la enfermedad y la muerte siguen siendo una parte inseparable de la vida que la razón observa a diario; sin embargo, la presencia de Cristo en la experiencia del Evangelio y de la Iglesia también a diario vuelven un vivir verídico de los que aman al Señor. La fe no es un discurso absurdo sino una confianza en la prédica de quienes han vivido en su calidez. La respuesta del Señor a la fe se llama “la Gracia”, y esta es una acción tangible y no un sentimiento o emoción.

Cuando la mujer tocó la orla del manto de Jesús, ” al punto se le paró el flujo de sangre”. La Gracia actúa. Y cuando el Señor dijo a la niña: “Levántate”, al punto se levantó. La Iglesia nos trasmite estas experiencias no para aprender anécdotas sobre al maestro Jesús, sino “para que creyendo tengan vida en su nombre” (Jn 20: 31).

La fe no contradice la razón, sino que lo supera. Si bien la razón concluye — y está en su derecho— que el nacimiento es el primer paso hacia la muerte, la experiencia de la fe se consta de que el Bautismo es el primer paso hacia la Vida eterna, porque, “el que cree en mí, aunque muera vivirá” (Jn 11: 25). Amén.

Monseñor Ignacio Samaán

Nuestra Fe y Tradición

Las Doce Grandes Fiesta de la Iglesia

El año eclesiástico se contiene entre dos grandes conmemoraciones de la Virgen Santísima: su Nacimiento y su Dormición:

1.-Septiembre 8: Nacimiento de la Santísima Madre de Dios

2.-Septiembre 14: Elevación de la Santa Cruz

3.-Noviembre 21: Presentación de la Virgen en el Templo

4.-Diciembre 25: Natividad de Nuestro Señor y Salvador Jesucristo

5.-Enero 6: Teofanía (Bautizo del Señor)

6.-Febrero 2: Presentación de Nuestro Señor al Templo

7.-Marzo 25: La Anunciación

8.-Domingo antes de Pascua: Domingo de las Palmas

9.-Domingo de Pascua: Resurrección del Señor

10.-40 días después de la Pascua: Ascensión de Nuestro Señor

11.-Agosto 6: La Transfiguración

12.-Agosto 15: La Dormición de la Virgen

Proverbios Bíblicos

  • La justicia del íntegro enderezará su camino, pero el impío caerá por su propia impiedad. (Prov 11:5)
  • El que anda en chismes revela secretos, pero el de espíritu leal oculta las cosas. (Prov 11:13)
  • Los de corazón perverso son abominación al SEÑOR, pero los de camino intachable son su deleite. (Prov 11:20)

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