Domingo anterior a Navidad

Alégrate, Belén, y prepárate, oh Éfrata,
porque la Virgen viene a la cueva
para dar a luz a Dios inefablemente.
¡Qué temible misterio es! Abraham, Isaac y Jacob,
los patriarcas y todos los profetas,
los hombres con los ángeles festejan
con júbilo este Nacimiento divino.
                                                                     Exapostelario

Himnos de la Liturgia 

Tropario de la  Resurrección

Tono 4

Las discípulas del Señor aprendieron del Ánge
l el alegre anuncio de la Resurrección,
y la sentencia ancestral rechazaron
y se dirigieron con orgullo a los apóstoles diciendo:
¡Fue aprisionada la muerte, Resucitó Cristo Dios
y concedió al mundo la gran misericordia!

Tropario Previo a Navidad

Tono 4

¡Belén, prepárate que ya, ha sido abierto el Edén!
¡Que te dispongas, Éfrata: porque la vida floreció de la Virgen en la gruta! 
Su vientre se mostró paraíso espiritual, 
en él se plantó el madero celestial,  del cual comemos y vivimos, 
jamás como Adán moriremos. 
¡Cristo ha nacido y ha restaurado  la imagen antes caída!

Condaquio de la Pre-Navidad

 Tono 3

Hoy la Virgen viene a dar a luz inefablemente,
en humilde gruta, al sempiterno Verbo. Alégrate
, oh universo, al escucharlo; alaba, con las potestades
y pastores, a Quien por voluntad se revela, al nuevo Niño, al eterno Dios.

Lecturas Bíblicas

Carta del Apóstol San Pablo a los Hebreos (11:9-10 y 32-40)

Hermanos: Por la fe, Abraham peregrinó por la Tierra  Prometida como en tierra extraña, habitando en tiendas,  lo mismo que Isaac y Jacob, coherederos de la misma  promesa. Pues esperaba la ciudad asentada sobre cimientos,  cuyo arquitecto y constructor es Dios.

Y, ¿a qué continuar? Pues me faltaría el tiempo si hubiera de  hablar sobre Gedeón, Barac, Sansón, Jefté, David, Samuel y los  profetas. Estos, por la fe, sometieron reinos, hicieron justicia,  alcanzaron las promesas, cerraron la boca a los leones;  apagaron la violencia del fuego, escaparon del filo de la  espada, sacaron fuerzas de la debilidad, se hicieron valientes  en la guerra, rechazaron ejércitos extranjeros; las mujeres  recobraron resucitados a sus muertos. Unos fueron torturados,  rehusando la liberación por conseguir una resurrección  mejor; otros soportaron burlas y azotes, y hasta cadenas y  prisiones; apedreados, torturados, aserrados, muertos a  espada; anduvieron errantes cubiertos de pieles de ovejas y de  cabras; faltos de todo; oprimidos y maltratados, ¡hombres de  los que no era digno el mundo!, errantes por desiertos y  montañas, por cuevas y cavernas de la tierra. Y todos ellos,  aunque alabados por su fe, no consiguieron la promesa. Dios  tenía ya dispuesto algo mejor para nosotros, de modo que no  llegaran ellos sin nosotros a la perfección.

Evangelio según San Mateo (1: 1-25)

Libro de la generación de  Jesucristo, hijo de David, hijo  de Abraham: Abraham  engendró a Isaac,   Isaac engendró a  Jacob, Jacob engendró a Judá y a  sus hermanos, Judá engendró de  Tamar a Fares y a Zara, Fares  engendró a Esrom, Esrom engendró  a Aram, Aram engendró a Aminadab,  Aminadab engendró a Naassón,  Naassón engendró a Salmón,  Salmón engendró de Rajab a Booz,  Booz engendró de Rut a Obed, Obed  engendró a Jesé, Jesé engendró al  rey David.

David engendró, de la  que fue mujer de Urías a Salomón,  Salomón engendró a Roboam,  Roboam engendró a Abiá, Abiá  engendró a Asaf, Asaf engendró a  Josafat, Josafat engendró a Joram,  Joram engendró a Ozías, Ozías  engendró a Joatam, Joatam  engendró a Acaz, Acaz engendró a  Ezequias, Ezequias engendró a  Manasés, Manasés engendró a  Amón, Amón engendró a Josías,  Josías engendró a Jeconías y a sus  hermanos cuando la deportación a  Babilonia.

Después de la  deportación a Babilonia, Jeconías  engendró a Salatiel, Salatiel  engendró a Zorobabel, Zorobabel  engendró a Abiud, Abiud engendró a  Eliakim, Eliakim engendró a Azor,  Azor engendró a Sadoq, Sadoq  engendró a Aquim, Aquim engendró  a Eliud, Eliud engendró a Eleazar,  Eleazar engendró a Matán, Matán  engendró a Jacob y Jacob engendró  a José, el esposo de María, de la que  nació Jesús, llamado Cristo.

Así que  el total de las generaciones son: desde Abraham hasta David, catorce  generaciones; desde David hasta la  deportación a Babilonia, catorce  generaciones; desde la deportación a  Babilonia hasta Cristo, catorce  generaciones.

La generación de Jesucristo fue de  esta manera: Su madre, María,  estaba desposada con José y, antes  de juntarse ellos, se encontró encinta  por obra del Espíritu Santo. Su  marido José, como era justo y no  quería ponerla en evidencia, resolvió  repudiarla en secreto. Mientras  estaba pensando en esto, he aquí  que el Ángel del Señor se le apareció  en sueños y le dijo: «José, hijo de  David, no temas tomar contigo a  María tu mujer, porque lo engendrado  en ella es del Espíritu Santo. Dará a  luz un hijo, y tú le pondrás por  nombre Jesús, porque Él salvará a su  pueblo de sus pecados.» Todo esto  sucedió para que se cumpliese el  oráculo del Señor por medio del  profeta: He aquí que la Virgen  concebirá y dará a luz un hijo, y le  pondrán por nombre Emmanuel, que  traducido significa “Dios con  nosotros”. Despertado José del  sueño, hizo como el Ángel del Señor  le había mandado, y tomó consigo a  su mujer. Y no la conocía hasta que  ella dio a luz a su hijo y le puso por  nombre Jesús.

Mensaje Pastoral

¡Nos ha buscado el Salvador!

«Le pondrás por nombre Jesús, porque Él salvará a su pueblo de sus pecados.»

Fue el mandato del Ángel a José el comprometido de María. El nombre Jesús significa en hebreo «Dios salva». También el Ángel que se presentó a los pastores, como nos cuenta el Evangelio según san Lucas, les anunció que «les ha nacido hoy, en la ciudad de David, un Salvador». En nuestras oraciones, no cesamos de exclamar: «¡Sálvanos, oh Hijo de Dios!» «Por las intercesiones de la Madre de Dios, oh Salvador, ¡sálvanos!»; y concluimos todos nuestros rezos con la frase «¡Por las oraciones de nuestros padres, oh Señor Jesucristo, Dios nuestro, ten piedad de nosotros y sálvanos!» Término que ocupa un lugar preponderante en nuestro culto y que muchas veces lo repetimos con inercia automática: ¿a qué se refiere la “Salvación”? ¿Que nos salve de qué?

Los judíos esperaban un Mesías que les salvara del yugo de los romanos y que les diera la liberación política y restaurara el reino de David. Por eso les decepcionó el aspecto de Jesús el Nazareno, manso y humilde desde el pesebre. Esperaban —como muchos se limitan a hacer— tan solo una salvación de los peligros y males que pudieran cercar su existencia: enemigos, enfermedades, accidentes, Etc. A éstos Cristo no les satisface como salvador, y ante cualquier malestar se quejan y hasta blasfeman.

Otros piensan que la salvación es un estado que tiene que ver con la vida venidera, de tal modo que en esta vida sufrimos y aguantamos a fin de conseguir la salvación en la eternidad. Eso contradice a lo que el Señor anunció a Zaqueo, la persona de pequeña estatura que le recibió: «Hoy ha llegado la salvación a esta casa» (Lc 19:10). Entonces no se trata de algo futuro sino de una gracia que se recibe hoy y aquí.

San Pablo describe la salvación de esta manera: «[…] ustedes que se han despojado del hombre viejo con sus obras y se han revestido del hombre nuevo que se va renovando hacia el conocimiento, según la imagen de su Creador» (Col 3:9-10). Entonces no se trata ni de protección externa ni de paz futura sino de una restauración presente de mi naturaleza corrupta —el hombre viejo con sus defectos y vicios: ira, envidia, distracción, egoísmo, soberbia, concupiscencia— hacia el hombre nuevo, Jesucristo. Este cambio procurado, llámese salvación, conversión o curación es la Gracia a la que el cristiano tiene acceso en la Iglesia: confesión, lectura espiritual, vigilia, oración, vida comunitaria y acercamiento al santo Cáliz. Por eso, los santos Padres frecuentemente se refieren a la Iglesia como hospital salvífico: «No necesitan médico los que están sanos, sino los que están mal» (Lc 5:31).

¡Cree y serás salvado!, una frase que suele malinterpretarse como si la salvación fuera una acción estática condicionada con cierta confesión dogmática. En realidad, esta comprensión es muy lejana al concepto bíblico. La salvación es un proceso permanente, una renovación constante en el Señor; como una línea gráfica de ondas variadas pero finalmente ascendente sinfín ante la vista de Dios. Cuando esta renovación-salvación empieza a tocar el corazón de nuestra vida, los peligros por más severos que sean se muestran a final de cuentas como tentaciones beneficiosas que nos acercan al cuidado paterno de Dios, y la promesa de la paz futura vuelve una certeza y anticipación consoladoras.

La celebración navideña —luces, ropa nueva, árbol, obra benéfica y, sobre todo, participación litúrgica y sacramental intensificada— precisamente nos debe colocar alegremente en la memoria de esta renovación que nos ha sido dada con la Encarnación de Verbo que «habitó entre nosotros», y fortalecer nuestra «buena voluntad» con respecto a la iniciativa divina que los ángeles anunciaron una vez y para siempre: «¡Gloria a Dios en las alturas y en la tierra paz (salvación) a los hombres de buena voluntad!» Amén.

Nuestra Fe y Tradición

El Icono de la Natividad

El icono nos describe, con colores, la reunión del cielo y la tierra al festejar “la llegada de la plenitud de los tiempos”.

El ángel se inclina hacia los pastores, gente humilde y marginada,  anunciándoles el suceso, mientras los magos se dirigen hacia el Rey representando la participación de los páganos que no se habían preparado por ninguna historia profética, mientras los judíos si.

Se acercan al niño nacido un buey y un asno que, participando en esta celebración universal, nos recuerdan la profecía de Isaías: “conoce el buey a su dueño, y el asno el pesebre de su amo. Israel no conoce, mi pueblo no discierne.” (Is.1:3).

Un hombre vestido de lana está platicando con José; ha de ser el tentador (Satanás) tratando de alentar las dudas de José sobre este inefable parto: “¿Qué es este suceso, oh María, el cual veo en ti? … En lugar de honor me has traído vergüenza; en lugar de alegría, tristeza; …”. Mas Dios, quien no permite tentaciones que sobrepasen nuestros esfuerzos, iluminó al justo José, enseñándole la pureza de la Virgen.

He aquí que la Madre de Dios está acostada en la entrada de la gruta, rodeada con un nimbo que parece grano de trigo, ¡cómo no, ella es la madre de la Vida! La Virgen “guardaba todas estas cosas, y las meditaba en su corazón” (Lu.2:19). También, está mirando a cada uno de nosotros invitándole a que, por su parte, dé a luz a Cristo.

En medio del esplendor de este festejo sobresales, oh Señor, con tu divina quietud, y tu pesebre nos parece como un sepulcro: el primero lleva a la Vida para que del segundo nos brote la vida.

“nos prosternamos ante tu Nacimiento, oh Cristo, muéstranos tu divina Epifanía”

Vida de Santos

Nacimiento de Nuestro Señor Jesucristo

Homilía de la Navidad de San Juan Crisóstomo

¡Me sorprende un nuevo y maravilloso misterio!

Mis oídos resuenan ante el himno de los pastores, que no entonan una melodía suave sino un himno celestial ensordecedor.

¡Los ángeles cantan!

¡Los Arcángeles unen sus voces en armonía!

¡Los Querubines entonan sus alabanzas llenas de gozo!

¡Los Serafines exaltan Su gloria!

Todos se unen para alabar en esta santa festividad, sorprendiéndose ante el mismo Dios aquí… en la tierra y el hombre en el cielo. Aquel que está arriba, por nuestra salvación reposa aquí abajo; y nosotros, que estábamos abajo somos exaltados por la divina misericordia.

Hoy Belén se asemeja a los cielos, escuchando desde las estrellas el canto de las voces angélicas y, en lugar del sol, presencia la aparición del Sol de la Justicia. No pregunten como es esto, porque donde Dios desea, el orden de la naturaleza es cambiado. Porque Él quiso, tuvo el poder para descender. Él salvó. Todo se movió en obediencia a Dios.

Hoy, Aquel que es, nace. Y Aquel que es, se convierte en lo que no era. Porque cuando era Dios, se hizo hombre sin dejar de ser Dios…

Y así los reyes llegaron, viendo al Rey celestial que vino a la tierra, sin traer ángeles, ni arcángeles, ni tronos, ni dominaciones, ni poderes, ni principados, sino iniciando un nuevo y solitario camino desde un seno virginal. Y sin embargo no olvidó a sus ángeles, no los privó de su cuidado, porque por su encarnación no ha dejado de ser Dios.

Y, miren: los reyes han llegado, para servir al Jefe de los ejércitos celestiales; las mujeres vienen a adorarlo, pues ha nacido de una mujer, para que cambie las penas del alumbramiento en gozo; las vírgenes, al hijo de la Virgen…

Los niños vienen a adorarlo pues se hizo niño, porque de la boca de los niños perfeccionará la alabanza; los niños, al niño que levantó mártires por la matanza de Herodes;

Los hombres a Aquel que se hace hombre para curar las miserias de sus siervos.

Los pastores, al Buen Pastor que da la vida por sus ovejas; los sacerdotes, a Aquel que se hace Sumo Sacerdote según el orden de Melquisedec.

Los siervos, a Aquel que tomó la forma de siervo, para bendecir nuestro servicio con la recompensa de la libertad (Fil 2:7);

Los pescadores, al Pescador de la humanidad;

Los publicanos, a Aquel quien estando entre ellos los nombró evangelistas;

Las mujeres pecadoras a Aquel que entregó sus pies a las lágrimas de la mujer arrepentida, y para que pueda abrazarlos también yo; todos los pecadores han venido, para poder ver al Cordero de Dios que carga con los pecados del mundo.

Por eso todos se regocijan, y yo también deseo regocijarme. Deseo participar de esta danza y de este coro, para celebrar esta fiesta. Pero tomo mi lugar, no tocando el arpa ni llevando una antorcha, sino abrazando la cuna de Cristo.

¡Porque ésta es mi esperanza!

¡Ésta es mi vida!

¡Ésta es mi salvación!

¡Éste es mi canto, mi arpa! Y trayéndola en mis brazos, vengo ante ustedes habiendo recibido el poder y el don de la palabra, y con los ángeles y los pastores canto:

¡Gloria a Dios en las alturas, paz en la tierra y entre los hombres buena voluntad!

Frases Bíblicas

  • Pero tú, Belén Efrata, pequeña para estar entre las familias de Judá, de ti me saldrá el que será Señor en Israel; y sus salidas son desde el principio, desde los días de la eternidad. (Miq 5:2)
  • El pueblo que andaba en tinieblas vio gran luz; los que moraban en tierra de sombra de muerte, luz resplandeció sobre ellos. (Is 9: 2)
  • Por la entrañable misericordia de nuestro Dios, nos visitará el sol que nace de lo alto, para iluminar a los que viven en tinieblas  y en sombra de muerte,  para guiar nuestros pasos  por el camino de la paz. (Lc 1, 78-79)

 

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Padre Juan R. Méndez ()

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