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En Antioquía fue donde, por primera vez, los discípulos recibieron el nombre de "cristianos" (Hechos 11, 26)

Celebración y Comida en la Catedral de San Pedro y San Pablo

icono de todos los santos

El pasado domingo 22 de Junio con la Bendición de Su Eminencia Antonio se celebró  la Divina Liturgia y posteriormente se realizó  la  comida y la convivencia en la Catedral  San Pedro y San Pablo en honor a la fiesta patronal de los Santos Apóstoles Pedro y Pablo. La celebración de la Divina Liturgia fue precedida por  el  R. Archimandrita Adrés Marcos (Vicario Episcopal)  quien  tuvo el honor de concelebrar con el R. P. Mario Lara de la Catedral de San Jorge y   los Sacerdotes y Diáconos de la Catedral de San Pedro y San Pablo. A la celebración acudieron mas de 300 personas de la comunidad quienes compartieron una tarde agradable con los miembros del clero y sus familiares.

En su homilía el Archimandrita Andrés agradeció a los miembros de la comunidad que se complacieron en acompañarnos al evento con las siguientes palabras: Hoy celebramos la fiesta de San Pedro y San Pablo, la fiesta es el día 29 de junio, pero la adelantamos para hoy porque muchos de la comunidad empiezan a salir de viaje en esta semana. El día 30 de este mes es la fiesta de los apóstoles. Los apóstoles son las personas que siguieron a Jesús, y después de Pentecostés predicaron en todo el mundo la buena nueva: “El Evangelio”. El santoral nombra a muchos santos con el título de “Iguales a los Apóstoles” esos son los santos que predicaron el cristianismo en países nuevos. Hoy en día no existe ningún país que no haya escuchado hablar acerca del Evangelio o sobre el cristianismo, pero alrededor de nosotros hay muchos corazones que buscan con anhelo la luz, la paz y el amor de Cristo. Estos corazones están esperando nuestra labor apostólica. Pero ¿quiénes son los apóstoles que deben abrir estos corazones cerrados y adoloridos? ¿Acaso son los sacerdotes nada más quienes tienen que hacer esto? Pues no. No podemos limitar la labor apostólica únicamente al sacerdocio, porque cada cristiano que tiene la oportunidad y el poder para lograr esto, es también un apóstol. Los papás que eduquen a sus hijos con las enseñanzas del Evangelio y con el ejemplo del buen cristiano, son apóstoles; el médico que con la medicina anima al enfermo a rezar, es un apóstol; el patrón de un negocio que expresa su confianza en Dios enfrente de sus empleados, es un apóstol; el empleado que con su honestidad da gracias a Dios es un apóstol. Ser apóstol en pocas palabras, es confesar tu fe en Dios al cuidar a tu hermano, y mostrar tu amor hacia tu prójimo en tu relación con Dios. Todos somos apóstoles, cada uno según su nivel, conforme a su poder y dependiendo de su lugar en la sociedad. Por un lado, el apóstol no puede existir sin comunidad, ¿eres apóstol? Entonces debes actuar predicando, rezando y ayudando; tienes que ejercerlo conviviendo con la gente. Por otro lado, ¿eres cristiano? Entonces no puedes vivir en una comunidad sin ser apóstol, dice San Pablo: “Ay de mí, si no predico el Evangelio”. Repito: ser apóstol no está limitado solamente al sacerdocio, o al monacato. Hoy, por ejemplo, tenemos esta fiesta, la cual, es una labor apostólica: la Iglesia tomó la iniciativa, pero hay quien corrió la voz, otros organizaron la fiesta, otros ayudaron y ofrecieron la comida, los pasteles y los refrescos. Todos ellos hicieron un trabajo importante, pero sin la respuesta de la comunidad, no hubiera sido posible cumplir esta misión apostólica. Hoy no quise dar la homilía como siempre; quiero nada más recordarles la invitación de Dios hacia nosotros para ser Sus apóstoles y Sus discípulos; también quiero darles las gracias: les agradezco porque ustedes siempre al abrir la puerta de su casa, abren también sus corazones. Su amor y su buena respuesta hoy me animan a pedirles a ustedes la oportunidad de darles catecismo a sus hijos y a sus nietos. Estamos dispuestos a ir a sus casas para cumplir con esta labor. Estamos listos para ir a reunirnos con sus familias, ustedes nada más, si así lo desean, pueden juntar dos o tres familias y nos ponemos de acuerdo sobre la fecha y el tema que deseen. Ustedes nunca han dejado de contribuir con la iglesia, la única cosa que nos falta es: el otorgarnos la oportunidad de ofrecer y dar el catecismo a los niños y a sus familias. También quiero dar las gracias, primero a Sayedna, quien nos da su confianza y siempre nos anima para trabajar; luego agradezco a todos los que vienen cada domingo a la Liturgia, sus caras son una parte de esta iglesia, igual que estos iconos que adornan este templo. Agradezco a todos aquellos que vienen tan pronto pueden, para cumplir con la promesa que han dado; a ellos los recibo con alegría como el patriarca Abraham recibió los tres ángeles en su casa. Hoy doy las gracias a muchos que nos ayudaron en esta fiesta, no digo qué han donado, porque cuando uno da a su familia no lo considera como donativo, sino ayuda o participación. Tampoco voy a mencionar nombres, agradezco a los que ofrecieron la comida, a los que vienen a esta iglesia cada domingo y a sus familiares; a los amigos de Toluca que ofrecieron la barbacoa y a los demás que vinieron de Toluca también, a las personas de Guadalajara y de San Luis Potosí que desde ayer nos ayudaron hasta la media noche. Al grupo de señoras que vienen cada miércoles para rezar por los enfermos y los afligidos, estas señoras, quienes también vienen a tomar una plática y al mismo tiempo, dan mucho y cuidan el templo. Agradezco al comité de esta catedral, a quienes molesto siempre en pedir y nunca faltan en dar, nos ayudaron en correr la voz y ofrecieron los pasteles y los refrescos. Muchos de ellos no pudieron estar hoy con nosotros, pero sí, están en nuestros corazones y en nuestras oraciones. Doy las gracias a la hermandad del monasterio de San Antonio el Grande, que pasaron varios días preparando la comida y ayudándonos. Agradezco a muchos, a quienes a la hora de llamarles para invitarlos, estaban dispuestos para ayudar al ofrecer comida o en dar una participación para los gastos del evento. Finalmente, les doy las gracias una vez más, por estar siempre cerca de nosotros y les dirijo las palabras del Apóstol Pablo: “Pues, ¿Quién, sino ustedes, pueden ser nuestra esperanza, nuestro gozo, la corona de la que nos sentiremos orgullosos ante nuestro Señor Jesús en Su venida? Sí, ustedes son nuestra gloria y nuestro gozo” Amen.

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