{"id":1320,"date":"2000-01-17T18:37:18","date_gmt":"2000-01-18T00:37:18","guid":{"rendered":"http:\/\/www.iglesiaortodoxa.org.mx\/informacion\/?p=1320"},"modified":"2013-01-08T13:59:20","modified_gmt":"2013-01-08T19:59:20","slug":"san-antonio-el-grande","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/iglesiaortodoxa.org.mx\/informacion\/2000\/01\/san-antonio-el-grande\/","title":{"rendered":"San Antonio el Grande"},"content":{"rendered":"<h6 style=\"text-align: justify;\"><em>17\/01<\/em><\/h6>\n<p style=\"text-align: justify;\"><a rel=\"attachment wp-att-1323\" href=\"http:\/\/www.iglesiaortodoxa.org.mx\/informacion\/wp-content\/uploads\/\/antonio2.jpg\" data-rel=\"lightbox-image-0\" data-rl_title=\"\" data-rl_caption=\"\"><img loading=\"lazy\" class=\"alignleft size-full wp-image-1323\" style=\"margin: 10px;\" title=\"\" src=\"http:\/\/www.iglesiaortodoxa.org.mx\/informacion\/wp-content\/uploads\/\/antonio2.jpg\" alt=\"antonio\" width=\"200\" height=\"254\" \/><\/a>A finales del siglo tercero comenzamos a saber de hombres que abandonaron las ciudades para vivir una vida de oraci\u00f3n y soledad. El mejor conocido entre ellos es al que se le llama el fundador del monaquismo: San Antonio el Grande (252-356). Su contempor\u00e1neo, san Atanasio, nos cuenta su historia.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Un d\u00eda, cuando Antonio ten\u00eda 18 a\u00f1os, entr\u00f3 a la iglesia de su pueblo para asistir al oficio. De repente escuch\u00f3 las palabras del Evangelio: \u201csi quieres ser perfecto, anda, vende lo que tienes, y dalo a los pobres, y tendr\u00e1s un tesoro en el cielo; luego ven y s\u00edgueme\u201d (Mt.19:21). Hab\u00eda escuchado estas mismas palabras muchas veces antes , pero esta vez le pareci\u00f3 como si Cristo le estuviera hablando directamente y que las palabras fueran un mensaje personal. La impresi\u00f3n que recibi\u00f3 fue tan fuerte que, sin vacilar ni un momento, Antonio inmediatamente entreg\u00f3 todos los bienes que hered\u00f3 de sus padres para ser distribuidos a los pobres del pueblo. Le quedaba s\u00f3lo un problema que le preocupaba. Antonio ten\u00eda una hermana menor. Las dos eran hu\u00e9rfanos, y \u00e9l se sent\u00eda responsable por ella. Nuevamente un verso del Evangelio, que a menudo hab\u00eda o\u00eddo en la iglesia, de repente le pareci\u00f3 responder a sus problemas personales. \u201cAs\u00ed, que no os afan\u00e9is por el d\u00eda de ma\u00f1ana; porque el d\u00eda de ma\u00f1ana traer\u00e1 su af\u00e1n\u201d (Mt.6:34). Antonio encontr\u00f3 a una buena mujer cristiana en su pueblo quien se encarg\u00f3 del cuidado de su hermana. Ahora \u00e9l podr\u00eda dedicarse a su nueva vida.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Antonio se fue a vivir a Egipto, donde el inmenso desierto quemado por el sol, nunca estaba muy lejos de pueblos y ciudades. Primero se fue a vivir junto a un ermita\u00f1o, quien viv\u00eda a poca distancia de su pueblo. Luego, visit\u00f3 a varios otros ermita\u00f1os antes de cruzar el r\u00edo Nilo. Despu\u00e9s vivi\u00f3 solo en las ruinas de un antiguo fuerte en el desierto.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u00bfPuedes imaginar todas las tentaciones y luchas espirituales que hay en la vida de un ermita\u00f1o? A\u00f1os m\u00e1s tarde, Antonio record\u00f3 sus primeros d\u00edas en el desierto. Asegur\u00f3 que la dificultades f\u00edsicas de hambre, sed, calor y fr\u00edo, eran mucho m\u00e1s f\u00e1ciles de soportar que la soledad, la depresi\u00f3n y todos los pensamientos y deseos perturbantes que le aflig\u00edan. A veces se sent\u00eda como si no tuviera la fuerza para seguir, pero visiones le inspiraban en su necesidad y le dieron valent\u00eda.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u201c\u00bfD\u00f3nde estabas, Se\u00f1or Jes\u00fas? \u00bfpor qu\u00e9 no viniste a ayudarme antes?\u201d exclam\u00f3 Antonio un d\u00eda despu\u00e9s de una de aquellas visiones reconfortantes. \u201cYo estaba -escuch\u00f3 en respuesta- yo estaba aqu\u00ed esperando ver tu esfuerzo.\u201d En otra ocasi\u00f3n, en medio de una terrible lucha con sus pensamientos, Antonio dirigi\u00f3 a Dios una oraci\u00f3n: \u201cquiero salvar mi alma, oh Se\u00f1or, pero mis pensamientos no me lo permiten.\u201d De pronto vio a alguien, parecido a \u00e9l, sentado y trabajando en algo con sus manos; luego se levant\u00f3 para rezar, y entonces volvi\u00f3 de nuevo a su trabajo. \u201cHaz t\u00fa lo mismo y tendr\u00e1s \u00e9xito\u201d, le dijo el \u00e1ngel a Antonio. Aquel mismo d\u00eda, Antonio dedic\u00f3 parte de \u00e9l al trabajo manual.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Otras personas descubrieron donde estaba y fueron a vivir cerca de \u00e9l. Lo encontraron sereno, tranquilo y amigable. Se hab\u00edan terminado los a\u00f1os de lucha, y ya no se ve\u00eda rastro de dificultad ni de cansancio, aunque Antonio segu\u00eda su vida de oraci\u00f3n y ayuno.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Cientos de ermita\u00f1os fueron al desierto a vivir cerca de Antonio, y \u00e9l les aconsej\u00f3 e instruy\u00f3. No organiz\u00f3 una comunidad; tampoco dio a los ermita\u00f1os ninguna regla com\u00fan de vida. M\u00e1s tarde dej\u00f3 ese poblado para vivir en otra parte del desierto, m\u00e1s lejana. Nuevamente otros ermita\u00f1os llegaron a su lado. As\u00ed Antonio rompi\u00f3 el silencio del desierto con las alabanzas de cientos de monjes. Alcanz\u00f3 la edad de 106 a\u00f1os, y falleci\u00f3 en el a\u00f1o 365 d.C. Sus intercesiones sean con nosotros. Am\u00e9n.<\/p>\n<blockquote>\n<address style=\"text-align: center;\">&#8220;Imitando con tu vida al celoso El\u00edas <\/address>\n<address style=\"text-align: center;\">y siguiendo los rectos caminos del Bautista,<br \/>\nhas poblado el desierto, oh Padre Antonio,<\/address>\n<address style=\"text-align: center;\">\u00a0y fortalecido al mundo con tu oraci\u00f3n.\u00a0<br \/>\nIntercede ante\u00a0Cristo nuestro Dios <\/address>\n<address style=\"text-align: center;\">para que salve nuestras almas.&#8221;<\/address>\n<address style=\"text-align: center;\"><\/address>\n<\/blockquote>\n<address style=\"text-align: left;\">\n<blockquote>\n<h6 style=\"text-align: justify;\"><em><a href=\"http:\/\/www.iglesiaortodoxa.org.mx\/informacion\/?page_id=1342\" target=\"_self\">Regresar al santoral de enero<\/a><\/em><\/h6>\n<\/blockquote>\n<\/address>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>17\/01 A finales del siglo tercero comenzamos a saber de hombres que abandonaron las ciudades para vivir una vida de oraci\u00f3n y soledad. 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