
En este día que es el Primer Domingo de la Cuaresma, celebramos la restitución de los Santos Venerables Íconos, que tuvo lugar en tiempo de los siempre conmemorables Reyes de Constantinopla, Miguel y su madre Teodora, en época del Santo Confesor Patriarca Metodio.
+ Cuando veo los íconos que habían sido quitados en forma abominable;
+ Siendo venerados debidamente, me regocijo jubilosamente.
Oh Cristo, Imagen Inalterable del Padre, por la intercesión de Tus Santos Confesores, ten piedad de nosotros y sálvanos. Amén.
Tropario, tono 2
Nos prosternamos ante tu purísima imagen, oh Bondadoso, suplicándote el perdón de nuestras faltas, oh Cristo Dios; porque, por tu propia voluntad, aceptaste ser elevado en el cuerpo sobre la Cruz para salvar de la esclavitud del adversario a los que Tú creaste. Por lo tanto, agradecidos, exclamamos: “Has llenado todo de alegría, oh Salvador, al venir para salvar al mundo”.
Santa Mártir Eudocia de Heliópolis

Vivía en Heliópolis, ciudad de Fenicia (hoy Baalbek, Líbano) durante el reinado de Trajano. Al comienzo de su vida la encontramos como una famosa prostituta, llegando a acumular una gran fortuna, fruto de su vida disoluta.
El cambio de su vida vino de acuerdo a la Providencia Divina, por medio de un anciano monje llamado Germano. Viniendo por trabajo a la ciudad, el monje se hospedó en la casa de una cristiana, adyacente a la de Eudocia. Cuando él, según la costumbre de vida de los monjes, empezó a leer durante la noche el libro de los Salmos y un libro sobre el Juicio Final, Eudocia lo escuchó y atentamente empezó a oír sus palabras hasta el final. El miedo se apoderó de ella y así quedó despierta hasta el amanecer. Apenas amaneció, envió a sus criados para que le rogaran al monje que viniese a donde ella. Germano vino, y entre ellos se inició una larga conversación sobre lo que el anciano monje estaba leyendo en la noche anterior, especialmente sobre la fe y la salvación. El resultado de esta conversación fue que Eudocia le rogó al obispo local, Teodoto, ser bautizada. Después del bautismo, ella donó todos sus bienes para ser repartidos entre los pobres, liberó a sus criados y esclavos; y se retiró a un monasterio, donde se dedicó decididamente a la obediencia, la paciencia, la vigilancia, la oración y el ayuno.
Fue hecha abadesa del monasterio solo trece meses después; y vivió en el monasterio por cincuenta y seis años, habiendo recibido de Dios aun el don de resucitar a los muertos.
Cuando surgió la persecución de los cristianos por el conde Vicente fue muerta a espada.
La vida de santa Eudocia es un espléndido ejemplo, de como un vaso impuro, puede purificarse, santificarse y colmarse con precioso y celestial perfume, por la gracia del Espíritu Santo.
Tropario, tono 8 del común de Justos
En ti fue conservada la imagen de Dios fielmente, oh justa Eudocia, * pues tomando la cruz seguiste a Cristo * y, practicando, enseñaste a despreocuparse de la carne, * que es efímera, * y a cuidar, en cambio, el alma inmortal. * Por eso hoy tu espíritu se regocija junto con los ángeles.


