Pascua de Resurrección

resurreccion

Himnos de la Liturgia

Tropario de Pascua

Tono 5

audio27Cristo Resucitó de entre los muertos,
pisoteando la muerte con su muerte,
y otorgando la vida a los que yacían en los sepulcros.

Condaquio de Pascua

Tono 8

audio27Cuando descendiste al Sepulcro, oh Inmortal,
destruiste el poder del hades; y al resucitar vencedor,
oh Cristo Dios, dijiste a las mujeres Mirróforas: 
“¡Regocíjense!” y a tus discípulos otorgaste la paz, 
¡Oh Tú que concedes a los caídos la resurrección!

Lecturas Bíblicas

Libro de los Hechos de los Apóstoles (1: 1-8)

El primer libro lo escribí, Teófilo, sobre todo lo que Jesús hizo y enseñó desde un principio hasta el día en que, después de haber dado instrucciones por medio del Espíritu Santo a los apóstoles que había elegido, fue llevado al cielo. A esos mismos, después de su pasión, se les presentó dándoles muchas pruebas de que vivía, apareciéndoseles durante cuarenta días y hablándoles acerca de lo referente al Reino de Dios. Mientras estaba comiendo con ellos, les mandó que no se ausentasen de Jerusalén, sino que aguardasen la Promesadel Padre, «que oyeron de mí: Que Juan bautizó con agua, pero ustedes serán bautizados en el Espíritu Santo dentro de pocos días.»

Los que estaban reunidos le preguntaron: «Señor, ¿es en este momento cuando vas a restablecer el Reino de Israel?» Él les contestó: «A ustedes no les toca conocer el tiempo y el momento que ha fijado el Padre con su autoridad, sino que recibirán la fuerza del Espíritu Santo, que vendrá sobre ustedes, y serán mis testigos en Jerusalén, en toda Judea y en Samaria, y hasta los confines de la tierra.»

Evangelio según San Juan (1: 1-17)

En el principio existía el Verbo y el Verbo estaba con Dios, y el Verbo era Dios. Él estaba en el principio con Dios. Por Él fueron hechas todas las cosas, y sin Él no se ha hecho cosa alguna de cuantas han sido hechas. En Él estaba la vida, y la vida era la luz de los hombres. Y la luz resplandece en medio de las tinieblas, y las tinieblas no pudieron retenerla. Hubo un hombre enviado por Dios que se llamaba Juan. Éste vino como testigo para dar testimonio de la luz, a fin de que por medio de él todos creyeran. No era él la luz, sino quien daría testimonio de la luz. El Verbo era la luz verdadera que alumbra a todo hombre que viene al mundo. En el mundo estaba, y el mundo fue por Él hecho, pero el mundo no lo conoció. Vino a su propia casa, y los suyos no lo recibieron. Pero a todos los que lo recibieron, que son los que creen en su Nombre, les dio poder de llegar a ser hijos de Dios. Los cuales no nacieron de sangre, ni de deseo de carne, ni de voluntad de hombre, sino que de Dios nacieron. Y el Verbo se hizo carne y habitó entre nosotros; y nosotros hemos visto su gloria, gloria que tiene del Padre como el Unigénito, lleno de gracia y de verdad. De Él da testimonio Juan, y clama diciendo: «He aquí Aquél de quien yo les decía: el que viene detrás de mí, se ha puesto delante de mí, por cuanto era antes que yo.» Así pues de la plenitud de Él hemos participado todos nosotros y recibido gracia sobre gracia. Porque la Ley fue dada por Moisés; mas la Gracia y la Verdad fueron traídas por Jesucristo.

Mensaje Pastoral

Por la misericordia de Dios Altisimo

Juan X

Patriarca Ortodoxo de Antioquia y de todo el Oriente

a mis hermanos los Pastores de la Santa Iglesia Antioquena

y a mis hijos e hijas, donde quiera que se encuentren en el territorio de este Trono Apostólico

Queridos Hermanos e Hijos Espirituales:

¡Cristo ha resucitado, en verdad ha resucitado!

“Ahora todo se ha llenado de Luz: el cielo, la tierra, y lo que está debajo de la tierra; que la creación entera celebre la Resurrección de Cristo, en la cual ha sido establecida.”

Nos llega la Fiesta de la Pascua Gloriosa para coronar el camino del Señor por su Pasión, Cricificción y Resurrección. Nos llega para reavivar la esperanza en nuestros corazones y consolar con su luz a todos los que están atribulados, enjugando con su purísima mortaja las lágrimas de los  desventurados. Nos llega para culminar el camino del ayuno. Nos llega para decir que todo aquél que disciplina su propia alma y su propia mente resucita él mismo con aquél que gobierna el universo con su poder, resucita con Cristo, quien padeció por amor al hombre y resucitó para desterrar con su soplo toda indolencia del alma de éste y coronar con su Luz sobreabundante toda la creación rescatada por su preciosa sangre.

En el tiempo de su aflicción, lo que más necesita el hombre es tener presente que Cristo Resucitado es el mismo Cristo Sufriente. Lo primero que necesita hacer es caminar hacia la resurrección siempre desde el corazón mismo de la cruz. Cristo no conquistó nuestros corazones por su poder terrenal. De haber querido hacerlo, lo habría hecho, pues nada es imposible para él. Él aceptó para nuestra salvación voluntariamente encarnarse y padecer el sufrimiento de la senda del amor, susurrando al oído del corazón de cada uno de nosotros: Mira, hombre, yo no te asombré con la fuerza de mi poderío, sino con el poder de mi amor, no he llegado como rey ante los ojos de los hombres, sino reinando en sus corazones por la sutileza de la humildad. No he venido a ti sentado en un trono de poder, ni con un alto señorío, sino  acostado sobre paja en un pesebre y en lo alto de una roca del Gólgota. No obstante todo eso, no sepulté mi alma ni la sembré en tu desesperanza, tu cansancio ni tus aflicciones, sino que te sepulté en mi corazón, y sembré mi luz en tu existencia, resucitándote conmigo y coronando tu cabeza con el honor de la filiación. Con la lanza que me traspasó el costado rompí las lanzas de tus aflicciones, y todo eso porque te amo y me entregué por amor a ti y para que sepas que la aflicción, aunque perdure y oprima, no puede ocultar el resplandor de la Luz de la Resurrección.

En la fiesta de las fiestas y el festejo de los festejos debemos, como hijos de una iglesia antioquena, recordar y tener siempre presente que la Iglesia de la cual dependemos no se limita a la parroquia a la que pertenecemos. Debemos recordar siempre que Dios nos sembró en esta santa Iglesia para que  nos ayudemos mutuamente con los hermanos en la misma fe que viven en diversas partes del territorio de este Trono Apostólico y en la diáspora. Debemos saber también que tenemos hermanos que viven en la línea de fuego, presa de la violencia y de  la angustia, bajo los inicuos misiles, en medio de la mirada de un mundo indiferente, y que cualquier esfuerzo por mitigar su sufrimiento y aflicción es un verdadero gesto de consuelo del rostro de Cristo sufriente, quien no permanecerá, como tampoco ellos, esclavo de la muerte y las tinieblas, sino que será Fuente de Luz y Señor de la Resurrección.

En el glorioso día de la Resurrección aparece en nuestra mente la imagen de aquella semilla cristiana, aquella primera comunidad que dijo en los Hechos de los Apóstoles: Ha resucitado el Señor, y “nosotros somos testigos de ello” (Hch 2:32). Ella misma se encarna todos los días desde hace dos mil años en nuestro pueblo antioqueno, repartido en diversos países y regiones, y unido por el testimonio del amor y la fe así como por la filiación a su Iglesia Ortodoxa y la verdadera fraternidad con los otros hermanos cristianos, manteniendo una buena relación con las otras religiones con quienes comparte la tierra, la historia y la ciudadanía. Esa primera semilla está llamada a conservarse y renovarse cada día en nuestro pueblo, que hace dos mil años recibió la fe y el anuncio de la Resurrección, y ha dado testimonio de su fe aún en los momentos más difíciles. Quizá este testimonio ha sido el distintivo de este pueblo a lo largo de estos dos mil años. Le ha dado a este pueblo la dignidad de revestirse con el título de “cristianos” en su primera tierra, la tierra de Antioquía, a la que no ha abandonado ni abandonará, aún si la situación se vuelve más difícil.

Hoy nuestra oración se dirige al Señor de la Resurrección para que cubra con el Espíritu de su Paz al mundo entero. Elevamos a Él nuestra oración para que conceda la paz a este Oriente dolorido. Oramos hoy para que domine el lenguaje de la razón y de la paz sobre el lenguaje de la persecución y la violencia. Es nuestra esperanza, y oramos por que el Señor conceda la paz a Siria y mantenga la estabilidad en el Líbano.

Oramos también por todas las víctimas del secuestro. Oramos por nuestros hermanos los Arzobispos de Aleppo Yuhanna Ibrahim y Boulos Yazigi, cuyo caso subsiste como una herida de la verdad en un mundo de falsedad, y como una condena contra los que no convierten su discurso en acciones; un caso que ha provocado el llanto de muchos y en el que muchos han resultado incapaces de ayudar. Es un caso en el que muchos han adoptado posturas falsas en un ambiente de opacidad, obscuridad y silencio absoluto por parte de quienes tienen la responsabilidad de actuar y no sólo hablar.

En el glorioso tiempo de la Resurrección, un saludo Pascual a nuestros hijos en nuestra tierra y en la diáspora, y  una oración ferviente a Dios Santísimo para que ilumine los corazones y con la luz de la Resurrección y unja toda la creación con el resplandor de sus bendiciones y la paz de esta fiesta.

 

¡Cristo ha resucitado, en verdad ha resucitado!

 

Emitida en nuestra sede en Damasco.

 

29 de abril del año 2016.

 

Nuestra Fe y Tradición

Huevo de Pascua

Existe una antigua tradición cristiana de pintar huevos de Pascua. Estos huevos simbolizan la nueva vida y a Cristo emergiendo de laHoly Dormition Orthodox Church, Cumberland, RI, USA tumba, de hecho, los cristianos ortodoxos acompañan esta tradición con la consigna: «¡Cristo ha resucitado!».

Una tradición ortodoxa relata que tras la Ascensión, María Magdalena fue a Roma a predicar el evangelio. En presencia del emperador romano Tiberio, y sosteniendo un huevo de gallina, exclamó:«¡Cristo ha resucitado!». El emperador se rio y le dijo que eso era tan probable como que el huevo se volviera rojo. Antes de que acabara de hablar el huevo se había vuelto rojo.

El rito de bendecir los huevos es de las costumbres muy cercanas al corazón del pueblo ortodoxo; la salida del pollito del huevo es una imagen que simboliza la salida esplendorosa de la Vida, desde las obscuras profundidades del sepulcro “la luz brilla en las tinieblas, y las tinieblas no la vencieron.” (Jn.1,5). Así como el mismo pollito con su pico rompe la cáscara cuando se cumplen sus días para salir a la existencia, así Cristo, salió resplandeciente al tercer día por su propio Divino Poder. Respeto a la coloración de los huevos, inicialmente se usaba el color rojo que simboliza la sangre derramada de Cristo. posteriormente se difundió el uso de muchos colores, primero por expresar la alegría y segundo porque la Pascua cae en la primavera donde las flores brillan con sus colores.

¡Cristo ha resucitado!

Después de la Resurrección el Señor se presentó con dos de los discípulos que iban a Emaús (Lc. 24, 13-32), y cuando lo reconocieron “en la fracción del pan”, regresaron a Jerusalén para anunciar que “Cristo ha resucitado”, los doce apóstoles los recibieron diciéndoles: “En verdad ha resucitado el Señor y se ha manifestado a Simón.” Este anuncio y certeza son el corazón del Evangelio y el eje central de la predicación. Esta comprensión, que la Tradición eclesiástica ha guardado, es la que lleva a los fieles a saludarse durante la temporada pascual (hasta la ascensión del Señor) con el saludo propio “Cristo ha resucitado” (en árabe “Al-Masih Kam”), al que se contesta “en verdad ha resucitado” (“Hakkan Kam”).

El Sepulcro Vacío

Los primeros testigos de la realidad del sepulcro vacío –según los cuatro evangelios– son María Magdalena y las otras mujeres; Juanimages menciona solamente a Magdalena, pero esto no descarta la posibilidad de que las otras mujeres se hallaran con ella; y ratifica a esta posibilidad el uso de plural en las palabras de Magdalena: “No sabemos donde lo pusieron” (Jn 20: 2). Aunque los evangelios eran redactados en un contexto que no validaba el testimonio de la mujer, sin embargo, los cuatro evangelistas registraron los nombres de estas mujeres y documentaron su testimonio, a tal grado que su importancia superó la de la llegada de Pedro y Juan al sepulcro vacío. Pues si su testimonio no hubiera sido sincero y auténtico, los evangelistas no lo hubieran subrayado de tal manera.

En el evangelio según san Marcos, el Ángel anuncia a las mujeres que el hecho de la Resurrección se ha consumado: “Ha resucitado”; pero no hay, absolutamente ninguna referencia al momento de la Resurrección. En el evangelio según san Mateo, el Ángel baja del cielo y retira la piedra, no para que ayude a Cristo a salir de su sepulcro, sino para que facilite a las mujeres el acceso al sepulcro vacío ya, a fin de que ellas verifiquen que el Salvador “ha resucitado” (Mt 28: 2). Esto es lo que el icono bizantino ilustra: jamás expone el acontecimiento de la salida de Cristo del sepulcro –como sí ha prevalecido en el Occidente–, sino que conserva dos ilustraciones tradicionales de la Resurrección:

El icono del descenso al Hades: un testimonio teológico de lo sucedido.

El icono del Sepulcro vacío: un testimonio histórico de lo sucedido.

Frases del Resucitado

  • Vosotros sois testigos de estas cosas. Y he aquí, yo enviaré sobre vosotros la promesa de mi Padre; pero vosotros. (Lc 24:48-49)
  • Toda autoridad me ha sido dada en el cielo y en la tierra. (Mt 28:18)
  • Id por todo el mundo y predicad el evangelio a toda criatura. (Mc 16:15)

 

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Padre Juan R. Méndez ()

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